Reiteradamente se afirma que el mundo se vuelve progresivamente mas injusto. El coro del debate sobre la economía de mercado confluye y ratifica que: "Los ricos se vuelven más ricos, y los pobres se vuelven más pobres".
Esta declaración es ofrecida como una ley natural, no como una tesis para ser discutida.
Si más allá de este pegadizo slogan miramos lo que realmente ha ocurrido en el mundo, encontramos que esta tesis es una verdad a medias. La primera mitad es cierta: Los ricos ciertamente se han vuelto más ricos – no todos ellos en todas partes, sino como regla general.
Aquéllos de nosotros que gozamos del privilegio de vivir en países con recursos y desarrollo económico, hemos progresado en forma notable en las últimas décadas. También encontramos una parte del Tercer Mundo rico.
Sin embargo una importante parte (la segunda mitad del mundo) arrastra un error. Los pobres, hablando en general, no están peor en comparación con su situación durante las últimas décadas.
Por el contrario, la indigencia ha disminuido. Donde cuantitativamente había llegado a su máxima expresión- en Asia -, varios centenares de millones de personas que apenas veinte años atrás apenas alcanzaban a vivir de sus ingresos, han comenzado a lograr una existencia segura y aun un grado modesto de poder adquisitivo.
El infortunio global ha disminuido y las grandes injusticias han comenzado a resolverse.
Este capítulo, recién iniciado, seguramente será objeto de una larga sucesión de interpretaciones y descripciones de tendencias, que seguramente han de corregir el muy extendido equívoco que existe respecto al estado del mundo.
Uno de los libros más interesantes publicados en estos últimos años es "On Asian Time. India, China, Japón 1966-1999". Se trata de un libro que documenta los viajes de su autor, el sueco Lasse Berg acompañado por el fotógrafo Stig Karlsson. En dicha obra describen las visitas a países asiáticos por los que habían viajado durante los 1960s. Entonces, descubrieron allí pobreza, infortunios, y pronósticos de desastres inminentes.
Como tantos otros viajeros a esos países, no podían resignarse y tampoco tenían mucha esperanza para el futuro de esas desgraciadas personas. Por ello pensaron que la revolución socialista podría, tal vez, ser la única salida.
Al volver a India y China en los 1990s, no podrían dar crédito a los cambios operados, pues la antigua situación los llevó a pensar en forma totalmente errónea.
En forma incremental las personas se habían liberado de la pobreza con su solo esfuerzo. El problema del hambre sostenidamente disminuía. Las calles estaban más limpias. Cabañas enlodadas habían dejado paso a edificios hechos con ladrillos, que mostraban cables de electricidad y antenas deportivas de televisión sobre sus techos.
Cuando Berg y Karlsson visitaron Calcuta en el primer viaje, una décima parte de sus habitantes estaba sin hogar y cada mañana camiones enviados por las autoridades públicas o las sociedades misioneras, circulaban levantando de las sucias calles los cuerpos de quienes habían muerto por la noche.
Treinta años más tarde, dispuestos a fotografiar a las personas viviendo en las calles de igual forma, se toparon con la dificultad de no encontrarlas. El "rickshaw", una carretilla de pasajeros tirada por un hombre descalzo, había desaparecido de la escena urbana. En lugar de eso las personas viajaban en coches, motocicletas y en el trenes subterráneos.
Cuándo Berg y Karlsson exhibieron ante jóvenes Indios las fotos de la primera visita, que mostraban las cosas como se veían en esos tiempos, éstos se rehusaron a creer que habían sido tomadas incluso en el mismo lugar.
¿Las cosas realmente eran tan terribles?, preguntaban una y otra vez.
Una ilustración notable del cambio puede ser apreciada en un par de fotos de la página 42 del libro. En dichas fotos, tomadas en 1976, una chica India de 12 años de edad llamada Satto aparecía con sus manos levantadas. Esas manos estaban prematuramente estriadas y consumidas, envejecidas por el trabajo arduo de muchos años.
Otra foto reciente muestra a la hija de Satto de 13 años de edad, Seema, también con sus manos en alto. Se las aprecia juveniles y suaves; son las manos de una niña cuya infancia no le ha sido quitada.
El cambio más grande, no obstante, lo encontramos en los pensamientos de las personas y en sus sueños.
La televisión y los periódicos traen ideas e imágenes del otro lado del globo, ensanchando las nociones de las personas acerca de lo que es posible. ¿Por qué uno debería tener que pasarse la vida en un mismo lugar? ¿Por qué una mujer debe verse forzada a tener hijos muy joven sacrificando por ello su carrera? ¿Por qué los matrimonios deben ser arreglados, y los intocables excluidos de ellos, cuándo las relaciones familiares en otros países son mucho más libres? ¿Por qué tener esta clase de gobierno cuando hay sistemas políticos alternativos disponibles?
Lasse Berg escribe, en forma auto-crítica:
Leyendo ahora lo que escribimos en los 60s y 70s tanto nosotros, los observadores extranjeros, así como también los escritores nativos, no encontramos en ninguna parte algo que anuncie a la India de hoy.
A menudo descubro en esos escritos escenarios de pesadilla, la superpoblación, el tumulto, la insurrección o el estancamiento, pero no encuentro nada que me remita a esta calma y estabilidad proyectándose hacia el futuro, y mucho menos esta modernización de los pensamientos y los sueños.
Nadie anticipó que el consumismo penetraría tan profundamente en y entre las villas locales. Nadie previó que ambos, la economía y el nivel de vida general serían tan buenos. Mirando atrás, lo que las descripciones tienen en común es una exageración de lo excepcional, lo atemorizante, lo incierto.
El desarrollo descripto por Lasse Berg en su libro, ha sido el resultado, no de la revolución socialista, sino más bien del ejercicio de una mayor libertad individual.
La libertad de elección y el intercambio internacional han aumentado en las últimas décadas, las inversiones y la ayuda para el desarrollo han estimulado ideas y han aumentado los recursos, permitiendo al mundo en vías de desarrollo aprovechar el conocimiento, la riqueza y las invenciones de otros países.
Las importaciones de medicamentos y los nuevos sistemas de asistencia médica para la salud han mejorado las condiciones de vida.
La tecnología moderna y los nuevos sistemas de producción han aumentado la cantidad de bienes disponibles y han mejorado el suministro de alimentos. Los ciudadanos individuales se han vuelto cada vez más libres para elegir sus ocupaciones y vender sus productos. En las estadísticas se ve reflejado cómo este conjunto de cambios incrementa la prosperidad nacional y reduce la pobreza de la población.
Pero lo más importante de todo es la conciencia acerca de la libertad en las personas que han estado viviendo bajo opresión.
La independencia y la dignidad que confiere la autonomía hacen la diferencia.
Con la diseminación de las ideas humanistas, la esclavitud, que algunos siglos atrás era un fenómeno mundial, ha sido eliminada en un continente tras otro. Perdura hoy sólo de manera ilegal, dado que desde la liberación de los últimos esclavos en la Peninsula Arabe en 1970, está prohibida prácticamente en toda la tierra.
La reducción de la pobreza
Entre 1965 y 1998, el ingreso promedio del ciudadano mundial se ha duplicado, de u$s 2.497.- ha pasado a u$s 4.839.- (valor ajustado por el poder adquisitivo y la inflación). Este incremento no se ha producido sólo por la participación de las naciones industrializadas. Durante el período citado la quinta parte más rica de la población del mundo incrementó su ingreso promedio de u$s 8.315 a u$s14.623, o sea que apenas creció el 75 por ciento. La quinta parte más pobre de la población del mundo, revela un incremento aún más importante, con su ingreso promedio por encima del doble en el mismo período, de u$s 551 a u$s 1.137.
El consumo mundial hoy es superior en dos veces a lo que fue en 1960.
Gracias a los desarrollos materiales de los pasados 50 años, el mundo tiene mas de tres billones de personas viviendo por encima del mínimo vital. Esto es históricamente único. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo ha observado que la pobreza mundial ha disminuido más durante los últimos 50 años que durante los precedentes 500 años (PNUD).
En su Informe de 1997 sobre el Desarrollo Humano, el PNUD dice que la humanidad está en medio de "el segundo gran ascenso". El primero comenzó en el siglo 19, con la industrialización de los Estados Unidos y Europa y la rápida propagación de la prosperidad. El segundo comenzó durante la posguerra y está ahora en pleno auge, en primer lugar en Asia y luego en los demás países en vías de desarrollo. Es allí donde se aprecian las mayores victorias en la lucha contra la pobreza, el hambre, la enfermedad, y el analfabetismo.
El gran éxito en reducir la pobreza en el siglo 20, pone de relieve que es posible erradicar la pobreza extrema durante los primeros decenios del siglo 21.
La pobreza sigue disminuyendo en forma rápida.
La pobreza absoluta es usualmente definida como la condición de quienes no alcanzan a tener un ingreso de un dólar al día. En 1820 alrededor del 85 por ciento de la población del mundo vivía con el equivalente de menos de un dólar diario. En 1950 esa cifra había descendido aproximadamente al 50 por ciento y ya en 1980 al 31 por ciento.
De acuerdo a las cifras del Banco Mundial, la indigencia ha caído desde 1980 a nuestros días del 31 al 20 por ciento (el 24 por ciento es mencionado a menudo cuando el comentario se refiere a la población de los países en desarrollo). La reducción radical de la pobreza durante los pasados 20 años es única, no sólo por la proporción sino también por el número total de personas que, viviendo en la indigencia, han salido de ese estado por primera vez en la historia universal.
Durante los últimos dos decenios la población del mundo ha crecido en mas de un billón y medio de personas, no obstante, el número de pobres absolutos ha disminuido en alrededor de 200 millones. Ese decremento está vinculado con el crecimiento económico. En lugares donde la prosperidad ha crecido más rápido, la pobreza ha sido más eficazmente combatida. En el este de Asia (China excluida), la indigencia ha caído del 15 por ciento a levemente por encima del 9 por ciento. En China disminuyó del 32 al 17 por ciento. Sobre 10 países asiáticos analizados, encontrábamos según el Banco Mundial a 6 que eran absolutamente pobres en 1975.
Hoy sobre esos mismos 10 países quedan escasamente 2 países.
Incluso estas alentadoras conclusiones, con todo, sobrestiman significativamente la pobreza mundial. El Banco Mundial usa datos poco confiables para estas encuestas, que luego toma como base para sus propias valoraciones.
Surjit S. Bhalla, ex economista del Banco Mundial publicó recientemente sus cálculos, con el objeto de suplementar los resultados obtenidos por dicha organización. El citado economista sostiene que este método, es más plausible para proveer una evaluación medida y precisa.
Bhalla se encontró con que la pobreza había caído en forma abrupta de un nivel del 44 por ciento en 1980, al 13 por ciento hacia fines del año 2002. Si estas cifras son correctas, los últimos 20 años han visto una reducción de la pobreza extrema sin precedentes, que duplicó a las logradas en cualquier período de 20 años en la historia económica de las naciones.
Las Naciones Unidas, declararon su meta de disminuir la pobreza mundial por debajo del 15 por ciento para el año 2015. Al día de hoy esa meta está alcanzada y sobrepasada.
"Pero" pregunta el escéptico, " las personas de los países en desarrollo quieren ese consumo y crecimiento? ¿Por qué debemos imponerles nuestra forma de vida a la fuerza?". La respuesta es que no debemos imponerle a nadie una forma de vida particular.
Sin embargo sostenemos que sea cual fueren sus valores, la gran mayoría de las personas en el mundo desean mejores condiciones materiales, por la simple razón que esa situación les permitirá tener más opciones, sin que importe a posterior en que forma decidirán usar esa abundancia. Como el laureado y Nóbel economista indio Amartya Sen ha enfatizado, la pobreza no es sólo un problema material. La pobreza es algo más grande y abarcativo:
Es la impotencia que produce estar privado de la libertad de elección y de las oportunidades básicas. Los bajos ingresos son a menudo consecuencia de la ausencia de estas cosas, y son causa de marginación de las personas o de su sometimiento a la coerción.
El desarrollo humano significa disfrutar una existencia razonablemente sana y segura, con un buen nivel de vida y libertad para forjar su propio destino.
Es importante investigar el desarrollo material porque eso nos sugiere cómo puede ser producida la riqueza y en que forma contribuye al desarrollo en un sentido más amplio.
Los recursos materiales, tanto los individuales como los de la sociedad, permiten que las personas dispongan de alimento y educación, que puedan obtener asistencia médica para la salud, evitando a los padres el dolor de ver morir a sus hijos ante la falta de atención o de medicamentos. Estos deseos humanos universales son mas fáciles de alcanzar cuando las personas pueden elegir en libertad.
La mejora mundial de la condición humana se ve reflejada en el rápido incremento de la duración media de la vida. A principios del siglo 20, la duración media de la vida en los países en desarrollo estaba por debajo de los 30 años; hacia 1960 había trepado a 46 años, y en 1998 se elevó a 65 años. La longevidad en los países en desarrollo hoy superó en 15 años las cifras de hace un siglo, según datos pertenecientes al país que tenía entonces la economía mas importante del mundo, a la sazón, Gran Bretaña.
El desarrollo ha sido más lento en el Sub-Sahara de África, pero aun allí, la expectativa de vida ha aumentado de 41 a 51 años desde los 1960s.
La expectativa de vida promedio sigue siendo más alta en los países con más recursos monetarios. Según la Organización para la Cooperación Económica de los países en Desarrollo es de 78 años, no obstante es en éstos donde la mejora se da en forma más acelerada. (OECD)
Nueve de cada 10 personas de los países pobres del mundo pueden esperar hoy vivir más allá de los 60 años, lo cual es superior a dos veces el promedio de sólo cien años atrás.
En su libro On Asian Time, Berg describe el impacto que le produjo su regreso a Malasia, 30 años después de su primera visita: Repentinamente me di cuenta que en el ínterin, la duración media de la vida de la población había aumentado 15 años. Es decir que alrededor de la mitad de las personas que había encontrado allí en su primer viaje, habían podido celebrar cada uno de sus cumpleaños desde su primera visita.
La mejora en la salud ha sido producida, en parte, por mejores hábitos al alimentarse y por el cambio positivo en las condiciones de vida, pero también por una mayor asistencia médica para la salud. Veinte años atrás había un doctor para cada mil personas; Hoy hay 1.5. En los países mas pobres, había 0.6 de un doctor por cada mil habitantes en 1980. Ésta estadística casi se ha duplicado llegando a 1.0.
Quizá el indicador más confiable del cambio en la condición de vida de los pobres sea la tasa de mortalidad infantil. En los países en desarrollo ha caído drásticamente. Considerando que el 18 por ciento de los recién nacidos – casi uno en cinco!– moría en 1950, en 1976 esta cifra había caído al 11 por ciento y en 1995 fue solo del 6 por ciento.
En los pasados 30 años nada mas, la mortalidad infantil ha sido reducida a casi la mitad. De 107 muertes por cada mil nacimientos en 1970 cayó a 59 fallecimientos por cada mil nacimientos en 1998. Más y más personas han podido sobrevivir a pesar de la pobreza.
De la misma manera que más personas en los países pobres sobreviven, una proporción progresivamente más pequeña de la población del mundo permanece pobre. Lo cual a su vez sugiere que la reducción de la pobreza ha sido todavía mayor y es posible apreciarlo aún desde un análisis superficial de las estadísticas.