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Hispanic American Center for Economic Research


 


LOS SUPERHEROES Y LA LUCHA POR LA LIBERTAD

Por Raymond J. Keating

En los últimos tiempos, la cultura popular no ha sido precisamente el bastión de la filosofía y el pensamiento donde predominan los principios, especialmente desde una perspectiva liberal. La televisión, las películas, la música, junto con innumerables novelas, se han visto teñidas de un izquierdismo con un estado grande o de un predominante nihilismo.
¿Hay algún género de la cultura pop que pueda considerarse una excepción? Bueno, recuerdo con mucho cariño las historietas de superhéroes de mi infancia que hacían hincapié en la importancia del individualismo, protegiendo a los inocentes y luchando contra todo tipo de tiranía.
Claro, la industria de los cómics cambió mucho en los últimos 20 o 30 años. Más sorprendente resulta el hecho de que son pocos los cómics escritos para niños. Las tiras de superhéroes se desarrollaron con líneas argumentales más complejas hacia finales de los 70 y durante los 80. La publicación de cómics de alto perfil hizo evidente que la industria se alejaba de la simple ficción barata para niños.
Por ejemplo, Marvel Comics rompió probablemente el molde a fines de 1970 con las series X-Men -The Dark Phoenix Saga (la saga del fénix negro)- que mostró a un héroe de toda la vida, Jean Grey, corrompido por el poder y eventualmente moribundo. En 1986, DC Comics publicó The Dark Knight Returns (El regreso del caballero negro), que llevó al viejo Batman a un nivel más grandilocuente, pero también más sombrío. Además, The Watchmen de DC (1986-1987) contaba la historia a veces explícita de un grupo de aventureros disfrazados que incluían hasta psicóticos.
Para la década del 90, las historietas de superhéroes parecieron haber renunciado a los mercados de los más jóvenes, orientándose hacia los adolescentes más grandes y los adultos jóvenes. Las historias, particularmente las ilustraciones, dieron un salto mayúsculo. En 1994, Marvel Comics publicó una serie bastante sorprendente llamada Marvels (Maravillas). Esta historia fue contada desde la perspectiva de un reportero gráfico independiente, que tenía la visión de un hombre común -sus esperanzas y sus miedos- y observaba las hazañas de los superhéroes y los supervillanos a lo largo de los años.
Muchas de estas publicaciones todavía tenían un fuerte mensaje pro individual y anti tiranía, con excepción de The Watchmen, que ofrecía una visión mucho más empantanada del bien, del mal y de la especie humana. Por ejemplo, mientras el mensaje predominante en Dark Phoenix Saga de X-Men consistía en asumir la responsabilidad de las acciones de cada uno, The Watchmen iba directamente en contra de esa noción.
En recientes publicaciones, los conservadores parecen no estar de acuerdo respecto a la dirección que toman los cómics. En un artículo de la National Review de 1994, por ejemplo, Anthony Lejeune elogió a los cómics de antaño, señalando que los "temas políticos, a diferencia del simple americanismo, eran generalmente evitados por considerar que dividían a los lectores en lugar de atraerlos". Pero observaba un cambio drástico en los cómics más largos y grandilocuentes conocidos como "novelas gráficas": "Lo que tienen en común la mayoría de ellos es una visión del mundo fea, amarga, cruel y turbia -como en el nuevo Batman- en lugar de ser linda, optimista, genial, y radiante".
Contrariamente, en la publicación Weekley Standard (1998), Mark Gauvreau Judge escribió que "algunas personas que hacen cómics intentan explorar las cuestiones importantes. Y lo hacen en libros abiertamente hostiles al relativismo moral del liberalismo moderno". Y concluye que "los moralistas conservadores harían bien en seguir a esta última ronda de superhéroes que vuelan por sobre las calles de Metropolis y Gotham".

LA PRUEBA VERDADERA. Entonces, ¿quién tiene razón? Bueno, para mí, la verdadera prueba de la condición actual de los superhéroes tiene que medirse de acuerdo con mi héroe favorito de la infancia, el Capitán América. Y con su Sentinel of Liberty (Guardián de la libertad). Recientemente cumplió su 60 aniversario, y es un momento ideal para echar un vistazo. El Capitán América, la obra de Jack Kirby y Joe Simon, llegó a los cómics en marzo de 1941, poco menos de un año antes de que Estados Unidos entrara en la Segunda Guerra Mundial.
A medida que se desarrolla la historia, un muchacho escuálido llamado Steve Rogers se postula como voluntario para un experimento secreto, que lo convierte en el "super soldado" norteamericano. En la década del 40, Rogers -el Capitán América- aparece en historias simples y patrióticas luchando contra espías y saboteadores, y también en medio de misteriosos asesinatos e historias de horror.
Pronto, sin embargo, la popularidad de los cómics de superhéroes bajó durante un tiempo. El Capitán América quedó en suspenso desde finales de 1940 hasta principios de los 60, con excepción de una breve resurrección en la década del 50 con un título que resultaba atractivo en plena Guerra Fría: "El Capitán América... destructor de rojos".
En los 60, las historias del Capitán América seguían dirigidas principalmente a la juventud. El mensaje anti tiranía era una constante. El Capitán no sólo combatía a los supervillanos que querían dominar el mundo, también luchaba contra los comunistas, la intolerancia y otros villanos que querían resucitar el Tercer Reich. En el camino, se hacía hincapié en lecciones como no dar por sentada la libertad y la importancia de proteger la vida humana.
Eventualmente, algo de la incertidumbre que surgió en Estados Unidos en los 60 y 70 alcanzó al Capitán América. En los tiempos del Watergate y el período subsiguiente, por ejemplo, Steve Rogers quedó brevemente desilusionado y dejó de lado su identidad de Capitán América para pasar a ser un nuevo héroe llamado Nómade. ¿Podría haber sido más perspicaz el contraste de los nombres?
Para el bicentenario de la nación en 1976, sin embargo, el Capitán América estaba de vuelta y adquiría más seguridad. En ese momento, el Capitán desbarataba conspiraciones que intentaban derrocar a la democracia y destruir la Declaración de la Independencia, y después se ocupaba de villanos cuya causa era el nihilismo puro. La década llegaba a su fin y los lazos del Capitán América con la Segunda Guerra Mundial servían como un recordatorio de las atrocidades del régimen nazi, con el doloroso recuerdo de los campos de concentración.
El Capitán América durante los 80 abordó una serie de temas como la seguridad (siempre un tema importante en los cómics de superhéroes), la reforma de cárceles, la responsabilidad que conllevan las acciones propias, el pacifismo, el nacionalismo versus la uniformidad del mundo, la falta de libertad en la Unión Soviética, y por supuesto, el terrorismo.
En una de las historias un héroe de otro universo pedía ayuda para pelear una nueva forma de tiranía de su tierra. Las causas de la pérdida de la democracia y de la libertad individual resultan muy interesantes: Con la idea de crear una Utopía, un equipo de superhéroes primero ayuda a los que sufren, luego desarma a la población, y finalmente recurre al control de las mentes para mantener a los indeseables controlados. La importancia subyacente del segundo mandamiento no puede pasarse por alto.
Otra de las historias durante los 80 tenía un claro mensaje antiburocrático. Una comisión de gobierno deshonesta le saca a Steve Rogers su identidad de Capitán América por considerarlo demasiado independiente. Es interesante destacar que la persecución del Capitán América por parte de esta comisión fue desencadenada por un auditor del Internal Revenue Service (el equivalente a la Dirección General Impositiva de Estados Unidos).
Desde 1990 el Capitán América continúa abordando una variedad de temas sociales y filosóficos. Una historia divertida mostraba al Capitán enfrentándose con una feminista superpoderosa, que detestaba a los hombres. Otras brindaban advertencias sólidas sobre el maltrato de los individuos en la búsqueda por alguna utopía esquiva. Una historia particularmente llamativa mostraba al Capitán América combatiendo un "totalitarismo galáctico", en donde un ser todopoderoso del futuro eliminaba la preocupación, el hambre, la necesidad, el crimen, la violencia, pero con un alto costo: la pérdida de la libertad individual y del pensamiento personal.
Al final, los críticos que sostienen que los cómics se han vuelto demasiado sombríos tienen abundante material para respaldar sus afirmaciones. También los que observan que se tratan asuntos importantes e historias interesantes tienen ejemplos para destacar.
Para bien o para mal, dado que los escritores de El Capitán América (al igual que otros cómics) van cambiando inevitablemente a lo largo de los años, surgen diferencias de estilo y de énfasis. Sin embargo, después de haberme puesto al día con uno de mis héroes favoritos de mi infancia, puedo decir que, para mérito de Marvel Comics, si bien suele ser general, se ha puesto un favorable énfasis de manera bastante constante en el individualismo, las responsabilidades personales, la protección de la vida humana, la oportunidad de alcanzar el sueño americano, y la necesidad de combatir la tiranía.
El Capitán América pone mucho énfasis en el valor del trabajo. Como es un superhéroe sin superpoderes especiales, tiene que ser disciplinado y trabajar mucho para estar a la altura de sus aliados y enfrentar a sus enemigos dotados con poderes fantásticos. En una de las últimas historias, el Capitán América declara que "América significa hacer tu propio camino. América te da la oportunidad. Pero depende de ti trabajar mucho para hacer algo con esa oportunidad".
En las escasas ocasiones en las que surgen cuestiones específicas de economía, sin embargo, es importante advertir que los escritores de El Capitán América padecen la misma falta de conocimiento respecto a nuestro sistema de libre comercio que el resto de la cultura popular. Mientras que a principios de los 60 una historia del Capitán América era claramente anticomunista y pro capitalista, en épocas más recientes, parece asomarse un populismo económico bastante tonto de vez en cuando. Por ejemplo, el negocio de la publicidad fue extrañamente criticado durante los 80; más recientemente, la privatización de las cárceles se describió negativamente, y se detectó un mensaje en contra de las grandes corporaciones en otra ocasión.
Sería muy bueno que el personaje del Capitán América, que tan a menudo habla de las oportunidades y el sueño americano, destacara ocasionalmente el papel fundamental del libre comercio. Después de todo, la libertad y las oportunidades son meros mitos o perogrulladas si uno no reconoce la importancia de la propiedad privada y la libertad de mercados.
Al igual que el resto de la cultura pop, los cómics constituyen principalmente una forma de diversión escapista. Sin embargo, inevitablemente se abordan ideas filosóficas o culturales hasta cierto grado. El énfasis positivo en las libertades individuales y en la responsabilidad son suficiente para clasificar al Capitán América entre las lecturas recomendables de la cultura pop. Todo lo que necesita el Capitán es una breve lección sobre las maravillas de una economía saludable.

Raymond J. Keating es Economista Jefe de Small Business Survival Committee y columnista de Newsday.
Este artículo fue originalmente publicado en la revista Ideas on Liberty. Permiso para traducir y publicar otorgado por The Foundation for Economic Education (www.fee.org) a la Fundación Atlas para una Sociedad Libre.
Traducción de Mariana Pacheco.

 

 

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