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UN AÑO EN EL CINE
Por Raymond J. Keating
Hacía décadas que Hollywood no producía regularmente
películas que celebren nociones como la libertad, el individualismo
y el trabajo duro. Sin embargo, unas pocas excepciones periódicamente
llegaban a los cines locales. En realidad, el 2000 resultó
ser un año relativamente bueno para ver a individuos arriesgarse
y pelear contra la tiranía en la pantalla grande.
En Gladiador, por ejemplo, Russell Crowe hace el papel de
un general romano, llamado Maximus. Él no sólo es
un gran soldado y guerrero, sino que también es fiel a Dios,
a la familia y a su emperador. Su deseo, luego de obtener su última
victoria militar, es volver a su esposa, hijo y granja. Los realizadores
se toman el trabajo de mostrar claramente que Maximus es un hombre
incorruptible.
Sin embargo, la vida de Maximus es destrozada cuando Comodus, el
hijo del emperador, asesina a su propio padre para ganar poder y
masacra a la familia de Maximus. Maximus se escapa de la muerte,
pero es convertido en esclavo y forzado a luchar como gladiador.
Comodus, en busca de poder político a lo largo de toda su
vida, aparece como un excelente ejemplo de la tiranía gubernamental
y de la corrupción. Es despiadado, perverso y manipulador,
y no gobierna de acuerdo a principios, sino que apela a los instintos
básicos de la gente. La metáfora con la política
actual es sorprendente.
Al final, Maximus regresa para enfrentar al corrupto de Comodus,
no sólo en busca de justicia por su familia, pero también
de una forma de gobierno republicana correcta.
En forma similar, en El Patriota, Mel Gibson aparece como
Benjamin Martin, quien también es llevado a la acción
por un ataque a su familia, durante la Guerra de la Revolución
de los Estados Unidos de América.
El Patriota recibió críticas tanto desde la
izquierda como de la derecha políticas cuando fue estrenada,
justo antes del Día de la Independencia. A algunos conservadores
no les gustó el inicial rechazo de Martin de ir a la guerra
contra Inglaterra. Este se opuso a la tiranía impositiva
sin representación y favoreció la independencia de
Norteamérica, pero al principio de la película, no
quiere pelear por esas ideas. No sólo la memoria de sus propias
acciones durante la Guerra con Francia e India eran tan dolorosas
que no quería derramar sangre nuevamente, sino que también
Martin tiene un fuerte deseo de que lo dejen en paz -en realidad,
una cualidad bastante norteamericana.
Sin embargo, luego de que un oficial inglés mata despiadadamente
a uno de sus hijos y toma a otro para ser colgado, Martin tiene
que entrar en acción. Eventualmente, se mueve tras una mera
venganza contra Inglaterra, y termina como un verdadero patriota
peleando por la libertad. En la última batalla épica
del film, por ejemplo, deja de lado la posibilidad de lograr la
justicia exacta para su familia para poder alzar la bandera y mover
a los rebeldes americanos en un momento crucial.
La fuerza de El Patriota está en su énfasis
en la familia y los grandes sacrificios personales que realizaron
nuestros antecesores en búsqueda de la libertad. Aquí
hay un padre que busca proteger a su familia, y en dicha realización
puede verse la verdadera naturaleza de la lucha estadounidense por
la independencia. Uno pensaría que los conservadores abrazarían
dicho retrato calurosamente.
La izquierda política se horrorizó de ver al personaje
de Gibson darle rifles a dos de sus hijos, que ayudan en un asalto
a soldados ingleses para rescatar al niño que había
sido llevado a la horca. Martin enseñó a sus hijos
a disparar -una necesidad de los tiempos- y luego del ataque, correctamente
les dice a sus niños que no hubo "nada malo" en
lo que hicieron.
En la era actual de fobia hacia las armas, no debería sorprender
a nadie que esta escena genere controversia. Aquellos que luchan
contra el derecho de tener armas, no sólo no entienden la
Constitución de los Estados Unidos de América y su
historia, sino tampoco la simple realidad de que las armas no son
inherentemente malas. Como la gran mayoría de las herramientas
e instrumentos, pueden ser usadas para el bien o el mal, dependiendo
de quién porte las armas y qué intenciones tenga.
El Patriota deja esto bien en claro, comparando los actos
despiadados del oficial inglés con la lucha de Martin por
justicia y libertad.
X-MEN Y LA TORMENTA PERFECTA. Mientras
que Gladiador y El Patriota hablan del pasado, X-Men
es una historia de ciencia-ficción sobre el futuro cercano,
cuando los mutantes aparezcan más seguido y caracterizados
como el próximo paso en la evolución humana. Esta
película ofrece un claro mensaje en contra de la intrusión
del gobierno, como hay también una exaltación del
individuo.
Exaltando el miedo hacia los mutantes entre los humanos, un senador
estadounidense pide una nueva ley para exigir un registro de los
mutantes, comparándolo con el registro federal de armas.
Los mutantes se oponen a este acto invasivo del gobierno, pero su
postura los divide en dos bandos. Una facción reacciona violentamente
y busca destruir a los humanos, mientras que el otro bando, liderado
por los X-Men, un grupo de mutantes superhéroes, busca
trabajar constructivamente con la humanidad. Entonces el primer
conflicto en la película no es entre los mutantes y los hombres,
sino entre estos dos grupos de mutantes -en cierta forma ofreciendo
un interesante paralelismo sobre cómo varios grupos minoritarios
reaccionaron en contra de la discriminación.
En realidad, representando a un grupo de individuos desechados,
los X-Men sirven como metáfora para temas como la
raza y la inmigración. Pero el mensaje inconfundible es el
de valorar a las personas como individuos.
El film es particularmente pro-inmigración. No es una mera
coincidencia que la batalla final tenga lugar sobre y alrededor
de la Estatua de la Libertad y en la Isla Ellis, con el nuevo X-Men
peleando para salvar Nueva York -en realidad a toda la humanidad-
de la destrucción.
Finalmente, otra gran película del 2000 ofrece una mirada
afectiva a los individuos que trabajan duro para ganarse la vida.
Luego de ver La Tormenta Perfecta, nunca volveré a quejarme
de los precios del pescado. La película está basada
en una historia real acerca de pescadores de las afueras de Gloucester,
Massachusetts, que perdieron sus vidas durante una tormenta en otoño
de 1991, mientras trataban de buscar su sustento y el de sus familias.
El film realmente logra transmitir la vida dura y peligrosa de los
pescadores, y está tratada como una lección de economía
sobre cómo funciona un bote de pesca. El dueño del
bote, capitán, y cada miembro de la tripulación recibe
un sueldo de acuerdo a una parte de lo pescado. Todos están
muy incentivados para el trabajo.
Mientras que el dueño del bote en la película fue
caracterizado en una luz poco atractiva, en líneas generales
La Tormenta Perfecta no fue ni más ni menos que una oda a
quienes trabajan y literalmente arriesgan todo en el ultramar.
Es un año raro en el que los que apoyan la libertad, los
inmigrantes, y los trabajadores pueden respetar, en diferente grado,
tantas películas de Hollywood. Quizás deberíamos
disfrutarlo mientras podamos.
Raymond J. Keating es editor colaborador
de Ideas on Liberty, jefe económico del Small Business Survival
Comittee (Comisión para la Supervivencia de Pequeñas
Empresas), columnista semanal del Newsday, y coautor de "U.S.
by the Numbers: Figuring What´s Left, Right, and Wrong with
America State by State" (Estados Unidos en números:
mostrando qué queda, qué está bien y qué
está mal, estado por estado).
Este artículo fue originalmente publicado en la revista
Ideas on Liberty. Permiso para traducir y publicar otorgado por
The Foundation for Economic Education a la Fundación Atlas
para una Sociedad Libre. Traducción
de Hernán Alberro.
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