Historia y
Antecedentes
Misión y
Programas
Seminarios y
Eventos
Publicaciones
Periódicas
Suscripciones
Argentina
Suscripciones
Extranjero
Reporte
Ejecutivo
Autoridades
y Staff
Representantes
Filiales
Consejo
Internacional
Promotores
de la Libertad
Organizacion
Afines
Bibliografía
Sugerida
Centro de
Documentación
Prensa
Gráfica
Suscripción
Gratuita
English
Version
Actualidad
Introductoria
Economía
Política
Derecho
Periodismo
Latinoamérica
Cultura
Educación
Historia
Negocios
Ecología
Tecnología
Pensadores
Entrevistas
Home



























Hispanic American Center for Economic Research


 


Bruckman, un Caso Emblemático



Por José Benegas

La semana santa parece despertar cierto atractivo para el desorden en la Argentina. Esta vez no fue un alzamiento militar, sino una revuelta política relacionada con la fábrica de ropa Bruckman.
La noticia no ocupa las primeras planas de los diarios porque estas expresiones de militancia violenta son parte rutinaria del paraíso productivista del señor Duhalde.
La fábrica fue "tomada", es decir robada, por parte de su personal con auxilio de militantes marxistas dos años atrás. Un juez de instrucción ordenó y llevó a cabo el desalojo con el auxilio de 2000 policías para poder controlar a 200 "tomadores". La situación no está siquiera definida porque los apropiadores amenazaron con volver. Un movilero de un canal de noticias informaba el viernes a la noche en un tono de escandalosa asepsia, que los militantes habían dado un ultimátum al juez de instrucción para que retirara a la policía.

Los micrófonos eran monopolizados por tres abogados, uno de ellos un conocido parricida mimado de los medios, otro un ex juez Federal designado por Raúl Alfonsín que debió dejar su cargo en su momento por entregar a una familia de desaparecidos a una menor adoptada legalmente, que luego de traumas insalvables para ella se demostró que no tenía vínculo sanguíneo con aquellos a quienes había sido entregada por la fuerza. La opinión pública solo recibió la versión de la legalidad que rige en la Argentina a través de estos tres "juristas", según la cual, el juez estaba violando el derecho y ellos estaban ahí para defender la justicia. La justicia de robar contra la injusticia de impedirlo.

Los señores Bruckman no fueron escuchados nunca. Ellos de la nada construyeron esa fábrica. Con el fruto de su trabajo compraron un predio, hicieron cálculos de costos, estimaron a cuanto podían vender sus productos. Previamente se capacitaron en el diseño y confección de ropa. Después pusieron manos a la obra. Tal vez obtuvieron más de un crédito bancario. En muchas ocasiones se habrán visto con el agua al cuello para pagarlo. Soportaron pagar impuestos injustos, confiscatorios y perversos como los que rigen en la Argentina para que los señores Alfonsín, Ibarra, Moreau, de la Rúa, Duhalde, etc. coman, se vistan y tengan poder para expoliarlos en nombre del amor a la humanidad. Una humanidad entre la cual señores como los Bruckman no parecen estar incluidos. Y eso que los Bruckman constituyeron una PYME, que según la izquierda argentina es algo más virtuoso que una gran industria (el éxito cuanto menor, mejor).


Tenemos dos sistemas de valores opuestos: El que se basa en la voluntariedad del trabajo humano, en el derecho a disfrutar de lo que uno mismo produce, el del premio al esfuerzo y el de la protección al más débil que es el que produce basándose en la creencia de que no será expoliado, contra el sistema de valores que odia al que tiene éxito, que quiere que el que produce sanamente sea explotado por individuos que enarbolan sus necesidades como derechos mientras tratan a los derechos ajenos como si fueran muestras de salvajismo; que se basa en la mentira permanente, en la amenaza, en la presión, en la ley del más fuerte.
Los hermanos Bruckman son pocos e indefensos. Dependen para ejercer sus derechos de que la sociedad los ampare. Los revoltosos son doscientos, enarbolan palos, y son auxiliados por bandas de piqueteros con los rostros tapados y armados con piedras. En el esquema de valores predominantes los Bruckman son los fuertes, las hordas son las débiles. En el sistema de valores del derecho de propiedad, el que trabaja y comercia con el fruto de su trabajo es débil y no recurre a la fuerza. El fuerte del que hay que protegerlo es el arrebatador, público o privado, que entiende que el que trabaja está para servir al que no lo hace. Como en la época de la esclavitud, con un marketing más sofisticado.


Los apropiadores se dicen a si mismos "trabajadores". Pero son trabajadores que se apropian del trabajo ajeno para hacerlo (la fábrica y las máquinas son eso: trabajo ajeno) que piden el auxilio del Estado para hacer funcionar un negocio con prescindencia total de la eficiencia, es decir, de la adecuación de su producto a las necesidades de los consumidores y al ajuste de los costos al beneficio esperado. Su máxima aspiración es convertirse en empleados públicos, porque piden que la municipalidad expropie las fábricas para ellos. Ahí si que de trabajadores no les quedará un ápice.
La fábrica de Bruckman forma parte de un total de setenta que están en la misma situación en toda la ciudad. El Jefe de Gobierno Aníbal Ibarra ha dado auxilio a este movimiento a través de asesoramiento respecto al mejor modo de gestionar una empresa robada.

El canal oficial ATC transmite programas con una suerte de asociación de apropiadores de fábricas ajenas demostrando las "bondades" de este procedimiento, las fuentes de trabajo que generan y el gran experimento de solidaridad que existe entre asaltantes, piqueteros, militantes crónicos del marxismo de los setenta, "trabajadores de la cultura" y movileros que describen las tomas de las fábricas como "recuperación". Sus conductores, amorales propios de esta época, no parecen inmutarse por el hecho de que ese modo de producción esté basado en la expoliación. Es igual parece ser, o hasta más solidario. Probablemente los violadores sean recibidos en cualquier momento en esos programas para explicar lo bien que se sienten y cuantas menos tensiones musculares padecen después de violar. Y nada de esto siquiera es lo más preocupante. La anomia de la sociedad argentina es lo que verdaderamente alarma. No hay en la sociedad una sola respuesta a este esquema de valores. El reparto es la regla ética que en estos últimos 20 años se ha colocado al tope del sistema de la moral predominante. El "ganarás el pan con el sudor de tu frente" ha muerto como principio; se lo llama capitalismo salvaje. Ni que decir en los partidos políticos. Tomemos la lista de proyectos de los actuales legisladores del llamado "centro derecha" en la Argentina.
Será difícil distinguirlos de la lista de proyectos de un legislador del Freapaso. Todo es reparto y subsidio. Nuestra derecha es de izquierda. ¿Acaso es posible que los ex empleados de Bruckman aprendan otra cosa que lo que están haciendo para sobrevivir?
Este esquema moral/mediático/jurídico/político rige en la Argentina con exclusividad. Desde la extrema izquierda a la derecha más de derecha lo comparten en el fondo. No hay "derecha" real en la Argentina, sino tal vez un conjunto de gente un poco más snob y con modales más refinados. Diferencias de fondo éticas no hay. Este mismo esquema mediático que fomenta, justifica y defiende estos movimientos, como también a los piqueteros y a los asaltantes comunes como si fueran proletarios en pleno alzamiento, a la vez que promueve el apoyo al régimen criminal de Fidel Castro, ostenta el monopolio moral en la Argentina y ha estado juzgando a la política de los últimos quince años. Ese sector de izquierda rabiosa ha determinado sin oposición quienes son los buenos y quienes los malos, quienes los corruptos y quienes los santos, quienes los represores y quienes los "idealistas". Bajo ese mismo sistema de valores se ha demonizado a determinadas personas para ofrecerlas como explicación por su maldad del fracaso
rotundo del estado repartidor.


En los Estados Unidos durante la década del 80 se produjo una revolución ideológica en el seno del Partido Republicano que condujo a los pocos años a la victoria de Ronald Reagan y a la postre a la caída del imperio soviético. Esa revolución consistió en hacer un profundo cuestionamiento a la idea expoliatoria que hay detrás del concepto del Estado de Bienestar. Un grupo de republicanos se decidió a dejar de diferenciarse por frivolidades de la izquierda del Partido Demócrata y pasar a defender las bases de un sistema de convivencia basado en el derecho de propiedad sin ningún complejo. Ese cambio en la Argentina está lejos de producirse. Para que se vea lo lejos que estamos de eso, un candidato de moda que se supone que es la contracara del piquete, lo único que se ha animado a oponer a la patria piquetera fue el concepto de "cumplimiento de la ley". No se permitirá anunció "la violación de la ley" para ejercer "reivindicaciones sociales". El problema del candidato y el problema de la Argentina es no romper con el dogma de que los protestotes violentos de hoy tienen "derechos" sobre lo de otro y "justas reivindicaciones que hacer" pero que el problema son sus métodos no son los autorizados por la ley. Porque el problema de fondo es que no tienen derecho alguno a lo que están pidiendo y que sus métodos son adecuados a un sistema de valores opuesto al real. La cuestión con la toma de fábricas, el corte de calles y todo genero de protestas, no es la falta de adecuación formal a normas emanadas del Congreso. Es un problema mucho más básico, es un problema de justicia


  © Fundacion Atlas para una Sociedad Libre | Av. Roque Sáenz Peña 628 Piso 8º Oficina T 1
1035 - Buenos Aires - República Argentina
Tel/Fax: (54-11) 4343-3886 E-Mail: atlas@atlas.org.ar