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LA CULTURA Y LA RIQUEZA DE LAS NACIONES
Por Don Lavoie y Emily Chamlee-Wright
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¿Quiénes son los habitantes del mercado? ¿Son
los inescrupulosos robots calculadores descriptos en tanta teoría
económica? ¿O son los fríos ejecutivos tomadores
de dinero descriptos en la televisión y en el cine que asumen
que el robo, asesinato y la degradación son todos parte del
buen negocio?
En la línea principal de la teoría económica,
el mercado es presentado casi como un lugar muerto en el cual los
actores económicos son máquinas, más que seres
humanos. En la cultura popular, la gente de negocios son verdaderamente
más reales, pero generalmente toman sólo las características
básicas y malignas de los humanos. Nos gustaría ofrecer
una mirada alternativa, una en la que los mercados son vistos como
una parte integral de la cultura humana. Como parte de nuestra cultura,
el mercado es un campo en el que los seres humanos pueden crear
significado en sus vidas y expresar su espíritu.
Para poder entender al mercado como una esfera animada de relaciones
humanas, debemos tomar seriamente el rol que juega la cultura en
la economía. Buscamos hacer esto explorando el concepto de
"cultura" en su más completo sentido -como el marco
de un concepto compartido. Este concepto de cultura, en tanto incluye
creencias tradicionales y prácticas de consumo; y las tan
llamadas altas artes como literatura, pintura, danza, y ópera;
y todos los elementos de cultura popular, incluyendo telenovelas,
videos de MTV, novelas de bolsillo y películas de Blockbuster.
Tomamos todos esos elementos de la cultura seriamente porque todos
juegan un rol importante en la forma en que se desarrollan los mercados,
cómo son percibidos, y cómo la gente elige expresarse
como participantes en el proceso de mercado.
Porqué la cultura importa para el desarrollo
económico
La pregunta básica que preguntan los economistas es, "¿Por
qué algunas economías generan tremendas riquezas y
prosperidad, mientras otros insisten en la pobreza?" Si bien
la respuesta a esta pregunta es multifacética, incluyendo
factores objetivos como dotaciones de recursos y condiciones climáticas,
uno de los elementos más importantes en el desarrollo económico
es algo que suena bastante subjetivo: la cultura. Si hay espíritu
de empresa, una serie de historias o imágenes en la cultura
celebra cierta forma de creatividad emprendedora, entonces la prosperidad
económica es más probable. Si quieren tener una idea
de si una comunidad es apta para crecer en riqueza, busquen qué
historias cuentan, qué mitos creen, qué héroes
admiran, qué metáforas utilizan. El desarrollo económico
es, desde sus entrañas, un proceso cultural.
La naturaleza le da a algunas sociedades ricos depósitos
de petróleo y a otras suelos fértiles. En forma similar,
la cultura provee a algunas sociedades con una red a flor de piel
que permite la elaboración de complejos mercados de crédito
y a otras sociedades con fuertes valores éticos. De la misma
forma que los mercados se desarrollarán en forma diferente
según los recursos naturales de cada sociedad, también
se desarrollará diferente dependiendo de los recursos culturales.
Por ejemplo, la acumulación de capital sucede de muchas maneras
distintas, dependiendo de que ocurra en Africa occidental, Japón
o los Estados Unidos, o en la comunidad china de altamar, porque
las culturas son muy diferentes.
Si bien algunas políticas institucionales son exitosas al
promover crecimiento económico y prosperidad en una sociedad,
puede que haya limitaciones importantes en la aplicabilidad más
amplia de las mismas políticas en otros contextos culturales.
A pesar de su gran importancia, el libre mercado y los derechos
de propiedad privada, no garantizan el progreso económico.
Puede que sean condiciones necesarias, pero no suficientes para
garantizar prosperidad. La cultura debe, en general, apoye al comercio
y a la empresa, pero la forma particular en la cual el espíritu
de empresa puede ser promovido será culturalmente específico.
Las técnicas occidentales de crianza de niños que
refuerzan el valor de confianza en uno mismo, puede que tiendan
a formar un comportamiento emprendedor valiente en la adultez. Las
estructuras de parentesco de muchas tribus africanas proveen las
redes a través de las cuales los empresarios pueden conseguir
entrenamiento y capital para iniciar su empresa. La filosofía
de Confucio, que valora el planeamiento a largo plazo por sobre
los resultados inmediatos, puede que en parte tenga que ver con
las altas tasas de ahorro en algunas sociedades asiáticas.
Sociedades diferentes pueden hacer hincapié en diferentes
aspectos del mercado tomando su ventaja cultural comparativa y única.
La cultura y la transición económica
Una apreciación del rol de la cultura en la economía
es crucial para discernir parámetros culturales que lleven
a la prosperidad económica. Tomemos como caso una economía
en proceso de reforma como la soviética. Las instituciones
de los sistemas tradicionales soviéticos explican gran parte
de su mal desempeño. La gran diferencia entre, digamos Corea
del Sur, y Corea del Norte, o entre Alemania oriental y occidental,
o entre Hong Kong o Taiwan y la China continental parte del parámetro
de políticas institucionales equivocadas como las de economías
como la soviética y el camino particular que deberán
emprender para poder construir economías de mercado que funcionen
dependerá de la cultura.
Si sólo las características universales del mercado
fueran las relevantes para el futuro de exitosos procesos de reforma,
deberíamos esperar que la desaparición de leyes restrictivas
que prohibían el comercio en la antigua economía soviética,
automáticamente inspiraría el flujo de emprendimiento
empresarial. Las ineficiencias del sistema anterior desaparecerían
rápidamente. En algunos casos no ha habido la suficiente
privatización de la propiedad como para que los economistas
esperen grandes mejoras económicas, pero en muchos países
europeos los cambios institucionales han sido bastante sustanciales
y, parecería, deberían haber dado resultados más
significativos. Al no tomar en cuenta los factores culturales, no
podemos explicar por qué las reformas no inspiraron un cambio
hacia la coordinación de mercado y el rápido crecimiento
económico.
Sólo cuando nos detenemos a analizar los cambios culturales
que sucedieron durante el experimento soviético podemos entender
las dificultades que habrá que enfrentar para la recuperación
económica. Por ejemplo, en la economía de tipo soviética,
la afluencia ha sido ampliamente reconocida como un signo de ser
políticamente ventajosa dentro de un sistema totalitario,
por lo tanto, naturalmente, los ricos no inspiraban ni lo hacen
aún, mucha confianza. El término despectivo "Nuevos
rusos" se utiliza tanto para aquellos que ganaron sus riquezas
a través de negocios legítimos como para aquellos
que utilizaron sus conexión políticas y tácticas
mafiosas. Transformar esta actitud será crucial si los empresarios
exitosos quieren lograr la legitimidad a los ojos de ex ciudadanos
soviéticos.
Emprendimientos a través de la
cultura
La cultura también es uno de los factores clave que determinan
la forma que tomará la actividad empresarial en una sociedad.
Consideremos, por ejemplo, el éxito relativo de las organizaciones
de venta directa, como Amway y Cosméticos Mary Kay, en tres
lugares distintos: Estados Unidos, Taiwan y Japón.
Nicole Biggart, en su estudio acerca de las organizaciones de venta
directa, encontró que las razones del éxito de dichas
organizaciones varía mucho en cada cultura. El énfasis
en el esfuerzo individual funciona bien en el sistema ético
de Estados Unidos, y el énfasis en la comunidad fue un tema
particular para las mujeres estadounidenses, muchas de las cuales
encontraban en la venta directa una forma para obtener crecimiento
personal, tanto como financiero.
Los taiwaneses que se involucraron en organizaciones de venta directa
se destacan en el reclutamiento de miembros de la familia para unirse
a la organización mientras que al mismo tiempo avanzaban
en su propio nivel de jerarquía. Dadas las actitudes estadounidenses
contra el nepotismo, esto no es una parte significante de la experiencia
norteamericana. Las empresas de venta directa de Taiwan permitían
a sus integrantes operar más como propietario individual
que como un empleado tradicional. Este aspecto de la organización
de venta directa tiende a ser enfatizado mucho menos en Japón
donde la lealtad a la corporación es muy alta. Cada sociedad
se destaca en diferentes cuestiones culturales para lograr los mejores
resultados de este sistema particular de mercadeo.
Las características culturales que llevan al crecimiento
económico pueden surgir de una gran variedad de diferentes
fuentes. Consideremos los distintos casos de empresarios japoneses
y chinos de altamar. En cada caso el empresario realiza una función
vital de innovación y coordinación en el mercado.
Sin embargo, los tipos ideales de cada uno de esos dos empresarios
serían descriptos con cualidades diferentes.
El estándar de la cultura empresaria japonesa se centra en
la identidad del grupo y del equipo, con la adaptación individual
a una estructura de autoridad ya existente. En la empresa, la unidad
corporativa es muy apreciada, mientras que la identidad individual
queda subordinada a la de la corporación. La corporación
puede incluso estar por encima de la familia en términos
de lealtad y prioridad. Si bien la idea de un trabajo de toda la
vida en la empresa fue casi trastornada durante la última
década, fuertes hilos de lealtad a la empresa aún
son características de la cultura corporativa japonesa.
Muchos han sostenido que este modelo de organización industrial
surgió en Japón como resultado de la ética
confuciana. Estudiosos como Herman Kahn sostuvieron que de este
sistema filosófico surge una fuerte ética meritocrática,
pero dentro de un contexto de una jerarquía exigente. Otros
han explicado que la organización militar Samurai, no la
ética confuciana, es la fuerza cultural primaria en este
sentido y ha tenido gran influencia en la cultura corporativa en
Japón. En gran medida, de la misma forma que la antigua organización
militar, las empresas modernas japonesas inspiran el esfuerzo individual
y la competencia entre pares, pero dentro del marco de la empresa,
lo cual ofrece un nivel de actualidad que trasciende las ambiciones
individuales.
En la cultura china, por su parte, el típico ideal emprendedor
posee un espíritu individualista. Una explicación
posible para esta forma de individualismo único en Asia oriental
es el budismo y las religiones locales, como el shamanismo. Se ha
discutido que estas religiones, especialmente las locales, son muy
pragmáticas y establecen la salvación únicamente
en este mundo.
La intención de nombrar las diferencias entre varias culturas
empresariales no es para preguntarse qué cultura es mejor,
como si pudiésemos utilizar una suerte de lista de características
culturales para determinar qué sociedades son más
proclives al crecimiento y cuáles son más resistentes
a él. Nuestra intención mostrar las formas particulares
que los diferentes contextos ofrecen a los participantes del mercado
como un medio para descubrir nuevas oportunidades, y comenzar a
entender el rol de la cultura en el desarrollo económico.
Contar mejores cuentos
Si bien no nos pareció importante realizar un ranking con
todas las culturas para comparar cuáles están más
cercanas al crecimiento y cuáles lo resisten más,
pensamos que sí tiene importancia considerar las formas en
las que una cultura particular sostiene y forma el espíritu
empresarial. Es particularmente interesante considerar los mensajes
y valores que quedan involucrados y que son recibidos en la cultura
popular, dado que este es el campo en el que se crea y se recrea
sentido en las vidas cotidiana de los seres humanos.
Al explorar los significados producidos y consumidos en la cultura
popular hay un foco central en la disciplina académica conocida
como la cultura del estudio. Los especialistas en la cultura del
estudio toman muy seriamente los valores y mensajes que son cultivados
en el proceso de escritura y lectura de novelas románticas
o la producción y observación de programas televisivos.
Las novelas, los espectáculos televisivos y las películas
cuentan historias que llegan a la gente común todos los días.
Lo que estas historias tienen para decir sobre el mundo de los negocios
y la gente que lo habita es importante para entender cómo
nos relacionamos con ese mundo. La cultura popular tiene un rol
fundamental en la determinación de si consideramos al mercado
como un sitio de poder ilegítimo y opresivo o como un campo
en el cual podemos dar sentido a nuestras vidas y expresar nuestra
individualidad y nuestros compromisos morales.
Los guiones y el desarrollo de los personajes en los programas televisivos
y las películas son importantes en este proceso de culturización.
Robert Lichter y sus colegas realizaron un estudio sobre la programación
televisiva durante 30 años, entre 1950 y 1980 para detectar
tendencias en las actitudes con respecto a las carreras, sexo, crímenes,
la vida en el hogar y los negocios. El hombre de negocios fue dos
veces más retratado en el cine como villano que los otros
personajes que tuvieran cualquier otra ocupación identificable
y cerca de tres veces más probables de ser presentados como
criminales en televisión.
El retrato negativo de la gente de negocios ha crecido durante los
años. A fines de los 50 y comienzos de los 60, los empresarios
eran exhibidos como ambiciosos inescrupulosos el triple de las veces
que con cualquier otro personaje con ocupaciones identificables.
En los 80, los papeles que representaban al empresario era 10 veces
más probable que fueran presentados con comportamientos mezquinos,
que cualquier otro personaje.
Las series de televisión más vistas en los 90 parecen
continuar con esa tendencia. Los empresarios generalmente fueron
retratados como inescrupulosos y tiranos, como es el caso de la
Dra. Quinn de la CBS. Antes de su cancelación en 1998, el
grupo usual de personajes incluía a Jake, el barbero y a
veces dentista, que pasaba su tiempo libre molestando a vecinos
negros y trabajando con diligencia para mantener el voto de las
mujeres; Hank, el dueño del bar local, que forzaba a las
prostitutas en un sistema de servidumbre y le pegaba a caballos
inocentes; Lorn, el dueño del almacén, que deja a
entrever rasgos de humanidad pero la mayoría de las veces
se pone del lado de la Lorn y Jake en sus causas inmorales. Los
héroes de la serie son Michaela Quinn, la doctora del pueblo,
que parece que nunca les cobra a sus pacientes por sus servicios,
y el apuesto Sully, que parece no tener ninguna ocupación
salvo la de ser un activista de los derechos del nativo americano.
Los personajes como el de J.R. Ewing o Ferenge en Star Trek: Seep
Space Nine confirman esta postura.
No sólo los empresarios son inherentemente corruptos para
el mundo de la televisión y del cine, las ganancias en sí,
son puestas en duda. En un estudio de seguimiento sobre la televisión
de la década del 90, Lichter y sus colegas encontraron que
el 81 por ciento de los programas que se ocupaban de la cuestión
acerca de si los negocios son honestos y honorables o injustos y
corruptos, retrataban a los negocios como deshonestos y corruptos.
En lugar de ser un premio por ofrecer bienes y servicios valorados,
la ganancia fue generalmente retratada como el resultado de la explotación
y el fraude.
Los guiones, las tramas y los personajes, sin embargo, constituyen
sólo una parte del proceso de creación de sentido
en la cultura popular. Mientras los productores y los guionistas
proveen este tipo de historias, los televidentes -el consumidor
de la cultura popular- juega un rol crucial en su rol de demanda.
Los televidentes pueden y muchas veces lo hacen, resistir y rechazar
los mensajes enviados en los espectáculos televisivos y en
las películas, aún cuando los disfruten como entretenimiento.
Pero para que esto suceda, el televidente tiene que tener un marco
de resistencia.
Consideremos, por ejemplo, el personaje de Bud Fox en la película
Wall Street. Un corredor de bolsa de Wall Street que al mirar la
película seguramente habrá rechazado la idea de que
ingresar inesperadamente en la oficina de otra persona es un procedimiento
común para cualquier accionista. Pero un dentista o un masajista
puede no tener ninguna experiencia anterior o marco de pensamiento
que le permita desechar ese concepto. Nuestra falta de familiaridad
con los asuntos de negocios nos hace a muchos de nosotros vulnerables
a los mensajes de la televisión y las películas. No
hay forma de desconectarnos y evitar completamente este tipo de
cosas. Sin embargo, esta susceptibilidad significa que muchas imágenes
negativas del mundo de los negocios que se ofrecen en la cultura
popular en lugar de ayudar, afectan la forma en que las personas
ven al mercado.
Es más, las interpretaciones de Hollywood con respecto al
poder de los negocios ignoran una dinámica más engañosa
que se sucede en la intersección de los negocios con la política.
Algunas empresas intentan utilizar su influencia política
para sortear las reglas impuestas por las fuerzas del mercado, y
las imágenes populares de los negocios podrían jugar
un rol significativo en el mantenimiento de esa posición
de privilegio y poder. La cultura popular pone a los negocios y
a las ganancias como fuerzas malévolas dentro de la sociedad
que necesitan ser controladas y acotadas. Simultáneamente,
la cultura popular, por lo general, pone al Gobierno como la institución
obvia que actuará y mitigará los efectos negativos
de los negocios. Sin embargo, más que desmantelar el poder
y los privilegios en el mercado, la intervención gubernamental
tiende a crear y mantener posiciones de privilegio, al tiempo que
elimina la competencia que de otra forma actuaría para disciplinar
el comportamiento del mercado privado.
No estamos sugiriendo que las imágenes negativas tan repetidas
en la televisión y las películas sean parte de algún
complot izquierdista para destruir el sistema de la libre empresa.
Después de todo, los productores y escritores de Hollywood
también son hombres de negocios -se den o no cuenta de ello.
En realidad estamos sugiriendo que los participantes en el desarrollo
de la cultura popular, incluyendo a aquellos de nosotros que están
del lado de la demanda tanto como los que son proveedores dentro
del proceso, tienen un rol en la influencia de nuestra cultura.
Por el lado del proveedor, podríamos estar contando mejores
historias si reconsideráramos el cansado y viejo cuento del
hombre de negocios avaro que hace el mal. El mayor problema quizás
esté en el concepto de que un personaje de negocios honesto
nunca podría ser una fuente fructífera de acción,
humor, o intriga. Sin embargo, el éxito comercial de una
película como Jerry Maguire sugiere algo diferente. Maguire,
interpretado por Tom Cruise, es un agente deportivo que intenta
reiniciar su carrera. La película nos lleva dentro del drama,
no sólo del romance entre Maguire y su asistente, pero también
de los riesgos, contramarchas y triunfos de ser un emprendedor.
Historias que exploran el mundo de los negocios no sólo como
un lugar donde habita una elite de poder ilegítimo sino como
una dimensión de la vida en la cual tanto los héroes
de los negocios como los villanos de los negocios experimentan suspenso,
intriga, humor, romances, triunfos y desilusiones, son una fuente
que espera ser descubierta por las mentes creativas de Hollywood.
No hace tanto tiempo atrás, retratos positivos de personajes
afroamericanos, imágenes mucho menos positivas de personajes
gays y lesbianas, no se podían encontrar en la cultura popular
central. Pero más recientemente, hemos visto cómo
los escritores y productores pueden impactar poderosamente en la
cultura popular pensando más allá de los estereotipos.
Si los escritores y productores cambian su talento creativo para
desarrollar personajes de negocios más interesantes y multifacéticos,
quizás la comunidad empresarial también pueda sentirse
libre de la imagen popular.
Sin embargo, aún si los guionistas de Hollywood nunca desarrollan
un personaje positivo de los negocios, los consumidores de la cultura
popular tienen un rol importante en el proceso de la creación
de sentido. Podemos convertirnos en menos susceptibles a las imágenes
negativas logrando un ojo más crítico, creando un
marco de resistencia. Los profesores de economía podrían
presentar a sus estudiantes una imagen del mercado que esté
habitada por seres humanos reales (completos con todos los defectos)
en lugar de mostrar al mundo de la teoría económica
moderna, formal y sin vida.
Sin embargo, es más importante que los consumidores de la
cultura popular jueguen su rol simplemente dándose cuenta
de los impactos comerciales de su diaria existencia. ¿La
gente que conocen, en general, son poderosos tiranos accionistas?
¿O son personas comunes que intentan ganar su favor preparando
comidas exóticas, cambiando alguna pieza rota de su auto
o resolviendo problemas con sus cañerías? Necesitamos
darnos cuenta de que incluso las cadenas como Wal Mart y Home Depot,
mal vistas por la competencia que le imponen a los negocios locales,
son extremadamente limitados en su poder. En realidad, su poder
no va más allá de la simple decisión de los
consumidores. Una vez que ponemos el poder de los negocios en perspectiva,
estamos en camino para construir un marco de pensamiento que nos
ayudará a ser mejores intérpretes de nuestra cultura
popular.
Al hacer, quizás, abriremos una puerta de la que pueden surgir
nuevos mensajes culturales -mensajes que consideren al poder de
la empresa no sólo como generador de prosperidad sino como
enaltecedor del espíritu humano.
Don Lavoie fue hasta su reciente muerte
Profesor de Economía en la School of Public Policy en la
George Mason University y colaborador adjunto del Cato Institute.
Emily Chamlee-Wright es profesora asociada
de economía y administración en Beloit College.
Lavoie y Chamlee-Wright son coautores de "Cultura y Empresa:
El desarrollo, la representación, y la moralidad del negocio".
Este artículo fue originalmente publicado en el Cato Policy
Report.
Traducción de Hernán Alberro.
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