Historia y
Antecedentes
Misión y
Programas
Seminarios y
Eventos
Publicaciones
Periódicas
Suscripciones
Argentina
Suscripciones
Extranjero
Reporte
Ejecutivo
Autoridades
y Staff
Representantes
Filiales
Consejo
Internacional
Promotores
de la Libertad
Organizacion
Afines
Bibliografía
Sugerida
Centro de
Documentación
Prensa
Gráfica
Suscripción
Gratuita
English
Version
Actualidad
Introductoria
Economía
Política
Derecho
Periodismo
Latinoamérica
Cultura
Educación
Historia
Negocios
Ecología
Tecnología
Pensadores
Entrevistas
Home



























Hispanic American Center for Economic Research


 

versión PDF    
 
EL DILEMA ARGENTINO
 
 
 
 
Por Fernando Alessandri y Gabriel Salvia

Argentina ha caído víctima de las políticas populistas que la gobiernan por más de sesenta años, desde que Perón toma el control del que fuera uno de los países más exitosos del mundo y comienza su estrategia que ahora se llamaría "redistributiva". Da así el puntapié inicial a la debacle que hoy tiene a ese país llorando. De ahí en adelante comienza un proceso de erosión institucional que está aún por verse hasta dónde irá a llegar.
Desde 1930 Argentina sufrió interrupciones constitucionales con la participación de militares en el poder, quienes de esa forma se sumaron al socavamiento de la seguridad jurídica que también generaban los gobiernos civiles de la época. Luego de la guerra de Malvinas y del conocimiento sobre la desaparición y tortura de personas en el último gobierno militar, Argentina retornó a la democracia en 1983 y el importante poder que tuvieron los militares fue desapareciendo por el desprestigio logrado en los mencionados sucesos. Pero lo cierto es que una situación política como la que actualmente vive Argentina antes se solucionaba con un golpe militar y ahora debe resolverse con mecanismos democráticos cuando la dirigencia política está muy cuestionada.
Entoces, hoy se alzan voces por todas partes buscando explicaciones para la situación argentina y no faltan los que culpan al Banco Mundial, al Fondo Monetario o al capitalismo. A las instituciones se les enrostra el ser poco caritativas y al sistema de mercado, simplemente imposible de implementar por su esencia egoísta y un elevado "costo social". Y en parte los críticos no están equivocados. Tanto el Fondo Monetario Internacional como el Banco Mundial, proveyeron de manera permanente los fondos para hacer realidad las promesas de un sistema político corrupto, al que jamás le exigieron que cumpliera con los compromisos adquiridos. Además, el capitalismo "a la argentina" tiene características prebendarias, con sus reformas incompletas, la escasa trasparencia y un gasto brutal, que dejó a la mayoría del país en la miseria; mientras unos pocos, pero bien conectados personajes, lograron fortunas instantáneas. Ese sí que es un costo social, pero que por supuesto no tiene las características institucionales y las reglas de juego del capitalismo.
Todo lo anterior se opone a las afirmaciones que intentan culpar al capitalismo de la crisis que atraviesa la Argentina, pero para aportar más argumentos resultan muy elocuentes los expuestos por Gustavo Lazzari, Investigador Asociado de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre: "En Argentina no hubo liberalización de ningún tipo. En términos comerciales el arancel promedio de la Argentina es cuatro veces superior al arancel promedio de lo países más libres del mundo y el país mantiene tambíen regulaciones laborales de la década del cuarenta, normas comerciales de la colonia (permisos y licencias) y mercados cautivos propios de la corona española". Lazzari agrega además que "en la Argentina tampoco hubo un proceso de privatización en el sentido auténtico de la palabra. Las llamadas privatizaciones fueron transferencias por lo general de concesiones de monopolios públicos a monopolios legales privados. Si se hubiera priorizado la correcta asignación de recursos se hubieran abierto los mercados, aún a costa de recaudar menos, y se hubieran instalado empresas en competencia. Por otra parte, en Argentina los 'servicios de asistencia social' no fueron desmantelados. Por el contrario, el gasto público social representa desde 1993 entre el 65% del gasto público consolidado, significando una suma que oscila entre los 51.000 y los 60.000 millones de pesos anuales". Finalmente, Lazzari concluye señalando que " la política fiscal de los noventa no puede ser seriamente considerada como compatible con la economía de mercado. Entre 1991 y el 2000 el gasto público aumentó un 94%, la deuda pública se duplicó y la recaudación creció en U$S 30.000 millones anuales. Semejante transferencia del sector privado al sector público es impensable en una economía de mercado. Claramente no se puede hablar de economía de mercado, liberalización y privatización real en la economía argentina".
Quizás la prueba más notable para graficar lo anterior se encuentre en una comparación de Argentina con Australia, publicada en el Indice de Libertad Económica 2002 de la Heritage Foundation y el Wall Street Journal. En el estudio se describe cómo aún cuando ambos países se encuentran en el hemisferio sur, son multiculturales, poseen abundantes recursos naturales y el mismo tipo de clima, hoy enfrentan realidades muy distintas. Siendo muy similares en términos de recursos y teniendo ambos un PBI per cápita relativamente similar durante las primeras cuatro décadas del siglo pasado, hoy el PBI per cápita de Australia es más del doble del de Argentina, con la aclaración que este estudio es anterior a la devaluación.
Contrariamente al caso de Australia, en Argentina se profundiza el retroceso económico y una clara prueba de ello es el vertiginoso aumento de la pobreza. Según un informe de Pablo Guido, Economista Jefe de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre, "La última medición del INDEC en octubre de 2001 daba como resultado una tasa de desempleo del 18% y estimaciones privadas estarían situando hoy dicho indicador en alrededor del 23%. Si suponemos que la PEA, Población Económicamente Activa, se mantiene sin cambios respecto de octubre del año pasado, significa que aproximadamente unas 3,3 millones de personas no tienen actualmente trabajo. Esto implica que en el término de cinco meses hay 800 mil desocupados adicionales en el sector urbano de la economía, lo cual impacta directamente en el problema de la pobreza. Si tenemos en cuenta que en mayo del año pasado la cantidad de pobres alcanzaba 3.959.000 millones de personas y los indigentes eran 1.247.000, podemos decir que la velocidad de aumento de indigentes estaría superando a la de pobres. Mientras que desde mayo a octubre de 2001 la cantidad de pobres creció un 8,5%, la tasa de aumento de indigentes fue superior al 18%. Esto pone en evidencia que el deterioro en los ingresos se está profundizando a una velocidad creciente".
Así, con cada vez mayor desocupación y con más personas viviendo en la indigencia, Argentina se encuentra ahora frente al desafío inmediato de volver a aplicar los principios libertarios que atrajeron a millones de inmigrantes en busca de prosperidad, como ocurrió a inicios del siglo XX, cuando los europeos decidían sin mayor problema entre irse a radicar a Buenos Aires o a Nueva York; o, en cambio, reiterar las medidas populistas para generalizar así la pobreza, la violencia, e incentivar al éxodo masivo de su población más productiva.

Fernando Alessandri, chileno, es Director para América Latina de la International Policy Network.
www.policynetwork.net

Gabriel Salvia, argentino, es Director Ejecutivo de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre.
www.atlas.org.ar

 

 

  © Fundacion Atlas para una Sociedad Libre | Av. Roque Sáenz Peña 628 Piso 8º Oficina T 1
1035 - Buenos Aires - República Argentina
Tel/Fax: (54-11) 4343-3886 E-Mail: atlas@atlas.org.ar