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EL AMBIENTALISMO:
COMO SI LA GENTE Y LOS HECHOS REALMENTE IMPORTARAN
Por Christopher Lingle
Descubrir la forma de detener y revertir el debilitamiento de nuestro
ambiente natural se plantea como una de las cuestiones políticas
más urgentes del nuevo milenio. Muchos observadores consideran
que se necesita una revolución para cambiar la opinión
pública e implementar políticas tendientes a corregir
la vergonzosa indiferencia hacia el medio ambiente. Sin embargo,
lograr esto requiere un cuidadoso análisis del papel y el
impacto que las políticas de gobierno pueden tener.
La protección y la rehabilitación del ambiente son
sin duda objetivos honrosos, de modo que la naturaleza del debate
radica más en los métodos que en los objetivos. La
búsqueda de soluciones debe comenzar con la comprensión
de que las intervenciones del gobierno pueden ser una causa en lugar
de un remedio cuando se trata de daños ambientales. Las fallas
de los gobiernos para servir como guardianes del ambiente se evidencian
en la destrucción ecológica de las economías
socialistas autoritarias de la ex Unión Soviética
y de China.
A pesar de que el autoritarismo asociado con el comunismo es ampliamente
rechazado, el autoritarismo basado en la ecología puede remplazarlo.
"Ecologismo" se usa aquí para describir las intervenciones,
regulaciones y coerciones del Estado motivadas por una adhesión
ciega a la protección del medio ambiente natural sin consideraciones
por el impacto sobre el ambiente humano. La libertad de elección
y la autodeterminación personal también deben considerarse
a la hora de medir la calidad de vida.
Llevado a un límite lógico, el ecologismo remplazaría
a burócratas motivados por un socialismo científico
y una ingeniería social por tecnócratas guiados por
evaluaciones "científicas" de impactos ambientales.
A la larga, cualquiera de estas dos posturas trae aparejada una
lógica que impondrá restricciones al comportamiento
individual supuestamente en virtud de servir a la comunidad.
Quizá la peor falla del socialismo sea que la búsqueda
de objetivos sociales puede conducir fácilmente a la destrucción
no intencional e imprevisible de los derechos individuales a gran
escala. El partido Nacional Socialista Alemán bajo el mando
de Hitler implementaba políticas que agradarían a
los ecologistas más extremistas de la actualidad. Uno de
los elementos de la filosofía imperante del partido Nazi
(Gemeinnutz vor Eigennutz) promovía el bien de la totalidad
sobre el bien del individuo. Esta postura apoyaba la higiene racial,
o pureza racial, e incluía intentos de frenar el consumo
de tabaco y de alcohol. Es poco probable que las personas que apoyaron
al partido Nazi en sus comienzos pudieran imaginar el terrible resultado
de su ideología.
De cualquier modo, la prudencia es aconsejable al confiar en la
mayoría de las opiniones ortodoxas que sostienen la ansiedad
sobre el deterioro del ambiente. Muchas de las verdades que los
movimientos "verdes" aceptan como válidas están
basadas en hechos dudosos y falacias. Así como Hitler se
basaba en generalizaciones falaces sobre gitanos y judíos,
los ambientalistas obtienen apoyo generando histeria sobre algunas
cuestiones que carecen del respaldo de la lógica y de la
ciencia. Quizá el caso más famoso sea las incumplidas
profecías (¿fantasías?) del informe del Club
de Roma ("Límites del Crecimiento") que señalaban
un inevitable conflicto global como resultado del agotamiento de
los recursos.
INTOLERANCIA POR LA LIBRE ELECCIÓN.
El ecologismo tiende a fomentar la intolerancia hacia la libre elección
y esconde una desconfianza por la propiedad privada. El ecoterrorismo
y la confiscación o destrucción de la propiedad privada
para promover la agenda ambiental lamentablemente está aceptado
en las grandes comunidades. Estas actitudes también fueron
evidentes durante regímenes autoritarios tanto de ideologías
de izquierda como de derecha.
Los intentos por detener la degradación del ambiente natural
pueden no sólo conducir a la degradación del ambiente
humano, sino también hacer más lento el progreso para
lograr la corrección de los problemas del medio natural.
Las restricciones excesivas de los individuos sobre la base de la
lógica ecologista sin duda empobrecerían a la comunidad.
En una economía de mercado moderna los empresarios son los
motores del crecimiento y la innovación económica.
La supresión del acceso a ganancias del mercado entorpecerá
el avance tecnológico y desalentará las ganancias
y los ingresos. La evidencia confirma que las mejoras en el campo
de la tecnología y los mayores niveles de ganancias constituyen
los medios y la motivación para la protección del
medio ambiente.
De cualquier modo, la intervención y regulación del
gobierno no son los únicos vehículos para resolver
los problemas ambientales. Los economistas han dedicado esfuerzos
considerables a examinar el modo en el que el sistema de precios
puede generar las reducciones deseadas y otros problemas similares
causados por la "tragedia de los comunes". Los ejemplos
de los mecanismos de mercado para resolver los problemas ambientales
incluyen los derechos a la contaminación publicitaria, la
privatización de áreas salvajes y de vida salvaje,
y técnicas innovadoras de clasificación que permitiría
identificar a los propietarios de los recursos dispersos o rastrear
las fuentes de contaminación.
Cada una de estas propuestas requiere de incentivos individuales
que estimulen un mejor control del uso de los recursos y del ambiente.
La propiedad privada permite que los individuos se beneficien directamente
de la conservación y la preservación ya que se benefician
con un aumento del valor. Esto constituye un gran incentivo para
explotar con cuidado los recursos naturales y obtener mayores rendimientos.
El comienzo del nuevo milenio le dio a la comunidad mundial indicios
contradictorios de esperanza para el futuro. Si bien la desaparición
de los regímenes autoritarios amerita tres brindis, los resultados
de una mayor conciencia sobre cuestiones ambientales puede merecer
sólo uno o dos.
Parecen imponerse un nuevo conjunto de "derechos ambientales"
opuesto a los derechos de propiedad y a los derechos individuales.
Si estos derechos son amenazados, el apoyo a la protección
ambiental realmente sufriría un debilitamiento. Para que
el ambientalismo prospere y cumpla con su propósito, deberá
tener en cuenta que los individuos realmente importan.
Christopher Lingle es economista y autor
del libro The Rise and Decline of the Asian Century.
Este artículo fue originalmente publicado en Ideas on Liberty.
Permiso para traducir y publicar otorgado por The Foundation for
Economic Education (www.fee.org)
a la Fundación Atlas para una Sociedad Libre.
Traducción de Mariana Pacheco.
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