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CUANDO LA COMPETENCIA NO ES LIBERTAD
Por Jacob G. Hornberger
Se oyen rumores de que el Departamento de Justicia podría
demandar que Microsoft se separe en tres firmas independientes,
como arte de un arreglo en el juicio antimonopolio que el gobierno
de Estados Unidos inició contra Microsoft. La idea es que
los consumidores estarían mejor si existieran tres empresas
compitiendo entre sí que si tuvieran que enfrentarse a una
gran empresa "monopolística."
Durante la época anterior a la Revolución Industrial,
la Era del Mercantilismo, era costumbre que el rey otorgara a ciertos
individuos o compañías privilegios especiales que
les permitían proveer determinados bienes y servicios a la
ciudadanía. Este privilegio era tan especial porque se prohibía
por ley a cualquier otra persona o firma competir con la persona
que había obtenido el "monopolio." Si alguien ignoraba
la ley y empezaba a competir debía enfrentarse a diversos
castigos, no del monopolista, sino del rey.
Por ello, todos entendían la verdadera naturaleza de un monopolio-
un privilegio otorgado y protegido por el gobierno que prohibía
la competencia con el monopolista a cualquier otra persona, bajo
amenaza de multa o prisión.
Uno de los factores que llevó al fin de la Era del Mercantilismo
fue el odio que la gente común de Inglaterra y Europa tenía
hacia los monopolios. La gente no solamente despreciaba la actitud
arrogante que caracterizaba a los monopolistas, sino que también
odiaban los productos y servicios de mala calidad que les ofrecían
los mismos. Como los monopolistas estaban protegidos legalmente
de la amenaza de competencia, no tenían ningún incentivo
para satisfacer las demandas de los consumidores. Sabían
que si la gente quería el producto o servicio que él
proveía, tendrían que comprárselo a él.
La publicación, en 1776, de La Riqueza de las Naciones de
Adam Smith planteó a los ingleses la idea revolucionaria
de la libertad económica. Smith sugirió que los consumidores
estarían económicamente mejor si se rechazaban los
monopolios y todos tenían la libertad de competir en el mercado
en la provisión de bienes y servicios. En las décadas
siguientes las ideas de Adam Smith triunfaron, y la Revolución
Industrial dejó atrás a la Era del Mercantilismo y
las prácticas monopolísticas.
Más adelante, los economistas explicaron la dinámica
de la libertad económica. En una economía de libre
mercado el soberano es el consumidor, no el productor. Esto significa
que, para poder tener éxito, un empresario, enfrentándose
con la amenaza de competencia, debe satisfacer a los consumidores
constantemente. Por ello, cuanto mejor pueda satisfacer a los consumidores,
tanto más rico será.
¿Qué ocurre si una empresa no satisface adecuadamente
a los consumidores? Pierde participación en el mercado, y
puede incluso verse eliminada del negocio, por sí misma,
sin la asistencia del gobierno. Así, por ejemplo, Swift and
Armour (¿los recuerda?), número 5 y 7 respectivamente
en la lista original de Fortune en 1954, terminaron desapareciendo
de la lista, en gran parte por la feroz competencia de una nuevas
empresa denominada Iowa Beef Packers. De hecho, más de 300
empresas de las 500 publicadas en la lista de 1954 habían
desaparecido de la lista 40 años más tarde, algunos
monopolios entre ellas. Y alrededor de 90 empresas que formaban
parte de la lista en 1995, incluyendo Microsoft, FedEx, y Home Depot,
ni siquiera habían "nacido" cuando se publicó
la lista original, pero finalmente tuvieron éxito en eliminar
viejos monopolistas de la lista. ("Forty years of the 500"
por Carol J. Loomis, Fortune, vol. 131, No. 9, 15 de Mayo, 1995
[www.northernlight.com/fortune/])
Con el espíritu de La Riqueza de las Naciones y la
Declaración de la Independencia, nuestros ancestros norteamericanos
rechazaron el uso de monopolios. Los norteamericanos del siglo XIX
creían que la vida, la libertad, y la propiedad son derechos
fundamentales e inherentes que preceden a cualquier gobierno. Pero
también comprendieron algo tan importante como lo anterior:
que la "libertad" comprende el derecho a realizar libremente
cualquier negocio, sin interferencia o restricciones del gobierno.
Por ello, como un monopolio impide a una persona por ley competir
libremente en la provisión de bienes y servicios, fue un
anatema para nuestros ancestros.
Desgraciadamente, el verdadero significado de la palabra "monopolio"
se ha corrompido gradualmente, en gran parte como consecuencia de
las enseñanzas en las universidades y colegios públicos.
Hoy en día, la gente cree honestamente que una gran empresa
que ha hecho riqueza satisfaciendo de mejor manera a los consumidores,
como Microsoft, es un "monopolio" y, en consecuencia,
es malo. También creen honestamente que los verdaderos monopolios,
tales como el Servicio Postal (correo) y el Sistema de Reserva Federal
(oferta de dinero) son necesarios y buenos.
Sí, es cierto que separando a Microsoft en varias empresas
se logrará una mayor competencia. Pero más competencia
no es más libertad. Como comprendieron muy bien nuestros
ancestros, la libertad incluye el derecho a entrar a un mercado
libremente, ofreciendo bienes y servicios a los consumidores. Implica
el derecho a competir libremente, respondiendo constantemente a
los cambiantes caprichos y demandas de los consumidores. E implica
el derecho a acumular los frutos del éxito sin temor a ser
posteriormente castigado por el gobierno.
Dividir a Microsoft no solo sería dividir a la empresa más
exitosa de la historia. También aceleraría la destrucción
de la libertad, y eso es peor.
Jacob G. Hornberger es fundador y presidente
de The Future of Freedom Foundation.
Traducido por Verena Wachnitz.
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