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LOS DERECHOS EQUIVOCADOS
Por Sheldon Richman
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Agárrense. Estamos a punto de ser testigos del desembarco
de un movimiento global para establecer "derechos económicos
y sociales" junto con los "derechos humanos". En
otras palabras, dicen los organizadores de este movimiento, el derecho
a la comida y al cuidado de la salud es tan legítimo como
el derecho a no ser torturado por ningún gobierno (The Economist,
16 de agosto).
Una señal de este cambio en la cruzada por los derechos humanos
se puede ver en Amnistía Internacional (AI) que se ha venido
planteando si ampliar su misión para incluir estos derechos
alegados. Hasta ahora AI se ha concentrado en la defensa del individuo
de la violencia gubernamental, como la prisión de periodistas
y la ejecución de criminales. Las violaciones del gobierno
al derecho de propiedad, sin embargo, nunca fue un tema interesante
para los directores de AI.
The Economist menciona que la Ford Foundation y la británica
Osfam también están dando mayor atención a
las cuestiones económicas y sociales. Y también están
las Naciones Unidas (ONU). Su revista semanal sostiene: "Desde
1998, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha venido
solicitando a la comunidad internacional, que reconozca a la salud
como un derecho humano. En A Human Rights Approach to TB, un documento
publicado en marzo, la OMS en forma desprolija destaca la obligación
de los estados de "proveer algún tipo de solución
que la gente conozca y a la que pueda acceder si sienten que sus
derechos relacionados con la salud han sido afectados".
La agenda de replanteos de los derechos humanos, dice The Economist,
se debe a la creencia de que los derechos políticos y sociales
son prácticamente inútiles cuando un país es
asediado por la pobreza y las enfermedades. Africa está en
la mente de todos los que opinan de esta forma. Pero hay una razón
más cínica, tal como lo sostiene The Economist. El
interés por los derechos puede estar donde está el
dinero: "Además, los grupos de defensa de los derechos
humanos se preocupan por que los gobiernos del mundo rico no responden
a esta catástrofe (SIDA) con el vigor suficiente y utilizar
el discurso de los derechos los puede sacar de su letargo".
"Hacer algo con respecto al SIDA en Africa no se trata de caridad
o de prevención de la salud pública. Es una cuestión
de obligación", manifiesta Michael Ignatieff, del Carr
Centre of Human Rights Policy, de Harvard. "El argumento de
los derechos es una manera de enviar dinero para sanar esta obligación".
En tanto, los pedidos de generosidad sólo pueden pesar poco
en las manos de los gobiernos ricos, quizás reclamos de obligaciones
legales les hará torcer el brazo."
No hay nada sutil en eso. Es una trampa. Si los pedidos de caridad
no funcionan, hagan que los occidentales piensen que tienen la obligación
legal de dar vuelta sus reservas a un continente de personas que
han demostrado pocos signos de querer ayudarse a sí mismos.
Luego de ser liberada del colonialismo, gran parte de los países
de Africa han estado sujetos a una forma de estatismo local virulento.
Los derechos de propiedad prácticamente son inexistentes.
El socialismo y las guerras civiles brutales han sido desenfrenados.
Prácticamente no se conoce el capitalismo, y -sin sorprender-
el crecimiento económico es una fantasía, si es que
acaso alguien sabe qué significa.
No cabe duda de que la pobreza y las enfermedades prevalecen. Los
administradores no tienen interés en desplazar el socialismo
con libres mercados. ¿Por qué dejar de lado el poder?
Es fácil culpar al colonialismo, que finalizó décadas
atrás (La última colonia occidental, Hong Kong, no
se parece en nada a Africa).
La filosofía de los derechos económicos y sociales
no sólo proveerá la excusa para expropiar a los contribuyentes
de Occidente, será utilizado por las fuerzas del poder político
para condenar a los países con relativa libertad en el mundo.
Por ejemplo, el derecho al cuidado de la salud será interpretado
como el derecho al acceso igualitario a servicios médicos.
Una nación con un sistema decrépito en el que todos,
en teoría, tienen el mismo acceso al mismo bajo nivel de
servicios estaría en una mejor posición que Estados
Unidos, donde hay un acceso desigual a mucho mejores servicios.
A pesar de que el más pobre de los estadounidenses pueda
tener un mejor cuidado que la gente en países primitivos
e igualitarios, Estados Unidos está siendo acusado de no
honrar el derecho al cuidado médico (muchas veces llamado
el derecho a la salud). La OMS, recientemente colocó al sistema
médico de Estados Unidos en el puesto número 37 de
191. ¿Cuál fue el primero? ¡Francia!. ¿El
segundo? ¡Italia! Como escribió Twila Brase: "¿Cuándo
fue la última vez que alguien eligió a Francia o Italia
por sobre Estados Unidos para asistencia médica?" (La
Agenda oculta de la OMS, Ideas on Liberty, Diciembre 2000, p. 8).
La naturaleza de los derechos
La decisión de presionar por derechos económicos y
sociales retoma la eterna controversia concerniente a los llamados
derechos positivos y negativos. "Derechos negativos" es
el término que se ha aplicado a los derechos lockeanos occidentales.
Se resumen en una simple negativa: el derecho a no ser molestado
siempre y cuando uno no inicie el acto de violencia. Ese concepto
de derechos protege el derecho a la vida, a la libertad, a la propiedad
y a la búsqueda de la felicidad. Si uno está libre
de interferencia forzada, puede, en tanto y en cuanto no moleste
a otro, actuar para alcanzar objetivos, apropiarse de tierras y
objetos sin dueño, asociarse en el comercio y demás.
Los demás están obligados solamente a abstenerse de
usar la fuerza en su contra.
Esa es la concepción de los derechos que Adam Smith tenía
en mente cuando escribió "Podemos cumplir todas las
reglas de la justicia sentándonos y no haciendo nada".
(La teoría de los sentimientos morales).
Los derechos positivos son radicalmente diferentes. Significan un
derecho a algo, que crea más que una obligación negativa
en los demás. Cuando los defensores de los derechos sociales
y económicos hablan del derecho a la comida y al cuidado
médico, no se refieren a que la gente tiene el derecho a
actuar para adquirir esas necesidades de la naturaleza o de proveedores
dadivosos. Quieren decir, en realidad, que los demás tienen
una obligación para proveer esas cosas (o el dinero equivalente)
quieran o no. Por consiguiente, negarse a proveerlos, constituye
una violación de derechos.
Bajo esta concepción de derechos, el principio de Smith se
queda corto, porque uno no estaría siendo justo meramente
con sentarse quieto y no haciendo nada. No hacer nada implicaría
no pagar impuestos, y no pagar impuestos, bajo la filosofía
de los derechos positivos, violaría los derechos de los demás
a esas cosas que los impuestos financiarían, como la comida
o el cuidado médico.
Los derechos positivos y los derechos negativos son mutuamente excluyentes.
Si uno prevalece, el otro desaparece. No puede haber un derecho
a la comida en sí, junto con el derecho a no ser molestado.
Si Jones se niega a proveer con comida a Smith (o dinero para la
comida) los derechos de uno u otro serán violados. O se respeta
la decisión de Jones en cuyo caso el derecho a la comida
de Smith quedará anulado, o Jones será forzado a proveer
comida o dinero, en cuyo caso su derecho de no ser molestado será
ignorado. No hay término medio.
Desafortunadamente, The Economist no dio esta distinción
entre lo que llamamos derechos humanos por un lado y derechos económicos
y sociales por otro. Primero, hay que destacar que los derechos
humanos si bien se juntan a los tradicionales negativos, naturales
o lockeanos, no corresponden exactamente a lo mismo. Mientras que
"los derechos humanos" incluyen la libertad de tortura
y asesinato, no incluyen a los derechos de propiedad per se. También
incluyen el derecho a votar, que es un derecho natural, pero -como
mucho- un derivado de los derechos naturales. (Se puede sostener
que en realidad no es un derecho derivado, porque implica la elección
de los funcionarios que regularán sobre los demás
y no meramente sobre uno. Más allá del consenso específico
de todos los partidos, nadie tiene el derecho de imponer una regla
sobre los demás).
Pero dejando de lado ese detalle, vale la pena destacar que The
Economist, una voz prominente del establishment, no tiene una línea
clara entre los derechos positivos y negativos. Ambos pueden ser
codificados y forzados, según el editor, y la obligación
de ambos requiere gastos, y por consiguiente elecciones, del Estado.
"Y argumentos que consideran cualquier libertad positiva, demasiado
cara para ser protegida en realidad están diciendo, en parte,
que los derechos de propiedad reconocidos en la distribución
de ingresos existente debe darle prioridad a cualquier otro derecho
nuevo. Quizás deban tener prioridad -pero los defensores
de los nuevos derechos son los menos indicados para señalar
en qué casos."
Esto se equivoca. La distinción no es concerniente a si los
derechos positivos pueden ser codificados, si se necesitan recursos
para forzarlos o si son muy caros de defender. La diferencia es
esta: los derechos negativos en su mismísima concepción
requieren la no iniciación de la fuerza. Los derechos positivos
sí. Los derechos son principios para evitar conflictos para
que los individuos puedan vivir vidas productivas. Los derechos
positivos por naturaleza crean conflicto. Los derechos negativos
no. Por ese motivo, los derechos positivos no son derechos. En realidad
son poderes que asumen los gobiernos.
Mucha gente atraída por los programas de derechos positivos
pueden estar motivados por su preocupación por la gente que
vive en condiciones terribles. Si entendieran que esas condiciones
se deben a la ausencia de derechos negativos -específicamente,
derechos de propiedad- pueden ver el error en su esquema de pensamiento.
Sheldon Richman es Investigador Senior
de The Future of Freedom Foundation (www.fff.org) y editor de la
revista Ideas on Liberty. Este artículo fue originalmente
publicado por Freedom Daily.
Traducción de Hernán Alberro.
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