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LIBROS. LA CARRERA HACIA LA CIMA: LA VERDADERA
HISTORIA DE LA GLOBALIZACIÓN
DE TOMAS LARSSON
Por Richard M. Ebeling
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"Globalización" se transformó en la palabra
de moda para un proceso que se ha venido desarrollando con una creciente
intensidad por más de 200 años -la internacionalización
de la división del trabajo.
Por supuesto, en cierto sentido, el comercio internacional es tan
viejo como la historia escrita. Desde Herodoto hasta Marco Polo,
viajantes, aventureros y mercaderes hicieron su camino hasta lugares
distantes y regresaron a sus hogares con historias exóticas
de extrañas costumbres, como también, generalmente,
llenos de productos suntuosos para iniciar demandas en sus compatriotas.
Fueran donde fueran, contaban acerca de puertos y ciudades vivas
con comercio e intercambio, habitadas y visitadas por mercaderes
y viajantes como ellos. Especias y joyas, telas y tapices, cueros
y pieles de animales, ornamentos y utensilios domésticos,
eran algunos, dentro de la extensa gama de bienes que pasaban de
un lugar a otro del mundo mucho antes de los tiempos modernos. Caravanas
de comercio trajeron un cierto grado de unidad a la raza humana
mucho antes de que el hombre le diera un análisis serio a
las posibilidades de la comunidad global del hombre.
Pero fue sólo luego de las grandes exploraciones de los siglos
XV y XVI, con la apertura de nuevas rutas de comercio desde Europa
hacia Africa y Asia y el descubrimiento del "Nuevo Mundo",
que la era moderna de comercio internacional comenzó su desarrollo.
Ha seguido una trayectoria en aumento desde el siglo XVIII, a medida
que tanto los medios tecnológicos como el orden institucional
permitían la potencialidad del comercio global para expandirse
en forma increíble.
La maravilla del siglo XIX fue el transporte terrestre, más
que la máquina a vapor, fue el tren. La primera línea
de tren se abrió hacia 1829 entre Liverpool y Manchester
en Gran Bretaña. Permitía a los viajantes llegar a
destino a una velocidad impresionante de 25 kilómetros por
hora. Hacia finales del siglo XIX, las vías de tren cruzaban
gran parte de la Europa Occidental y Central, y se estaban extendiendo
en Europa Oriental.
En 1869 -el mismo año en el que se abrió el Canal
de Suez- se unió el primer tren transcontinental cruzando
Estados Unidos fuera de Ogden, Utah. Y la inversión de capital
extranjero en Europa estaba construyendo redes ferroviarias en Sudamérica,
Asia, y Australia.
Hoy, a principios del siglo XXI, un viaje de un día y medio
en avión puede llevar a una persona hacia casi cualquier
gran ciudad del otro lado del mundo desde cualquier punto. El tiempo
de viaje en avión a través del Atlántico o
cruzando Estados Unidos continental es ahora cuestión de
horas, más que de días o semanas.
El desarrollo de la radio y luego de la televisión en el
siglo XX permitió la transmisión de información
de voz e imágenes vivas de cualquier parte del globo en cualquier
momento a tiempo. Y ahora Internet permite enviar mensajes personales
y documentos en forma virtual hacia cualquier punto del planeta
en segundos. El tiempo y el espacio se han comprimido en forma impresionante,
especialmente durante los últimos 100 años.
Pero, a pesar de lo chico que se está volviendo el mundo,
hay fuertes intereses que intentan impedir una mayor integración
global entre los hombres en sus propósitos comunes de comercio
e intercambio. La carrera hacia la cima: la verdadera historia de
la globalización de Tomas Larsson, intenta explicar los beneficios
y potencialidades de la economía global como así también
su resistencia desde varios puntos.
Larsson es un periodista sueco que pasó más de 10
años entrevistando desde Tailandia. Viajó ampliamente
a través de Asia y trae su gran cúmulo de conocimiento
y experiencia para dramatizar y dar vida a la realidad del proceso
de la globalización.
Un punto central para su análisis es la cuestión de
que la globalización ofrece uno de las más importantes
fuentes de escape a la pobreza para multitudes pobres en lo que
generalmente se conoce como el Tercer Mundo. La continuidad de la
pobreza en esos países, sostiene Larsson, se ha basado en
principio en los usos y abusos del poder político por una
elite privilegiada que ha manipulado las políticas de gobierno
en sus propios intereses.
Abrir los mercados tanto domésticos y entre países
crea oportunidades para individuos para encontrar nichos de potencial
prosperidad para ellos. Supuestas empresas textiles en Tailandia
o Indonesia proveen trabajo a niños y jóvenes que
de otra forma morirían de hambre o vivirían de actividades
como la prostitución.
Los mercados abiertos dan acceso a mercados de capital locales e
internacionales para que emprendedores pobres en estas tierras puedan
tener acceso a los recursos financieros para iniciar y operar empresas
en el mercado global. Y los mercados abiertos proveen más
y más baratos bienes de todo el mundo, permitiendo que aquellos
con salarios inferiores en los países pobres puedan utilizar
mejor sus modestos ingresos.
Los argumentos en contra de la globalización
Al presentar su defensa del mercado abierto y global, Larsson también
refuta muchos de los argumentos que se hacen en contra de la globalización.
Por ejemplo, responde a la acusación de que la globalización
significa el fin de la cultura local y nacional, las tradiciones
y costumbres, a medida que el mundo se vuelve comercialmente americanizado.
Sólo consideremos el menú de McDonald´s en el
mundo, sostiene: "En Filipinas se puede pedir McSpaghetti,
en Tailandia una hamburguesa de cerdo con chile y jengibre, en India
una hamburguesa Maharaja McMutton, en Japón una hamburguesa
teriyaki, en Noruega una hamburguesa de salmón, en Uruguay
una hamburguesa de huevo. La cola se endulza según las preferencias
locales...Los bienes pueden ser globales, pero su significado es
siempre local. Entonces los chinos no dejan de ser chinos en el
momento en que hincan sus dientes en una hamburguesa estadounidense...La
diversidad cultural no está amenazada por el comercio global.
Nadie necesita vender su alma por una papa frita".
La mayoría de los peligros en los países pobres de
Asia, Africa y Sudamérica, enfatiza Larsson, no provienen
del imperialismo del comercio global. Vienen de los gobiernos y
los intereses especiales dentro de sus propios países. En
países como Malasia y Singapur, las autoridades políticas
intentan limitar el acceso a Internet y a la información
como una forma de controlar los pensamientos y las ideas de sus
propios ciudadanos.
Su temido "peligro" de las influencias de la cultura occidental
es en realidad los temores de la elite política local de
que las masas de personas descubrirán los medios de utilizar
su poder contra los privilegios y la corrupción. Y su rechazo
hacia el "individualismo" y la "democracia"
occidental como algo inconsistente con las tradiciones y costumbres
del "orden asiático" no es más que un intento
de prevenir la aparición de partidos políticos de
oposición y centros alternativos de influencia económica
que pondrían en peligro su control de los gobiernos en estos
países.
En este contexto, Larsson también demuestra que todo lo que
se habla acerca de alguna "tercera vía" entre el
"capitalismo extremo" y la planificación del socialismo
soviético no es más que una pantalla de humo para
aquellos en el poder político o que desean ese poder para
mantener el sistema existente y desastroso de regulaciones, controles
e intervenciones. El sistema neomercantilista y proteccionista impide
que la gente utilice su propio talento y habilidades para salir
de la pobreza e ingresar en el mundo moderno de la prosperidad y
la bonanza.
Larsson también explica que continuar la globalización
no debería ser un rehén de las negociaciones internacionales
o los acuerdos multilaterales. Los mercados abiertos y el libre
comercio deberían ser buscados en forma unilateral siempre
que sea posible y no quedar retardados por los largos y agotadores
procesos de tratados y acuerdos intergubernamentales.
"La gente verdaderamente progresista y preocupada no luchará
contra la globalización", concluye Larsson. "En
su lugar, lucharán para sobreponerse a las tantas barreras
locales y externas, para difundir la globalización...Nuestro
trabajo es crear una sociedad dinámica, abierta y tolerante.
Una sociedad para maestros en el arte de la vida".
Richard M. Ebeling es Vicepresidente
de Asuntos Académicos de The Future of Freedom Foundation
(www.fff.org). Este artículo fue originalmente publicado
por Freedom Daily.
Traducción de Hernán Alberro.
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