|
CULTURA NORTEAMERICANA
Escribe Donald Boudreaux
Entre los principales oponentes al libre comercio se encuentran
aquellos que afirman que la cultura norteamericana es hegemónica
-que sin proteccionismo, la gente adoptaría sin pensarlo
la superficial, aburrida, y monótona cultura norteamericana.
Dejemos de lado la enorme arrogancia de aquellos que pretenden utilizar
al Estado para evitar que la gente gaste su propio dinero de una
manera que las elites consideran de mal gusto. En lugar de ello,
consideremos la idea misma de que existe algo así como una
cultura norteamericana. Sería mucho más preciso decir
que existe una cultura mundial formada en Norteamérica. En
otras palabras, lo que se denomina "cultura norteamericana"
es una cambiante amalgama de influencias de alrededor del mundo.
Para demostrarlo, déjenme compartir con ustedes algunas notas
de una día ordinario en la vida de mi esposa, Karol, nuestro
hijo de 2 años de edad, Thomas, y yo. Usaré letras
negritas para identificar únicamente algunos de los productos,
personas, e ideas que, en este día como cualquier otro, nos
afectan desde otros lugares del mundo.
Luego de despertarme escuchando a Los Beatles desde mi reloj despertador
Sony, me dirijo hacia la cocina para prepara café de Guatemala
en nuestra confiable cafetera Krups. Luego tomo una ducha, utilizando
un jabón francés. Luego de la ducha, me coloco mis
lentes de contacto suaves (la invención de un científico
Checo), me afeito con mi máquina de afeitar eléctrica
Braun, y me pongo algo de colonia francesa.
A continuación me visto, y visto a Thomas. Después
del desayuno, finalmente permito a mi hijo mirar su video preferido:
Thomas and the Tank Engine, un personaje tan británico como
el Palacio de Buckingham. Luego manejamos hasta la casa de la niñera
en nuestra Nissan. Pongo un CD (inventado por la empresa holandesa
Phillips) para disfrutar de la exitosa y original grabación
de los Tres Tenores -hecho por una firma británica en Roma
en base a selecciones de óperas italianas, alemanas, inglesas
y norteamericanas, cantadas por un catalán, un español,
y un italiano. Los tenores son acompañados por una orquesta
dirigida por un hindú.
Después de dejar a Thomas, paro en una tienda de bagels,
perteneciente y manejada por hondureños. En adición
a bagel, compro otra taza de café, esta vez un cappucino
hecho con café de Etiopia.
Una vez en mi oficina, empiezo mi día de trabajo iniciando
mi computadora personal Sony. Una de las tareas de esta mañana
en particular es encontrar a alguien que se encargue de traducir
del francés al inglés la correspondencia selecta de
Frederic Bastiat. Más tarde esa misma mañana, mientras
escribo un discurso, consulto los libros del economista austríaco
F. A. Hayek, el escocés Adam Smith, el africanoGeorge Ayittey,
el húngaro Michael Polanyi, el italiano Bruno Leoni, el sueco
Eli Heckscher, el canadiense David Henderson, y el sudafricano nacido
en Gran Bretaña de padres lituanos, Israel Kirzner.
Tanto trabajo despierta mi apetito, así que en mi almuerzo
devoro moo goo gai pan. Luego Karol y yo disfrutamos de una tarde
fascinante con nuestros invitados de Argentina y Ecuador. Presentamos
los invitados a nuestros pasantes, uno de ellos búlgaro,
otro mexicano, y una pasante de Sri Lanka.
Esa misma tarde, Karol, Thomas y yo cenamos en un conocido y cercano
restaurant indio (A Thomas casualmente le encanta el papadam.) Después
de salir del restaurant, paro a cargar combustible en la estación
de servicio Schell (como en Royal Dutch Schell) de nuestra localidad.
Al regresar a casa, bañamos a Thomas, le ponemos sus pijamas
decorados con imágenes de las famosas cabinas telefónicas
inglesas, y luego le leemos alguna de los encantadores cuentos infantiles
escritos por Beatrix Potter, una inglesa.
El pequeño se duerme rápidamente. Llegó el
momento para relajarse. Mientras yo pongo algo de Stan Getz y bossa
nova del brasilero João Gilberto -que escuchamos a través
de nuestro reproductor de CDs japonés- mientras Karol nos
sirve a ambos una copa de vino chileno. La vida es buena...pero
nuestros días son cansadores, así que pronto nos vamos
a dormir. Antes de apagar la luz, cada uno de nosotros lee por unos
minutos -yo, un artículo del economista austríaco
Geoffrey Brennan, y Karol algunas páginas de la autobiografía
del novelista ruso Vladimir Nabakov.
¿Qué está ocurriendo aquí? Los Boudreaux
no somos una familia norteamericana atípica (aunque Thomas
todavía no sea fanático del personaje japonés
Pokémon.) Sin embargo, un análisis de un día
común en nuestras vidas nos revela que los tres -desde el
momento en que despertamos hasta que vamos a dormir- contínuamente
disfrutamos de la comodidad, el comfort, la cultura, el conocimiento,
y el entretenimiento creado por gente de otros lugares del mundo.
La respuesta es que la cultura nortemericana es de hecho una cultura
mundial. Es una deliciosa mezcla de influencias globales. Y también
es dinámica. La misma apertura y libertad existente en Norteamérica
que atrae a gente, productos e ideas de alrededor del globo asegura
que la combinación de mañana será diferente
a la de hoy. Nuevos focos de inspiración provenientes de
Korea, Portugal, o la India -no más ni menos que de California,
Minnesota y Virginia- mejorarán la mezcla aún más.
Y los consumidores de todo el mundo decidirán si la nueva
inspiración vale la pena o no. (Ningún peruano o algeriano
se ve obligado a comer en Mc Donald's o a leer Tom Clancy, no más
de lo obligado que está alguien de Pennsylvania o Alaska
a ir a comer a un restaurant mexicano o a leer Milan Kundera.)
¿No tiene sentido, entonces, catalogar esta floreciente cultura
que se extiende desde Maine hasta Hawaii como "Norteamericana"?
Eso no es del todo cierto. Mientras que en cierto sentido esta cultura
es realmente global y no resiste ser catalogada de nacional, hay
un sentido en el que es genuinamente norteamericana. Pero es genuinamente
norteamericana precisamente en la manera en que revela la distorsionada
perspectiva de aquellos que hablan acerca de la hegemonía
de la cultura norteamericana. Lo que justifica dar a esta cultura
el nombre de "norteamericana" es que Norteamérica
provee la apertura y la libertad necesaria para que millones de
personas de cientos de países participen en ella -tanto como
productores como consumidores. La cultura norteamericana es única
porque, en sus detalles, no es básicamente una cultura norteamericana!
En realidad, es una cultura mundial.
Reconocer que la cultura norteamericana no es un mundo homogéneo
de comida chatarra y adictos a Ally McBeal vestidos en jeans azules
no aplacará los ánimos de los snobs culturales del
mundo. De hecho, estas autodenominadas elites temen a la cultura
norteamericana precisamente por su dinamismo y variedad, lo que
la hace atractiva a millones de personas comunes alrededor del mundo.
Las elites no pueden controlarla; las ha sacado de su lugar de status.
Extinguir el poder que tienen las elites de controlar la vida de
la gente común puede llegar a ser una de las grandes contribuciones
de Norteamérica en el siglo XXI.
Donald Boudreaux es presidente de The
Foundation for Economic Education.
Este artículo fue originalmente publicado en Ideas on Liberty.
Traducción de Verena Wachnitz.
|