Los últimos quince años han sido desastrosos en
materia financiera, monetaria y cambiaria tanto para países en vías de
desarrollo como para los países desarrollados. Si bien pueden identificarse
varias causas para cada crisis particular, es el objeto de este artículo
exponer una causa común a todas ellas.
Crisis por región
Comenzando por Norteamérica, Estados Unidos ha
experimentado una burbuja bursátil que ha llevado en 2002 a una caída en el
valor de las acciones equivalente a los 7 billones de dólares, el equivalente
en ese momento al PIB de toda la Unión Europea o al 80% del PIB de Estados
Unidos. La economía norteamericana se encuentra terriblemente endeudada por sus
acumulados déficit comerciales y fiscales. Si bien ha experimentado importantes
mejoras de productividad y presenta niveles de tasa de crecimiento importantes,
ningún analista puede asegurar que la depresión ha quedado atrás.
En Centro América, con México a la cabeza, si
bien el ingreso al Nafta le ha permitido abrir su economía y salir del
aislamiento, el “efecto tequila” de 1995 ha demostrado la fragilidad del
sistema financiero y su fuerte dependencia a los movimientos en la tasa de
interés de Estados Unidos.
En América del Sur, la crisis de Brasil primero
y la de Argentina después, ambas con devaluación mediante, se han
propagado por todo el MERCOSUR y han devastado sus economías. La liberalización
de mercados chilena podemos decir que ha sido la excepción a la regla.
En Europa Occidental, las potencias alemana y francesa
se encuentran en un estancamiento importante de sus economías y con un fuerte
riesgo por entrar en recesión. España por su parte, vive una burbuja
inmobiliaria sin precedentes.
En Europa Oriental, luego de desterrar completamente
el comunismo, comienzan a recuperarse las economías, pero el proceso es
demasiado lento. No está demás mencionar la crisis rusa de 1998 que
afectó a todos los países emergentes y que significó para los inversores
extranjeros la pérdida del 70 u 80 % del capital invertido en títulos de deuda
interna.
En Asia finalmente debemos hablar del
largo estancamiento que experimenta la economía japonesa desde 1989.
Según afirmó Ronald Mc Kinnon, profesor
de economía internacional de la Universidad de Sandford de los Estados Unidos,
“...la incapacidad para diagnosticar el prolongado hundimiento económico de
Japón, con la inversión privada y el consumo languideciendo y el sistema
bancario en perpetua crisis, se ha convertido en el gran fracaso de la
macroeconomía moderna”.
Por su parte,
la crisis asiática de 1997 se ha propagado al sudeste asiático y si bien estas
economías están en recuperación mantienen la misma fragilidad que en años
previos a la crisis.
La causa
Pero quedémonos con las palabras de Ronald Mc Kinnon:
la crisis japonesa sería “el gran fracaso de la macroeconomía moderna”.
Por supuesto podríamos extender estas palabras hacia el caso norteamericano y
europeo, pero también a los casos de los países en vías de desarrollo. La
macroeconomía moderna no estudia otra cosa que distintas formas de manipular la
tasa de interés, controlar el tipo de cambio y disminuir o incrementar la
oferta monetaria según criterios aleatorios del presidente de turno del Banco
Central.
Tomemos por caso a la economía norteamericana. Alan
Greenspan con su intento de recuperar la economía norteamericana ha manipulado
la tasa de interés hasta llevarla al nivel más bajo de la historia. Incluso hay
analistas que aseguraron que la tasa de interés real en Estados Unidos era
negativa si se consideraba que la tasa de interés nominal era menor que la tasa
de inflación.
Los enormes incrementos de productividad provocados
por los avances de internet y la comunicación le han dado un respiro a la
economía norteamericana. Pero el nivel de endeudamiento tanto en materia fiscal
como comercial y fundamentalmente las continuas manipulaciones en materia
monetaria y cambiaria muy pronto se verán reflejados en una importante
depresión que lamentablemente azotará también a casi todas las economías del
mundo.
Podríamos sugerir que todas las crisis nombradas no
son más que una sola crisis. La crisis generada por la reserva federal y cada
uno de los bancos centrales que manipulan los precios, la tasa de interés y la
cantidad de dinero que circula en una economía.
Desde 1971 no hay moneda en el mundo que no esté
sujeta a la política monetaria y cambiaria de algún Banco Central. La moneda
hoy está respaldada únicamente en confianza. ¿Qué ocurrirá cuando la confianza
termine?
Sugerimos comenzar a estudiar medidas alternativas. La
moneda libre entendemos es el único camino. Ludwig von Mises, Friedrich A. Von
Hayek y los pensadores de la Escuela Austríaca de Economía hace ya casi un
siglo que vienen proponiendo la única solución posible, esto es, renunciar a
todo tipo de políticas monetarias y cambiarias, dejando que el mercado
establezca por su cuenta la tasa de interés, el tipo de cambio entre las
distintas monedas y la cantidad de dinero que se requiere en circulación.