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Hispanic American Center for Economic Research


 


EL ESTADO Y LA PLANIFICACION CENTRAL DE LA MONEDA

Los economistas Austríacos y de Chicago opinan sobre
la moneda, la inflación y la gran depresión

Escribe Richard M. Ebeling


En el período posterior a la segunda guerra mundial, las dos escuelas líderes en el pensamiento de libre mercado han sido la escuela Austríaca, encabezada por Ludwig Von Mises y Friedrich Von Hayek; y la escuela de Chicago, encabezada por Milton Friedman y George Stigler. Juntas, han realizado un análisis de gran rigurosidad y lucidez, criticando los peligros y errores de las políticas socialistas, keynesianas e intervencionistas. Pese a las diferencias entre sus respectivos métodos de análisis, ambos grupos han alcanzado una conclusión similar: solo una economía de libre mercado puede asegurar Libertad y prosperidad.
Ambas escuelas rechazan el argumento keynesiano acerca de la inestabilidad de la economía de mercado y su tendencia a generar períodos extensos de desempleo y recursos ociosos. Ambas sostienen que cuando se suceden períodos inflacionarios o de depresión económica, ocurren como resultado de la intervención del Estado, que tiende a reducir la flexibilidad del mercado para hacer frente a los cambios circunstanciales. Y finalmente, ambas escuelas de pensamiento intuyeron que las políticas monetarias y fiscales (particularmente del tipo keynesiano) provocarían menor estabilidad y no más.
Pero los economistas de la escuela Austríaca y los de Chicago, han diferido en un número importante de puntos en el campo de la historia, la teoría y la política monetaria. Una diferencia fundamental, son las diferentes interpretaciones acerca de los orígenes y soluciones a la Gran Depresión del 30. Las distintas interpretaciones sobre dicho período surgen a parti r de sus diferentes concepciones de la influencia del dinero en la economía. Y esas disidenci as nacen a partir de los distintos criterios utilizados para estudiar el proceso económico.
Siguiendo la tradición de Chicago, Milton Friedman y la mayoría de los teóricos monetaristas aceptan la idea keynesiana de macroeconomía o de análisis agregado. Por ejemplo, en una répli ca a algunos de sus críticos publicada en 1974, en el volumen intitulado Milton Friedman's Mo netary Framework: A Debate with his critics, Friedman dijo: "Releyendo la Teoría General, he recordado que gran economista fue Keynes y cuánto simpatizo con su visión y la de sus seguido res... Creo que la teoría de Keynes, es el tipo correcto de teoría; por su simplicidad y su c oncentración en unas pocas magnitudes clave, es potencialmente fructífera. No la he rechazado entonces por estos motivos, sino porque creo que ha sido derrotada por la evidencia: sus pre dicciones no han sido confirmadas por la experiencia".
Según Friedman, la teoría de Keynes es incompleta a partir de su estrecha concepción de la el ección de las personas al momento de decidir entre gastar el dinero y no hacerlo. "Cuando las alternativas entre las que los individuos han de elegir se multiplican, la demanda de dinero se torna más estable de lo que Keynes pensaba", concluye Friedman.
Pero, mientras que proclama basar su propuesta en las decisiones individuales de consumo, pro pone la utilización de agregados estadísticos y promedios que dejan de lado las decisiones ind ividuales, camuflando así el mecanismo de decisión del actual proceso de mercado. Es así como Friedman, del mismo modo que Keynes, se concentra en los agregados macroeconómicos concibiendo así: una demanda agregada de dinero vinculada a una oferta total de dinero; la repercusión so bre gasto agregado que implica un aumento en la oferta total de dinero; y el impacto resultant e sobre la producción agregada en el corto plazo y sobre el nivel general de precios en el lar go plazo.
Al respecto los economistas austríacos han tomado una postura muy diferente. Ellos afirman que es muy importante no olvidar que tanto los promedios estadísticos como la producción total y el nivel general de precios o de salarios, en realidad no existen. Son la creación de economistas estadísticos que sumando y promediando aritméticamente los precios, los salarios y la producción individual de una multitud de bienes y servicios comprados y vendidos en el mercado. O como Fri edrich Hayek dijo: "En resumidas cuentas, ni los agregados ni los promedios interactúan; jamás po drán establecerse relaciones de causa y efecto entre ellos como aquellas que se establecen entre los fenómenos individuales, los precios individuales, etc. Luego, la escuela de Chicago intenta establecer conexiones directas entre la cantidad total de dinero, el nivel general de precios y la producción total. Todo ello, sabiendo que ninguna de estas magnitudes como tales ejercen una influencia sobre las decisiones de los individuos".
Concentrándose en los efectos agregados que producen los cambios en la cantidad de moneda sobre la producción y el nivel de precios, Friedman no duda en afirmar que un incremento o variación en la tasa de crecimiento de la oferta de dinero repercute en la producción y el empleo de la e conomía, siendo este efecto transitorio y limitado. En el largo plazo, como los salarios y los precios son sensibles a las variaciones en la cantidad de dinero, el único efecto duradero será un más alto nivel general de precios y salarios, sin oscilaciones permanentes en la cantidad ag regada de empleo y producción.
Cualquier efecto sobre los precios relativos, la localización de los recursos o la distribución del ingreso durante un período de inflación monetaria será temporal y de poca importancia, afirm a Friedman. Son simplemente los efectos del "primer round", que en la perspectiva de largo plazo tendrán escasa significación. O como Friedman lo expresó en la referida réplica a sus críticos: "Una forma de caracterizar el enfoque de la teoría cuantitativa del dinero, es no darle demasia da importancia a los primeros efectos".
Friedman llega a su conclusión analizando los cambios en la oferta de dinero de la siguiente for ma: Imaginen que un helicóptero arroja dinero al azar sobre la población; la gente recoge ese di nero y procede a gastarlo hasta que los precios suben a un nivel lo suficientemente alto como pa ra equilibrar otra vez la demanda de dinero con la oferta.
Contrarios a esto, los Austríacos afirman que mientras que no hay dudas acerca de los efectos de l aumento de la oferta monetaria en el largo plazo, algunas cosas mantendrán sus precios constan tes a pesar de la suba de los precios en general; resulta entonces necesario analizar el proceso por medio del cual la variación en la oferta de dinero ingresa a la economía y particular la for ma en que influye sobre las distintas ofertas y demandas individuales, sobre los precios individ uales y los planes de producción. O como el economista Austríaco Oskar Morgenstern dijo: "Si no nos proveen de una mínima noción acerca de: ¿dónde se origina este dinero adicional? ¿Dónde es i nyectado? ¿Con qué diferentes magnitudes? y ¿A través de que caminos y a qué velocidad penetra e n la economía?, muy poca información no es proporcionada. El mismo relato, tendrá consecuencias muy diferentes si la suma de dinero es inyectada vía créditos a los consumidores o préstamos a p roductores, vía Departamento de Defensa o subsidios de desempleo, etc. Dependiendo de las condic iones subyacentes en la economía cada modalidad de inyección monetaria producirá una consecuencia diferente aún tratándose de la misma cantidad agregada de dinero. Por lo tanto, el análisis monetario deberá combinarse con un análisis detallado del flujo de los commodities y los servicios".
Los Austríacos han considerado este detallado análisis de la influencia no neutral del dinero, como esencial para comprender por completo cualquier tipo de efecto vinculado a la inflación en una economía de mercado.
A partir de la comprensión de sus diferentes puntos de vista acerca de cómo analizar mejor el dinero y los procesos inflacionarios en la economía de mercado, no resulta sorprendente concluir que vean las causas y las soluciones de la Gran Depresión en forma diferente. Friedman, por ejemplo observa la década del '20 y concluye que la política de la Reserva Federal en ese tiempo no era inflacionaria en absoluto, con un nivel general de precios medianamente estable durante toda la década. Dice Friedman: "Si existiera alguna crítica a las políticas de la Reserva Federal, debería ser que a comienzos de la década del '30 el banco central americano no hizo demasiados esfuerzos para incrementar la oferta de dinero, luego de haberla contraído alrededor de un tercio para sacar a la economía Americana fuera de la depresión".
Los austríacos miran más allá que la estabilidad de precios de la década del veinte y afirman que si no se hubiera expandido la oferta de dinero en esa década, los precios hubiesen bajado lentamente para reflejar un significativo incremento en la productividad y en la producción a partir de las innovaciones tecnológicas y la acumulación de capital. En su lugar, la expansión monetaria de la Reserva Federal mantuvo los precios en un nivel mayor al que de otra manera hubiese estado, creando así la ilusión de la estabilidad económica a través de un nivel estable de precios. Con lo cual terminó llevando en dirección errónea al capital de inversión, al trabajo y a los recursos. Las políticas erráticas de la Reserva Federal se terminaron de evidenciar luego de 1929.
Cuando la Depresión económica comenzó, la solución hubiese podido ser: impulsar la reducción del capital mal invertido, impulsar una baja de precios y salarios que reflejara el ocaso de la actividad económica y la disminución en la cantidad de dinero causada por los quebrantos bancarios (a partir de los malos préstamos otorgados y los retiros masivos de dinero por parte de la gente).
En su lugar, primero la administración de Hoover y luego el New Deal de Roosevelt, hicieron todo lo necesario para evitar las saludables y necesarias correcciones del mercado. Fueron entonces éstas las verdaderas causas de la prolongada duración de la profunda crisis económica.
Sin embargo, al fin y al cabo, ambos: los intelectuales Austríacos y los de Chicago llegan a una conclusión común de gran relevancia: La planificación central de la moneda ha creado gran inestabilidad económica en el siglo XX, gracias a que el dinero y el sistema bancario no han sido alejados del control del gobierno.

Richard Ebeling es profesor de la cátedra Ludwig von Mises de Economía en Hillsdale College, Michigan y se desempeña como vicepresidente de Asuntos Académicos en The Future of Freedom Foundation.

Traducción de Eneas A. Biglione y Germán Messina

 

 

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