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23 de enero de 2002
CONVERTIBILIDAD: ¿ADIÓS
O HASTA PRONTO?
Por Gustavo Lazzari y Martín
Simonetta
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Sabido es que la economía utiliza términos provenientes
de otras ciencias, en particular de la medicina. Así es común
escuchar en el lenguaje económico términos como "circulación",
"remedio", "enfermedad", "anestesia",
etc. Siguiendo la misma terminología podemos decir que la
convertibilidad es un "instrumento" de política
económica, pudiendo simular la acción del cirujano
para explicar la función de dicho instrumento. Así
como el bisturí sirve para realizar los cortes, el hilo para
coser las heridas y el tensiómetro para medir la presión,
la convertibilidad sería un instrumento imaginario que "limita"
los movimientos de las manos del cirujano.
Para muchos cirujanos esta limitación en sus movimientos
puede resultar perjudicial. La historia del "cuerpo" ha
demostrado que los movimientos irresponsables de cirujanos anteriores
han provocado heridas casi insalvables. Por ese motivo, fue necesario
en un momento limitar los movimientos de las manos del cirujano.
La convertibilidad es mas que un régimen de tipo de cambio
fijo que estableció el precio del dólar uno a uno
con el peso local. La convertibilidad es en esencia un régimen
monetario más que cambiario. Es un régimen por el
cual el gestor de política económica está limitado
en su función de emitir dinero. La emisión de dinero
en un régimen de convertibilidad se realiza sólo contra
la entrada de dólares a las reservas del Banco Central. Si
nadie ingresa dólares, no se emite un solo peso. A su vez,
si salen dólares por envío de remesas al exterior,
pago de importaciones o de deuda externa, se contrae la base monetaria
pues el Banco Central vende los dólares a cambio de moneda
local.
Con convertibilidad no hay política monetaria posible. La
política monetaria responde pasivamente a los ingresos de
capitales en dólares. Esto constituye una limitación
o también llamado un "cepo monetario". La convertibilidad
tiene como corolario más importante la limitación
al Banco Central en su función de fuente de financiamiento
del gobierno, ya sea en términos de financiar el déficit
con emisión como en cuanto a financiar los pagos de la deuda
con los dólares de las reservas.
¿Cómo se llegó a
la convertibilidad?
La convertibilidad es hija del desborde monetario. El desborde monetario
es hijo del déficit fiscal. La convertibilidad es un instrumento
que intenta limitar la emisión de dinero para financiar el
déficit fiscal. No es función de la convertibilidad
limitar el déficit, eso depende decisiones de política
presupuestaria. No es función de la convertibilidad asegurar
el crecimiento económico, ni distribuir justamente la riqueza.
Así como sería ridículo para un cirujano utilizar
un bisturí para cicatrizar, la anestesia para coser y el
hilo para quitar el dolor, en economía es necesario juzgar
y utilizar a cada instrumento en su función específica.
La convertibilidad debe ser juzgada de acuerdo a su función
específica. El cirujano no tira el bisturí cuando
el tensiómetro no funciona.
La convertibilidad monetaria cumplió perfectamente el rol
para el cual fue utilizada. El Banco Central durante once años
no financió con emisión monetaria el déficit
fiscal. La emisión espúrea que hubo fue producto de
artilugios contables que violaron el espíritu de la convertibilidad
particularmente a partir de la salida de Pedro Pou al frente del
Banco Central.
La aplicación correcta del mecanismo de la convertibilidad
hubiera impedido la salida de reservas que se produjo a partir de
la segunda mitad del año 2001 y que llevó a la devaluación
el tipo de cambio. Y el hecho de que el gobierno financiara sus
insolubles déficits mediante endeudamiento y suba de impuestos,
que motivaron la depresión de la actividad económica,
no es un defecto de la convertibilidad como sistema. La convertibilidad
no formula el presupuesto, no decide sobre gastos y no es responsable
de los dislates de los políticos.
La historia monetaria argentina de los últimos treinta años
hace que la convertibilidad sea un mecanismo necesario, casi imprescindible.
El gobierno argentino, cualquiera sea el partido y las personas,
debe tener sus manos limitadas para emitir dinero. La destrucción
de cuatro signos monetarios en tres décadas es la demostración
de la incapacidad de los políticos de manejar los asuntos
monetarios.
Esta conclusión no es sólo una recomendación
académica o de política pública. Es la conclusión
a que ha llegado la población argentina que prefiere, en
sus actos, la utilización del dólar como unidad de
cuenta, reserva de valor y como medio de cambio.
En la Argentina la moneda es el dólar. La moneda local, en
convertibilidad es un simple recibo de la moneda verdadera. La crisis
actual no deriva de un defecto propio del mecanismo de convertibilidad.
Con el actual nivel de gasto público, aún con los
recortes anunciados para el presupuesto 2002, no solo la convertibilidad
es inconsistente y débil sino cualquier otro sistema cambiario
resulta explosivo e inestable. En tal caso, la pregunta debe ser
si el nivel del gasto público es compatible con la productividad
del sector privado argentino, lo cual a la luz de las sucesivas
crisis de financiamiento resulta claro que no lo es.
La pesificación.
El intento del gobierno de restablecer el peso como moneda es contrario
a la elección individual y diaria de millones de personas.
Los apelativos a la soberanía, a la necesidad de realizar
política monetaria para inyectar liquidez, a la moderación
de los funcionarios, son justificativos ilusorios a una intención
oculta.
La verdadera intención de la pesificación es volver
a utilizar a la emisión de dinero como fuente de financiamiento
del gobierno. Dicha función de la emisión del dinero
se había limitado a partir de la convertibilidad. Eliminar
la convertibilidad era necesario para restituir al gobierno la fuente
de financiamiento que más seduce a los gestores de política
económica.
La pesificación fracasará inexorablemente, pues parte
del supuesto que es el gobierno quien elige la moneda. En realidad,
siempre y en todo lugar, es el público quien elige cual signo
monetario cumple mejor las funciones de medio de cambio, reserva
de valor y unidad de cuenta. La hiperinflación representó
la muerte del dinero local. Quizás el gran defecto de la
convertibilidad haya sido evitar la sepultura de la moneda local.
Prorrogó la vida del peso, como mero certificado de depósito
de las reservas en dólares.
El actual Ministro de Economía Jorge Remes Lenicov afirmó
"vamos hacia una mayor pesificación de la economía...nosotros
tenemos la idea de que el país tiene que tener su moneda,
que es obviamente el peso".
¿Puede un ministro o un presidente decidir cuál es
la moneda que debe usar la gente? ¿Quién obligó
a los argentinos a utilizar como moneda el dólar? ¿Fue
un decreto, una ordenanza pública? ¿O fue la espontánea
decisión de millones de personas a través del tiempo?
¿Puede, con seriedad, una política pública
modificar por decreto un hábito espontáneo?
Los intentos matemáticos de ajustar valores conforme a un
complejo índice no es otra cosa que aplicar cosmética
transitoria a un hecho inocultable: el perjuicio económico
por el cobro del impuesto inflacionario. La gente huye de toda moneda
que emitan las instituciones débiles manejadas por políticos
no confiables. La demostración de ello son las declaraciones
de los funcionarios y legisladores. Los apelativos a "emisión
responsable", "manejo transparente del dinero", "devaluación
controlada" no son propias de autoridades monetarias serias.
La seriedad no se anuncia en un discurso en la asamblea legislativa
ni se pregona en efímeros decretos y leyes. La seriedad y
confianza es un activo que se logra a partir de siglos de correcto
manejo de la moneda.
La salida de la convertibilidad no es sólo una cuestión
monetaria o cambiaria para ilusionar a algunos sectores ineficientes.
Es básicamente un tema fiscal. Es autorizar al gobierno a
emitir para financiar el gasto y rezar, mientras se buscan chivos
expiatorios, para que la emisión no se traslade a los precios
y al valor del dólar.
Es imaginable un retorno, a corto plazo, a un nuevo régimen
de convertibilidad a una paridad más alta cuando sea nuevamente
una demanda social poner límites al descontrol monetario
propio de administraciones que no resuelven sus déficits.
Gustavo Lazzari y Martín Simonetta
son Investigadores Asociados de la Fundación Atlas para una
Sociedad Libre.
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