|
EL ATAQUE A LA "CONCENTRACIÓN"
Por Yale Brozen
versión PDF
(Nota del Editor: Yale Brozen, ex miembro del Consejo Académico
de The Foundation for Economic Education y profesor retirado de
la cátedra de Business Economics de la Universidad de Chicago,
falleció el 4 de marzo de 1998. El artículo presentado
a continuación es una reimpresión en homenaje a la
memoria del autor, publicado en la edición de The Freeman
de enero de 1979. Hoy en día, es considerado un artículo
de gran actualidad por asimilarse a la demanda que mantiene el gobierno
de los Estados Unidos contra la empresa Microsoft Corporation.)
Alguna vez reconocimos el gran mérito de aquellos que han
creado importantes empresas a través del diseño y
la manufactura de productos de gran utilidad a bajo costo y de su
comercialización a bajo precio; estrategias que, sin lugar
a dudas, les garantizó una impresionante cantidad de clientes.
Henry Ford, en su momento, fue visto y considerado por todos como
un verdadero héroe de la industria manufacturera. Sin embargo,
hoy en día sería mas bien reconocido como un terrible
demonio monopolizador con quien los fiscales serían totalmente
intolerantes. La Ford Company de 1921, con un porcentaje del mercado
automotor del 60%, sería hoy considerada una "firma
dominante" y necesariamente acusada de violar las leyes antimonopolio.
Hace unos pocos años, una denuncia de monopolio fue realizada
contra la empresa Du Pont por haber desarrollado un nuevo método
para producir pigmentos de dióxido de titanio a muy bajo
costo. Si bien en principio no habría objeción alguna
por desarrollar métodos de producción de tales características,
Du Pont cometió el fatal error de traspasar ese menor costo
a los consumidores, con lo cual logró apropiarse del 40%
del mercado, que hasta ese momento pertenecía a los demás
productores nacionales. Pero esto no sería todo, además
lograría aumentar su capacidad de producción a través
de la construcción de una nueva planta en De Lisle, Mississippi,
para poder satisfacer a una mayor cantidad de clientes dispuestos
a pagar los nuevos precios. ¿Es justo imaginar que una empresa
como esta deba disminuir su tamaño a partir de sus aumentos
de eficiencia?. Caso contrario, y de acuerdo con la Comisión
Federal de Comercio (FTC) estaría actuando como un monopolio.
Decimos entonces que si se decidiera a respetar las leyes, debería
restringir su producción en lugar de expandirse y sin lugar
a dudas, elevaría sus precios.
LA CONTRADICCIÓN INTRÍNSECA
DE LAS LEYES ANTIMONOPOLIO. Lo dicho anteriormente es un
invento perverso de nuestro sistema legal. Si la FTC intenta controlar
ante todo el cumplimiento de las leyes antimonopolio, no entiendo
entonces qué es lo que éstas persiguen. Las leyes
vigentes dicen: "Todo contrato, combinación o conspiración,
en contra del comercio será declarada ilegal [...]".
Es decir que establecer una restricción a la producción,
viola directamente la ley. Pero la FTC interpreta que Du Pont ha
violado la ley porque "ha adoptado e implementado un plan para
expandir su capacidad de producción interna". Todo parece
indicar entonces, que la FTC considera que Du Pont infringe la ley
porque apoya la expansión del comercio. ¿Es entonces
el crecimiento lo que las leyes condenan como ilegal?.
He analizado las leyes antimonopolio en repetidas oportunidades
y todavía no he logrado hallar el artículo que establezca
que la expansión del comercio es una actividad ilegal. Siempre
que alguien desarrolle mayores capacidades y las utilice para producir
una mayor cantidad de productos, la cantidad de transacciones comerciales
se multiplicará. No me resulta fácil de creer que
Du Pont construya una nueva planta para producir dióxido
de titanio tan sólo porque desea tener un bonito monumento
para contemplar y tampoco creo que la FTC sería capaz de
hacerlo. En suma, la FTC se queja de que Du Pont pretende producir
dióxido de titanio en su nueva planta y le indica que ya
tiene un numero de plantas suficientes para satisfacer la demanda
del 40% de los clientes nacionales. Esta "terrible violación
de la ley" es la que convierte a Du Pont en un detestable "productor
nacional dominante". Posiblemente no haya nada más sano
que un productor dominante, excepto en el caso de un monopolio compartido.
LA PROLIFERACIÓN DE MARCAS A TRAVÉS
DE LA PUBLICIDAD "INCISIVA". La expresión
monopolio compartido encierra la idea de una conspiración
entre distintas firmas con el objeto de monopolizar un determinado
mercado y compartir las ganancias. Sin embargo no es este el significado
que la FTC asigna a dicha expresión. En realidad, la FTC
utiliza dicha denominación para referirse a un grupo de firmas
que ha conquistado un gran porcentaje del mercado en algún
tipo de producto. Hoy en día los miembros de la FTC investigan
a empresas como Kellogg, General Foods y General Mills, acusadas
de "compartir el monopolio" de los cereales alimenticios.
Estas tres firmas han gestionado la producción y la distribución
de los cereales que más atraen a los consumidores, al precio
más conveniente. Por esta misma razón ya han conquistado
más de tres cuartos del mercado. Éste ha sido su único
delito.
¿Han impulsado estas tres firmas algún tipo de fuerza
que impida a otros empresarios la libre participación en
el mercado con el objeto de reducir finalmente el abastecimiento
y elevar los precios?. La FTC hace oídos sordos a este cuestionamiento.
En definitiva, la "aborrecible" conducta por la que han
sido acusadas estas firmas consiste en intentar dar a los consumidores
lo que más desean. Consecuentemente, la FTC esta intentando
sancionar dicha notable capacidad comercial como si se tratara de
un delito.
Las tres compañías cerealeras deberían haberse
limitado sólo a producir corn flakes, sin importarles la
demanda de una determinada marca o sus contenidos proteicos y vitamínicos.
De todas maneras, la FTC manifiesta en su demanda, que no existen
diferencias entre los distintos cereales, excepto aquella creada
artificialmente en las mentes de los consumidores a través
de las "incisivas" publicidades de dichas compañías.
Sin duda alguna, si las marcas ofrecidas por las tres firmas entre
1950 y 1960 no hubiesen tenido tanto éxito en el mercado,
no hubiese habido ningún problema con su proliferación.
Pero como estas lograron satisfacer a los consumidores y consecuentemente
conquistaron un amplio sector del mercado, el problema se agravó.
Esta es, en definitiva, la única falta que estas tres empresas
han cometido. Que la industria de los cereales alimenticios se halla
concentrado, implica que la mayoría de las ventas son realizadas
por unas pocas empresas. Esa es una condición que al parecer,
ni la FTC ni la División Antimonopólica van a tolerar
jamás.
Algunos miembros de la FTC han acusado también a las ocho
refinerías de petróleo más importantes de participar
en un monopolio compartido. Se les reclama entonces que se dividan
en pequeñas empresas. El mayor delito del que se acusa es
entonces el de mantener una "estructura de mercado no competitiva".
Si bien la frase no ha sido aún definida con precisión
por los miembros de la FTC, la "concentración"
parece ser el centro del problema. El consejo que recepcionó
la queja sostiene lamentablemente, que estas empresas: "[...]
están bien integradas, verticalmente y con una concentración
de tipo horizontal en todo nivel de la industria". También
afirma que las ocho: "[...] son propietarias y operan el 65%
de las refinerías de petróleo crudo del mercado. Y
para peor agrega: "Esta figura, comprende sin lugar a dudas
la concentración, ya que las ocho firmas utilizan una mayor
capacidad de refinería que otras firmas. Por lo tanto, su
participación en el total de la capacidad de refinería
del mercado, supera incluso su participación en el total
de las ventas de productos derivados del petróleo".
De este modo, nuevamente se acusa a los "monopolistas"
de no comportarse como monopolistas. En lugar de restringir la producción
total y limitar el comercio, incrementan su capacidad mucho más
que sus competidores, expandiendo de este modo la producción
y el comercio. Aparentemente los injustos acusadores no han advertido
que son precisamente los monopolistas los que pueden obtener precios
más altos por medio de la restricción del rendimiento.
Una vez más la FTC no está conforme con los esfuerzos
por expandir el comercio y se basa en la ley antimonopólica
cuando dice que "el error de restringir el comercio" constituye
la violación de la ley. La FTC acusa también a las
compañías petroleras por la construcción de
tuberías con el objeto de reducir los costos de transporte.
Nuevamente (como en el caso del dióxido de titanio) la reducción
de costos es acusada de ilegal por reflejarse posteriormente en
los precios finales y maximizar la participación en el mercado.
Pero en el caso de la producción petrolera, no podemos afirmar
que se ha ganado una "gran" porción del mercado,
ya que ninguna empresa vende más de un 10% de los productos
petroleros en todos los Estados Unidos.
Estos tres casos describen perfectamente la situación actual
de la doctrina antimonopolios. Desde el punto de vista legislativo,
deberíamos preguntarnos si la corte optará por esta
postura tan "compleja" o no .
LAS LEYES ANTIMONOPOLIO JAMÁS INTENTARON
FRAGMENTAR LA INDUSTRIA. En 1890, se firmó la Sherman
Act, estableciéndose de ese modo la política federal
antimonopolios, con el único propósito de beneficiar
a los consumidores. En palabras del mismo senador John Sherman:
"El acta se realizó con el objeto de discriminar entre
actividades legales e ilegales, dado que en el primer caso la principal
tendencia es la de elevar el precio a los consumidores". Jamás
se tuvo la intención de fragmentar la industria, ni de prevenir
la división de una gran parte del mercado entre pocas firmas.
Incluso, cuando el senador George Hoar explicó frente a la
Comisión Judicial del Senado el proyecto final del plan,
declaró: "cualquier hombre que se haya hecho cargo de
todo un negocio porque nadie podía hacerlo mejor que él,
no esta violando de manera alguna la Sherman Act". Como lo
ha mencionado el Profesor Robert Bork en su análisis de la
historia legislativa de la Sherman Act: "dicho estatuto fue
establecido para luchar contra los cartels, las fusiones horizontales
de tipo monopólico y toda otra táctica comercial considerada
ilegítima". Como clara y enfáticamente establece
el acta: "Toda conspiración en contra del comercio será
declarada ilegal".
La reducción de costos (y por ende de precios) y el mejoramiento
del producto que hace toda empresa, expande necesariamente el comercio
de cualquier industria. En el pasado, cuando las firmas realizaban
lo anteriormente descripto y ganaban con ello un amplio sector del
mercado, jamás los jueces sostuvieron que la concentración
de las ventas de unas pocas firmas o del dominio de una sola firma
fuese ilegal en sí mismo. Recién en 1911, en los primeros
tiempos del litigio antimonopólico, la Standard Oil y la
American Tobacco fueron fraccionadas por haber sido creadas inicialmente
por una gran cantidad de uniones de características monopólicas
y por haberse visto envueltas en "acciones y hechos que superan
notablemente la mera función de avanzar en el desarrollo
del negocio por medio de los métodos tradicionales".
Sin lugar a dudas, sus defensores fallaron en la tarea de demostrar
que la idea subyacente a las referidas uniones y a sus actos, era
la simple maximización de la eficiencia y la expansión
del comercio. Así fue como las referidas compañías
quedaron sujetas a los "remedios" antimonopólicos.
LAS FIRMAS "DOMINANTES" NO CONTROLAN
NI EL PRECIO NI EL ABASTECIMIENTO. Existe una importante
diferencia entre controlar el abastecimiento de un producto y producirlo
o venderlo obteniendo un alto porcentaje del mercado. Los "productores
dominantes" (aquellos que venden la mayor parte de la producción)
usualmente no controlan el abastecimiento. Consecuentemente no poseen
el poder para disminuir la capacidad industrial o para imponer un
precio superior al de mercado, dada la existencia de una multiplicidad
de proveedores y ninguna firma realmente dominante. Por lo general,
el rol de productor dominante lo ocupa la firma más eficiente
del mercado (y esta capacidad resulta de su gran eficiencia al momento
de satisfacer la demanda). Además, el precio de mercado es
tanto o más bajo como debería serlo con una multiplicidad
de productores. Cualquier intento de una empresa dominante por restringir
su propio abastecimiento y de incrementar luego el precio, resulta
simplemente en la expansión de la capacidad productiva de
otras firmas. Incentivando así el ingreso al mercado de nuevas
firmas y perdiendo inevitablemente el "dominio" inicial.
En suma, una firma dominante mantendrá su posición
sólo comportándose en forma competitiva. Es decir,
que la existencia de una firma dominante o de un pequeño
grupo de firmas en el mismo mercado, es clara evidencia de que existe
un comportamiento competitivo y no de la existencia de un monopolio.
La referida falta de habilidad de una empresa (o grupo) dominante
para controlar el abastecimiento y el precio, si bien produce la
mayor parte del stock de un producto, se ve claramente analizando
la industria automotriz en 1927. Desde 1921 hasta 1925, la Ford
Motors Company proveyó al mercado de una cantidad de automóviles
superior a la de todas las demás firmas juntas. La Ford Company
era sin dudas una firma dominante. En 1927, la misma firma discontinuó
el abastecimiento al mercado, cuando decidió cerrar sus instalaciones
con el propósito de instalar la moderna maquinaria que requería
el nuevo modelo A. Si el simple hecho de poseer un alto porcentaje
del mercado implicara controlar el precio y el stock, un completo
retiro de los productos debería causar un grosero incremento
en el precio final. Sin embargo no fue esto lo que ocurrió
cuando Ford cerró, a pesar de ser esta una empresa dominante.
Pese a todas las predicciones, otras firmas incrementaron su capacidad
de producción y los precios cayeron hacia 1927.
Muchas otras anécdotas pueden ilustrar perfectamente el hecho
de que una firma productora dominante posee escasa capacidad para
influenciar sobre el precio de un producto. La American Sugar Refining
Company puso en funcionamiento el 98% de su capacidad con el objetivo
de refinar azúcar en la zona de Rockies, entre 1891 y 1892.
A través de un recorte en su producción en 1893, los
márgenes de refinación se incrementaron un 40% (lo
que aumentó en un 8% el precio del azúcar). La expansión
en la capacidad productiva de otras firmas provocó en 1894
un notorio descenso en los márgenes del refinamiento del
azúcar, hasta alcanzar un nivel un tanto mayor que en 1891,
y todo esto pese a las reducciones en la producción de la
American Sugar. En 1894, un fuerte aumento de la capacidad productiva
del mercado, forzó a los referidos márgenes a regresar
a los niveles de 1891, reduciendo el porcentaje de mercado de la
American Sugar a un cuarto de su tamaño. De todas maneras,
la mencionada empresa continuó siendo la empresa dominante
según la definición de la FTC, pese a haber perdido
totalmente la influencia sobre el precio y la capacidad.
En 1901, la recordada American Can comenzó a producir al
90% de su capacidad productiva en el negocio de las latas. Consecuentemente,
sus precios ascendieron un 25%, al tiempo que perdió un tercio
de su porcentaje de mercado y todo ello a pesar de producirse un
crecimiento adicional en las compras y en la cantidad producida
de sus competidores. En poco tiempo los precios retornaron a los
niveles previos al incremento productivo.
Estos son algunos de los más exitosos casos de monopolio
que he podido hallar, como los casos de la Air Line Pilots Association,
la Teamsters y otros sindicatos similares. Lo que sin lugar a dudas
ha quedado demostrado, es que una firma dominante deja rápidamente
de influir en el mercado si aparece un precio más competitivo.
En algunos casos, una firma dominante que ambiciona restringir ampliamente
la producción, no posee la habilidad necesaria para obtener
precios supra competitivos, ni siquiera en el corto plazo.
AUMENTANDO EL PORCENTAJE DE MERCADO.
Las compañías pueden ser consideradas dominantes cuando
venden un alto porcentaje de determinado producto y conservarán
tal condición sólo si mantienen un precio competitivo
y la eficiencia en comparación con otros oferentes. Si no
alcanzan la suficiente eficiencia, rápidamente perderán
participación en el mercado, a pesar de vender a precios
competitivos. Los Cuatro Grandes de la industria frigorífica
por ejemplo, han sufrido una disminución en su participación
en el mercado del 56% en 1935 (que en años anteriores fue
incluso mayor) al 47% en 1947, al 38% en 1956 y al 22% en 1972.
La ineficiencia relativa de los Cuatro Grandes se observó
en la década del '20 cuando la tasa de retorno de sus inversiones
cayera hasta igualar un tercio de la tasa usualmente obtenida por
pequeñas compañías. Esta situación se
mantuvo hasta 1972, año en que cayó la participación
en el mercado de estas firmas a causa de su ineficiencia.
Los Cuatro Grandes de la industria frigorífica (o los Cinco
Grandes, como se los llamó en los informes de la FTC de 1917)
alcanzaron originalmente importantes beneficios en el mercado que
comerciaban gracias a su elevada eficiencia y en particular, gracias
a la implementación de métodos de elevado aprovechamiento
de la materia prima. Se hicieron famosos por utilizar "absolutamente
todo, excepto los mugidos...". Obteniendo además un
importante desarrollo en materia de refrigeración de productos,
transporte y sistema de distribución eficaces en la manutención
de la cadena del frío. Fue así como generaron un mercado
de carnes frescas de bajo costo. De más está decir,
que el impresionante crecimiento experimentado por estas empresas
fue resultado directo de la implementación de las referidas
innovaciones.
Pero una vez que sus innovaciones fueron imitadas por las demás
empresas, comenzó la declinación de los Cuatro Grandes,
caída que luego se aceleró con la mejora de las rutas
comerciales y autopistas, y gracias al surgimiento de grandes empresas
de transporte terrestre.
El "dominio" que los Cuatro Grandes ejercían, no
les otorgó poder alguno para restringir la producción
o controlar los precios. Mientras los grandes crecían, los
mercados regionalistas experimentaban una constante declinación,
ya que los carniceros debían competir con la carne fresca
transportada en tren .
La FTC determinó en 1948 que se trataba de un monopolio compartido
y acusó a Armour, Cudahy, Swift y Wilson de evidenciar "actitudes
y conductas de líneas paralelas no competitivas". Si
bien sus actividades satisfacían perfectamente a los consumidores,
incentivaban al mismo tiempo la hostilidad hacia los carniceros
locales, tanto durante el siglo XIX como a comienzos del XX.
Mucho tiempo después que los industriales locales comenzaron
a competir con los Cuatro Grandes, en el segundo cuarto del presente
siglo, la FTC, atentando directamente contra el interés de
los consumidores, hizo todo lo posible para "rescatar a aquellas
indefensas doncellas" a quienes hoy día les deben haber
crecido ya bigotes, y quienes sin lugar a dudas deben tener gigantescos
bíceps, mucho más grandes que los que en su momento
poseían los Cuatro Grandes. La FTC determinó que Armour
y Swift debían dividirse en cinco compañías
cada una y Cudahy y Wilson, en dos cada una.
¿POR QUÉ LAS FIRMAS DOMINANTES
SON ATACADAS?. Los ataques a las llamadas concentraciones,
se manifiesten estas como un "monopolio compartido" o
como una "firma dominante", se han convertido en un hecho
habitual. El interrogante que surge es ¿Por qué las
grandes firmas con amplia participación en el mercado no
son perturbadas al inicio y luego son perseguidas durante tantos
años?. No es casual que el Estado haya sufrido una severa
deflación en el período que va desde 1882 a 1890,
con los precios bajando hasta un 25% en ese intervalo y que el Acta
Sherman haya sido sancionada en 1890. Por aquellos tiempos, fue
la "salvaje" competencia la acusada de causar la declinación
de los precios. Además, las economías de escala en
manufactura, combinadas con una rápida declinación
en los costos de transporte, llevaron a una centralización
de la producción.
Desde 1867 hasta 1887 por ejemplo, la producción azucarera
se duplicó, de quinientos mil a un millón de toneladas
anuales y el número de refinerías decayó de
60 a 27. En el mismo período, los costos de flete ferroviario
bajaron un 60% . Las economías de producción centralizada
y la reducción de los costos del transporte, llevan a la
construcción de enormes plantas que abastecen mercados establecidos
en puntos lejanos a bajo precio. El mito de la "salvaje"
competencia y de los precios nació bajo esta circunstancia.
Las acusaciones por monopolio se reflejaron en casos de firmas dominantes
como el de la Standard Oil y el de la American Tobacco, entre otras.
Un nuevo período deflacionario tuvo lugar entre 1929 y 1933
en el que los precios cayeron un 25%. Así fue como se creo
un cierto resentimiento generalizado en contra de las "grandes
empresas", especialmente en contra de aquella innovación
en materia de comercialización conocida como cadenas de negocios.
Las Investigaciones realizadas por el Temporary National Economic
incentivaron aún mas el odio del Estado hacia las firmas
dominantes y la concentración industrial. Esto impulsó
procesos legales contra supuestos monopolios como el de Acoa contra
A&P, contra supuestos monopolios compartidos como el de Mother
Hubbard contra las petroleras y el de la FTC contra los Cuatro Grandes
frigoríficos. Situación que en poco tiempo se tornó
moneda común.
Hoy en día muchos economistas se encuentran aún intentando
encontrar a los culpables de la inflación. Por ello hemos
traído a colación casos en contra de firmas dominantes
como IBM, AT&T y Du Pont, y contra monopolios compartidos, como
bien ha sido expuesto.
Cuando nos encontramos ante la deflación o la inflación,
ambas causados por la ineptitud del gobierno al aplicar su política
monetaria y fiscal, los políticos suelen culpar a alguien
fuera de su entorno. El Sr. Carter nos dice en sus discursos que
el gobierno no se encuentra en falta a raíz de la inflación,
sino que dicho exagerado efecto tiene origen en el ámbito
de los negocios.
En la era moderna en la que vivimos, hemos abandonado ciertas supersticiones
como la de los colonos que colgaban a las llamadas brujas cuando
estaban en problemas por motivos que ciertamente desconocían.
En su lugar, en esta era tan iluminada, cuando buscamos liberarnos
de alimañas como la inflación, tendemos a ridiculizar
y acusar del efecto a firmas como los Cuatro Grandes y demás
empresas no tan concentradas.
LAS PÉRDIDAS POTENCIALES DE LA DESCONCENTRACIÓN.
Este deplorable comportamiento por parte de nuestros políticos
y su respectiva aceptación por parte del electorado (como
si se tratara de hallar alguien a quien culpar de los propios errores)
sería tolerable si fuésemos tan sólo votantes
con quiénes entretenerse. Pero a partir de un comportamiento
adecuado hay algo más: menor inflación, mayores niveles
de crecimiento y mejora del nivel de vida.
Históricamente, los precios han aumentado a un ritmo más
lento en aquellas industrias concentradas que en aquellas que no
lo están. Entre 1967 y 1973, los precios en las industrias
de mayor concentración se han incrementado a la mitad de
la velocidad en comparación con el resto de las manufactureras
. De 1958 a 1965, los precios de las industrias concentradas cayeron
mientras que hubo un incremento en los precios de las demás
empresas. Con todo, nuestras industrias concentradas, con un récord
en el manejo de la inflación y el mérito de incrementar
los niveles de producción, son perseguidas por cometer maldades
en la economía nacional .
Si esta caza de brujas continúa, lo que seguirá es
un verdadero desastre económico. Si desconcentramos todas
nuestras industrias manufactureras, en las que cuatro firmas producen
y venden más del 50% del producto, el resultado será
un 20% de incremento en los costos y entre un 10 y un 15 % de aumento
de los precios. Si Estados Unidos pretende igualar rápidamente
el status de una república bananera, el ataque a la concentración
contribuirá perfectamente a tal fin.
Traducción de Eneas A. Biglione y Guadalupe Barrera.
|