El
reciente atentado contra la libertad de expresión en Venezuela, pone de
manifiesto la facilidad con que un gobernante goza de tal poder ante la impotencia
de sus ciudadanos.
Conmovidos
los latinoamericanos, hemos condenado la trasgresión de la libertad de
expresión pero no se ha puesto en discusión la situación que permite que Rctv (Radio
Caracas Televisión) y cualquier otro medio de
radiodifusión se vean expuestos o sean potenciales víctimas de
violaciones como ésta.
Lo
ocurrido a Rctv, no es solo el condenable crimen contra la libertad de
expresión sino que hay detrás un hecho -visto como absoluto e indiscutible para la mayoría- que
merece ser cuestionado; esto es, que la propiedad y administración del
espectro electromagnético estén en manos del estado.
A
este espectro electromagnético -conjunto de ondas a
través del cual se transporta la señal
de radio y televisión- los
particulares solo pueden acceder a través de licencias de uso, no es
posible la propiedad privada dado que justifican que se trata de un bien de
“propiedad colectiva”.
En ese sentido, los defensores de
atribuirle mayores derechos, prerrogativas y poderes al estado nos explican que
un bien como el espectro electromagnético
no es de los particulares, ¡Ojo! que tampoco es del estado –agregan-, sino que es de
“todos” y como es de “todos” es entonces el mismo estado
quien debe tener el poder de administrarlo en su condición de autoridad
soberana sobre “todos”. Con esta visión del tema, Hugo Chávez,
con total descaro y desparpajo cierra Rctv y alega
que “el estado es dueño del espectro radioeléctrico”
(www.eltiempo.com.ve)
Y es que en
teoría se sostiene que el espectro electromagnético que necesita
un canal de televisión para salir al aire, es de propiedad de ese difuso
titular “todos”, pero en la realidad resulta ser “propiedad
del estado”, que a través de su burocracia estatal decide
finalmente a quién y cómo darle la licencia de uso, así
como también las razones para quitarla.
Al no existir
propiedad privada sobre dicho bien, los concesionarios (no propietarios) se encuentran
en una situación de dependencia respecto de quien detenta el poder de dar o quitar las licencias, situación
a todas luces vulnerable, dado que no ejercen ningún derecho de
propietario y no tendrían cómo defenderlo en caso de discrepancia
con el poder político porque en este contexto el estado siempre
contará con el poder de reclamar para sí, la propiedad del
espectro electromagnético. En estas condiciones y circunstancias, al
señor estado, excusas dentro de la ley, seguramente no le
faltarán.
Así, la ausencia de propiedad a
este nivel propicia por un lado, que los particulares que aspiren a tener o
tengan una licencia se rindan a los caprichos y deseos del poder
político generando mercantilismo al intercambiar privilegios a partir del
uso de dicha licencia; y por otro lado aquéllos que discrepan del
gobierno sean intimidados y censurados.
Como podemos apreciar,
el ambiente de un medio de comunicación no es muy favorable cuando no se
puede ejercer derechos de propietario: o cedes a la presión
política y te mantienes, o si te opones te cierran. El resultado: un
sector ineficiente, politizado y corrupto, por tanto proclive a mancillar
derechos y libertades.
Reconozcámoslo, con una
visión del estado dueño de
todo lo que supuestamente es de todos, el individuo queda a merced de los
caprichos de ese ente omnipotente.
Con un sistema
que permite que el estado prohíba el uso de una frecuencia en nombre de
conceptos tan contradictorios y debatibles como el fin social, bien
común, etc., se está
consintiendo más poder para el estado en lugar de limitarlo, se
está tolerando y dando paso a futuras opresiones contra la libertad, lo
cual deja a los ciudadanos de brazos cruzados cuando los defensores de un totalitario
como Chávez argumentan que no se trata de un cierre sino del vencimiento
de un licencia.
Las
ventajas de contar con derechos de propiedad sobre el espectro
electromagnético son demostradas por serios estudios, pero además
el sentido común y la historia nos advierte sobre lo peligroso que
resulta para la libertad permitir que tal poder recaiga en manos del estado.
Richard
Pipes, en sus estudios sobre propiedad y la libertad, nos aconseja que “la propiedad, donde quiera que le sea
permitido aparecer, se convierte en el medio más eficaz para limitar el
poder del estado”. Una conclusión que no debemos perder de
vista, por ello apelo a la coherencia en esta defensa acérrima de la
libertad de expresión, que inundará lo medios esta semana, ya que
por un lado denunciamos y rechazamos el abuso contra la libertad de
expresión pero por otro lado consentimos un sistema que le da poder
absoluto al estado de vulnerarla en cualquier momento.
Urge
cuestionar la visión de un estado propietario de todo -realidad que hoy parece irrefutable- y
que aún a contracorriente propongamos la propiedad privada del espectro
electromagnético; porque el futuro de la libertad está amenazado allí
donde no existen, ni se garantizan derechos de propiedad.