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Las obligaciones morales de los trabajadores
Usted odia a su jefe. Sus horas son malas. Su salario es demasiado
bajo y no ha sido ascendido en años. ¿Que debe hacer
un trabajador ante estas circunstancias? Si usted no puede evitarlo,
y ya no puede soportarlo, puede renunciar. En un mercado de trabaja
libre, sus habilidades van a ser más apreciadas en otro lado.
Usted gana la satisfacción de poder tomar la decisión
por sí mismo. En una sociedad libre ningún trabajador
es forzado a permanecer atrapado en un trabajo cuando hay otro que
parece más atractivo. Este es uno de los gloriosos derechos
que una sociedad libre ofrece a sus miembros, un derecho que ha
sido desconocido para la mayoría de la gente a lo largo de
la historia de la humanidad.
¿Pero que ocurre si usted se queda en su lugar de trabajo?
¿Qué ocurre si usted decide permanecer en su posición
actual porque considera que probablemente sea lo mejor para usted
en este momento? Las respuestas a esta pregunta han cambiado dramáticamente
en las últimas décadas. Hubo un momento en el que
los trabajadores conocían sus obligaciones morales hacia
ellos mismos y hacia la persona que firmaba sus cheques. Estas consistían
en cumplir con los términos del contrato y hacer el mejor
trabajo posible. La vida productiva requiere hábitos de trabajo
virtuosos y adhesión a normas éticas básicas;
además, un trabajador perezoso es despedido con justa causa
en cualquier momento.
El derecho a renunciar y el derecho a despedir son dos caras de
la misma moneda. El jefe no puede forzar al trabajador a quedarse,
y el trabajador no puede forzar al jefe a mantenerlo empleado. Lo
bello es que depende del voluntarismo. No importa cuantas diferencias
hayan tenido el uno con el otro, si el jefe y el trabajador deciden
continuar con el intercambio económico lo hacen por su propia
voluntad. En un mercado libre podemos asumir que todos los contratos
laborales benefician a ambas parte.
Actualmente, el código moral que establece que un trabajador
debe ceder un día de trabajo por un día de pago ha
sido despedazado. Los trabajadores piensan cada vez menos en la
producción y el trato honesto y cada vez más en derechos,
protestas, huelgas y juicios. El libro de historietas más
vendido en 1996 (protagonizado por el personaje "Dilbert")
está dedicado a atacar a los empleadores y a presentar la
vida laboral como un gran abuso, lo cual es un mensaje radicalmente
anticapitalista. Este cambio de actitud hacia el trabajo se inició
mucho antes del surgimiento de leyes que autorizan a los empleados
a demandar a las empresas, llevándolas incluso a la bancarrota,
por el menor inconveniente. Las estrategias huelguistas de los sindicatos
destruyeron el código moral de los trabajadores hace décadas.
En el musical de los años ´50 "Pajama Game",
un miembro de sindicato irónicamente le promete a su jefe
"un día de trabajo por una semana de paga". Pero
en aquel entonces, solo podía lograrlo a través de
medidas extremas. En el transcurso de un día normal de trabajo,
únicamente el poco influyente "comité de quejas"
escuchaba sus constantes lamentos. Incluso en este musical pro-sindicatos
el derecho fundamental de la administración a contratar y
despedir como considere conveniente - y la obligación moral
de los trabajadores de dar su mayor esfuerzo en tiempos normales
- no fue seriamente cuestionado.
Conflicto laboral
Estos no son tiempos normales. Dentro de la fuerza laboral, los
agitadores cuentan con un status muy importante, así como
el derecho legal de tomar todo lo que puedan de sus empleadores.
Es por esto que actualmente muchos empleadores temen a sus empleados,
incluso a los empleados potenciales en la etapa de entrevistas.
Las leyes contra la discriminación dejan al jefe en un callejón
sin salida. Si contrata basándose únicamente en el
mérito, o en el presentimiento de que la persona en cuestión
formaría un buen equipo con la empresa, debe pensar también
en todos aquellos que solicitaron y no obtuvieron el empleo. ¿
Formarán parte de algún grupo de víctimas protegido
por el Estado (cuya lista aumenta año tras año), demandándolo
por discriminación? Las cortes han reconocido el derecho
de, por ejemplo, alcohólicos y criminales convictos, de ser
contratados para un empleo como cualquier otra persona.
En la práctica, esto significa que los empleadores deben
rellenar su personal con víctimas oficialmente reconocidas
a fin de evitar investigaciones gubernamentales y juicios de "acción
de clases". Esta realidad ha modificado la balanza de poder
en el lugar de trabajo. Los trabajadores ya no ven como su principal
obligación el dar lo mejor de sí por ellos mismos
y por la empresa para la cual trabajan. Al contrario, saben que
son potenciales demandantes, y utilizan su influencia contra la
administración y los dueños ante el menor inconveniente.
Un empleado disconforme puede demandar aumentos de sueldo y ascensos
por medio de un sutil chantaje legal, una táctica conocida
por casi todo empleado de una empresa mediana o grande. Los empleadores
temen usar el criterio estricto del mérito para dar ascensos
y aumentos. Esto podría resultar en una distribución
de los salarios desigual entre los distintos grupos demográficos
que conforman la fuerza laboral, y en consecuencia, atraer la atención
de oficiales del gobierno o abogados dedicados a las acciones de
clase.
Sin embargo, hay veces en que incluso esta protección política
no funciona. Texaco trabajó durante años para que
todo tipo de gente se encuentre representada en sus distintos niveles
de operaciones. La empresa llegó a instituir su propio sistema
privado de contratación por cuotas, todo para aislarse de
las protestas y de los juicios. Otorgó franquicias basadas
en la raza de los aspirantes y permitió normas de aplicación
menos rígidas para los grupo considerados "menos privilegiados".
A pesar de todo esto, cuando la queja de un empleado se transformó
en un juicio de acción de clase, Texaco terminó perdiendo
su buen nombre, y se vio obligada a pagar $176 millones a abogados
y empleados, sin ni siquiera pisar la corte.
Esta triste historia comenzó con una contadora en las oficinas
que la empresa posee en Denver, que se encontraba archivando una
queja interna de discriminación racial, un arma actualmente
muy poderosa para la fuerza laboral. Temiendo que el problema se
expanda, los supervisores hicieron todo lo posible para hacerla
feliz, trasladándola a una nueva división que contaba
con condiciones de trabajo más agradables y asegurándole
que su nuevo trabajo sería seguro. No fue suficiente. Tan
pronto como algunos ávidos abogados oyeron hablar de la situación,
fue solo una cuestión de tiempo antes de que se convirtiera
en un juicio general que involucraba a más de 1500 personas,
la mayoría de las cuales no tenía ninguna queja. Todo
esto no significa que la empresa estaba tratando mal a alguien por
su raza. Solamente significa que si el dinero está ahí
para ser tomado, ¿quién tiene el derecho de decir
que alguien no debe tomarlo?
Acepte este trabajo...
Bajo el código moral de trabajo tradicional que surgió
en el mercado libre, la situación se tratado de una manera
totalmente diferente. Si a la contadora no le gustaba su empleo,
hubiera renunciado y se hubiera ido a trabajar para alguien que
la apreciara más. Si sus quejas se volvían demasiado
fuertes, desmoralizando a los otros empleados y creando un ambiente
laboral hostil, hubiera sido despedida. Si era ella la que estaba
en falta, hubiera aprendido una importante lección acerca
de la ética de trabajo y las relaciones humanas. Si la compañía
estaba equivocada, hubiera perdido un empleado valioso y habría
aprendido a no actuar tan apresuradamente la próxima vez.
El sistema de derechos mutuos lleva a la cooperación pacífica
entre empleados y empleadores. Cada parte comprende sus obligaciones
para con la otra. La meta, como en cualquier intercambio económico,
es el beneficio de todas las partes involucradas. Contrariamente
a la vieja afirmación marxista de que existe un conflicto
inherente entre el trabajo y el capital, el mercado libre hace posible
que ambos intercambien de una manera mutuamente ventajosa y beneficiosa.
Las alegrías del trabajo
Ludwig von Mises afirmaba que esta relación voluntaria le
quitaba el disgusto al trabajo y podía transformarlo en una
verdadera alegría. El trabajador puede disfrutar del hecho
de que está alcanzando metas personales, tanto materiales
como espirituales. El trabajador gana "respeto hacia sí
mismo y la conciencia de mantenerse a sí mismo y a su familia
sin depender de la piedad de terceros. En la realización
de su trabajo, el trabajador disfruta de la apreciación estética
de sus habilidades y su producto. No se trata del mero placer contemplativo
del hombre que observa como otros realizan algo. Es el orgullo de
un hombre que puede decir: `Yo sé como hacer estas cosas,
es mi trabajo. ´" Además, "ser feliz en la
realización de sus tareas y superar los disgustos del trabajo
levanta el ánimo de la gente y les provee de energía
y fuerza vital."
Son únicamente las intervenciones legales las que mueven
la balanza en favor del capitalista o del empleado. No hay dudas
de que el empleado es el que lleva la manija en la actualidad, en
detrimento de su propio bienestar ético. Al enjuiciar y chantajear
a sus empleadores, creando así ambientes de trabajo hostiles,
y amenazando con llamar al gobierno para que intervenga, el empleado
amenaza implícitamente con apoderarse de lo que no le corresponde.
Esta situación es perjudicial para la empresa, para la sociedad
en su conjunto, y a largo plazo inclusive para el propio empleado.
Es contrario a una ética de trabajo basada en el libre mercado,
que consiste en mucho más que trabajar duro por largas horas,
sino que además incluye cumplir con los términos del
contrato buscando excelencia al servicio de las metas institucionales
del negocio.
Como señala Mises, cuando el trabajador se ve a sí
mismo como una "víctima indefensa de un absurdo e injusto
sistema" se transforma en "un quejoso malhumorado, una
personalidad desbalanceada, una presa fácil para todo tipo
de farsantes y lunáticos", e inclusive " infeliz
y neurótico". En lo que parece una descripción
actual de los Estados Unidos, Mises escribió que "una
nación en la que prevalece el tedio del trabajo es un conjunto
de disconformes rencorosos, malhumorados y furiosos."
La ética del trabajo
Existe tanto una dimensión económica como una dimensión
moral de la ética del trabajo. El lado económico está
determinado por las realidades de propiedad y las relaciones contractuales.
El empleado no es el dueño, si que los son los capitalistas
y accionistas. El trabajador ha sido contratado por estos dueños
para llevar a cabo una determinada función para el bien,
entendido como la rentabilidad, de la empresa. Es libre de no hacerlo,
pero entonces está obligado a realizar por menos lo que ha
acordado y luego dejar la empresa.
Hay un aspecto en el cual el empleador es un benefactor económico
de los empleados. El capitalista paga los salarios a los empleados
antes de ver las ganancias de la producción actual. Está
corriendo un riesgo en un ambiente económico incierto que
el empleado, receptor directo de salarios, no tiene que correr.
Además, el capitalista no tiene la posibilidad de pagar meramente
el salario que puede pagar; debe cuidar constantemente que sus empleados
no sean atraídos por empresas competidoras, inclusive por
aquellas que toman menores riesgos en el mercado.
Aceptar un contrato de trabajo implica estar de acuerdo en proveer
una cierta cantidad de trabajo a cambio de una cantidad definida
de dinero. No cumplir con lo establecido en dicho contrato implica
violar los términos del contrato y no respetar el rol único
del capitalista como innovador. Moralmente, es equivalente a robar
propiedad al capitalista que lo ha contratado. Un sistema que otorga
a esta persona recursos legales para oponerse a su empleador-benefactor
y robarle aún más de su propiedad en una amarga lucha
de personalidades no es un sistema que respeta los derechos de propiedad.
Desde el punto de vista moral, podemos volcarnos a los brillantes
y hermosos escritos deStefan Wyszynski (1901-1981), a quien el ex
presidente de Polonia Lech Walesa ha llamado " el líder
espiritual de Polonia." Como maestro de Juan Pablo II, el Cardenal
Wyszynski constituyó la fuerza intelectual y religiosa clave
tras el eventual derrocamiento del régimen comunista, aunque
no ha haya vivido para verlo con sus propios ojos. Encerrado durante
tres años por un régimen totalitario que lo catalogaba
como uno de los "mayores enemigos de la República Popular
de Polonia", Wyszynski pasó muchos años reflexionando
acerca de la naturaleza y la moralidad del trabajo en sociedades
libres y no libres. En 1946 publicó un completo tratado filosófico
acerca de las obligaciones morales de los trabajadores. Como tratado
de moralidad cotidiana, su poder puede ser inigualable.
Sus visiones del trabajo fueron desarrolladas en oposición
a la visión pagana del trabajo, que consistía en despreciar
al trabajo en sí mismo. Los paganos "consideraban el
trabajo físico como inapropiado para el hombre", escribe
Wyszynski. "Era la obligación de los esclavos. No podía
ser conciliado con lo sublime de una mente libre, pues la limitaba
demasiado, y la hacía depender tanto de ella misma como de
terceros."
Pero la llegada del Cristianismo corrigió este error, elevando
el trabajo a participación en la obra creadora de Dios. En
este aspecto, la visión Cristiana sigue el ejemplo de Jesucristo,
quien dijo en el ¿?????????, "mi Padre nunca ha dejado
de trabajar, y yo también debo trabajar."
La visión Cristiana u Occidental del trabajo pone énfasis
en la importancia de unir el trabajo espiritual y el trabajo físico.
En vida monástica temprana, la contemplación sublime
y el trabajo físico duro iban de la mano, y eran vistos como
complementarios para alcanzar la santidad del alma individual. Como
dicen los Salmos, " ?????????????????????????????????????????".
Haciendo uso del talento
Cada persona posee habilidades que le permiten ser productivo,
y están destinadas a ser utilizadas en servicio de Dios y
de los demás. Por ello el hombre no puede estar destinado
exclusivamente a la oración o al trabajo. El trabajo nos
ayuda a volvernos santos, y la santidad nos permite conseguir la
armonía interior necesaria para el trabajo productivo. ¿??????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????.
esta actitud monástica hacia el trabajo se expandió
entre la sociedad como la fe misma, reemplazando eventualmente la
visión pagana de que el trabajo es solo para esclavos, y
suplantando a la esclavitud misma.
Como Wyszynski escribe acerca del ideal Cristiano, "el trabajo
es la responsabilidad del hombre. Su responsabilidad surge de las
necesidades de la vida del hombre, así como del significado
intrínseco del trabajo en su perfección. Sin trabajo
no es posible ni conservar la vida ni alcanzar el completo desarrollo
de nuestra propia personalidad. El trabajo es el medio del regalo
de Dios, la vida, en nosotros, de adecuada satisfacción de
sus necesidades y de perfeccionar nuestra naturaleza racional."
El ocio no es el estado de la naturaleza. Incluso antes de la caída,
enfatiza Wyszynski, en oposición a la visión pagana,
era necesario trabajar. El trabajo no es un castigo por los pecados
cometidos; está "muy relacionado con la naturaleza racional
del hombre." En la narrativa del Génesis la orden de
Dios a Adán de someter y dominarla tierra preside al pecado
original y al juicio de Dios. Es únicamente la carga del
trabajo la que es una consecuencia del pecado. "????????????????????????????????????????."
Esta carga debe ser llevada con alegría como parte de nuestro
deseo de mejorarnos y mejorar nuestra relación con Dios.
Las implicaciones vistas por Wyszynski merecen ser citadas en su
totalidad. "Es el mismo hombre trabajador quien se beneficia
más de su trabajo. No porque reciba un salario por su trabajo,
sino porque su trabajo, que está atado inseparablemente a
su persona, forma y desarrolla su mente, su voluntad, sus sentimientos,
y varias virtudes morales y características, así como
sus habilidades físicas y espirituales... El trabajo, basado
en nuestra razón y nuestra libertad, debe desarrollar nuestra
consciencia, nuestro sentido del deber y nuestra responsabilidad.
Solo entonces será el trabajo de un ser racional. El trabajo,
en este sentido, nos revela inmediatamente dos metas que todo hombre
debería alcanzar en su trabajo personal: el perfeccionamiento
de las cosas y el perfeccionamiento del propio hombre que trabaja.
Este es el punto de partida para el progreso socioeconómico,
para la civilización humana, para el progreso moral y religioso,
y para la cultura del mundo."
Verdadero trabajo social
Existen numerosas virtudes sociales asociadas al trabajo. El trabajo
crea lazos entre las personas, ya que requiere de la asociación
pacífica con terceros. Fomenta el comportamiento cooperativo
y un mejoramiento personal constante necesario para competir con
nuestros semejantes. Hace posible la formación de familias
y su desarrollo. Nos permite ser generosos con aquellos que no pueden
trabajar por razones que se encuentran más allá de
su voluntad. El trabajo incluso crea bienestar universal, del cual
estamos participando a través de la división internacional
del trabajo y adquiriendo el conocimiento de lo que requiere el
mundo para generar un orden social próspero.
Por supuesto, nada de esto es posible en un ambiente colectivista,
en el que el trabajador y el empleador no son libres para contratar.
El ambiente institucional requerido para ennoblecer al trabajo es
uno de mercados, competencia, y, sobre todo, propiedad privada,
a la que Wyszynski denomina "el principio básico de
una sociedad bien regulada." La verdadera gloria de la propiedad
privada no es que permite la acumulación individual. Más
que otra cosa, nos permite a otros y ser empleados por otros en
negocios, con salarios justamente otorgados y recibidos, y así
expandir la prosperidad hacia más y más miembros de
la sociedad en servicio del bien común.
Las seis virtudes del trabajo
Además de la virtud social del trabajo, también existen
virtudes individuales asociadas con el cumplimiento de nuestras
obligaciones morales hacia aquellos que nos emplean. El trabajo
de calidad las requiere y las fomenta, y un mercado libre las recompensa.
Wyszynski nombra y discute esas virtudes en el siguiente orden:
1. Paciencia: La tarea de la paciencia es controlar la tristeza
excesiva e indisciplinada, y la tendencia a quejarse y rendirse
cuando las cosas no marchan como quisiéramos. Generalmente
nosotros estamos más convencidos de nuestro propio valor
para una empresa que los que nos emplean, así que requiere
de paciencia dejar de lado el resentimiento y la falta de coraje
cuando no recibimos el reconocimiento que creemos merecer. Aquellos
que no tienen éxito en esta tarea están " llenos
de quejas, agravios y lamentos que surgen de su estado de tristeza."
2. Longanimidad: Esta es una virtud de autocontrol o paciencia,
" un espíritu de empeño duradero en la búsqueda
de un bien distante," escribe Wyszynski. Todo empleador conoce
al tipo de trabajador que "mira el reloj" desde el principio
hasta el final de su turno, que vive para los fines de semana y
las vacaciones, y que no logran terminar un proyecto importante.
Realizan un trabajo apurado y desprolijo porque les falta longanimidad,
pierden la creatividad y la esperanza, no mejoran como trabajadores,
y eventualmente no cumplen con las obligaciones morales que tienen
hacia aquellos que los emplean.
3. Perseverancia: Esto significa "una persistencia prudente,
constante y continua en una decisión tomada racionalmente
para alcanzar un bien deseado." Por sobre todas las cosas,
esto significa evitar ataques emocionales y bruscos cambios en el
estado de ánimo que podrían llevarnos a odiar a nuestros
compañeros de trabajo o a nuestros empleadores, y llevarnos
a realizar acciones que pueden perjudicarlos. Por ejemplo, si una
persona que está llevando adelante un juicio por discriminación
contra su empleador piensa claramente, se daría cuenta de
que hay mucho más para ganar perfeccionando sus propias habilidades,
siendo racional y ascendiendo por medio de su propio trabajo. La
perseverancia hace que los demás confíen en nosotros.
4. Constancia: Esta virtud nos permite perseguir nuestras metas
sin importar los obstáculos que puedan surgir por causas
externas. Puede suceder que un trabajador tenga un empleador que
trate a la gente injustamente. Puede ocurrir que una persona sea
injustamente promovida. Puede ser despedido sin causa aparente.
La constancia nos permite dejar pasar estos inconvenientes, concentrarnos
en metas personales más amplias y hacer lo que sea necesario
para alcanzarlas. "Armados con constancia", escribe Wyszynski,
"esperamos con calma las sorpresas más desagradables."
5. Apacibilidad: Esta virtud es necesaria para conservar la concentración
en un ambiente desordenado. "El silencio y la quietud son condiciones
esenciales para que cualquier tipo de trabajo sea fructífero",
dice Wyszynski, "tanto si nos estamos enfrentando a acciones
sobrenaturales, al mundo de la ciencia, o simplemente al trabajo
diario." Todo empleador conoce trabajadores que pasan más
tiempo hablando que produciendo, y generan más ruido de lo
que pensaban. Pero hacer realmente un buen trabajo, por el bien
de empleadores y por nuestro propio bien, requiere que filtremos
las "sensaciones superfluas" y ejerzamos control sobre
nuestras facultades mentales.
6. Rectitud: Este es el espíritu de cooperación que
hace posible que exista la división del trabajo, y transforma
el lugar de trabajo en un lugar de ayuda mutua. Nos ayuda a entender
que en cualquier organización la gente debe aceptar instrucciones
de otros. Existen estructuras de autoridad que deben ser obedecidas.
Los trabajadores deben someterse a la dirección. Wyszynski
recuerda a los trabajadores que esto no es una relación basada
en el poder, sino que es una relación educacional, que apunta
a perfeccionar el trabajo. Ser recto también implica ser
humilde, una actitud que elimina "disputas, discordias, peleas
y divisiones."
Que cambio tan bienvenido sería esto en la fuerza laboral
moderna, donde cada uno parece estrangular al otro, cada uno demanda
sus derechos o acusa a alguien de violarlos.
Si estas seis virtudes son cultivadas, escribe Wyszynski, entonces
podemos disfrutar de la bendición del ocio y de la prosperidad
que viene de seis días de trabajo y disfrutar de la presencia
de Dios después de una vida de trabajo duro y luchas, cuando
nuestro pesar se transforma verdaderamente en alegría.
Si estas virtudes formaron parte de nuestra cultura en algún
momento, hoy en día parece que hubieran desaparecido hace
mucho tiempo. Solo podemos reconocerlas cuando leemos los diarios
de nuestros bisabuelos, o cuando leemos trabajos anteriores al New
Deal, pero no vemos estas virtudes en la mayoría de nuestros
compañeros de trabajo ni en los conflictos laborales que
nos bombardean a diario en las noticias. Estas virtudes fueron sostenidas
por una economía de mercado vibrante, libre de controles
gubernamentales y de los conflictos que estos inevitablemente engendran.
Fue un sistema que requirió responsabilidad personal, virtud
recompensada, y reprimió el deseo básico de robar
el producto ajeno.
A pesar de todo, el fin de este sistema no es una excusa para no
retener y obedecer las obligaciones morales inherentes a cualquier
aspecto del trabajo. El trabajo virtuoso es la fundación
moral y cultural de la libertad, y debemos reclamar la ética
del trabajo si queremos recobrar nuestra libertad. Siempre será
cierto, como dice Wyszynski, que "el trabajo no puede ser llevado
a cabo sin un puño cerrado y un corazón encogido."
Pues el "resultado de todo trabajo humano no debe ser meramente
perfeccionar aquellos que produce, sino también perfeccionar
al trabajador, no meramente el orden externo en el trabajo, sino
también el orden interno en el hombre."
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