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Hispanic American Center for Economic Research


 


LAS RAZONES POR LAS CUALES LOS LIBERALES CLASICOS DEBERIAN AMAR A HARRY POTTER

Por Andrew P. Morriss

Cualquier persona con hijos puede decirnos que los libros de Harry Potter, de la escritora británica J. K. Rowling, han cubierto al mundo entero como un aluvión. Ahora, en su cuarto lanzamiento, esta serie de historias acerca de la educación de un joven mago inglés del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, es ampliamente popular entre chicos como así también entre adultos. Harry fue tapa de la revista Newsweek, provocó el rediseño de la lista de libros más vendidos del New York Times (los autores de los libros para adultos se quejaban de que los libros de Potter ocupaban mucho espacio al principio de la lista), estremeció a la industria del libro (estadounidenses comprando los libros desde Amazon.com.uk forzaron a la editorial norteamericana a alterar su esquema de publicación), incitó a intentos de sacar al libro de las escuelas (algunos padres religiosos se oponían a la descripción de la brujería como algo bueno), y perturbó al crítico Harold Bloom (pensó que el libro no pasaría de "El viento de los sauces").
Los libros de Potter son, más allá de la crítica de Bloom, muy divertidos de leer. Rowling es también la mejor historia de "acción social" que haya escuchado en mucho tiempo. El primer libro fue escrito (supuestamente) en servilletas de cafeterías en Inglaterra mientras esta madre soltera estaba bajo un subsidio por desempleo -ahora obviamente se ha convertido en bastante adinerada. Pero estas no son las razones por las cuales los liberales clásicos deberían amar estos libros.
En primer lugar, para aquellos que de alguna manera se han perdido estas historias, aquí va un breve resumen del argumento. Harry Potter quedó huérfano de bebé cuando el vil Lord Voldemort mató a sus padres mientras intentaba utilizar sus poderes mágicos para dominar al mundo. Harry pasó sus diez primeros años viviendo con su profundamente repulsivo y muggler (no mágico) Tío Vernon, Tía Petunia, y su primo Dudley Dursley. Luego, a Harry le llegó una carta del Colegio Hogwarts para comenzar el ciclo, a pesar de que aún pasa los veranos en lo de los Dursleys. A lo largo de este camino, Harry se hace amigo de otros niños magos, lucha contra Lord Voldemort, juega un deporte mágico y excitante llamado Quidditch para su equipo local, y aprende los trucos de los magos. Si les contara más arruinaría al libro.
Los liberales clásicos deberían amar a Harry Potter porque hay tres rasgos notablemente liberales en el mundo de la magia. El primero es su sistema bancario y monetario. Los magos no usan la moneda corriente inglesa, sino que su suministro de moneda se basa en metales preciosos. Galeones de oro, hoces de plata y cobre son la base de las transacciones comerciales de los magos. Y hay muchas de esas transacciones -a pesar de sus poderes, los magos deben comprar la mayor parte de las cosas que necesitan al sector privado. Los magos guardan su dinero en Gringotts, un banco privado administrado por goblings, que son poco violentos en la protección del dinero confiado para su cuidado.
El segundo rasgo clásico liberal es el grado en el que el comercio es presentado como favorable. En verdad, la carrera económica del Tío Vernon, como todo lo demás acerca del Tío Vernon, no es precisamente conmovedora. Pero, los lugares más excitantes del mundo de la magia son el callejón Diagon, la zona comercial mágica de Londres, y Hogsmeade, el único pueblo mágico de Inglaterra, que está absolutamente lleno de negocios fascinantes. Los amigos de Harry, George y Fred Wasley, buscan abrir un negocio, vendiendo chistes mágicos, en lugar de seguir a su hermano y padre en el gobierno. Los palos de escoba deportivos son fabricados competitivamente, y nuevos modelos salen al mercado constantemente como sucede con los autos nuevos en la comunidad no mágica.

POCO GOBIERNO. Sin embargo, lo más importante es el rol del gobierno. Los magos no tienen nada en común con los mugglers, y por lo tanto, el gobierno británico tiene muy poca relevancia en sus vidas -una situación verdaderamente fantasiosa. De todas formas, hay un ministerio de Magia, administrado por un ministro mago. Lo sorprendente -recuerden que estos libros fueron escritos por una madre bajo subsidio de desempleo- es que el ministro no hace prácticamente nada. Su enfoque primordial es prevenir que los mugglers se den cuenta de que hay magos viviendo a su alrededor -para que los magos puedan vivir en paz. Ninguna ley antidiscriminación, ni impuestos a los magos -sólo encantos para que los no magos que se tropiezan con el camino de los magos, olviden que están allí.
El ministro hace alguna otra cosa. Preside el Colegio Hogwarts, más o menos como una escuela pública con control firme basado en un consejo escolar y el director. Colabora con la realización de juegos y competencias internacionales de magos. Investiga y elimina a criaturas mágicas peligrosas. Administra una prisión mágica, aunque indirectamente controla mediante seres oscuros llamados "dementors". Cuando hace algo más, como investigar el grueso del fondo del caldero, es puesto en ridículo por los personajes del libro.
Es más, no hace la mayoría de las cosas nada bien. El ministro de la Magia, Cornelius Fudge, es un payaso pomposo, más preocupado en conservar su trabajo que en la seguridad pública. Oficiales de menor nivel dentro del ministerio rompen las reglas para favorecer sus propios intereses, incluyendo a uno que colabora en la fuga de un pariente de la prisión e inconscientemente ayuda en el regreso de Lord Voldemort. En realidad, juzgando por estos libros, Rowling parece contar con un firme convencimiento en favor de las bases de la teoría de la elección pública.
Eso es casi todo. No hay un Departamento de Bienestar de los Magos, ni sueldo mínimo para los magos, ni seguro de encantos mágicos. Hay grandes oportunidades -Ron, el amigo de Harry viene de una familia pobre y maga y tiene que arreglárselas con ropa y varas de segunda mano, pero su familia no recibe ninguna asistencia del gobierno. El libro más reciente está muy cerca de tocar un tema fundamental de corrección política: Una de las amigas de Harry toma el tema de los duendes de hogar, criaturas mágicas que viven para servir. Ella hace campañas para que reciban un sueldo y se acabe su servidumbre, pero encuentra pocos duendes y magos que estén interesados.
Los chicos malos serán familiares para los liberales clásicos. Lord Voldemort es un asesino violento, un mago profundamente malo que se regocija torturando y asesinando a sus víctimas y aliados de la misma manera. No hay justificación para su comportamiento, no hay una explicación que indique que no fue comprendido de pequeño o que fue maltratado en el colegio. Es la ambición y sólo la ambición de Lord Voldemort la que lo lleva a intentar tomar al mundo. Es un villano que los liberales clásicos pueden amar u odiar -un loco poderoso, líder maligno cuyo logro es llevar al mundo a la esclavitud.
Los héroes son personas a quienes podemos alentar también. Albus Dumbledore, el mago poderoso director de Hogwarts, es un gran tipo. Al final del cuarto libro da un discurso a sus estudiantes que muchos liberales clásicos deberían aplaudir. Al contarle a los estudiantes el regreso de Lord Voldemort, el asesino maligno de un estudiante de Hogwarts, y la negación del gobierno de reconocerlo, Dumbledore le pide a los estudiantes que se paren ante el mal como individuos: "Recuerden (al estudiante muerto). Recuerden, cuando llegue el momento en el que tengan que realizar una elección entre lo que está bien y lo que es más fácil, recuerden lo que le pasó a (el estudiante muerto), que era bueno y amable y valiente, porque (el estudiante) se desvió a través del camino de Lord Voldemort".
Estos libros no son, sin embargo, versiones pequeñas de "La rebelión del Atlas". No hay un mensaje encubierto de libertad, ni nada que se le parezca. Y quizás los esté leyendo en forma demasiado profunda. Después de todo, los libros de Harry Potter son en primera instancia y por sobre todas las cosas, fantasía escapista bien escrita acerca de niños siendo niños. Pero considero que es importante que historias tan populares sucedan en una sociedad que reconoceríamos como poseedoras de características liberales clásicas. Todos esos chicos creciendo con Harry Potter son, después de todo, dejados con una visión de un mundo en el cual el gobierno tiene un papel sorprendentemente pequeño. Y eso es en gran medida, mágico.

Andrew Morriss es Profesor en la Case Western Reserve University y asociado senior del Political Economy Research Center, de Bozeman, Montana (www.perc.org)

Este artículo fue originalmente publicado en la revista Ideas on Liberty. Permiso para traducir y publicar otorgado por The Foundation for Economic Education (www.fee.org) a la Fundación Atlas para una Sociedad Libre.
Traducción de Hernán Alberro.


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