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LIBRE COMERCIO SIN LA OMC
Por Jacob G. Hornberger
En ocasión de reunirse la Organización Mundial del
Comercio (OMC) en la ciudad de Seattle, manifestantes protestaron
contra las negociaciones sobre "libre-comercio" entre
diversas naciones del mundo, por entender que el libre intercambio
es perjudicial para la gente. También yo me opongo a la OMC,
pero por diferentes motivos. Soy partidario del libre comercio,
no sólo porque las personas deberían poder hacer lo
que les plazca con su propio dinero, sino porque además,
el libre comercio eleva la calidad de vida de las mismas.
Libre comercio es simplemente la posibilidad de las personas de
intercambiar libremente unas con otras. ¿Por qué es
eso algo bueno? Porque cada vez que dos personas deciden intercambiar
entre sí, ambas se benefician desde su propia e individual
perspectiva. De no ser así, no hubiesen efectuado el intercambio.
Consecuentemente, ¡las condiciones de vida de los individuos
se incrementan a través del simple acto de intercambiar!.
Supongamos, por ejemplo, que una persona posee diez manzanas y otra
dispone de diez naranjas. Al intercambiar una manzana por una naranja,
los respectivos standares de vida de cada una se han incrementado.
Podemos inferir, como corolario, que cada vez que el gobierno interfiere
con la posibilidad de las personas de comerciar unas con otras,
el nivel de vida de ambas disminuirá.
"Pero algunas naciones poseen barreras proteccionistas. ¿No
debemos entonces vengarnos?". Examinemos las falacias que encierra
este argumento tan común. Asumamos que existen dos naciones
- Freedonia y Libertonia que carecen de barreras comerciales
entre ellas. El pueblo de Freedonia produce quesos y vinos. Por
su parte, los habitantes de Libertonia producen bifes y jugos. Existe
un vasto intercambio entre los habitantes de estos países.
Un día, en Freedonia un pequeño grupo de individuos
con conexiones políticas decide ingresar en el negocio de
los jugos. A efectos de proteger su "industria incipiente"
convencen a sus legisladores para que establezcan aranceles que
graven el ingreso de jugos provenientes de Libertonia.
¿Quienes han sido perjudicados por estos aranceles establecidos
en Freedonia? Los consumidores de Freedonia, a quienes ahora se
les ha negado la posibilidad de escoger libremente adquirir los
jugos de Libertonia (y probablemente a un precio inferior). Y por
supuesto, los productores de jugo de Libertonia que han sido afectados
al no poder venderle a la gente de Freedonia.
¿Existe alguna razón para extender el daño
a más gente en Libertonia con un arancel a modo de represalia?
Supongamos, por caso, que los productores de jugos de Libertonia
a su vez logran persuadir a sus parlamentarios de "vengarse"
imponiendo un arancel proteccionista a los quesos de Freedonia.
El mal se ha extendido ahora a dos nuevos grupos de individuos -
los consumidores de queso de Libertonia y a los productores de queso
de Freedonia.
¿Qué ocurre si no existe venganza
alguna?
Mientras los productores de jugo de Libertonia y los consumidores
de jugo de Freedonia continúan padeciendo el perjuicio, los
consumidores de Libertonia son libres de proseguir adquiriendo quesos
y vinos de Freedonia y los consumidores de Freedonia pueden continuar
comprando bifes de Libertonia.
Por lo tanto, el daño que el gobierno de Freedonia ha causado
con sus aranceles prosigue circunscripto a dos grupos de personas
- los consumidores y productores de jugo de Libertonia.
¿Qué debería de haber hecho Libertonia cuando
Freedonia impuso aranceles proteccionistas a sus jugos? ¡Absolutamente
nada! De hecho, la situación ideal sería aquella en
la cual los ciudadanos de Libertonia posean una restricción
constitucional que impida que su propio gobierno persiga venganza
mediante la imposición de aranceles proteccionistas contra
Freedonia. Reiteramos, cuando Freedonia perjudica a sus propios
consumidores de jugos con un arancel, ¿qué beneficio
hay en el perjuicio que Libertonia infringe a sus consumidores de
quesos y vinos con una represalia arancelaria proteccionista?
¿Cuál es, entonces, el curso de acción ideal
para dos naciones que han erigido barreras comerciales entre ellas?
¿Entablar negociaciones? ¿Celebrar acuerdos comerciales?
¿Convenir reducir mutuamente las restricciones comerciales?
El libre comercio no precisa de ninguna de estas cosas. En cambio,
una nación inclinada hacia el libre comercio debería
simplemente eliminar todos sus aranceles y suprimir toda restricción
a las importaciones de manera unilateral! Ninguna reunión.
Nada de negociaciones. Nada de acuerdos comerciales. Repito: Todo
lo que una nación debería hacer es: ¡Suprimir
sus propias restricciones comerciales!
"Pero la otra nación podría no actuar de la
misma manera" Sí, ello es posible. Pero nuevamente,
desde el momento en que la gente es libre de comerciar con otros
ya experimenta una mejoría.
Los consumidores de Fredonia de bifes procedentes de Libertonia
y los consumidores de Libertonia de quesos y vinos llegados desde
Freedonia, continúan mejorando su standard de vida, pese
a que los consumidores de Freedonia de jugos provenientes de Libertonia
y los productores de jugos de aquel país, padecen los aranceles
que las autoridades de Freedonia han impuesto.
Finalmente, la respuesta radica en que los consumidores de Freedonia
persuadan a sus legisladores de quitar los aranceles a los jugos,
pues ello interfiere con su libertad de elegir y con su propio bienestar.
Por lo tanto, los partidarios del libre comercio no precisan de
cosas tales como la OMC, el GATT o el NAFTA. ¿Por qué
debería la libertad de comercio y su bienestar económico
depender de los impulsos y caprichos de políticos y burócratas
internacionales? Para incrementar la libertad, el libre comercio
y obtener mejores niveles de vida, el pueblo norteamericano debería
exigir al gobierno de los Estados Unidos que unilateralmente elimine
aranceles, cupos de importación y toda otra restricción
al comercio.
Jacob G. Hornberger es presidente de
The Future of Freedom Foundation, con sede en Fairfax, Virginia
(www.fff.org) y co-editor
del libro The Case for Free Trade and Open Immigration.
Traducción de Gabriel Gasave
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