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Hispanic American Center for Economic Research


 


VIAJE AL CORAZON DE CUBA

de Carlos Alberto Montaner

Ningún otro título hubiera estado tan bien relacionado con el contenido del libro de Carlos Alberto Montaner como Viaje al corazón de Cuba ya que ésta, su última obra se entromete no sólo en el terrible presente que le toca vivir a los habitantes de la Isla, sino que analiza de una manera profunda e inteligente, la increíble vida de uno de los tiranos que más tiempo a permanecido en el poder en todo el mundo.
La vida de Fidel Castro, más allá de lo detestable que significa su persona, por los crímenes que viene cometiendo desde hace más de 50 años, es tan intrincada como atrayente
No se puede hacer un análisis de la personalidad patológica, de las actitudes y la cosmovisión de Castro, sin entrar en su vida desde el nacimiento, su crianza y su convulsionada y aventurera juventud.

La meticulosa y amena pluma de Montaner nos hace comprender, en primer lugar los motivos psicológicos que llevan a este comportamiento demencial del hombre que una vergonzosa cantidad de periodistas se empecinan en llamar "presidente" de Cuba.
El autor no ahorra comentarios a la hora de describir las cualidades de Castro y sus dotes de caudillo infalible.
El narcisismo de Castro, al igual que el de Hitler o Mussolini, esa forma histriónica de comportarse, especialmente cuando habla en público, su tozudez, su mensaje corporal de agresión, de explosión, obedecen a una técnica premeditada con el afán de concretar sus objetivos, producto de una personalidad enferma.
La intimidación es su arma fundamental. Siempre en los largos discursos que da con su disfráz de guerrillero en combate simula estar a punto de estallar, de declarar una guerra, de hacer algo tremendo.
Montaner describe con una agudeza intelectual envidiable partes fundamentales de la vida del hombre fuerte del Caribe; desde su padre, Angel, un gallego alto, corpulento como un roble y muy trabajador, que llegó a Cuba a fines del siglo pasado como recluta del ejército español, a quien no le interesaban las cuestiones políticas ni ideológicas. Aunque de todos modos éste era un español derrotado por los norteamericanos y es muy probable que Fidel Castro no haya escuchado desde niño una especial admiración hacia los vecinos del norte, en cierta medida opuesto a lo que se veía y oía en la Cuba de entonces, la idea de que Estados Unidos los había ayudado a liberarse de España.
Esto y muchas otras vivencias de Castro en su niñez han influido seguramente en la formación de un carácter muy singular, desde su nacimiento en Birán, un caserío pobre y sin agua potable en la provincia de Oriente, hasta la forma en que su madre, Lina, convocaba a los hermanos Castro a almorzar con un tiro de escopeta.
Y es precisamente su madre, la que decide enviar a sus hijos a estudiar a uno de los mejores colegios privados de Cuba.

Menudo cambio para un niño criado en el campo, de costumbres rústicas y ordinarias, que repentinamente salta de la tosca vida de campo al colegio Belén en Santiago de Cuba en manos de los jesuitas.
Allí Castro se encuentra con compañeros que venían de la burguesía cubana con vidas muy diferentes a la suya y es muy posible que entonces haya nacido, o por lo menos acrecentado, el odio de Castro a todo lo que tuviera que ver con las costumbres burguesas. Su padre, si bien poseía una pequeña fortuna, la cual le permitió darle a Castro y sus hermanos una excelente educación, era un campesino rústico y con escaso nivel cultural.
Desde su juventud Castro fue mostrando inclinación por el socialismo, y el odio hacia los norteamericanos venía junto con esa admiración hacia aquellos que les gusta vivir de lo ajeno.
En los años de la segunda guerra mundial cuentan que Castro seguía los avances demoledores del ejército de Hitler, tal ves en muchos sentidos su ídolo y modelo de entonces, con un mapa lleno de tachuelas.
Del colegio jesuita de Belén, ya en La Habana, Castro salta a la universidad a estudiar abogacía, desde un principio Castro demostró que quería llegar a cualquier precio a ocupar lugares de poder y para ello iba seguir los pasos de los muchachos de la época, escalando posiciones en la F.E.U. (Federación Estudiantil Universitaria) una organización que era el paso previo de la militancia política y en la cual los a dirigentes de aquellos violentos tiempos no les faltaba el revolver en el cinturón.
Es muy probable que en esos días Castro comenzara a sentirse en su salsa.
Un hecho tan terrible como anticipador de lo que sería la rutina de este tirano en los años sucesivos, ocurrió en Diciembre de 1946 cuando Castro tratando de ganarse la simpatía del entonces presidente de la F.E.U., intenta asesinar a un adversario político de éste, disparándole un balaso en el abdomen.
Intrépida acción para un joven de 20 años que provenía de un colegio religioso dónde le inculcaron el amor al prójimo y la solidaridad.
La locura de Castro evidentemente ya estaba instalada en su mente y la acción de asesinar a una persona a sangre fría, no deja lugar a dudas; a una persona que ni siquiera conocía y lo hace únicamente con el afán de obtener los favores o ganarse la admiración de un líder al que le convenía servir.
La violenta historia de Castro no tiene casi principio ni fin.
Continúa durante su época de estudiante, paseándose por diferentes organizaciones estudiantiles que lo llevaron a tener una visión distorsionada de la realidad con su consecuente caída en el marxismo.
Los juicios que se realizaron en los primeros años de la revolución en los cuales se condenaba ante los ojos de todo el mundo y con la presencia de la prensa internacional a "torturadores" y "criminales de guerra" son una lógica consecuencia de esa personalidad belicosa adquirida probablemente en su intrincada crianza.
Los actos en los que se "juzgaban" a los soldados de Batista, en los cuales no había pruebas suficientes para mandarlos al pelotón de fusilamiento, fueron salvados gracias a la enorme lucidez de los revolucionarios que como una revelación mística llegaban a demostrar la culpabilidad de los opositores por "convicción".
El "Che" Guevara, ídolo de los defensores de los derechos humanos (¿?), y sus pandilleros, también tuvieron mucho que ver en estos actos repugnantes con el único propósito de sembrar el miedo y la intimidación .
Forma de gobernar que no han abandonado nunca. ¿Podrían haberlo hecho de otro modo?

Otros pasajes muy interesantes del libro son los referidos a la invasión en Bahía de Cochinos y la cobarde actitud del entonces presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy abandonando a los liberadores en medio de la lucha, para después de tan rotundo fracaso, intentar corregir su inútil cobardía encargándole a la mafia la difícil tarea de asesinar a Castro.
Kennedy que había sido muy crítico con el gobierno republicano de Eisenhower y con el vicepresidente y contendiente en la disputa electoral, Nixon, debido a su debilidad para combatir a los comunistas en Cuba, logra otorgarle a Castro con su deserción en Bahía de Cochinos, el más importante triunfo político de su vida y le dio la coartada perfecta a la policía política del régimen para que detuviera sin contemplaciones a docenas de miles de opositores, reales o potenciales, y eliminar de una sola vez a todas las organizaciones anti-castristas que existían en el país.
Incomprensible actitud la del presidente de la principal potencia mundial, quien se manifestaba públicamente como ferviente anticomunista.
Tan incomprensible como la actitud de muchos comunicadores que se encaprichan en admirar los logros de la revolución, como por ejemplo su dignidad por mantenerse firmes durante tanto tiempo, a pesar de las dificultades y las piedras en el camino que le pone el gobierno de los enemigos del norte.
¿Será muy digno, se pregunta el autor, la actitud de esas familias que ven prostituirse a las muchachas de la casa para beneficio de todos y hasta sus padres o abuelos les prestan la cama matrimonial como balsa simbólica en la que todos escaparán de la miseria?
Seguramente estos dignos y hábiles comunicadores, afectados vaya a saber por cuál enfermedad que les impide discernir, toman la actitud que en forma magistral define Montaner con una frase por demás representativa: "A todas las personas hay que juzgarlas por sus actos. Menos a los revolucionarios/salvadores; a éstos hay que juzgarlos por sus intensiones".

En el último capítulo el autor se anima a pronosticar el fin del socialismo y la consecuente vuelta a un estado de derecho en Cuba. Algo que todas las personas honradas vienen esperando desde hace varias décadas.

Caído el Muro de Berlín; no siendo Cuba un peligro para las democracias del mundo; desinteresada la C.I.A.; desilusionados los anticastristas que alguna vez pensaron que podían derrocar al déspota por la fuerza; todo esto hace evidente que ya no veremos un final como le corresponde a un tirano de la talla de Hitler, Mussolini o Ceausesco, y el escenario que imagina Montaner, considero, es por demás probable.

Comentario de Francisco Episano

 

 

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