Libros. MALDITAS MENTIRAS Y ESTADISTICAS, DE JOEL BEST
Comentario de George C. Leef
Uno de los aspectos más molestos de la "era de la información"
facilita a los que quieren destruir a la libertad la manipulación
de falsedades. Las estadísticas pueden entrar dentro de las
más peligrosas falsedades. Indudablemente ustedes las han
visto en funcionamiento en manos de entrometidos que quieren algo
del gobierno: estadísticas sobre los estadounidenses sin
sistema de salud; estadísticas sobre las personas sin hogar;
estadísticas de muertes infantiles por armas de fuego; y
demás. El muy buen documentado desconocimiento de los números
que posee gran parte de nuestra población ayuda a los entrometidos
porque poca gente puede darse cuenta cuándo los están
tratando de engañar.
El libro de Joel Best, Malditas mentiras y estadísticas es
una mirada de alto nivel al problema del uso (generalmente mal uso)
de las estadísticas en Estados Unidos. Destaca que "las
malas estadísticas son potencialmente importantes: pueden
ser utilizadas para provocar bronca o temor en la gente; pueden
distorsionar nuestra comprensión del mundo; y nos pueden
llevar a tomar malas políticas públicas". El
libro se dedica a demostrar cómo aparecen las malas estadísticas,
la forma que suelen tomar y cómo la gente las puede detectar.
Best, profesor de sociología y justicia criminal de la Universidad
de Delaware, comienza su examen del problema citando lo que él
considera la peor estadística social de la historia. Una
vez estaba en un comité de disertación y leyó
que en el trabajo de un alumno decía, "El número
de niños estadounidenses muertos por armas de fuego se ha
venido duplicando cada año desde 1950". Best chequeó
esa afirmación sacada de un diario académico pensando
que el estudiante había copiado mal la cita. Pero no, la
cita estaba bien. El problema era obvio para cualquier familiarizado
con matemática y los poderes del dos. Hacia 1980 el número
de niños muertos por armas de fuego sería de dos a
la trigésima potencia-¡más de mil millones!
Allí estaba el obvio y fantástico error siendo citado
por personas interesadas en dar la impresión de que grandes
números de niños mueren por armas de fuego todos los
años.
La raíz del problema es lo sencillo que resulta usar las
estadísticas para engañar a la gente para que crea
lo que los activistas gubernamentales quieren que crean. Best muestra
las diferentes maneras en las que se pueden manipular los números
para convencer a la gente de que "Uy, mejor que el gobierno
haga algo". Su tercer capítulo, "Métodos
para destruir números" es verdaderamente bueno para
entender los trucos más comunes. Uno es la utilización
de definiciones criticables para inflar cuestiones mínimas
en grandes titulares. Un buen ejemplo es la frenesí sobre
el incendio intencionado en las iglesias en 1996. Al definir como
"incendio intencionado de iglesias" cualquier tipo de
incendio en iglesias, incluso aquellos que claramente no podrían
haber sido por cuestiones racistas, los promotores de crisis se
las arreglaron para convencer al Congreso y a los medios de que
la nación estaba al borde de una ola de violencia al estilo
Ku Klux Klan dirigido a las iglesias negras. Una vez que su utilidad
política había cumplido su objetivo, la cuestión
desapareció del tapete.
Otra razón para malas estadísticas es el mal ejemplo.
El "hecho" comúnmente repetido de que el 83 por
ciento del tráfico de internet es pornografía es un
buen ejemplo. El investigador que sacó su estadística
de, tal como lo dice Best, "que precisamente esa porción
de internet donde las imágenes pornográficas se concentraban;
no era más que una muestra representativa."
Es bastante simple crear una mala estadística, o transformar
una buena en una engañosa. Luego comienza el proceso de disparar
los datos para que difundir ampliamente la estadística. Una
vez que alguien menciona una estadística mutante, hay grandes
chances de que quienes la escuchan la acepten y la repitan. Una
innumerable cantidad de defensores influencian sobre sus audiencias:
los medios repiten estas estadísticas, y el público
lo acepta -o al menos no las discuten- cualesquiera que sean los
números que presentan los medios. Un líder político
o un líder de opinión puede escuchar una estadística
y repetirla, haciendo que el número sea aún más
creíble. A medida que la estadística se va haciendo
más popular, los números comienzan a lavarse y se
van haciendo cada vez más difíciles de enfrentar porque
todos los han oído. Los numerosos grupos que desean manipular
la opinión pública para obtener favores saben exactamente
cómo poner a girar sus ruedas.
Desde la perspectiva del autor, la mayoría de los estadounidenses
son "impresionables" o "inocentes" cuando se
trata de estadísticas. Le gustaría vernos a muchos
de nosotros más "críticos", o sea, que "apreciemos
las limitaciones inevitables que afectan a todas las estadísticas,
en lugar de quedar impresionados ante la presencia de números.
Es decir, no ser muy confiado, y no aceptar todas las estadísticas
como valores reales (como lo hacen los inocentes)." Sin embargo,
no sugiere ningún medio a través del cual podamos
mejorar nuestra habilidad para entender y analizar las estadísticas.
Dado que nuestro sistema de educación está en manos
del gobierno tiene un fuerte incentivo para mantener crédula
a la ciudadanía, no es fácil ver cómo podemos
cambiar las deficiencias educacionales.
De todas formas, el libro brinda un diagnóstico excelente
del problema.
George Leef es editor de los comentarios
de libros en la revista Ideas on Liberty.
Traducción: Hernán Alberro
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