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Hispanic American Center for Economic Research


 


LIBERTAD, PROPIEDAD Y CRIMEN

Por Jim Peron
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Ninguna sociedad puede existir largamente en un clima de crimen desenfrenado, especialmente si se define a crimen como cualquier acto que viola la vida, libertad o propiedad de otro. Y cuando el término "crimen" es utilizado, eso es lo que generalmente quiere decir la gente. Claro que mucha gente, quizás la mayoría, también incluiría los crímenes sin víctima como el uso de drogas o la prostitución, pero su definición principal tendría víctimas reales.
El crimen es un tema correctamente preocupante. Siempre son de interés para los realizadores de políticas públicas, para quienes hacen cumplir las leyes y potenciales víctimas, las soluciones a los problemas del crimen. Una solución al problema de los crímenes ha sido la política de la "ventana rota" que fue utilizada por la ciudad de Nueva York. El término "ventana rota" viene de un ensayo de 1982 escrito por los profesores James Q. Wilson y George L. Kelling.
La premisa básica de esta política es, como Wilson explica, "los pequeños desórdenes llevan a mayores y mayores desórdenes, y quizás incluso al crimen". Wilson y Kelling postulan la rotura de una ventana en un edificio. Chicos que pasan por el edificio piensan que no le importa a nadie la ventana, dado que la que está rota sigue sin ser arreglada. Entonces tiran piedras y rompen otras ventanas. Ahora parece que a nadie le importa lo que pasa en las calles, y pronto otros edificios son dañados. Y entonces: "sólo los jóvenes, los criminales, o los temerarios tienen algún negocio en una avenida sin protección, y por lo tanto más y más ciudadanos abandonarán la calle a quienes la merodean".
En su artículo original Wilson y Kelling sostienen: "los crímenes callejeros serios florecen en áreas en las cuales el comportamiento desordenado se mantiene impune. El mendigo descontrolado es, en efecto, la primera ventana rota. Asaltantes y ladrones, tanto oportunistas como profesionales, creen reducir sus chances de ser atrapados o identificados si operan en las calles donde las víctimas potenciales ya están intimidadas por las condiciones anteriores. Si el barrio no puede evitar que un mendigo fastidioso moleste a los transeúntes, el ladrón puede razonar que es incluso menos posible llamar a la policía para identificar un asaltante potencial o interferir si el asalto realmente está sucediendo."
La ilustración de la ventana rota puede ser un poco exagerada, pero seguramente muchos de los temas propuestos por Wilson y Kelling no lo son. Destacan que si la gente sin hogar tienen el permiso de congregarse y vivir en parques públicos, el crimen aparecerá enseguida. Una concentración de negocios para adultos en un área pequeña, como Times Square o la "Zona de combate" de Boston tiene el mismo efecto. Si cinco o seis negocios para adultos están operando en un área de dos cuadras, puede que atraigan prostitutas callejeras. Junto con las prostitutas vendrán los alcahuetes y seguramente los vendedores de droga. Muchas prostitutas consumen drogas, y los vendedores están felices de estar en el lugar donde sus clientes trabajan. Pero los vendedores de drogas también atraen a otros consumidores que puede que estén dispuestos a cometer uno o dos robos a mano armada para financiar su consumo de drogas. Claro que a medida que estos grupos son atraídos a la zona, otros grupos son desalentados de vivir o comprar allí. Puede que cierren los almacenes. Las familias puede que se muden. Las calles se convierten en un paraíso para los segmentos más marginales de la sociedad. Y este tipo de plagas puede expandirse también a zonas cercanas. En suma, no es una linda foto.
Ahora bien, ¿quién es responsable de todo esto? ¿Quién trajo esta explosión de crimen desde la década del 60 a los Estados Unidos? Kelling, en su libro Arreglando ventanas rotas, escrito con Catherine Coles de la Kennedy School of Government, de la universidad de Harvard, sostiene que los culpables son los libertarios. Su disgusto visceral hacia los libertarios es evidente en todo el libro. El crimen es un problema de desorden social, y el desorden social sucede cuando los libertarios presionan exitosamente a favor de los derechos individuales y la libertad.
Los libertarios estarían impresionados al saber que su ideología es el concepto reinante de la justicia criminal de Estados Unidos, sin mencionar responsables de todo tipo de males. Kelling y Coles escriben: "En primer lugar, una amplia ideología social tiene a ciertos derechos individuales como absolutos y virtualmente divorciados de responsabilidad y obligación. Esta ideología dio paso a la idea de que todas las formas de desvío no violento deberían ser tolerados por el bien de la libertad -una creencia que se enfrenta directamente con el mantenimiento del orden. En segundo término, la estrategia de la justicia criminal reinante es consistente con esta ideología libertaria."
Nuevamente dan su clara postura: "el aumento de desorden urbano ocurrió en los últimos treinta años, en muchos sentidos y está enraizado en estos cambios: el énfasis en los derechos individuales atada a la cultura de individualismo ayudan a generar un aumento de comportamientos extravagantes en las calles de las ciudades." En otra parte hablan de "libertarios radicales que perpetuarán el caos urbano en nombre del interés de la libertad y su exagerado temor de los abusos policíacos." ¡Entonces no sólo el libertarianismo llevó al crimen sino que lleva al "caos urbano" también!

Derechos y bien común
No debería sorprendernos que Kelling, Coles, y Wilson sostengan que los derechos individuales deben estar comprometidos en nombre del bien social. Lo ven como una "tensión entre los defensores de los derechos, que sostienen que la contención de la conducta desordenada, generalmente descripta por ellos como discurso o comportamiento expresivo, viola las libertades fundamentales, y comunitarias o universales, que sostienen que los derechos de los individuos deben a veces dar paso a los valores comunales y se estructuran para que el orden básico pueda mantenerse en comunidades más grandes."
El anti libertario John Gray lleva esto a incluso extremos más lejanos. Gray se refirió a la "implosión que está sucediendo en Estados Unidos" en su libro "Endgames" (Fin del Juego). En "Enlightenment´s Wake" (El despertar del iluminismo) predijo "la probabilidad de que Estados Unidos se esté dirigiendo lentamente hacia la ingobernabilidad". Kelling, Wilson, y Coles ven al libertarianismo como algo que lleva al crimen o al caos urbano. Gray sostiene que está llevando a la destrucción de la civilización occidental, pero el proceso es el mismo: "la condena libertaria hacia el estado y la defensa del libre mercado es una receta para la crisis social y la inestabilidad política". "Las comunidades -escribe Gray- necesitan protección del viento fuerte de la competencia de mercado, sino serán dispersadas a la deriva".
Según la teoría de la "ventana rota", el libertarianismo, promoviendo los derechos individuales e "intereses de la libertad", está causando la decadencia de la sociedad urbana. En forma acumulada, escribe Gray, esto está llevando a la destrucción de la sociedad occidental. Cuando la ciudad de Nueva York cayó en lo que ha sido considerado actos menores de desorden, siguió una explosión de crímenes mayores. Para estos teóricos esto prueba que subyugar los derechos individuales y la libertad es la forma en que la sociedad puede alcanzar estabilidad y paz. Y si esto es cierto, sería una acusación a los demonios del libertarianismo. ¿Pero esto es cierto?

¿Teoría confirmada?
Kelling y Coles presentan variados ejemplos que creen que confirman esta teoría. Mirándolos individualmente es informativo. Un ejemplo que utilizan, en varios capítulos, es el efecto de los "sin hogar" en el clima general de San Francisco. Escriben: "por ejemplo, en San Francisco, trabajadores de la ciudad que intentaron llevar adelante actividades de limpieza y mantenimiento en parques públicos, plazas y calles fueron físicamente amenazados por personas que vivían en asentamientos allí, y enfrentaron riesgos significativos a su salud teniendo que juntar deshechos de agujas, desperdicios humanos, y basura. En suma, estos asentamientos se convirtieron en centros para el consumo de droga, venta de crack y cocaína, y robos que se desparramaban en los barrios vecinos. Individuos intoxicados con alcohol o drogas se instalaban y dormían en las puertas de los negocios o incluso de casas, e intimidaban a los residentes, clientes y transeúntes."
Esta descripción, si es algo, es muy restringida. Kelling y Coles están en lo correcto. Como un ex habitante de San Francisco, fui testigo exactamente de este tipo de decadencia. Y en una visita a la ciudad un par de años atrás, me dejó claro que el problema iba en escalada.
¿Pero cómo el libertarianismo es responsable de este problema? Aparentemente dándole a esta gente el derecho de acampar en el parque al lado del municipio es un "interés de la libertad". Sin embargo, mientras que la libertad es un principio fundamental del pensamiento libertario, no es el único principio. También hay que incluir otros derechos y la propiedad. Y los libertarios han destacado por un largo tiempo que cuando la propiedad pertenece a una comunidad, aparecen conflictos automáticamente. ¿Dónde están los "sin hogar" que arman sus campamentos? Según Kelling y Coles, esto está sucediendo "en parques públicos, plazas y calles" -en propiedades públicas y no privadas.
San Francisco ofrece una lección asombrosa acerca de derechos de propiedad. El célebre teleférico tiene una línea que va de Powell y Market Streets hasta Fisherman´s Wharf. Al comienzo de la línea las calles están sucias. Drogados y borrachos acosan a quienes esperan al teleférico. Predicadores callejeros caminan entre la multitud gritando sus menajes de fuego de infierno y azufre a turistas que no aprecian el gesto. La gente no disfruta esta experiencia. Pero luego de desembarcar, los turistas encuentran el Puerto 39, que sobresale de la Bahía de San Francisco. El puerto en sí es más grande que la zona alrededor de Powell y Market. Tiene un par de cuadras de largo y está lleno de docenas y docenas de negocios y restaurantes. Tiene pequeñas plazas donde se exhiben distintos animadores. Es limpio. Es seguro. Y no hay borrachos o evangelistas no deseados que acosan a los clientes. ¿Por qué esta diferencia? El Puerto 39 es privado.

Los derechos enraizados en la propiedad
Los derechos se ejercitan en el mundo físico. El hombre no es una criatura etérea que flota en algún universo abstracto. Cuando se ejercitan los derechos son ejercitados sobre la propiedad y generalmente requieren el uso de propiedad. Un hombre que se emborracha fuertemente en su sala de estar con un licor que él pagó y se la pasa en un piso que le pertenece. La misma acción en un parque o en una calle pública tiene lugar en una propiedad que supuestamente pertenece a la "comunidad". El conflicto creado por sus actos existe sólo porque la propiedad se mantiene socialmente en lugar de privadamente. Disney World no tiene problemas de consumo de drogas en las calles o de mendigos borrachos que acosan a las personas que esperan para algunos de los juegos. No tiene el problema porque es dueño de la propiedad en la que sucederían esos actos y tiene todo el derecho de detener esos actos. La propiedad comunitaria crea conflictos que la propiedad privada ayuda a ahuyentar.
Las reglas de cortes que permiten la borrachera pública, la mendicidad, o una variedad de otras conductas "desordenadas" lo hacen porque se aplican sobre propiedades públicas y no privadas. Los libertarios han sido muchas veces condenados por su ferviente creencia de que la privatización de las fuentes "públicas" resolverían un número de problemas. Sin embargo, en este caso también son culpados por los resultados de las políticas que son completamente contrarias a sus recomendaciones.
Quien haya vivido en San Francisco en cualquier período sabe que la ciudad es un imán para los llamados sin hogar. Mucha de esta gente es alcohólica y adictos a las drogas. La mayoría son hombres solteros, no madres con hijos, como les gusta pensar a los socialistas. ¿Entonces que trae a estas personas a la ciudad? El gobierno de la ciudad es bastante generoso con el tesoro público. Un hombre "sin hogar" en San Francisco no sólo calificaría para los beneficios de la Seguridad Social y beneficios del estado, sino también de los beneficios municipales. Para calificar para este dinero extra, lo único que se necesita es vivir en la ciudad por 24 horas.
Grupos socialistas radicales en la ciudad, que odian a los libertarios con pasión, han llevado adelante políticas que prohíben sacar a esta gente de la propiedad pública. Ningún parque, ninguna plaza, ninguna calle está a salvo. Una vez que un nivel crítico de individuos desordenados se junta, el área sufre de todos los males. ¿Cómo son responsables de esto los libertarios? ¿Qué "interés de libertad" hay en tener acceso al dinero de otras personas? ¿Cómo es que los defensores de la propiedad privada son responsables por los problemas asociados con la propiedad pública?

Mendigos de subterráneo
Kelling y Coles también destacan los problemas de los mendigos en el sistema de subterráneo en Nueva York. Pero una vez más, los subtes en Nueva York pertenecen al estado. Si bien fueron construidos originalmente en forma privada, las compañías de subte fueron forzadas fuera del negocio por regulaciones de precios gubernamentales. Entonces la ciudad reclamó una falla de mercado y tomó el control. Hacia los 60 los mendigos, los borrachos públicos y cosas de ese tipo, se hicieron un problema.
Otros ejemplos de desorden social al que Kelling y Coles se refieren incluyen la prostitución de los negocios de venta de libros y revistas para adultos. El libertario Lysander Spooner trazó una distinción entre crímenes y vicios a mediados del siglo XIX. Desde entonces los libertarios han defendido la legalidad de "todo lo que sea pacífico". Sin embargo, las prostitutas que merodean fuera de un complejo de apartamentos tiran abajo al barrio de muchas maneras. ¿Esto no viola los derechos de alguien?
Kelling y Coles dicen respecto del problema de la prostitución en el barrio Tenderloin de San Francisco: "la mayoría de las personas que se opone a la prostitución en el área de Tenderloin de San Francisco, por ejemplo, no son vigilantes mojigatos preocupados acerca del sexo comercial como un problema de principio. Simplemente se oponen al comportamiento promiscuo de las prostitutas y sus donjuanes, que públicamente cometen actos sexuales en autos estacionados, descartan profilácticos y agujas en las veredas, entradas a las casas, y parques públicos, sin preocuparse del juego de los niños, y que desprecian los pedidos públicos por alguna prudencia en su comportamiento."
Sin embargo, las prostitutas están usando propiedad pública -veredas, esquinas, y parques- para promover su comercio. La situación no es óptima para ellas. Las expone a esos elementos, a criminales y a otros peligros. Pero como la prostitución es ilegal, es difícil trabajar fuera de un lugar. Un burdel que funciona abiertamente sería cerrado inmediatamente en la mayoría de las ciudades importantes. La ilegalidad del negocio fuerza a las prostitutas a usar la propiedad pública. Peor cuando la regulación gubernamental fuerza a los individuos a utilizar la propiedad pública, ¿a quién hay que culpar? Bueno, al libre mercado, a la propiedad privada, a los libertarios por supuesto.
A pocas millas de mi casa en Johannesburgo, Sudáfrica, había un burdel despreciable llamado "El Rancho". Funcionaba en uno de los suburbios mejor cotizados de la ciudad. Era ampliamente publicitado y ampliamente conocido. La renuencia general de la policía sudafricana para hacer cumplir la ley llevó a la descriminalización de facto de la prostitución. Sin embargo los transeúntes eran una rareza relativa. En su lugar, aparecieron docenas de burdeles como El Rancho, alrededor de la ciudad. Cuando el dueño de El Rancho públicamente protestó por la corrupción policial, fue inmediatamente puesto bajo la mira. Utilizando leyes inactivas copiadas de Estados Unidos, la policía confiscó la mansión en la que funcionaba el burdel, junto con la casa del dueño, cuentas bancarias, autos y más.
Sorprendentemente, cientos de personas se juntaron fuera de El Rancho para protestar contra esta persecución. Muchos eran trabajadores del burdel, preocupados porque ahora estaban desempleados. Pero muchos eran amas de casa y otros vecinos que vivían en la misma calle. Casi sin excepción, estas personas decían que El Rancho había sido un buen vecino. Una mujer que vivía en la misma calle, dijo que ni siquiera se había dado cuenta de que había un burdel ahí. Todos los déficit de los que se lamentan Kelling y Coles parecen ausentes, porque mientras que la prostitución era legal de facto, las mujeres y sus clientes preferían la seguridad de la casa. Cuando se permitía ejercer la libertad entre los confines de la propiedad privada, los notorios y nocivos resultados de la prostitución estaban ausentes.
Lo mismo parece ser real con los negocios para adultos. Caminé por Times Square en la ciudad de Nueva York cuando era el centro del comercio pornográfico. Era un lugar bastante sórdido. Estuve en la "Zona de Combate" de Boston y vi exactamente los mismos resultados. Kelling y Coles parecen creer que esto es simplemente el resultado inevitable del material adulto y que prohibirlo es la solución. Pero una vez más estas consecuencias nocivas están completamente ausentes en los negocios de adultos en Johannesburgo. ¿Por qué?
Muchos gobiernos locales en los Estados Unidos querían regular la pornografía para prohibirla. Pero la Corte Suprema determinó que la Primera Enmienda no permitiría este tipo de censura. Los políticos locales, entonces intentaron regularlo indirectamente. Un método preferido fue la zonificación. Generalmente un área específica de la ciudad fue designada como un distrito extraoficial de "zona roja". En otros casos las leyes eran tan restrictivas que sólo algunas pequeñas áreas calificarían para estos negocios. El resultado fue que los negocios fueron forzados a concentrarse en una pequeña área de la ciudad, con todos los efectos nocivos que Kelling y Coles describen.
En Sudáfrica, la corte constitucional determinó que las leyes de censura del antiguo apartheid eran inválidas. Sin ningún sistema regulatorio en funcionamiento aparecieron docenas de negocios pornográficos, esparcidos en todo el país y en todas las principales ciudades. Dado que no hay ninguna restricción de zonificación especial, no se concentran en un vecindario. Las zonas varían: zonas cercanas al mercado, cerca de los shoppping centers, en la periferia de las áreas residenciales, y en barrios de clase trabajadora. En mi viaje diario alrededor de la ciudad debo pasar por 20 de estos negocios. Las prostitutas no operan fuera de ellos debido a que el nivel de los clientes en cualquier negocio es suficiente para proveerles una ganancia lucrativa. Eso sólo sucede cuando muchos negocios están obligados a estar en la misma calle. Tampoco hay alcahuetes o vendedores de drogas.
En cierto sentido Wilson, Kelling, y Coles están en lo correcto. Debido a la propiedad colectiva de los parques, plazas, calles y veredas, muchos "extravagantes" pondrán sus propios reclamos en esas áreas. Para prevenir la decadencia social sus "intereses de libertad" deberían ser restringidos. Pero la libertad no necesita ser sacrificada por el orden. Como sostenía el cerebro de Benjamin Tucker en su publicación "Liberty", (parafraseando a Proudhon): "Libertad: no la hija sino la madre del orden." Seguramente la libertad irrestricta por los derechos de propiedad llevará a conflictos, pero eso no es libertarianismo. Un libre mercado sin derechos de propiedad es una contradicción en término. Todos los problemas de orden social que la política de la "ventana rota" se supone debe solucionar son resultados directos de la falta de propiedad privada. Siendo este el caso, la culpa yace no en los libertarios, sino en quienes restringen la propiedad privada, los derechos individuales y la libertad.

Jim Peron (peron@gonet.co.za) es director ejecutivo del Institute for Liberal Values en Johannesburgo, Sudáfrica.
Este artículo fue originalmente publicado en la revista Ideas on Liberty. Permiso para traducir y publicar otorgado por The Foundation for Economic Education (www.fee.org) a la Fundación Atlas para una Sociedad Libre
Traducción de Hernán Alberro.

 

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