Historia y
Antecedentes
Misión y
Programas
Seminarios y
Eventos
Publicaciones
Periódicas
Suscripciones
Argentina
Suscripciones
Extranjero
Reporte
Ejecutivo
Autoridades
y Staff
Representantes
Filiales
Consejo
Internacional
Promotores
de la Libertad
Organizacion
Afines
Bibliografía
Sugerida
Centro de
Documentación
Prensa
Gráfica
Suscripción
Gratuita
English
Version
Actualidad
Introductoria
Economía
Política
Derecho
Periodismo
Latinoamérica
Cultura
Educación
Historia
Negocios
Ecología
Tecnología
Pensadores
Entrevistas
Home



























Hispanic American Center for Economic Research


 


LIBRE COMERCIO SIN LA OMC

Por Jacob G. Hornberger

En ocasión de reunirse la Organización Mundial del Comercio (OMC) en la ciudad de Seattle, manifestantes protestaron contra las negociaciones sobre "libre-comercio" entre diversas naciones del mundo, por entender que el libre intercambio es perjudicial para la gente. También yo me opongo a la OMC, pero por diferentes motivos. Soy partidario del libre comercio, no sólo porque las personas deberían poder hacer lo que les plazca con su propio dinero, sino porque además, el libre comercio eleva la calidad de vida de las mismas.

Libre comercio es simplemente la posibilidad de las personas de intercambiar libremente unas con otras. ¿Por qué es eso algo bueno? Porque cada vez que dos personas deciden intercambiar entre sí, ambas se benefician desde su propia e individual perspectiva. De no ser así, no hubiesen efectuado el intercambio. Consecuentemente, ¡las condiciones de vida de los individuos se incrementan a través del simple acto de intercambiar!. Supongamos, por ejemplo, que una persona posee diez manzanas y otra dispone de diez naranjas. Al intercambiar una manzana por una naranja, los respectivos standares de vida de cada una se han incrementado. Podemos inferir, como corolario, que cada vez que el gobierno interfiere con la posibilidad de las personas de comerciar unas con otras, el nivel de vida de ambas disminuirá.

"Pero algunas naciones poseen barreras proteccionistas. ¿No debemos entonces vengarnos?". Examinemos las falacias que encierra este argumento tan común. Asumamos que existen dos naciones - Freedonia y Libertonia – que carecen de barreras comerciales entre ellas. El pueblo de Freedonia produce quesos y vinos. Por su parte, los habitantes de Libertonia producen bifes y jugos. Existe un vasto intercambio entre los habitantes de estos países. Un día, en Freedonia un pequeño grupo de individuos con conexiones políticas decide ingresar en el negocio de los jugos. A efectos de proteger su "industria incipiente" convencen a sus legisladores para que establezcan aranceles que graven el ingreso de jugos provenientes de Libertonia.

¿Quienes han sido perjudicados por estos aranceles establecidos en Freedonia? Los consumidores de Freedonia, a quienes ahora se les ha negado la posibilidad de escoger libremente adquirir los jugos de Libertonia (y probablemente a un precio inferior). Y por supuesto, los productores de jugo de Libertonia que han sido afectados al no poder venderle a la gente de Freedonia.

¿Existe alguna razón para extender el daño a más gente en Libertonia con un arancel a modo de represalia? Supongamos, por caso, que los productores de jugos de Libertonia a su vez logran persuadir a sus parlamentarios de "vengarse" imponiendo un arancel proteccionista a los quesos de Freedonia. El mal se ha extendido ahora a dos nuevos grupos de individuos - los consumidores de queso de Libertonia y a los productores de queso de Freedonia.

¿Qué ocurre si no existe venganza alguna?

Mientras los productores de jugo de Libertonia y los consumidores de jugo de Freedonia continúan padeciendo el perjuicio, los consumidores de Libertonia son libres de proseguir adquiriendo quesos y vinos de Freedonia y los consumidores de Freedonia pueden continuar comprando bifes de Libertonia.

Por lo tanto, el daño que el gobierno de Freedonia ha causado con sus aranceles prosigue circunscripto a dos grupos de personas - los consumidores y productores de jugo de Libertonia.

¿Qué debería de haber hecho Libertonia cuando Freedonia impuso aranceles proteccionistas a sus jugos? ¡Absolutamente nada! De hecho, la situación ideal sería aquella en la cual los ciudadanos de Libertonia posean una restricción constitucional que impida que su propio gobierno persiga venganza mediante la imposición de aranceles proteccionistas contra Freedonia. Reiteramos, cuando Freedonia perjudica a sus propios consumidores de jugos con un arancel, ¿qué beneficio hay en el perjuicio que Libertonia infringe a sus consumidores de quesos y vinos con una represalia arancelaria proteccionista?

¿Cuál es, entonces, el curso de acción ideal para dos naciones que han erigido barreras comerciales entre ellas? ¿Entablar negociaciones? ¿Celebrar acuerdos comerciales? ¿Convenir reducir mutuamente las restricciones comerciales?

El libre comercio no precisa de ninguna de estas cosas. En cambio, una nación inclinada hacia el libre comercio debería simplemente eliminar todos sus aranceles y suprimir toda restricción a las importaciones de manera unilateral! Ninguna reunión. Nada de negociaciones. Nada de acuerdos comerciales. Repito: Todo lo que una nación debería hacer es: ¡Suprimir sus propias restricciones comerciales!

"Pero la otra nación podría no actuar de la misma manera" Sí, ello es posible. Pero nuevamente, desde el momento en que la gente es libre de comerciar con otros ya experimenta una mejoría.

Los consumidores de Fredonia de bifes procedentes de Libertonia y los consumidores de Libertonia de quesos y vinos llegados desde Freedonia, continúan mejorando su standard de vida, pese a que los consumidores de Freedonia de jugos provenientes de Libertonia y los productores de jugos de aquel país, padecen los aranceles que las autoridades de Freedonia han impuesto.

Finalmente, la respuesta radica en que los consumidores de Freedonia persuadan a sus legisladores de quitar los aranceles a los jugos, pues ello interfiere con su libertad de elegir y con su propio bienestar.

Por lo tanto, los partidarios del libre comercio no precisan de cosas tales como la OMC, el GATT o el NAFTA. ¿Por qué debería la libertad de comercio y su bienestar económico depender de los impulsos y caprichos de políticos y burócratas internacionales? Para incrementar la libertad, el libre comercio y obtener mejores niveles de vida, el pueblo norteamericano debería exigir al gobierno de los Estados Unidos que unilateralmente elimine aranceles, cupos de importación y toda otra restricción al comercio.

Jacob G. Hornberger es presidente de The Future of Freedom Foundation, con sede en Fairfax, Virginia (www.fff.org) y co-editor del libro The Case for Free Trade and Open Immigration.

Traducción de Gabriel Gasave

 

 

 
  © Fundacion Atlas para una Sociedad Libre | Av. Roque Sáenz Peña 628 Piso 8º Oficina T 1
1035 - Buenos Aires - República Argentina
Tel/Fax: (54-11) 4343-3886 E-Mail: atlas@atlas.org.ar