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ESTADO CONTRA MERCADO
Escribe Gabriel C. Salvia
Con un estilo que recuerda mucho al también economista
y periodista Henry Hazlitt (autor del libro Economía en una
lección y columnista por más de veinte años
en la revista Newsweek) Carlos Rodríguez Braun ofrece una
sólida defensa del libre mercado y una categórica
crítica al desborde gubernamental "que mina la responsabilidad
y garantiza que todos obtengamos lo mismo independientemente de
nuestro esfuerzo", agregando que el crecimiento estatal "ha
fundamentado la mediocridad contemporánea, y la sustitución
de la competencia por la presión al poder".
En su participación como editor del libro Encuentro con Karl
Popper, Carlos Rodríguez Braun ya anunciaba la idea de su
nuevo ensayo: "La sociedad abierta y sus enemigos va camino
de dejar de ser un texto polémico, básicamente por
la vertiginosa desaparición de la segunda mitad del título:
la sociedad abierta se va quedando sin enemigos...El problema va
a ser, cada vez más, otro. No tanto defender la sociedad
abierta frente a la cerrada, sino defender los mecanismos alternativos
de apertura de la sociedad". En ese sentido, en la introducción
de su nuevo libro Estado contra mercado Rodríguez Braun señala:
"No hay 'terceras vías' entre el mercado y su eliminación:
esta última alternativa ha desaparecido" y arremete
contra el moderno Estado Benefactor "que no comporta la aniquilación
del mercado sino que lo admite, aunque lo condiciona y limita en
aras del emprendimiento de costosas políticas económicas,
principalmente de carácter redistributivo".
Por eso, el autor de Estado contra mercado también señala
que "en todas las variantes del intervencionismo que el mundo
ha padecido desde entonces, más y menos crueles, ha habido
vastamente más sacrificios que resultados plausibles reseñables",
y se fija como objetivo "demostrar que es preciso un nuevo
equilibrio entre Estado y mercado, a favor de los ciudadanos en
éste y en desmedro de los políticos en aquél".
Una lección para los progresistas
En este libro, el economista y periodista Carlos Rodríguez
Braun realiza una breve y contundente defensa de los fundamentos
de una sociedad libre y, con un lenguaje claro y directo, el autor
refuta eficazmente varios de los "latiguillos" usados
habitualmente contra el libre mercado y reafirma con solidez los
argumentos a favor de la libertad individual, la economía
de mercado y el gobierno limitado. Pero eso no es todo.
"Tanto en sus clases como en sus editoriales, Rodríguez
Braun predica actualmente las bondades de la economía de
mercado, un tipo de modelo económico que durante su juventud
criticaba enérgicamente", señala Ana Barón
en el libro Por qué se fueron. Por eso mismo, esta obra Estado
contra mercado tiene un peso mayor por haber sido escrita por una
persona que anteriormente pensaba lo contrario, lo cual demuestra
la rigurosidad académica de Rodríguez Braun (quien
sí ha leído las "dos bibliotecas") y su
ejemplo de mente abierta.
De esta manera, Carlos Rodríguez Braun pasa a formar parte
de una célebre lista de intelectuales defensores de la libertad
individual y el gobierno limitado que originalmente se inclinaban
por el intervencionismo estatal. Ese fue el caso de Friedrich Hayek
que perteneció nada menos que a la sociedad fabiana, que
luego fue Premio Nobel de Economía (1974) por su obra Desnacionalización
de la moneda y que está considerado actualmente como uno
de los grandes liberales del siglo XX junto a figuras como Ayn Rand
y Ludwig von Mises. Y ese también fue el caso de Karl Popper
y, entre los contemporáneos, el brillante escritor Mario
Vargas Llosa y el formidable Thomas Sowell (un ex "Pantera
Negra"). Estaba en lo cierto la ensayista y novelista Ayn Rand
al afirmar que sus esperanzas estaban entre las personas de izquierda,
quienes generalmente son grandes defensores de la libertad individual
en cuestiones civiles, pero, contrariamente, se inclinan a favor
de la intervención estatal en materia económica. Y
como se vio, hay muchos y espectaculares casos de personas que finalmente
resolvieron bien esta contradicción.
Seguramente, muchos "progres" seguirían un camino
parecido si se esforzaran mínimamente en comprender el proceso
de mercado, pues la mayoría de ellos describe bien los efectos
de ciertas cuestiones pero se equivocan en la interpretación
de sus causas. A ellos está dedicado el libro de Carlos Rodríguez
Braun y a ellos se dirigen en forma directa ciertos pasajes del
libro, como el que sigue: "El origen de la noción misma
de progreso está indisolublemente unido a la noción
de libertad. Es paradójico y revelador de la ofuscación
intervencionista, el que haya terminado por transformarse en una
idea opuesta: hoy los autodenominados progresistas son los enemigos
de la libertad". Y casi al final del libro el autor deja en
claro el motivo de la anterior afirmación: "...no es
progresista ni solidario ni humanitario recortar la autonomía
de las personas, quitarles su dinero y colocarlas en un mundo donde
más que libertades hay permisos".
Grupos de presión versus contribuyentes
Entre su fecunda obra bibliográfica, Rodríguez Braun
editó para Alianza Editorial las dos grandes obras de Adam
Smith: La teoría de los sentimientos morales y La riqueza
de las naciones. En la introducción a esta última
escribía: "Smith adjudica gran importancia a las instituciones
y a la política económica, y condena en particular
a las medidas que intentan favorecer a un sector de la economía
a expensas de los demás". Pero cuantas veces se dice
y se repite que el capitalismo es la ley de la selva, desconociendo
que allí "no hay mercados ni nada", por la sencilla
razón que brinda el autor: "eso sucede porque allí
no hay derechos y sólo rige la ley de la selva, la ley del
más fuerte, la inseguridad total. Los mercados, en cambio,
florecen en contextos diferentes, donde lo que impera es la libertad,
la justicia, la seguridad personal, la protección de los
derechos y la garantía del cumplimiento de los contratos.
Por eso la economía de mercado y la civilización y
el progreso van de la mano: sus condiciones de existencia y desarrollo
son las mismas reglas. Esto sorprenderá a los intervencionistas
que separan dicha unión y favorecen sólo las libertades
y la justicia que no atañen a la economía; sin embargo
la separación es inválida. No puede ser casualidad
que allí donde reina la libertad económica suele reinar
también la política, y donde los poderosos eliminaron
la libertad de mercado también suprimieron las demás
libertades".
En varias partes de este libro se nota la enorme influencia que
ha tenido Adam Smith en el autor de Estado contra mercado, especialmente
en su insistente ataque a aquellos particulares (no cabe denominarlos
empresarios) que mediante el favor oficial pretenden obtener ganancias
económicas que nunca lograrían en un mercado competitivo
o que simplemente se creen con derecho a realizar una actividad
a costa del esfuerzo ajeno. "Estos grupos son pequeños
en número" -dice el autor- "están bien organizados
y cuentan con alicientes para movilizarse, a veces violentamente,
y llamar la atención sobre sus reinvindicaciones". Y
continúa: "Tratan siempre de identificar sus intereses
con el interés general, y alegan que lo mejor para el país
es la protección pública, los monopolios, las barreras
de entrada y los subsidios para numerosos sectores, desde la agricultura
hasta el cine...Esos sectores, junto con la política, son
lo único que parece contar: los que pagan el coste de esa
protección en términos de pobreza, o de bienes y servicios
más caros y de peor calidad, o en términos de más
impuestos, no aparecen. La coincidencia de intereses entre esos
grupos y el propio Estado conforma un amplio convenio que es replicado
por los medios de comunicación, que hablarán siempre
de la lucha de tal o cual sector para obtener dinero público,
pero jamás de la derrota de los contribuyentes, una derrota
en toda regla porque la necesaria contrapartida del Estado benefactor
es un crecimiento de las finanzas públicas".
Un libro muy recomendable
"Trato de circunscribirme a la evidencia empírica más
fácilmente reconocible por quienes no comparten mi visión
de las cosas", señala el autor en la introducción
de Estado contra mercado. En ese sentido, el libro es muy gráfico
sobre las principales cuestiones que se debaten en la actualidad.
Por su parte, los partidarios del liberalismo encontrarán
en este libro muy buenos argumentos contra el intervencionismo estatal;
mientras que aquellos que defienden la participación estatal
como único remedio para combatir la pobreza, brindar educación
para todos, resolver las supuestas "fallas del mercado",
etc., pondrán a prueba sus premisas y si la inquietud y la
honestidad intelectual los acompañan probablemente en el
futuro apostarán más por los particulares y menos
por el poder gubernamental. Asimismo, esta obra resultará
muy valiosa para los estudiantes universitarios, pues en ciento
veinte páginas encontrarán respuestas diferentes a
las que habitualmente escuchan en las carreras que se dictan tanto
en establecimientos públicos como privados, esperando que
este libro les despierte el interés en algunas de las obras
que el autor cita en un apéndice al final.
RECUADRO I: INDICE
Prólogo
I. Introducción
II. Elogio del mercado
La cuestión de los pobres
Mercado y moral
Economía, sociedad, libertad
El monopolio
Bienes públicos y externalidades
Equidad y macroeconomía
Información incompleta
La perfección y otros dislates
III. Crítica del Estado
Los nuevos derechos
El Estado democrático benefactor
Estado y moral
De lo ideal a lo real
Gastos, impuestos y deuda pública
Estado justo y regulador
Las reformas
IV. Conclusiones
Lecturas
RECUADRO PAGINA 3
¿Por qué se fue Carlos Rodríguez
Braun?
Carlos Rodríguez Braun nació en Buenos Aires el 2
de diciembre de 1948. Estudió en el colegio Cardenal Newman
y luego obtuvo la licenciatura de Economía en la Universidad
Católica Argentina. Entre los amigos y compañeros
de su época de estudios se encuentran importantes políticos,
funcionarios y empresarios muy famosos en la actualidad. Rodríguez
Braun ejerce la docencia como catedrático de Historia del
Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid
y el periodismo como columnista en varios medios de comunicación
españoles, incluyendo la revista Cambio 16 y el programa
radial "Hoy por Hoy" que conduce Iñaki Gabilondo
(uno de los más escuchados). Su historia personal es fascinante,
aunque uno de los capítulos de su vida -que lo llevó
a radicarse en España- forma parte de una triste etapa de
la Argentina.
Carlos Rodríguez Braun debió exiliarse en España
a principios del año 1977 junto a su esposa, embarazada,
y su hijo Mateo de apenas once meses. Su historia está relatada
en un capítulo del libro Por qué se fueron: testimonios
de argentinos en el exterior, escrito por Ana Barón, Mario
del Carril y Albino Gómez (EMECE Editores, 1993), algunos
de cuyos pasajes se reproducirán a continuación.
Un militante más.
Como muchos recordarán, en los 70 "el mundo giraba
al socialismo", por lo cual era muy atractivo para los jóvenes
de entonces participar en alguno de los grupos izquierdistas más
o menos violentos de esa época en la que "el centro
vivía a costa de la periferia". Carlos Rodríguez
Braun lo recuerda así: "Comencé a militar en
la izquierda peronista por varias razones. En primer lugar, tuvo
un papel muy importante la Iglesia Católica. Yo venía
de los grupos cristianos. Entonces, mi conversión a la izquierda
vino por el lado de la religión. Primero por el lado de la
religión conservadora, y después de la religión
de izquierda, la Teología de la Liberación".
¡La historia es de una vulgaridad aplastante! Había
cientos de miles de personas que hacían exactamente lo mismo".
Sin embargo, Rodríguez Braun recuerda que "No había
conciencia de que el socialismo no funcionaba. No estábamos
dispuestos a reconocer lo que estaba ocurriendo: el desastre, el
costo horrible en términos económicos y políticos
que había significado el comunismo en el mundo". En
ese entonces, Rodríguez Braun era estudiante y militante
de la Juventud Peronista, asistiendo a todas las manifestaciones.
"Era una época -dice- en que se estudiaba poco, no había
cultura de la reflexión o del estudio".
Un viaje a la libertad.
Luego de recibirse, Carlos Rodríguez Braun se dedicaría
a la docencia, como profesor de Economía, en las universidades
Católica, del Salvador y Buenos Aires. En 1974 moría
Perón y asumía como presidente su esposa "Isabelita",
un período de la historia argentina muy bien definido por
el filósofo Jorge Luis García Venturini: "La
kakistocracia" (el gobierno de los peores).
En esa época, Rodríguez Braun pasaría los peores
días de su vida: "Sea como sea, estaba metido en la
JP. Por suerte nunca estuve en algo más serio que eso. Pero
fue suficiente como para que mucha gente fuera castigada: incluso
con menos que eso mucha gente fue muy castigada. Muchos amigos míos
desaparecieron. Yo caí preso en el 75. Estuve varios días
desaparecido". Finalmente, Rodríguez Braun, el periodista
Villar Araujo y un grupo de economistas con los cuales había
sido secuestrado fueron liberados pues según un comunicado
de la policía "no eran una amenaza para la civilización
occidental y cristiana".
Pero eso no fue todo. "Después de eso -recuerda Rodríguez
Braun- me quedé un par de años más, hasta que
en noviembre de 1976 me vinieron a buscar a casa en horas de la
madrugada. Una docena de hombres armados montaron un operativo,
ingresaron en mi casa como si yo fuera Firmenich, y obviamente yo
no era Firmenich. Yo no tenía a nadie que me protegiera.
Afortunadamente ese día no estábamos en casa. Yo ya
estaba casado con Bibi Herrera, que es psicoanalista, y teníamos
a nuestro primer hijo, Mateo, que había nacido en marzo del
76. Nos vinimos a España porque tenía un amigo...Conseguí
una beca para estudiar, una beca que en realidad era para ayudarme
a subsistir. Así pude alquilar un pequeño departamento
y al mes siguiente vino mi mujer con mi hijo Mateo. Ella ya estaba
embarazada de mi segundo hijo, Lucas, que nació ese mismo
año. Franco había muerto en noviembre del 75 y yo
llegué en el 77. Es decir, llegamos en pleno proceso de apertura
política".
Ese fue el inicio de un viaje a la libertad por parte de Carlos
Rodríguez Braun, pues además de salvar su vida y la
de su familia, en España viviría un verdadero cambio
en sus ideas políticas, económicas y filosóficas.
Así lo narra en el libro Por qué se fueron: "Paralelamente
ingresé en la Universidad ese mismo año, en el 77,
para hacer el doctorado. Y fue así que conocí al Profesor
Pedro Schwartz, uno de los líderes del liberalismo español.
El liberalismo español, al contrario del argentino, supe
ser muy poco conservador. Pedro fue perseguido por Franco. Estaba
en la misma trinchera que los socialistas. Inmediatamente me gustó
su personalidad. Empecé a discutir mucho con él. Yo
estaba en un proceso de reflexión sobre lo que había
sido el desastre de la izquierda en la Argentina. Y como él
sabía muchísimo sobre historia económica discutíamos
basándonos en ejemplos concretos. Así comencé
la transición de un pensamiento de izquierda hacia un pensamiento
más liberal. Todos mis amigos hicieron un proceso más
o menos parecido. Pero lo que no fue normal, en mi caso, es que
me entusiasmé tanto con la Historia del Pensamiento Económico
que me quedé en la Facultad. Pedro me invitó a dar
clases y así empecé nuevamente mi carrera académica,
esta vez en España. Actualmente enseño Historia del
Pensamiento Económico, una asignatura que está en
el quinto año de la Carrera de Economía. Al mismo
tiempo logré ingresar al periodismo español".
RECUADRO PAGINA 3
Una visión de los 70
Carlos Rodríguez Braun realiza un muy interesante análisis
de la década del 70 en la entrevista que Ana Barón
le realizó para el libro Por qué se fueron. En la
misma, el autor de Estado contra mercado señala: "Yo
no participé de los grupos de derechos humanos que había
aquí porque no quería meterme en nada que fuera político
hasta que no pudiese elaborar lo que había pasado en la Argentina.
Me daba la sensación de que muchos grupos de estos, lo que
hacían era continuar lo que se había hecho en Argentina:
pero sin reflexionar sobre sus causas y sus consecuencias. Eso me
parecía totalmente devastador ideológicamente...Pero
a mí me interesaba pensar sobre lo que había ocurrido.
Tenía la sensación de que 'something went wrong',
que alguna cosa había funcionado mal y lo mejor era pensar
sobre ello antes de cometer los mismos errores...Cabe preguntarse:
¿Quiénes fueron los responsables: los militares o
los montoneros? Yo creo que fueron los dos...A mí me da un
profundísimo dolor no haber sido capaz de darme cuenta en
ese momento y de haber sido una vaca más en la manada. Es
posible que los tipos que hayan hecho esta misma reflexión
del otro lado, del lado de los militares, estén en la misma
situación. El hecho de que los protagonistas de este proceso
fuimos hombres, de alguna manera pensantes, es aterrador. Si hubiera
sido una secta de idiotas o de fanáticos, hubiese sido otra
cosa. Pero esa gente era normalísima...Claro que también
era gente normalísima la que apoyó a Hitler y la que
no quiso ver que había campos de concentración. En
la Argentina, en la época de represión más
dura del gobierno militar, hubo mucha gente que negaba lo que estaba
pasando. Decían 'algo habrán hecho', 'Si desaparecieron,
por algo será', y si uno criticaba al gobierno militar, uno
estaba criticando a la Argentina. Es decir, la gente no quería
ver...En la Argentina murió demasiada gente como para que
no te obligues a una reflexión absoluta sobre todo. A mí,
lo que me ha dejado es una profundísima desconfianza hacia
los poderosos y hacia todo poder. Mis simpatías hacia los
movimientos anarquistas y liberales en el fondo estriban en esta
actitud de recelo frente al poder...Yo creo que soy más de
izquierda que de derecha. Me preocupa el cuidar al más desprotegido,
al más débil. Y creer que eso lo puede hacer mejor
un sistema de libertad de mercado que un sistema socialista me anima
a defender el sistema democrático y liberal y no un sistema
comunista. Pero son los muertos lo que más me preocupan.
A lo mejor todo hubiera sido distinto si hubiésemos tenido
en la Argentina un mayo del 68 francés, donde bueno, todo
el mundo salió a la calle, se puso la camiseta y la foto
del Che...Pero no los muertos, los muertos no...Porque en el mayo
del 68 murió una sola persona porque se cayó al Sena
y se ahogó. En cambio en la Argentina esto ha costado miles
de muertos y es desolador. Esto es lo que obliga a la máxima
reflexión".
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