El presidente electo de Ecuador Rafael Correa está de visita en la Argentina. Según
informaciones periodísticas uno de los motivos, además de la
protocolar presentación, es indagar sobre la forma en que Argentina
abandonó la convertibilidad.
Es una
buena oportunidad para que los argentinos reflexionemos y brindemos a nuestros hermanos
ecuatorianos un análisis sincero y no un panfleto de barricada sobre la
convertibilidad y sus consecuencias.
La
convertibilidad es un régimen monetario, no cambiario. Por dicho sistema
se limita la emisión de dinero solo al ingreso de dólares. Esto
quiere decir que la
Convertibilidad sirvió como cepo a la emisión
monetaria para financiar el gasto público. Esto permitió la eliminación
total de la inflación por un plazo de diez años. El
período mas largo sin inflación desde
1940.
La
convertibilidad así como la dolarización limitan, sino abortan,
todo intento de política monetaria. “Confiar nuestro dinero
al gobierno es como confiar nuestro canario a un gato hambriento”
decía Hans Senholz,
un economista americano. Los bolsillos saqueados de los argentinos son testigos
de la veracidad de tal afirmación.
La crisis
2001/2002 no se debió al sistema de convertibilidad monetaria sino que
fue una crisis de financiamiento del sector público. La crisis fue
fiscal, no monetaria. No es técnicamente cierto que la caída se
haya producido por una crisis en el régimen de convertibilidad, como
así lo afirman voceros del gobierno y el discurso único de la
actualidad.
Es
necesario un sinceramiento técnico respecto a
los motivos por los cuales la
Argentina tuvo una crisis terminal
en el año 2001/2002.
El origen
no fue monetario. El régimen de convertibilidad cumplió
perfectamente los objetivos para los cuales fue creado, que no son otros que
preservar el valor de la moneda.
La tasa de
inflación entre 1991 y 2001 fue en promedio del 2,8% anual. En los
últimos 60 años nunca la Argentina tuvo una
período tan largo con una tasa de inflación tan baja.
La crisis
no fue causada por el funcionamiento de la convertibilidad sino por las
sucesivas confiscaciones que el Estado hacía para financiar el gasto
público (nacional y provincial), que creció en dicha
década mas de 90%. Una tasa de crecimiento similar
a la actual.
El gasto
fue financiado primero con privatizaciones y luego con deuda. La crisis fue
provocada por la acumulación de deudas que, en un contexto internacional
adverso, se presumió impagable. Ante el temor, los argentinos,
conocedores de la voracidad fiscal, comenzamos a retirar depósitos, a
reducir el nivel de actividad y las inversiones. La falta de respuesta y
liderazgo hicieron el resto. El nivel de actividad se desplomó, con
ello, aumentó el desempleo y la pobreza.
Tras los
sucesivos cambios de gobierno en la aquel triste fin de año de 2001, la Administración
de Eduardo Duhalde inauguró el “nuevo
modelo productivo” que consistió en la devaluación del
peso, la pesificación forzada y un sistema de
sustitución de importaciones con el objeto de aumentar exportaciones y
fomentar el mercado interno.
La salida
de la convertibilidad fue caótica. La pobreza aumentó del 31% de
la población (en diciembre 2001) al 54% (en mayo del 2002). La indigencia se
duplicó en el mismo período pasando del 12% al 25%.
La primera
conclusión es que una devaluación tan brutal y caótica
como la Argentina
post convertibilidad es la fábrica de pobres mas criminal de cualquier
sistema económico.
En 1994 la
pobreza tocó un piso del 16% de la población. En 2001, tras la
recesión, llegó al 31%. En 2002, tras la devaluación
llegó al 54%
En
aquellos días del 2002, los economistas anti
convertibilidad hablaban de un “reajuste de precios relativos” del
orden del 20%. Un dólar de 1,20 hubiera sido lo técnicamente mas deseable. El primer intento de Remes Lecnicov
fue un dólar de 1,40. La torpeza y la voracidad fiscal dispararon el
valor del dólar a una escalada hasta 3,80 y 4,00 pesos por dólar.
La devaluación disparaba los precios y con ellos la pobreza.
Hoy de
hecho la devaluación real para el sector agropecuario no supera el 30%.
Si al dólar de $ 3, le descontamos un 20% de retenciones y un 83% de
inflación acumulada.
Es
necesario desterrar algunos mitos que aún se mencionan en nuestra
Argentina irreflexiva y tribunera.
- La devaluación no fue
exitosa. Con la intención de favorecer a
sectores endeudados en pesos y sectores exportadores, se generó el
mayor aumento de la pobreza de la historia argentina. Cinco años
después aún no hemos recuperado los niveles de pobreza pre devaluación. La devaluación
generó de hecho la mayor transferencia involuntaria de ingresos
desde los sectores trabajadores y “en pesos” hacia los
endeudados y empresas exportadoras. El estado también licuó
sus gastos al dolarizar los ingresos (retenciones) y congelar los
salarios.
- La devaluación no
generó un boom exportador. Esto es falso estadísticamente. Según los datos
del INDEC entre 1991 y 2001, los precios de exportación cayeron un
1,36% en tanto que los volúmenes aumentaron 125%. Particularmente
importante fue el aumento de los volúmenes de exportaciones
industriales que en el mismo período crecieron 202% contra una
caída en sus precios del 7,36%. Es decir, que aún con el 1 a 1, y con precios
internacionales adversos la argentina exportó mas
a nivel general, a nivel agropecuario y fundamentalmente a nivel
industrial.
- Con el dólar super alto actual (3,09 $ por dólar) y con un
contexto externo superfavorable los precios de exportaciones crecieron 26%
entre 2001 y 2006 mientras que los volúmenes sólo lo
hicieron un 35%. Esto quiere decir que con un peso devaluado la
argentina aumentó las exportaciones en menor proporción que
en la convertibilidad.
- El crecimiento
económico de los últimos años no se debió al
abandono de la convertibilidad. En
2005, de los 220 países del mundo crecieron 200. Haití
creció al 3% mientras que Africa Subsahariana creció 5%. Estamos en el tramo
creciente del ciclo económico mundial.
- La Argentina
crece porque el mundo empuja y porque el gobierno no tiene problemas de financiamiento
fiscal. El crecimiento se explica mas por los
tres años de superávit que por el abandono de la
convertibilidad.
Es necesario sincerar el análisis de los noventa. No todo fue tan
horroroso ni tan brillante. El discurso oficial ayuda poco. Necesitado de
buscar chivos expiatorios, el Presidente Kirchner
culpa de todos los males argentinos a los “noventa”.
Políticamente es irreprochable. Los argentinos necesitamos canalizar
frustraciones buscando culpables antes que razones. Pero si queremos darle una mano a nuestros hermanos ecuatorianos, o
quizás a nuestros hijos, es necesario indagar sinceramente con datos y
no sólo con resentimientos.