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Hispanic American Center for Economic Research


 


LIBROS. CADA VEZ MEJOR:
LAS 100 MAYORES TENDENCIAS EN LOS ÚLTIMOS 100 AÑOS

De Stephen Moore y Julian L. Simon
Comentario de William H. Peterson
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No es por nada que a la economía se la llama "la ciencia fría". Parte de esa reputación proviene de su naturaleza realista, pero la otra parte viene de la influencia de pensadores como Thomas Malthus, que vio que la población generaría escasez de alimento; Karl Marx, que planteó el choque entre el malvado capitalismo y la creciente clase obrera; y John Maynard Keynes, quien vio a la demanda por parte del Gobierno como la única forma de vencer al desempleo y el ciclo de negocios (Para que quede sentado, David Levy demostró que Thomas Carlyle utilizó el término "ciencia fría" no por estas razones, sino porque los estudiantes de economía se oponían a la esclavitud racial).
Más recientemente, no economistas como el biólogo Paul Ehrlich de Stanford University, Lester Brown del World Watch Institute, y los candidatos presidenciales de Estados Unidos, Ralp Nader del Partido Verde y Pat Buchanan del Partido Reformista, cayeron en la línea que sostiene que el mundo se está yendo al infierno.
En "Global 2000", Newsweek publicó un estudio multimillonario del Gobierno de los Estados Unidos de los '80 autorizado por el presidente Jimmy Carter, en el que se sostenía: "El año: 2000. El lugar: la Tierra, un planeta desolado muriendo lentamente por sus propios errores acumulados. La mitad de los bosques desaparecieron; las dunas de arena se expandieron ocupando tierras fértiles. Cerca de 2 millones de especies de plantas, pájaros, insectos y animales se extinguieron. Sin embargo el hombre se está propagando tan rápidamente que..." Bueno, ven la idea de "Global 2000"; fue plasmado en una calcomanía trillada de aquellas épocas: "¡Paren al Planeta! Me quiero bajar".
El pesimista Ehrlich se había equivocado puntualmente. En 1969, en la víspera de la Revolución Verde, de una creciente productividad agrícola, previó que cientos de millones de personas "morirán de hambre", incluyendo decenas de millones en los Estados Unidos. De alguna manera, ganó el premio al "genio" de la MacArthur Foundation.
Apareció el optimista - y realista- Julian Simon (1932-1998). El economista Simon tenía el irritante hábito de confrontar a los apocalípticos y a los pesimistas con hechos reales. Concluyó que la literatura sobre la población se equivocaba, que no hay ninguna "explosión de población", que no nos estamos quedando sin recursos, que los seres humanos no son sólo consumidores sino también productores y que en realidad son nuestro "último recurso".
En 1980 Simon hizo una famosa apuesta a Ehrlich. Le apostó que el precio de cinco recursos naturales cualquiera caería en el período de diez años. Ehrlich aceptó la apuesta y en 1990 tuvo que pagarla.
También apareció, Stephen Moore, un antiguo investigador asociado a Julian Simon, y hoy un joven economista y pensador brillante en todo su derecho. Él recurrió al Cato Institute para completar y publicar el manuscrito incompleto de Simon. Los dos autores establecen la premisa principal de que habría más mejoras en la condición humana en el siglo XX que en cualquier otro siglo anterior.
A lo largo de más de 100 gráficos a color, cada uno acompañado por cerca de una página de texto, demuestran que comparados con generaciones anteriores, los estadounidenses están en gran mayoría con más salud; viven más tiempo; son más ricos; pueden comprar más cosas; tienen memores trabajos; ganan más; tienen más tiempo para la recreación, viajes, deportes, y artes; tienen casas más grandes y mejores; están en mucho menor riesgo de accidentes catastróficos; y respiran un aire más limpio y beben un agua más segura. También muestran que los estadounidenses negros compartieron esta prosperidad y que la diferencia de ingresos entre negros y blancos se está achicando, al igual que la diferencia de ingresos entre hombres y mujeres.
Y así continúa la tendencia, una bocanada de aire fresco en las oscuras predicciones de la ciencia fría. Tal como indican las encuestas de opinión, muchos estadounidenses todavía temen la proyección del hombre. Ven al cambio tecnológico como un desarrollo negativo, se preocupan porque la diferencia de ingresos entre el rico y el pobre es cada vez más amplia que 100 años atrás (no lo es), y temen que el medio ambiente esté peor más que nada por culpa de los automóviles (olvidando que el caballo que tiraba una carreta o un carruaje era un peor contaminante que un auto). Ben Wattenberg tituló a su libro en 1984, "La buena noticia es que la mala noticia se equivoca" y Moore y Simon tienen éxito al demostrar que esto es así.
Sí, también hay algunas tendencias negativas, que se encuentran donde las políticas de gobierno siguen participando. Los indicadores sociales como el divorcio y los padres solteros son preocupantes. Los impuestos están más altos y los gobiernos más grandes. La cantidad de educación es cada vez mayor, pero la calidad es cada vez peor. Rita Simon, la viuda de Julian, profesora de la American University y autora del prólogo de este libro, sostiene que el siglo XX vio la aparición del nazismo, el stalinismo y el maoísmo pero también su caída; que en comparaciones lado a lado, Corea del Sur fue mucho más próspera que Corea del Norte, Alemania occidental más que la oriental y Taiwan más que China continental. El control gubernamental, tan predicho por los apocalípticos y los pesimistas, fue una ciencia fría.
Quizás la economía de mercado debería cambiar su nombre a "la ciencia enriquecedora".

William Peterson es adjunto en The Heritage Foundation y colaborador de Ideas on Liberty.
Este comentario fue originalmente publicado en la revista Ideas on Liberty. Permiso para traducir otorgado por The Foundation for Economic Education (www.fee.org) a la Fundación Atlas para una Sociedad Libre.
Traducción de Hernán Alberro.

 

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