Historia y
Antecedentes
Misión y
Programas
Seminarios y
Eventos
Publicaciones
Periódicas
Suscripciones
Argentina
Suscripciones
Extranjero
Reporte
Ejecutivo
Autoridades
y Staff
Representantes
Filiales
Consejo
Internacional
Promotores
de la Libertad
Organizacion
Afines
Bibliografía
Sugerida
Centro de
Documentación
Prensa
Gráfica
Suscripción
Gratuita
English
Version
Actualidad
Introductoria
Economía
Política
Derecho
Periodismo
Latinoamérica
Cultura
Educación
Historia
Negocios
Ecología
Tecnología
Pensadores
Entrevistas
Home



























Hispanic American Center for Economic Research


 


CREAR EMPLEOS VS. CREAR RIQUEZA

por Dwight R. Lee

Las políticas gubernamentales son evaluadas comúnmente en términos de cuántos empleos generan. Restricciones a las importaciones son vistas como una manera de proteger y de crear empleos locales. Diferenciaciones y exenciones en materia tributaria son generalmente justificadas como formas de incrementar los puestos de trabajo en la actividad favorecida. Los Presidentes hacen hincapié con orgullo en el número de empleos creados en la economía durante sus administraciones. Se supone que si más trabajos se generan, más exitosa es la administración. Probablemente, nunca ha existido un programa de gasto público respecto del cual sus partidarios hayan dejado de mencionar que crea empleos. Aun las guerras son vistas como recubiertas con la plateada cobertura de la creación de trabajo.
Ahora bien, no hay nada de malo con la creación de empleos. Desempeñarse en puestos laborales es una medio importante a través del cual la gente crea riqueza. Por eso, el énfasis en la creación de trabajo resulta entendible. Pero a la vez, es común que la gente se olvide de que crear más riqueza es lo que realmente deseamos alcanzar, y que los empleos son simplemente los medios para obtener ese fin.
Cuando esta elemental circunstancia se olvida, la gente fácilmente es engañada por argumentos que colocan a la creación de trabajo como un fin en sí mismo. Mientras estas posturas pueden llegar a sonar plausibles, las mismas son utilizadas para respaldar políticas que destruyen riqueza en lugar de crearla. Consideraré algunos de estos ejemplos a continuación.

CREAR EMPLEOS NO ES EL PROBLEMA. El propósito de toda actividad económica es tratar de producir el mayor valor posible con los escasos recursos (incluyendo el esfuerzo humano) disponibles. No importa cuan lejos intentemos llevar los limites que impone la escasez, los mismos nunca lograrán ser vencidos.
La escasez siempre nos impedirá asegurarnos todas las cosas que anhelamos. Siempre habrá trabajos que realizar - mas allá de lo que alguna vez pudo haberse hecho. Por lo tanto, la creación de empleos no es el problema. El mismo, consiste en crear aquellos empleos en los cuales se produzca lo más valioso para la gente. A ello apunta la historia apócrifa de un ingeniero que, mientras visitaba China, observó a un extenso grupo de hombres que estaban construyendo una represa munidos de picos y palas. Cuando el ingeniero le destacó al supervisor que esa tarea podría completarse en pocos días, en lugar de en unos cuantos meses, si se proveyera a los obreros de una removedora de tierra a motor, el supervisor respondió que tal equipamiento destruiría muchos empleos. "Oh", exclamó el ingeniero, "Pensé que estaban interesados en construir una represa. Si lo que Ud. desea son más empleos, por qué no pone a sus hombres a trabajar con cucharas en lugar de palas".
Como suelo decirles a mis estudiantes en la Universidad de Georgia, yo emplearía a todos los que lo deseen en esta ciudad, si tan solo estuviesen dispuestos a trabajar para mi lo suficientemente barato, digamos por un centavo al mes. Si bajase un poquito más aun el salario, emplearía a todos en el estado de Georgia. Si contrato trabajadores por esos salarios, podría obtener rédito haciéndoles construir represas con cucharas. Por su puesto, los estudiantes reconocen que mi oferta es estúpida dado que pueden obtener mucho más trabajando para otros empleadores, lo que refleja la razón más importante por el cual mi oferta es estúpida - concentrándose en la cuantía de puestos de trabajo, ignora el valor que se crea o que no se crea. Más valor será producido en aquellos empleos mejor remunerados que mis alumnos puedan obtener.
Una gran ventaja que se infiere de los salarios que aparecen en un mercado laboral abierto, es que los mismos atraen gente no hacia cualquier empleo, sino hacia aquellos mas valorados. Otra ventaja de los salarios de mercado es que llevan a los empleadores a considerar el costo de oportunidad de contratar trabajadores - su valor en tareas alternativas - y a mantenerse constantemente alertas para encontrar formas de eliminar trabajos, creando el mismo valor con menor cantidad de empleados. Todo el progreso económico resulta de poder proveer los mismos o aun mejores productos y servicios con menos personal, eliminando de ese modo algunos empleos y liberando mano de obra para incrementar la producción en nuevas y más productivas tareas. El fracaso en comprender esta fuente de prosperidad creciente explica la difundida simpatía por las políticas publicas destructivas.

DINAMITANDO NUESTRO CAMINO A MAS EMPLEOS. Allá por 1840, un político Francés propuso seriamente volar las vías férreas de la localidad de Bordeaux, pertenecientes al ferrocarril que corría de París a España a fin de crear más empleos en esa localidad.
Las cargas deberían ser trasladadas de un tren a otro y los pasajeros precisarían hoteles, todo lo cual significaría mayores empleos. (Esta propuesta fue discutida y demolida por el intelectual y ensayista del siglo diecinueve Frederic Bastiat en Sofismas Económicos, pp. 94-95, disponible en FEE).
Esta sugerencia resulta aun más absurda que mi oferta de contratar gente por un centavo al mes. Al menos, yo emplearía trabajadores para producir algo de valor, antes que infligir un daño innecesario. Desafortunadamente, que algo resulte absurdo no es suficiente como para impedir que sean propuestas e implementadas políticas económicamente destructivas. Basándose en la justificación de la creación de empleos, los políticos suelen sancionar legislaciones que incrementan el esfuerzo necesario para producir una determinada cantidad de valor.
Uno de los argumentos para restringir las importaciones es que eso creará (o protegerá) los empleos locales. Es cierto, ello creará algunos empleos internos, tal como la destrucción de una sección de la vía del ferrocarril también los generaría. Pero también, como una interrupción de las vías, las restricciones a las importaciones tornarán más costosa la obtención de productos valiosos. El único motivo por el cual un país importa productos es debido a que resulta la forma más barata de adquirirlos; involucra menos empleados el obtener los productos importados a través del comercio exterior que producirlos directamente ellos. De esta manera, el comercio es como un avance tecnológico, libera trabajadores y les permite incrementar la producción de bienes y servicios disponibles para el consumo. Las restricciones aduaneras crean empleos de la misma manera que lo hacen el dinamitar los ferrocarriles, bombardear nuestras fabricas y requerir que los trabajadores utilicen palas en vez de modernos equipos removedores de tierra.
Tengamos siempre presente que la creación de empleos es un medio para el fin ultimo de la actividad económica, cual es la generación de riqueza.

CREANDO EMPLEOS GUBERNAMENTALES. Debido a que la gente tiende a ver a los empleos como fines mas que como medios, se embarcan fácilmente en apoyar programas gubernamentales que sostienen su creación. Todos hemos escuchado a gente argumentar en favor de bases militares, construcción de carreteras y regulaciones al medio ambiente con ese propósito. Para justificar el gasto, las agencias gubernamentales efectúan comúnmente estudios de costo/beneficio en los cuales los puestos laborales creados se computan como beneficios. Esto es lo mismo que contar las horas que uno trabaja para reunir el dinero suficiente como para adquirir un automóvil, como si fueran uno de los beneficios de ese automóvil.
Los puestos creados por un proyecto del gobierno representan un costo del mismo: el costo de oportunidad. Los trabajadores empleados en las actividades oficiales podrían estar produciendo algo de valor en alguna otra parte.
La pregunta clave no es si el proyecto gubernamental crea empleos, sino si los trabajadores en esos empleos crearán más riqueza de la que generarían de ocupar otros puestos. Esta es una pregunta que aquellos partidarios de los programas oficiales no desean que se formule. Si así fuera, habría muchos menos empleos públicos de baja productividad y muchos puestos de alta productividad en el sector privado.

Dwight Lee es Profesor en el Terry College of Business de la Universidad de Georgia y miembro adjunto del Center for the Study of American Business de la Washington University en St. Louis.
El presente artículo fue publicado en la edición de enero 2000 de la revista Ideas on Liberty, editada por The Foundation for Economic Education.
Traducción de Gabriel Gasave

 

 

  © Fundacion Atlas para una Sociedad Libre | Av. Roque Sáenz Peña 628 Piso 8º Oficina T 1
1035 - Buenos Aires - República Argentina
Tel/Fax: (54-11) 4343-3886 E-Mail: atlas@atlas.org.ar