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LA ESCUELA AUSTRÍACA MODERNA FRENTE
A LA NEOCLÁSICA*
Por Jesús Huerta De Soto
En el presente artículo se analizan las principales diferencias
que existen entre el moderno enfoque de la Escuela Austríaca
y el paradigma neoclásico hasta ahora dominante, llegándose
a la conclusión de que éste debe considerarse como
un caso particular y relativamente irrelevante que puede englobarse
dentro del enfoque mucho más rico, real y explicativo de
los austríacos. Igualmente, se pasa revista a las críticas
más comunes que se han efectuado en contra del enfoque dinámico
de los modernos austríacos, concluyéndose que las
mismas se basan en errores de interpretación sobre la concepción
austríaca de la economía. Palabras clave: Escuela
Austríaca, función empresarial, acción humana,
subjetivismo, proceso de mercado, cientismo. "Lo que distingue
a la Escuela Austríaca y habrá de proporcionarle fama
inmortal es precisamente el hecho de haber desarrollado una teoría
de la acción económica y no de la `no acción´
o `equilibrio económico´." Mises (1978), p. 36.
La caída hace pocos años del socialismo real y la
crisis que viene sintiéndose en el Estado del Bienestar han
supuesto un duro golpe en contra del programa de investigación,
mayoritariamente neoclásico, que hasta ahora sustentaba la
ingeniería social, a la vez que parecen confirmar en gran
medida las conclusiones del análisis teórico sobre
la imposibilidad del socialismo desarrollado por la Escuela Austríaca
de Economía. Por otro lado, en 1996 se cumplió el
125 aniversario de la Escuela Austríaca que, como es sabido,
nació oficialmente en 1871 con la publicación de los
Grundsätze de Carl Menger.(1) Parece por tanto muy oportuno
en los actuales momentos volver a analizar las diferencias y ventajas
comparativas de ambos enfoques, el austríaco y el neoclásico,
tanto a la luz de los últimos acontecimientos como de la
propia evolución más reciente del pensamiento económico.
El presente trabajo se divide en dos apartados. En el primero, se
exponen y comentan de forma detallada en qué consisten las
principales características diferenciadoras entre ambos enfoques
(el austríaco y el neoclásico). En el segundo, se
contesta a las críticas más comunes que se han efectuado
al moderno enfoque austríaco.
1. LOS PRINCIPIOS ESENCIALES ENTRE LA ESCUELA
AUSTRÍACA Y LA NEOCLÁSICA. Quizá una
de las principales carencias que puedan achacarse a los programas
de estudio de las facultades de Economía sea que los mismos
hasta ahora no han dado una visión completa e integrada de
los elementos esenciales del moderno paradigma austríaco
vis-a-vis el dominante enfoque neoclásico.
1.1. La teoría de la acción
de los austríacos frente a la teoría de la decisión
de los neoclásicos.
Para los teóricos austríacos la Ciencia Económica
se concibe como una teoría de la acción más
que de la decisión, y ésta es una de las características
que más les diferencian de sus colegas neoclásicos.
En efecto, el concepto de acción humana engloba y supera
con mucho al concepto de decisión individual. En primer lugar,
para los austríacos el concepto relevante de acción
incluye, no sólo el hipotético proceso de decisión
en un entorno de conocimiento "dado" sobre los fines y
los medios, sino, sobre todo y esto es lo más importante,
"la percepción misma del sistema de fines y medios"(2)
en el seno del cual tiene lugar la asignación económica
que con carácter excluyente estudian los neoclásicos.
Además, lo importante para los austríacos no es que
se tome una decisión, sino que la misma se lleve a cabo en
forma de una acción humana a lo largo cuyo proceso (que eventualmente
puede llegar o no a culminarse) se producen una serie de interacciones
y procesos de coordinación cuyo estudio precisamente constituye
para los austríacos la Economía, lejos de ser una
teoría sobre la elección o decisión, es una
teoría sobre los procesos de interacción social, que
podrán
ser más o menos coordinados según cuál sea
la perspicacia mostrada en el ejercicio de la acción empresarial
por parte de los diversos actores implicados.(3)
Por eso los austríacos son especialmente críticos
de la estrecha concepción de la economía que tiene
su origen en Robbins y en su conocida definición de la misma
como ciencia que estudia la utilización de medios escasos
susceptibles de usos alternativos para la satisfacción de
las necesidades humanas.(4) La concepción de Robbins implícitamente
supone un conocimiento dado de los fines y los medios, con lo que
el problema económico queda reducido a un problema técnico
de mera asignación, maximización u optimización,
sometido a unas restricciones que se suponen también conocidas.
Es decir, la concepción de la Economía en Robbins
corresponde al corazón del paradigma neoclásico y
es completamente ajena a la metodología de la Escuela Austríaca
tal y como hoy se entiende. En efecto, el hombre robbinsiano es
un autómata o caricatura del ser humano que se limita a reaccionar
de forma pasiva ante los acontecimientos. Frente a esta concepción
de Robbins, hay que destacar la postura de Mises, Kirzner y el resto
de los austríacos que consideran que el hombre, más
que asignar medios dados a fines también dados, lo que realmente
hace es buscar constantemente nuevos fines y medios, aprendiendo
del pasado y usando su imaginación para descubrir y crear
(mediante la acción) el futuro. Por eso, para los austríacos
la Economía queda subsumida o integrada dentro de una ciencia
mucho más general y amplia, una teoría general de
la acción humana (y no de la decisión humana). Según
Hayek, si para esta ciencia general de la acción
humana "a name is needed, the term praxeological sciences now
clearly defined and extensively used by Ludwig von Mises would appear
to be most appropiate".(5)
1.2. El subjetivismo austríaco
frente al objetivismo neoclásico.
Un segundo aspecto de importancia capital para los austríacos
es el del subjetivismo.(6) Para los austríacos la concepción
subjetivista consiste en el intento de construir la Ciencia Económica
partiendo siempre del ser humano real de carne y hueso, considerado
como actor creativo y protagonista de todos los procesos sociales.
Por eso, para Mises "la teoría económica no trata
sobre cosas y objetos materiales; trata sobre los hombres, sus apreciaciones
y, consecuentemente, sobre las acciones humanas que de aquéllas
se deriven. Los bienes, mercancías, las riquezas y todas
las demás nociones de la conducta, no son elementos de la
naturaleza, sino elementos de la mente y de la conducta humana.
Quien desee entrar en este segundo universo debe olvidarse del mundo
exterior, centrando su atención en lo que significan las
acciones que persiguen los hombres".(7) Por eso, para los austríacos,
y en gran medida a diferencia de los neoclásicos, las restricciones
en Economía no vienen impuestas por fenómenos objetivos
o factores materiales del mundo exterior (por ejemplo, las reservas
de petróleo), sino por el conocimiento humano empresarial
(el descubrimiento, por ejemplo, de un carburador que duplique la
eficiencia de los motores de explosión tiene el mismo efecto
económico que una duplicación del total de reservas
físicas de petróleo).
1.3. El empresario austríaco frente
al homo oeconomicus neoclásico.
La función empresarial es la fuerza protagonista en la teoría
económica austríaca, mientras que, por el contrario,
brilla por su ausencia en la ciencia económica neoclásica.
Y es que la función empresarial es un fenómeno propio
del mundo real que siempre está en desequilibrio y que no
puede jugar ningún papel en los modelos de equilibrio que
absorben la atención de los autores neoclásicos. Además,
los neoclásicos consideran que la función empresarial
es un factor más de producción que puede asignarse
en función de los beneficios y costes esperados, sin darse
cuenta de que, al analizar al empresario de esta forma, caen en
una contradicción lógica insoluble: demandar recursos
empresariales en función de sus beneficios y costes esperados
implica pensar que se dispone de una información hoy (valor
probable de sus beneficios y costes futuros) antes de que la misma
haya sido creada por la propia función empresarial. Es decir,
la principal función del empresario consiste en crear y descubrir
nueva información que antes no existía y, mientras
tal proceso de creación de información no se lleve
a cabo, la misma no existe ni puede ser sabida, por lo que no hay
forma humana de efectuar con carácter previo ninguna decisión
asignativa de tipo neoclásico en base a los beneficios y
costes esperados.
Por otro lado, hoy existe práctica unanimidad entre los economistas
austríacos a la hora de considerar una falacia la creencia
de que el beneficio empresarial se deriva de la simple asunción
de riesgos. El riesgo, por el contrario, no da lugar sino a un coste
más del proceso productivo, que nada tiene que ver con el
beneficio empresarial puro.(8)
1.4. La posibilidad del error empresarial
puro (austríacos) frente a la racionalización a posteriori
de todas las decisiones (neoclásicos).
No suele apreciarse el muy diferente papel que el concepto de error
juega en la Escuela Austríaca y en la Escuela Neoclásica.
Para los austríacos, es posible que se cometan errores empresariales
puros (sheer entrepreneurial errors) siempre que una oportunidad
de ganancia permanece sin ser descubierta por los empresarios en
el mercado. Es precisamente la existencia de este tipo de error
el que da lugar al beneficio empresarial puro (pure entrepreneurial
profit). Por el contrario, para los neoclásicos nunca existen
errores genuinos de tipo empresarial de los que uno deba arrepentirse
a posteriori (regrettable errors). Esto es así porque los
neoclásicos racionalizan todas las decisiones que se han
tomado en el pasado en términos de un supuesto análisis
coste-beneficio efectuado en el marco de una operativa de maximización
matemática sometida a restricciones. Por eso, los beneficios
empresariales puros no tienen razón de ser en el mundo neoclásico
y éstos, cuando se mencionan, se consideran simplemente como
el pago de los servicios de un factor más de producción,
o como la renta derivada de la asunción de un riesgo.(9)
1.5. La información subjetiva de
los austríacos frente a la información objetiva de
los neoclásicos.
Los empresarios son constantes generadores de nueva información,
que tiene un carácter esencialmente subjetivo, práctico,
disperso y difícilmente articulable.(10) Por tanto la percepción
subjetiva de la información es un elemento esencial de la
metodología austríaca que está ausente en la
economía neoclásica, pues ésta siempre tiende
a tratar la información de una forma objetiva. Y es que la
mayor parte de los economistas no se dan cuenta de que cuando austríacos
y neoclásicos utilizan el término información,
están refiriéndose a realidades radicalmente distintas.
En efecto, para los neoclásicos la información es
algo objetivo que, al igual que las mercancías, se compra
y vende en el mercado como resultado de una decisión maximizadora.
Esta "información", almacenable en diferentes soportes,
no es en forma alguna información en el sentido subjetivo
de los austríacos: conocimiento práctico, relevante,
subjetivamente interpretado, sabido y utilizado por el actor en
el contexto de una acción concreta. Por eso los austríacos
critican a Stiglitz y a otros teóricos neoclásicos
de la información por no haber sido capaces de integrar su
teoría sobre la información con la función
empresarial, que siempre es su fuente generadora y protagonista,
cosa que los economistas austríacos sí que han hecho.
Además, para los austríacos Stiglitz no termina de
entender que la información es siempre subjetiva y que los
mercados que denomina "imperfectos", más que generar
"ineficiencias" (en el sentido neoclásico) dan
pie a que surjan oportunidades potenciales de ganancia empresarial,
que tienden a ser descubiertas y aprovechadas por los empresarios
en el proceso de coordinación empresarial que continuamente
impulsan en el mercado.(11)
1.6. El proceso empresarial de coordinación
de los austríacos frente a los modelos de equilibrio (general
y/o parcial) de los neoclásicos.
Los economistas neoclásicos suelen ignorar en sus modelos
de equilibrio la fuerza coordinadora que para los austríacos
tiene la función empresarial. En efecto, ésta no sólo
crea y transmite información sino que, lo que es aún
más importante, impulsa la coordinación entre los
comportamientos desajustados de la sociedad. Toda descoordinación
social se plasma en una oportunidad de ganancia que queda latente
para ser descubierta por los empresarios. Una vez que el empresario
se da cuenta de esa oportunidad de ganancia y actúa para
aprovecharla, la misma desaparece y se produce un proceso espontáneo
de coordinación, que es el que explica la tendencia que existe
hacia el equilibrio en toda economía real de mercado. Además,
el carácter coordinador de la función empresarial
es el único que hace posible la existencia de la teoría
económica como ciencia, entendida ésta como un corpus
teórico de leyes de coordinación que explican los
procesos sociales.(12) Este enfoque explica que los economistas
austríacos estén interesados en estudiar el concepto
dinámico de competencia (entendido como un proceso de rivalidad),
mientras los economistas neoclásicos se centran exclusivamente
en los modelos de equilibrio propios de la estática comparativa
(competencia "perfecta", monopolio, competencia "imperfecta"
o monopolística).(13) Para Mises, y de acuerdo con la cita
que encabeza este artículo, no tiene sentido la construcción
de la Ciencia Económica basada en el modelo de equilibrio
y en el que se supone que toda la información relevante para
construir las correspondientes funciones de oferta y demanda se
considera "dada". El problema económico fundamental
para los austríacos es otro bien distinto: estudiar el proceso
dinámico de coordinación social en el que los diferentes
individuos empresarialmente generan de manera continua nueva información
(que jamás está "dada") al buscar los fines
y los medios que consideran relevantes en el contexto de cada acción
en que se ven inmersos, estableciendo con ello, sin darse cuenta,
un proceso espontáneo de coordinación. Para los austríacos,
por tanto, el problema económico fundamental no es de naturaleza
técnica o tecnológica, como lo suelen concebir los
teóricos del paradigma neoclásico, al suponer que
los fines y los medios están dados, planteando el problema
económico como si se tratara de un mero problema técnico
de optimización. Es decir, para los austríacos, el
problema económico fundamental no consiste en la maximización
de una función objetivo conocida sometida a restricciones
también conocidas, sino que, por el contrario, es estrictamente
económico: surge cuando los fines y los medios son muchos,
compiten entre sí, el conocimiento en cuanto a los mismos
no está dado, sino que se encuentra disperso en la mente
de innumerables seres humanos que constantemente lo están
creando y generando ex novo y, por tanto, ni siquiera se pueden
conocer todas las posibilidades y alternativas existentes, ni la
intensidad relativa con la que se quiere perseguir cada una de ellas.(14)
Es más, es preciso darse cuenta de que incluso aquellas acciones
humanas que más parezcan meramente maximizadoras y optimizadoras
poseen siempre un componente empresarial, pues es preciso que el
actor implicado en las mismas se haya dado previamente cuenta de
que tal curso de acción, tan autómata, mecánico
y reactivo es lo más conveniente dadas las circunstancias
concretas
del caso en que se encuentra. Es decir, la concepción neoclásica
no es sino un caso particular, relativamente poco importante, que
queda englobado y subsumido en la concepción austríaca,
que es mucho más general, rica y explicativa de la realidad
social.
Además, para los austríacos ningún sentido
tiene la separación radical en compartimentos estancos entre
la micro y la macroeconomía, tal y como se efectúa
por los economistas neoclásicos. Por el contrario, los problemas
económicos han de estudiarse conjuntamente e interrelacionados
entre sí, sin distinguir entre la parte micro y macro de
los mismos. La radical separación entre los aspectos "micro"
y "macro" de la Ciencia Económica es una de las
insuficiencias más características de los modernos
libros de texto y manuales introductorios de Economía Política,
que en vez de proporcionar un tratamiento unitario de los problemas
económicos, como intentan Mises y los economistas austríacos,
siempre presentan la Ciencia Económica dividida en dos disciplinas
distintas (la "micro" y la "macroeconomía")
que carecen de conexión entre sí y que, por tanto,
pueden estudiarse separadamente. Como bien indica Mises, esta separación
tiene su origen en la utilización de conceptos que, como
el de nivel general de precios, ignoran la aplicación de
la teoría subjetiva y marginalista del valor al dinero y
siguen anclados en la etapa precientífica de la economía
en la que el análisis aún se intentaba efectuar en
términos de clases globales o agregados de bienes, más
que en términos de unidades incrementales o marginales de
los mismos. Esto explica
el porqué se ha desarrollado toda un "disciplina"
basada en el estudio de las supuestas relaciones mecánicas
existentes entre agregados macroeconómicos cuya conexión
con la acción humana es muy difícil, si no imposible,
de entender.(15)
En todo caso, los economistas neoclásicos han convertido
el modelo de equilibrio en su centro focal de investigación.
En él se supone que toda la información está
dada (bien en términos ciertos o probabilísticos)
y que existe un ajuste perfecto entre las diferentes variables.
Desde el punto de vista austríaco, el principal inconveniente
de la metodología neoclásica es que, al suponerse
la existencia de un ajuste perfecto entre las variables y parámetros,
muy fácilmente puede llegarse a conclusiones erróneas
en cuanto a las relaciones de causa-efecto que existen entre los
diferentes conceptos y fenómenos económicos. De esta
manera, el equilibrio actuaría como una especie de velo que
impediría al teórico el llegar a descubrir la verdadera
dirección que existe en las relaciones de causa y efecto
que se dan en las leyes económicas. Y es que, para los economistas
neoclásicos, más que leyes de tendencia unidireccionales,
lo que existe es una mutua determinación (circular) de tipo
funcional entre los diferentes fenómenos, cuyo origen inicial
(la acción humana) permanece oculto o se considera carente
de interés.(16)
1.7. El carácter subjetivo que
los costes tienen para los austríacos frente al coste objetivo
de los neoclásicos.
Otro elemento esencial de la metodología austríaca
es su concepción puramente subjetiva de los costes. Muchos
autores consideran que esta idea sin mucha dificultad puede incorporarse
dentro del paradigma dominante neoclásico. Sin embargo, los
neoclásicos tan sólo incorporan de forma retórica
el carácter subjetivo de los costes y al final, aunque mencionen
la importancia del concepto de "coste de oportunidad",
siempre lo incluyen en sus modelos de una manera objetivizada. En
todo caso, para los austríacos, coste es el valor subjetivo
que el actor da a aquellos fines a los que renuncia cuando decide
seguir y emprender un determinado curso de acción. Es decir,
no hay costes objetivos, sino que éstos continuamente deberán
ser descubiertos en cada circunstancia mediante la perspicacia empresarial
de cada actor. En efecto, puede ser que pasen desapercibidas muchas
posibilidades alternativas que, una vez descubiertas, cambian radicalmente
la concepción subjetiva de los costes por parte de cada empresario.
No existen, por tanto, coste objetivos que tiendan a determinar
el valor de los fines, sino que la realidad es justo la contraria:
los costes como valores subjetivos se asumen (y, por tanto, vienen
determinados) en función del valor subjetivo que los fines
que realmente se persiguen (bienes finales de consumo) tienen para
el actor. Por eso, para los economistas austríacos son los
precios de los bienes finales de consumo, como plasmación
en el mercado de las valoraciones subjetivas, los que determinan
los costes en los que se está dispuesto a incurrir para producirlos,
y no al revés como tan a menudo dan a entender los economistas
neoclásicos.
1.8. El formalismo verbal de los austríacos
frente a la formalización matemática de los neoclásicos.
Otro aspecto de interés es la diferente posición de
ambas escuelas respecto de la utilización del formalismo
matemático en el análisis económico. Ya desde
sus orígenes, el fundador de la Escuela Austríaca,
Carl Menger, se cuidó en señalar que la ventaja del
lenguaje verbal es que podía recoger las esencias (das Wesen)
de los fenómenos económicos, cosa que no permite efectuar
el lenguaje matemático. En efecto, en una carta de 1884 que
escribió a Walras, Menger se preguntaba: "¿Cómo
se podrá alcanzar el conocimiento de la esencia, por ejemplo,
del valor, de la renta de la tierra, del beneficio empresarial,
de la división del trabajo, del bimetalismo, etc., mediante
métodos matemáticos?".(17) El formalismo matemático
es especialmente adecuado para recoger los estados de equilibrio
que estudian los economistas neoclásicos, pero no permite
incorporar la realidad subjetiva del tiempo ni mucho menos la creatividad
empresarial que son características esenciales del discurso
analítico de los austríacos.
Quizá Hans Mayer haya resumido mejor que nadie cuáles
son las insuficiencias del formalismo matemático en economía
al manifestar que "In essence there is an immanent, more or
less disguised, fiction at the heart of mathematical equilibrium
theories: that is, they bind together in simultaneous equations,
non-simultaneous magnitudes operative in genetic-causal sequence
as if this existed together at the same time. A state of affairs
is synchronized in the static approach, whereas in reality we are
dealing with a process. But one simply cannot consider a generative
process "statically" as a state of rest, without eliminating
precisely that which makes it what it is".(18) Esto hace que
para los austríacos muchas de las teorías y conclusiones
del análisis neoclásico del consumo y de la producción
carezcan de sentido. Así, por ejemplo, las denominada "ley
de la igualdad de las utilidades marginales ponderadas por los precios"
cuyos fundamentos teóricos son muy dudosos. En efecto, esta
ley supone que el actor es capaz de valorar de forma simultánea
la utilidad de todos los bienes a su disposición, ignorándose
que toda acción es secuencial y creativa, así como
que los bienes no se valoran a la vez igualando su supuesta utilidad
marginal, sino uno después del otro, en el contexto de etapas
y acciones distintas, para cada una de las cuales la correspondientes
utilidad marginal no sólo puede ser diferente, sino que ni
siquiera es comparable.(19) En suma, para los austríacos
el uso de las matemáticas en economía resulta vicioso
porque las mismas unen sincrónicamente magnitudes que son
heterogéneas desde el punto de vista temporal y de la creatividad
empresarial. Por esta misma razón, para los economistas austríacos,
tampoco tienen sentido los criterios axiomáticos de racionalidad
que utilizan los economistas neoclásicos. En efecto, si un
actor prefiere A a B y B a C, puede perfectamente preferir C a A,
sin necesidad de dejar de ser "racional" o coherente,
si es que, simplemente, ha cambiado de opinión (aunque sólo
sea durante la centésima de segundo que dure en su propio
razonamiento el planteamiento de este problema).(20) Y es que para
los austríacos los criterios neoclásicos de racionalidad
confunden la constancia con la coherencia.
1.9. La conexión con el mundo empírico: el diferente
sentido del concepto de "predicción". Por último,
la distinta relación con el mundo empírico y las diferencias
en cuanto a las posibilidades de la predicción oponen radicalmente
el paradigma de la Escuela Austríaca al de la Escuela Neoclásica.
En efecto, para los austríacos el hecho de que el científico
"observador" no pueda hacerse con la información
subjetiva que continuamente están creando y descubriendo
de manera descentralizada los actores-empresarios "observados"
que protagonizan el proceso social, justifica su creencia en la
imposibilidad teórica de efectuar contrastaciones empíricas
en economía. De hecho, los austríacos consideran que
son las mismas razones que determinan la imposibilidad teórica
del socialismo las que explicarían que tanto el empirismo,
como el análisis coste-beneficio o el utilitarismo en su
interpretación más estrecha, no sean viables en nuestra
Ciencia. Y es que es irrelevante que sea un científico o
un gobernante los que vanamente intenten hacerse con la información
práctica relevante en cada caso para contrastar teorías
o dar un contenido coordinador a sus mandatos. Si ello fuera posible,
tan factible sería utilizar esta información para
coordinar la sociedad vía mandatos coactivos (socialismo
e intervencionismo) como para contrastar empíricamente las
teorías económicas. Sin embargo, por las mismas razones,
primero, del inmenso volumen de información de que se trata;
segundo, por la naturaleza de la información relevante (diseminada,
subjetiva y tácita); tercero, por el carácter dinámico
del proceso empresarial (no se puede transmitir la información
que aún no ha sido generada por los empresarios en su proceso
de constante creación innovadora); y cuarto, por el efecto
de la coacción y de la propia "observación"
científica (que distorsiona, corrompe, dificulta o simplemente
imposibilita la creación empresarial de información),
tanto el ideal socialista como el ideal positivista o el estrechamente
utilitarista son imposibles desde el punto de vista de la teoría
económica austríaca.
Estos mismos argumentos son también aplicables para justificar
la creencia de los austríacos en la imposibilidad teórica
de efectuar predicciones específicas (es decir, referentes
a coordenadas de tiempo y lugar determinados y con un contenido
empírico cuantitativo) en economía. Lo que suceda
mañana no puede conocerse científicamente hoy, pues
depende en gran parte de un conocimiento e información que
aún no se han generado empresarialmente y que hoy todavía
no pueden saberse; en economía, por tanto, tan sólo
pueden efectuarse, como mucho, "predicciones de tendencia"
de tipo general, que Hayek denomina pattern predictions. Estas predicciones
serán de naturaleza esencialmente cualitativa y teórica
y relativas, como mucho, a la previsión de los desajustes
y efectos de descoordinación social que produce la coacción
institucional (socialismo e intervencionismo) que se ejerce sobre
el mercado.
Además, hay que recordar la inexistencia de hechos objetivos
que sean directamente observables en el mundo exterior, y que se
deriva de la circunstancia de que, de acuerdo con la concepción
subjetivista de los austríacos, los objetos de investigación
en economía no son sino las ideas que otros tienen sobre
lo que persiguen y hacen. Éstas no son nunca directamente
observables, sino tan sólo interpretables en términos
históricos. Para interpretar la realidad social que constituye
la Historia, es preciso disponer de una teoría previa, requiriéndose
además un juicio de relevancia no científico (verstehen
o comprensión) que no es objetivo sino que puede variar de
uno a otro historiador convirtiendo su disciplina (la Historia)
en un verdadero arte.
Finalmente los austríacos consideran que los fenómenos
empíricos son constantemente variables, de manera que en
los acontecimientos sociales no existen parámetros ni constantes,
sino que todos son "variables", lo cual hace muy difícil,
si no imposible, el objetivo tradicional de la econometría,
así como el programa metodológico positivista en cualquiera
de sus versiones (desde el verificacionismo más ingenuo al
falsacionismo popperiano más sofisticado). Frente al ideal
positivista de los neoclásicos, los economistas austríacos
pretenden construir su disciplina de una manera apriorística
y deductiva. Se trata, en suma, de elaborar todo un arsenal lógico
deductivo (21) a partir de unos conocimientos autoevidentes (axiomas
tal como el propio concepto subjetivo de acción humana con
sus elementos esenciales) que o bien surgen por introspección
de la experiencia íntima del científico, o bien se
considera que son autoevidentes porque nadie puede discutirlos sin
autocontradecirse.(22) Este arsenal teórico es imprescindible,
de acuerdo con los austríacos, para interpretar adecuadamente
ese magma en apariencia inconexo de complejos fenómenos históricos
que constituye el mundo social, así como para elaborar una
historia hacia el pasado o una prospección de eventos hacia
el futuro (que es la misión propia del empresario) con un
mínimo de coherencia, de garantías y de posibilidades
de éxito. Se entiende ahora la gran importancia que los austríacos
en general asignan a la Historia como disciplina, y a su intento
de diferenciarla convenientemente de la teoría económica,
relacionándola a la vez adecuadamente con la misma.(23)
Hayek denomina "cientismo" (scientism) a la indebida aplicación
del método propio de las ciencias de la naturaleza al campo
de las ciencias sociales. Así, en el mundo natural, existen
constantes y relaciones funcionales que permiten la aplicación
del lenguaje matemático y la realización de experimentos
cuantitativos en un laboratorio. Sin embargo, para los austríacos
en economía, y a diferencia de lo que sucede en el mundo
de la física y de las ciencias naturales, no existen relaciones
funcionales (ni, por tanto, funciones de oferta, ni de demanda ni
de costes ni de ningún otro tipo). Recordemos que matemáticamente,
y según la teoría de conjuntos, una función
no es sino una correspondencia o proyección biyectiva entre
los elementos de dos conjuntos denominados "conjunto original"
y "conjunto imagen". Pues bien, dada la innata capacidad
creativa del ser humano que continuamente está generando
y descubriendo nueva información en cada circunstancia concreta
en la que actúa respecto de los fines que pretende perseguir
y los medios que considera a su alcance para lograrlos, es evidente
que en economía no se dan ninguno de los tres elementos que
son precisos para que exista una relación funcional: a) no
están dados ni son constantes los elementos del conjunto
origen; b) no están dados ni son constantes los elementos
que constituyen el conjunto imagen; y c), y esto es lo más
importante, las correspondencias entre los elementos entre los elementos
de uno y otro conjunto tampoco están dadas, sino que varían
continuamente como resultado de la acción y de la capacidad
creativa del ser humano. De manera que en nuestra Ciencia, y de
acuerdo con los austríacos, la utilización de funciones
exige introducir un presupuesto de constancia en la información
que elimina radicalmente al protagonista de todo proceso social:
el ser humano dotado de una innata capacidad empresarial creativa.
El gran mérito de los austríacos consiste en haber
demostrado que es perfectamente posible elaborar todo el corpus
de la teoría económica lógicamente,(24) es
decir, sin necesidad de utilizar funciones ni de establecer supuestos
de constancia que no encajan con la naturaleza creativa del ser
humano, que es el verdadero y único protagonista de todos
los procesos sociales que constituyen el objeto de investigación
de la Ciencia Económica. Hasta los economistas neoclásicos
más conspicuos han tenido que admitir que existen importantes
leyes económicas (como la teoría de la evolución
y la selección natural) que no son empíricamente contrastables.(25)
Los austríacos han insistido especialmente en las insuficiencias
de los estudios empíricos cara a impulsar el desarrollo de
la teoría económica. En efecto, los estudios empíricos
como mucho pueden proporcionar alguna información sobre ciertos
elementos de los resultados de los procesos sociales que se dan
en la realidad, pero no proporcionan información sobre la
estructura formal de dichos procesos, cuyo conocimiento constituye
precisamente el objeto de investigación de la teoría
económica. O dicho de otra forma, las estadísticas
y estudios empíricos no pueden proporcionar conocimiento
teórico alguno (en esto consistía, precisamente, el
error en el que cayeron los historicistas de la escuela alemana
del sigo XIX y que hoy en gran media repiten los economistas de
la Escuela Neoclásica). Además, y como bien ha puesto
de manifiesto Hayek en su discurso de investidura como Premio Nobel,
en muchas ocasiones, los agregados que son medibles en términos
estadísticos carecen de sentido teórico, y viceversa,
muchos conceptos con un sentido teórico transcendental no
son medibles ni permiten un tratamiento empírico.(26)
En suma, las principales críticas que los economistas austríacos
hacen a los neoclásicos son las siguientes: en primer lugar,
concentrarse exclusivamente en estados de equilibrio a través
de un modelo maximizador que supone que está "dada"
la información que necesitan los agentes en cuanto a sus
funciones objetivo y a sus restricciones; segundo, la elección,
en muchos casos arbitraria, de variables y parámetros, tanto
en cuanto a la función objetivo como en cuanto a las restricciones,
tendiéndose a incluir aquellos aspectos más obvios,
con olvido de otros de gran transcendencia, pero que tienen una
mayor dificultad en cuanto a su tratamiento empírico (valores
morales, hábitos, etc.); tercero, centrarse en modelos de
equilibrio que tratan con el formalismo de las matemáticas
y que ocultan cuáles son las verdaderas relaciones de causa
y efecto; cuarto, elevar a nivel de conclusiones teóricas
lo que no son sino meras circunstancias concretas pero que no pueden
admitirse que tengan una validez teórica universal, puesto
que tan sólo conllevan un conocimiento históricamente
contingente. Las anteriores consideraciones no significan que todas
las conclusiones del análisis neoclásico sean erróneas.
Por el contrario, gran parte de ellas pueden ser adecuadas y gozar
de validez. Lo único que los austríacos quieren resaltar
es que no existe garantía en cuanto a la validez de las conclusiones
a las que llegan los economistas neoclásicos, de manera que
aquéllas que sean válidas pueden obtenerse de forma
más fructífera a través del análisis
dinámico que los austríacos preconizan, el cual tiene,
además, la virtualidad de permitir aislar las teorías
erróneas (también muy numerosas) al poner de manifiesto
los vicios y errores que actualmente quedan ocultos por el método
empírico basado en el modelo de equilibrio en que se basan
los economistas neoclásicos.
NOTAS A PIE DE PÁGINA:
* Agradezco a Leland Yeager (1997), Eric Streissler y Sherwin
Rosen sus valiosos comentarios a una versión previa de este
trabajo. Dos evaluadores anónimos ayudaron, además,
a mejorar sensiblemente el resultado final.
(1) Menger (1871).
(2) Kirzner (1975), p. 45.
(3) Kirzner (1992), pp. 201-208.
(4) Robbins (1932).
(5) Hayek (1952 a), p. 209. La traducción al español
de la cita del texto principal podría ser la siguiente: "[Si]
se necesita un nombre, el término ciencias praxeológicas,
ahora claramente definido y ampliamente utilizado por Ludwig von
Mises, parece ser el más apropiado".
(6) La concepción subjetivista de los austríacos
permite la generalización de la economía en una ciencia
que trata sobre todas las acciones humanas que, por tanto, y tan
sólo en apariencia paradójicamente, tiene plena validez
objetiva.
(7) Mises (1995), pp. 111-112. Más adelante, en la p. 169,
Mises añade en el mismo sentido, que "la producción
no es un hecho físico, natural y externo; al contrario es
un fenómeno intelectual y espiritual".
(8) Mises (1995), pp. 953-955.
(9) Kirzner (1997).
(10) Huerta de Soto (1995), pp.228-253, (1992), pp. 52-57 y 104-110.
(11) La crítica austríaca a la teoría de Grossman-Stiglitz
sobre la información debe consultarse en Thomsen (1992) y
Kirzner (1997).
(12) Rothbard (1995) y Kirzner (1995) han criticado la extrema
posición subjetivista de algunos teóricos que, como
Lachmann y Shackle, consideran que en el mercado no existe ninguna
tendencia coordinadora. Este error tiene su origen en el desconocimiento
de la fuerza coordinadora de toda acción humana de tipo empresarial.
(13) Mis colegas de la Escuela Austríaca suelen referirse
a que los procesos empresariales llevan el sistema hacia el equilibrio,
si bien reconocen que éste nunca se alcanza. Yo más
bien prefiero hablar de un modelo distinto, que he calificado de
big bang social, que permite el crecimiento sin límite del
conocimiento y la civilización de una forma tan ajustada
y armoniosa (es decir, coordinada) como sea humanamente posible
en cada circunstancia histórica. Esto es así porque
el proceso empresarial de coordinación social jamás
se detiene ni agota. Es decir, el acto empresarial consiste básicamente
en crear y transmitir nueva información que por fuerza ha
de modificar la percepción general de objetivos y medios
de todos los actores implicados en la sociedad. Esto a su vez da
lugar a la aparición sin límite de nuevos desajustes
que suponen nuevas oportunidades de ganancia empresarial que tienden
a ser descubiertas y coordinadas por los empresarios. Y así
sucesivamente, en un proceso dinámico que nunca se termina
y que constantemente hace avanzar la civilización (modelo
del big bang social coordinado). Véase Huerta de Soto (1992),
pp. 78-79.
(14) Endres (1991), p. 281, ha llegado incluso a referirse al "principio
mengeriano de la no maximización".
(15) La economía moderna no pretende averiguar cuánto
vale `el hierro´ o `el pan´, sino cuánto vale
una precisa cantidad de hierro o de pan para un concreto individuo
que actúa en un determinado tiempo y lugar. Del mismo modo
debemos proceder cuando se trata del dinero. La ecuación
de intercambio pugna con los principios básicos que informan
el pensamiento económico. Equivale a recaer en los modos
de pensar ya superados, típicos de épocas primitivas,
en que la gente no lograba captar los fenómenos praxeológicos
precisamente porque partía siempre de conceptos holísticos.
Es un procedimiento estéril, al igual que las arcaicas especulaciones
sobre el valor del hierro o del pan en general. Mises (1995), p.
482.
(16) Mises denomina al modelo de equilibrio "economía
de giro uniforme" (evenly rotating economy) y lo considera
una construcción imaginaria de valor exclusivamente instrumental
para mejorar la comprensión analítica de únicamente
dos problemas de nuestra Ciencia: el surgimiento de los beneficios
empresariales en un entorno dinámico, y la relación
que existe entre el precio de los bienes y servicios de consumo
y el precio de los factores de producción necesarios para
llevarlos a cabo. En este aspecto concreto yo iría aún
más lejos que el propio Mises, pues creo que puede explicarse
perfectamente el surgimiento de los beneficios empresariales y la
tendencia hacia la fijación de los precios de los factores
de producción de acuerdo con el valor descontado de su productividad
marginal sin hacer referencia alguna a modelos de equilibrio (general
o parcial), sino tan sólo al proceso dinámico que
tiende hacia lo que Mises denomina "estado final de reposo"
(que nunca se alcanza). Mises (1995), pp. 302-303.
(17) Walras (1965), p. 3.
(18) Mayer, H. (1994), p.92. La traducción al español
de la cita del texto es la siguiente: "En esencia, se produce
en el corazón de las teorías matemáticas del
equilibrio una ficción inmanente, más o menos camuflada:
en efecto, todas ellas relacionan mediante ecuaciones simultáneas,
magnitudes no simultáneas que sólo surgen en una secuencia
genético-causal, como si éstas existieran juntas en
todo momento. De esta manera, el punto de vista estático
sincroniza los acontecimientos, cuando lo que existe en la realidad
es un proceso. Sin embargo, uno no puede considerar un proceso genético
en términos estáticos, sin eliminar precisamente su
más íntima característica".
(19) Hans Mayer nos dice que cuando "all wants differing in
kind or quality are not reciprocally present to one another, then
the postulate of the law of equal marginal utility becomes impossible
in the real world of the psyche". Y añade muy gráficamente,
comentando lo absurdo teórico que es la
sincronización forzada de estimaciones de utilidad que supone
esta Ley, que "It is as if one were to express the experience
of aesthetic value of hearing a melody -an experience determined
by successive experiences of individual notes- in terms of the aesthetic
value of the simultaneous harmonization of all notes of making up
the melody". Mayer (1994), pp. 81 y 83. Análisis críticos
muy parecidos pueden realizarse respecto de las curvas de indiferencia-preferencia,
y del efecto renta-efecto sustitución. Véase Salin
(1996).
(20) Mises (1995), pp. 123-124 y Rothbard (1990), pp. 228 y ss.
(21) Así, por vía de ejemplo, sobresale la demostración
que Mises (1995), pp. 153-156, efectúa en términos
exclusivamente lógicos de la Ley de los Rendimientos Decrecientes.
Esta demostración lógica se basa en el hecho de que,
sensu contrario, si la mencionada Ley no se diera en el mundo de
la acción humana, el factor de producción considerado
como fijo tendría una capacidad productiva ilimitada y por
tanto se convertiría en un bien libre.
(22) La primera es la posición mantenida por Rothbard y
la segunda por Mises. Véanse además los resúmenes
de la posición metodológica austríaca realizados
por Hoppe (1995) y Smith (1996).
(23) Una brillante, favorable y desapasionada explicación
del paradigma metodológico de los austríacos puede
encontrarse en Caldwell (1994), pp. 117-138. Sobre las relaciones
existentes entre la teoría y la historia, los trabajos más
importantes son los de Mises (1957) y Hayek (1952).
(24) Sería más preciso decir "praxeológicamente".
De acuerdo con Mises (1995), pp. 119-120, la lógica se diferencia
de la praxeología en que la primera es constante y atemporal,
mientras que la segunda da entrada al tiempo y a la creatividad.
(25) Rosen (1997).
(26) Hayek (1976).
Jesús Huerta de Soto es
profesor en la Universidad Rey Juan Carlos (España) y autor
del libro "Socialismo, Cálculo Económico y Función
Empresarial".
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