14 de octubre de 2003
RESEÑA:
EN DEFENSA DEL CAPITALISMO GLOBAL
William H. Peterson
Parafraseando a Ronald Reagan, ahí van de nuevo:
Desde Seattle a Génova y Québec y de Washington a Cancún, en reuniones
internacionales como las de la Organización Mundial del Comercio o del G-8 de
naciones industrializadas, manifestantes rabiosos, la mayoría de ellos jóvenes,
marchan en las calles, desafían los gases lacrimógenos, protestan contra el
capitalismo global, denuncian a Nike, y destruyen los ventanales de McDonald's.
Los manifestantes por supuesto desconocen la verdad
latente en un viejo lema de IBM, "Paz Mundial a través del Comercio
Mundial", o el eterno mensaje del periodista y legislador francés del
siglo XIX Frédéric Bastiat, tal y como es invocado por autor de este libro.
Bastiat dijo, "si los bienes no cruzan las fronteras, los ejércitos lo
harán".
De tal forma que, ¿quién se pondrá de pie y
defenderá al libre comercio y al capitalismo global? ¿Quién contestará las
verdades a medias de que los ejecutivos de las multinacionales, conducidos por
las ganancias, están llevando la manufactura y exportando empleos a México y
China con el fin de explotar la mano de obra barata del extranjero?
Yo postulo a Johan Norberg, quien una vez fuese un
autoproclamado anarquista-manifestante en su adolescencia, y ahora es un
escritor apasionado y articulado que buscar difundir la paz y la prosperidad a
un mundo malhumorado y cansado de la guerra. Felicito al Cato Institute por
adquirir los derechos estadounidenses de In
Defense of Global Capitalism (En Defensa del Capitalismo Global), un
libro que ha causado sensación en Europa, donde fue publicado por su editorial
original, Timbro, un centro de estudios políticos sueco en donde Norberg es
académico. Lo aclamo por presentar su caso en favor de la globalización con
estadísticas y hechos sólidos, gráficos y barras, y bastantes ejemplos de carne
y hueso sacados de sus viajes a Asia, África y Cancún.
Bueno, ¿y qué hay de Nike explotando a los pobres en
Asia? ¿Pero quién está explotando a quién? Norberg señala que en Vietnam, donde
el salario mínimo anual es de $134, los trabajadores conectados a Nike estaban
recibiendo $670, o cinco veces más. En Indonesia el salario mínimo era de $241,
pero los proveedores de Nike estaban pagando $720. Además, indica Norberg, Nike
se asegura que sus subcontratistas de calzado estén siempre listos a abrir sus
plantas a inspectores imparciales. Definitivamente no son fábricas en donde se
explotan los trabajadores. A los empleados de Nike les gustan sus trabajos-y
también les gustan Nike. Así como a sus verdaderos patronos, los millones de
consumidores de Nike alrededor del mundo.
Sí, Norberg ve a los puestos de trabajo como
situaciones dinámicas aquí y en el extranjero, conforme las oportunidades de
trabajo son comerciadas de un país a otro, incluso de una región dentro de un
mismo país a otra. Norberg nos recuerda que el comercio no es dirigido por los ejecutivos
de las transnacionales sino por consumidores soberanos que compran y que buscan
mejores oportunidades. Ese poder de los consumidores y el libre comercio son el
alma del capitalismo, de la paz y de la civilización.
Sí, se han perdido empleos en Estados Unidos, pero
en números netos, a pesar de un gran aumento en el comercio extranjero
estadounidense como porcentaje del PIB, el número de puestos de trabajo civiles
en este país creció de 120.259.000 en 1993 a 136.485.000 en el 2002 (un año con
un crecimiento moderado en el PIB), o una ganancia en 10 años del 13% de
acuerdo con los datos del Departamento del Trabajo. Norberg invoca el
pensamiento del economista Joseph Schumpeter de que lo que atestiguamos aquí es
una reducción de la pobreza global y una mejora en los niveles de vida
mundiales—o aspectos elementales de la "destrucción creativa".
Los niveles de vida mundiales (incluyendo el de
Estados Unidos) habrían mejorado mucho más rápido, dice el autor, si las
naciones Occidentales, Japón, e incluso su Suecia natal disminuyeran los
subsidios a las industrias domésticas, especialmente a la agricultura. Los
subsidios al algodón estadounidense, por ejemplo, lastiman a los pobres
agricultores de algodón africanos, además de a los consumidores del producto en
Estados Unidos que son golpeados dos veces, con impuestos más altos y con
precios más altos de los productos hechos de algodón.
Norberg ataca las políticas estadounidenses después
de la quiebra de Wall Street en 1929. Estados Unidos adoptó un proteccionismo
excesivo—el arancel Smoot-Hawley de 1930, el arancel más excesivo y amplio en
la historia estadounidense—el cual tuvo un efecto mortal. Los otros gobiernos
respondieron similarmente. El comercio mundial cayó en dos tercios. Sin duda
alguna esa caída ayudó enormemente a que la Segunda Guerra Mundial ocurriera.
El ingenio y la sabiduría de Johan Norberg pueden
ser vistos en una columna reciente que escribió para el Investors Business Daily, la cual se basa en su perspicaz libro.
Como él escribiera: "Este es el momento para iniciativas de libre comercio
claras y sinceras. Quizás Estados Unidos necesita un candidato presidencial
como el que en el 2000 dijera 'Yo pretendo trabajar para acabar con las
barreras y los aranceles en todas partes de tal forma que el mundo entero
comercie en libertad. El temeroso es el que construye muros. El seguro es el
que los derriba'. Ese candidato fue George W. Bush. ¿Adónde se habrá ido?"
William
Peterson es académico adjunto de la Heritage
Foundation y colaborador de la revista Ideas
on Liberty de la Foundation for Economic Education.
Esta reseña fue
publicada originalmente en el Washington
Times, el 23 de septiembre de 2003.
Traducido por Juan
Carlos Hidalgo para el Cato Institute.