Historia y
Antecedentes
Misión y
Programas
Seminarios y
Eventos
Publicaciones
Periódicas
Suscripciones
Argentina
Suscripciones
Extranjero
Reporte
Ejecutivo
Autoridades
y Staff
Representantes
Filiales
Consejo
Internacional
Promotores
de la Libertad
Organizacion
Afines
Bibliografía
Sugerida
Centro de
Documentación
Prensa
Gráfica
Suscripción
Gratuita
English
Version
Actualidad
Introductoria
Economía
Política
Derecho
Periodismo
Latinoamérica
Cultura
Educación
Historia
Negocios
Ecología
Tecnología
Pensadores
Entrevistas
Home



























Hispanic American Center for Economic Research


 


Las obligaciones morales de los trabajadores


Usted odia a su jefe. Sus horas son malas. Su salario es demasiado bajo y no ha sido ascendido en años. ¿Que debe hacer un trabajador ante estas circunstancias? Si usted no puede evitarlo, y ya no puede soportarlo, puede renunciar. En un mercado de trabaja libre, sus habilidades van a ser más apreciadas en otro lado. Usted gana la satisfacción de poder tomar la decisión por sí mismo. En una sociedad libre ningún trabajador es forzado a permanecer atrapado en un trabajo cuando hay otro que parece más atractivo. Este es uno de los gloriosos derechos que una sociedad libre ofrece a sus miembros, un derecho que ha sido desconocido para la mayoría de la gente a lo largo de la historia de la humanidad.
¿Pero que ocurre si usted se queda en su lugar de trabajo? ¿Qué ocurre si usted decide permanecer en su posición actual porque considera que probablemente sea lo mejor para usted en este momento? Las respuestas a esta pregunta han cambiado dramáticamente en las últimas décadas. Hubo un momento en el que los trabajadores conocían sus obligaciones morales hacia ellos mismos y hacia la persona que firmaba sus cheques. Estas consistían en cumplir con los términos del contrato y hacer el mejor trabajo posible. La vida productiva requiere hábitos de trabajo virtuosos y adhesión a normas éticas básicas; además, un trabajador perezoso es despedido con justa causa en cualquier momento.
El derecho a renunciar y el derecho a despedir son dos caras de la misma moneda. El jefe no puede forzar al trabajador a quedarse, y el trabajador no puede forzar al jefe a mantenerlo empleado. Lo bello es que depende del voluntarismo. No importa cuantas diferencias hayan tenido el uno con el otro, si el jefe y el trabajador deciden continuar con el intercambio económico lo hacen por su propia voluntad. En un mercado libre podemos asumir que todos los contratos laborales benefician a ambas parte.
Actualmente, el código moral que establece que un trabajador debe ceder un día de trabajo por un día de pago ha sido despedazado. Los trabajadores piensan cada vez menos en la producción y el trato honesto y cada vez más en derechos, protestas, huelgas y juicios. El libro de historietas más vendido en 1996 (protagonizado por el personaje "Dilbert") está dedicado a atacar a los empleadores y a presentar la vida laboral como un gran abuso, lo cual es un mensaje radicalmente anticapitalista. Este cambio de actitud hacia el trabajo se inició mucho antes del surgimiento de leyes que autorizan a los empleados a demandar a las empresas, llevándolas incluso a la bancarrota, por el menor inconveniente. Las estrategias huelguistas de los sindicatos destruyeron el código moral de los trabajadores hace décadas.
En el musical de los años ´50 "Pajama Game", un miembro de sindicato irónicamente le promete a su jefe "un día de trabajo por una semana de paga". Pero en aquel entonces, solo podía lograrlo a través de medidas extremas. En el transcurso de un día normal de trabajo, únicamente el poco influyente "comité de quejas" escuchaba sus constantes lamentos. Incluso en este musical pro-sindicatos el derecho fundamental de la administración a contratar y despedir como considere conveniente - y la obligación moral de los trabajadores de dar su mayor esfuerzo en tiempos normales - no fue seriamente cuestionado.

Conflicto laboral

Estos no son tiempos normales. Dentro de la fuerza laboral, los agitadores cuentan con un status muy importante, así como el derecho legal de tomar todo lo que puedan de sus empleadores. Es por esto que actualmente muchos empleadores temen a sus empleados, incluso a los empleados potenciales en la etapa de entrevistas. Las leyes contra la discriminación dejan al jefe en un callejón sin salida. Si contrata basándose únicamente en el mérito, o en el presentimiento de que la persona en cuestión formaría un buen equipo con la empresa, debe pensar también en todos aquellos que solicitaron y no obtuvieron el empleo. ¿ Formarán parte de algún grupo de víctimas protegido por el Estado (cuya lista aumenta año tras año), demandándolo por discriminación? Las cortes han reconocido el derecho de, por ejemplo, alcohólicos y criminales convictos, de ser contratados para un empleo como cualquier otra persona.
En la práctica, esto significa que los empleadores deben rellenar su personal con víctimas oficialmente reconocidas a fin de evitar investigaciones gubernamentales y juicios de "acción de clases". Esta realidad ha modificado la balanza de poder en el lugar de trabajo. Los trabajadores ya no ven como su principal obligación el dar lo mejor de sí por ellos mismos y por la empresa para la cual trabajan. Al contrario, saben que son potenciales demandantes, y utilizan su influencia contra la administración y los dueños ante el menor inconveniente. Un empleado disconforme puede demandar aumentos de sueldo y ascensos por medio de un sutil chantaje legal, una táctica conocida por casi todo empleado de una empresa mediana o grande. Los empleadores temen usar el criterio estricto del mérito para dar ascensos y aumentos. Esto podría resultar en una distribución de los salarios desigual entre los distintos grupos demográficos que conforman la fuerza laboral, y en consecuencia, atraer la atención de oficiales del gobierno o abogados dedicados a las acciones de clase.
Sin embargo, hay veces en que incluso esta protección política no funciona. Texaco trabajó durante años para que todo tipo de gente se encuentre representada en sus distintos niveles de operaciones. La empresa llegó a instituir su propio sistema privado de contratación por cuotas, todo para aislarse de las protestas y de los juicios. Otorgó franquicias basadas en la raza de los aspirantes y permitió normas de aplicación menos rígidas para los grupo considerados "menos privilegiados". A pesar de todo esto, cuando la queja de un empleado se transformó en un juicio de acción de clase, Texaco terminó perdiendo su buen nombre, y se vio obligada a pagar $176 millones a abogados y empleados, sin ni siquiera pisar la corte.
Esta triste historia comenzó con una contadora en las oficinas que la empresa posee en Denver, que se encontraba archivando una queja interna de discriminación racial, un arma actualmente muy poderosa para la fuerza laboral. Temiendo que el problema se expanda, los supervisores hicieron todo lo posible para hacerla feliz, trasladándola a una nueva división que contaba con condiciones de trabajo más agradables y asegurándole que su nuevo trabajo sería seguro. No fue suficiente. Tan pronto como algunos ávidos abogados oyeron hablar de la situación, fue solo una cuestión de tiempo antes de que se convirtiera en un juicio general que involucraba a más de 1500 personas, la mayoría de las cuales no tenía ninguna queja. Todo esto no significa que la empresa estaba tratando mal a alguien por su raza. Solamente significa que si el dinero está ahí para ser tomado, ¿quién tiene el derecho de decir que alguien no debe tomarlo?

Acepte este trabajo...

Bajo el código moral de trabajo tradicional que surgió en el mercado libre, la situación se tratado de una manera totalmente diferente. Si a la contadora no le gustaba su empleo, hubiera renunciado y se hubiera ido a trabajar para alguien que la apreciara más. Si sus quejas se volvían demasiado fuertes, desmoralizando a los otros empleados y creando un ambiente laboral hostil, hubiera sido despedida. Si era ella la que estaba en falta, hubiera aprendido una importante lección acerca de la ética de trabajo y las relaciones humanas. Si la compañía estaba equivocada, hubiera perdido un empleado valioso y habría aprendido a no actuar tan apresuradamente la próxima vez.
El sistema de derechos mutuos lleva a la cooperación pacífica entre empleados y empleadores. Cada parte comprende sus obligaciones para con la otra. La meta, como en cualquier intercambio económico, es el beneficio de todas las partes involucradas. Contrariamente a la vieja afirmación marxista de que existe un conflicto inherente entre el trabajo y el capital, el mercado libre hace posible que ambos intercambien de una manera mutuamente ventajosa y beneficiosa.

Las alegrías del trabajo

Ludwig von Mises afirmaba que esta relación voluntaria le quitaba el disgusto al trabajo y podía transformarlo en una verdadera alegría. El trabajador puede disfrutar del hecho de que está alcanzando metas personales, tanto materiales como espirituales. El trabajador gana "respeto hacia sí mismo y la conciencia de mantenerse a sí mismo y a su familia sin depender de la piedad de terceros. En la realización de su trabajo, el trabajador disfruta de la apreciación estética de sus habilidades y su producto. No se trata del mero placer contemplativo del hombre que observa como otros realizan algo. Es el orgullo de un hombre que puede decir: `Yo sé como hacer estas cosas, es mi trabajo. ´" Además, "ser feliz en la realización de sus tareas y superar los disgustos del trabajo levanta el ánimo de la gente y les provee de energía y fuerza vital."
Son únicamente las intervenciones legales las que mueven la balanza en favor del capitalista o del empleado. No hay dudas de que el empleado es el que lleva la manija en la actualidad, en detrimento de su propio bienestar ético. Al enjuiciar y chantajear a sus empleadores, creando así ambientes de trabajo hostiles, y amenazando con llamar al gobierno para que intervenga, el empleado amenaza implícitamente con apoderarse de lo que no le corresponde. Esta situación es perjudicial para la empresa, para la sociedad en su conjunto, y a largo plazo inclusive para el propio empleado. Es contrario a una ética de trabajo basada en el libre mercado, que consiste en mucho más que trabajar duro por largas horas, sino que además incluye cumplir con los términos del contrato buscando excelencia al servicio de las metas institucionales del negocio.
Como señala Mises, cuando el trabajador se ve a sí mismo como una "víctima indefensa de un absurdo e injusto sistema" se transforma en "un quejoso malhumorado, una personalidad desbalanceada, una presa fácil para todo tipo de farsantes y lunáticos", e inclusive " infeliz y neurótico". En lo que parece una descripción actual de los Estados Unidos, Mises escribió que "una nación en la que prevalece el tedio del trabajo es un conjunto de disconformes rencorosos, malhumorados y furiosos."

La ética del trabajo

Existe tanto una dimensión económica como una dimensión moral de la ética del trabajo. El lado económico está determinado por las realidades de propiedad y las relaciones contractuales. El empleado no es el dueño, si que los son los capitalistas y accionistas. El trabajador ha sido contratado por estos dueños para llevar a cabo una determinada función para el bien, entendido como la rentabilidad, de la empresa. Es libre de no hacerlo, pero entonces está obligado a realizar por menos lo que ha acordado y luego dejar la empresa.
Hay un aspecto en el cual el empleador es un benefactor económico de los empleados. El capitalista paga los salarios a los empleados antes de ver las ganancias de la producción actual. Está corriendo un riesgo en un ambiente económico incierto que el empleado, receptor directo de salarios, no tiene que correr. Además, el capitalista no tiene la posibilidad de pagar meramente el salario que puede pagar; debe cuidar constantemente que sus empleados no sean atraídos por empresas competidoras, inclusive por aquellas que toman menores riesgos en el mercado.
Aceptar un contrato de trabajo implica estar de acuerdo en proveer una cierta cantidad de trabajo a cambio de una cantidad definida de dinero. No cumplir con lo establecido en dicho contrato implica violar los términos del contrato y no respetar el rol único del capitalista como innovador. Moralmente, es equivalente a robar propiedad al capitalista que lo ha contratado. Un sistema que otorga a esta persona recursos legales para oponerse a su empleador-benefactor y robarle aún más de su propiedad en una amarga lucha de personalidades no es un sistema que respeta los derechos de propiedad.
Desde el punto de vista moral, podemos volcarnos a los brillantes y hermosos escritos deStefan Wyszynski (1901-1981), a quien el ex presidente de Polonia Lech Walesa ha llamado " el líder espiritual de Polonia." Como maestro de Juan Pablo II, el Cardenal Wyszynski constituyó la fuerza intelectual y religiosa clave tras el eventual derrocamiento del régimen comunista, aunque no ha haya vivido para verlo con sus propios ojos. Encerrado durante tres años por un régimen totalitario que lo catalogaba como uno de los "mayores enemigos de la República Popular de Polonia", Wyszynski pasó muchos años reflexionando acerca de la naturaleza y la moralidad del trabajo en sociedades libres y no libres. En 1946 publicó un completo tratado filosófico acerca de las obligaciones morales de los trabajadores. Como tratado de moralidad cotidiana, su poder puede ser inigualable.
Sus visiones del trabajo fueron desarrolladas en oposición a la visión pagana del trabajo, que consistía en despreciar al trabajo en sí mismo. Los paganos "consideraban el trabajo físico como inapropiado para el hombre", escribe Wyszynski. "Era la obligación de los esclavos. No podía ser conciliado con lo sublime de una mente libre, pues la limitaba demasiado, y la hacía depender tanto de ella misma como de terceros."
Pero la llegada del Cristianismo corrigió este error, elevando el trabajo a participación en la obra creadora de Dios. En este aspecto, la visión Cristiana sigue el ejemplo de Jesucristo, quien dijo en el ¿?????????, "mi Padre nunca ha dejado de trabajar, y yo también debo trabajar."
La visión Cristiana u Occidental del trabajo pone énfasis en la importancia de unir el trabajo espiritual y el trabajo físico. En vida monástica temprana, la contemplación sublime y el trabajo físico duro iban de la mano, y eran vistos como complementarios para alcanzar la santidad del alma individual. Como dicen los Salmos, " ?????????????????????????????????????????".

Haciendo uso del talento

Cada persona posee habilidades que le permiten ser productivo, y están destinadas a ser utilizadas en servicio de Dios y de los demás. Por ello el hombre no puede estar destinado exclusivamente a la oración o al trabajo. El trabajo nos ayuda a volvernos santos, y la santidad nos permite conseguir la armonía interior necesaria para el trabajo productivo. ¿??????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????. esta actitud monástica hacia el trabajo se expandió entre la sociedad como la fe misma, reemplazando eventualmente la visión pagana de que el trabajo es solo para esclavos, y suplantando a la esclavitud misma.
Como Wyszynski escribe acerca del ideal Cristiano, "el trabajo es la responsabilidad del hombre. Su responsabilidad surge de las necesidades de la vida del hombre, así como del significado intrínseco del trabajo en su perfección. Sin trabajo no es posible ni conservar la vida ni alcanzar el completo desarrollo de nuestra propia personalidad. El trabajo es el medio del regalo de Dios, la vida, en nosotros, de adecuada satisfacción de sus necesidades y de perfeccionar nuestra naturaleza racional."
El ocio no es el estado de la naturaleza. Incluso antes de la caída, enfatiza Wyszynski, en oposición a la visión pagana, era necesario trabajar. El trabajo no es un castigo por los pecados cometidos; está "muy relacionado con la naturaleza racional del hombre." En la narrativa del Génesis la orden de Dios a Adán de someter y dominarla tierra preside al pecado original y al juicio de Dios. Es únicamente la carga del trabajo la que es una consecuencia del pecado. "????????????????????????????????????????." Esta carga debe ser llevada con alegría como parte de nuestro deseo de mejorarnos y mejorar nuestra relación con Dios.
Las implicaciones vistas por Wyszynski merecen ser citadas en su totalidad. "Es el mismo hombre trabajador quien se beneficia más de su trabajo. No porque reciba un salario por su trabajo, sino porque su trabajo, que está atado inseparablemente a su persona, forma y desarrolla su mente, su voluntad, sus sentimientos, y varias virtudes morales y características, así como sus habilidades físicas y espirituales... El trabajo, basado en nuestra razón y nuestra libertad, debe desarrollar nuestra consciencia, nuestro sentido del deber y nuestra responsabilidad. Solo entonces será el trabajo de un ser racional. El trabajo, en este sentido, nos revela inmediatamente dos metas que todo hombre debería alcanzar en su trabajo personal: el perfeccionamiento de las cosas y el perfeccionamiento del propio hombre que trabaja. Este es el punto de partida para el progreso socioeconómico, para la civilización humana, para el progreso moral y religioso, y para la cultura del mundo."

Verdadero trabajo social

Existen numerosas virtudes sociales asociadas al trabajo. El trabajo crea lazos entre las personas, ya que requiere de la asociación pacífica con terceros. Fomenta el comportamiento cooperativo y un mejoramiento personal constante necesario para competir con nuestros semejantes. Hace posible la formación de familias y su desarrollo. Nos permite ser generosos con aquellos que no pueden trabajar por razones que se encuentran más allá de su voluntad. El trabajo incluso crea bienestar universal, del cual estamos participando a través de la división internacional del trabajo y adquiriendo el conocimiento de lo que requiere el mundo para generar un orden social próspero.
Por supuesto, nada de esto es posible en un ambiente colectivista, en el que el trabajador y el empleador no son libres para contratar. El ambiente institucional requerido para ennoblecer al trabajo es uno de mercados, competencia, y, sobre todo, propiedad privada, a la que Wyszynski denomina "el principio básico de una sociedad bien regulada." La verdadera gloria de la propiedad privada no es que permite la acumulación individual. Más que otra cosa, nos permite a otros y ser empleados por otros en negocios, con salarios justamente otorgados y recibidos, y así expandir la prosperidad hacia más y más miembros de la sociedad en servicio del bien común.

Las seis virtudes del trabajo

Además de la virtud social del trabajo, también existen virtudes individuales asociadas con el cumplimiento de nuestras obligaciones morales hacia aquellos que nos emplean. El trabajo de calidad las requiere y las fomenta, y un mercado libre las recompensa. Wyszynski nombra y discute esas virtudes en el siguiente orden:
1. Paciencia: La tarea de la paciencia es controlar la tristeza excesiva e indisciplinada, y la tendencia a quejarse y rendirse cuando las cosas no marchan como quisiéramos. Generalmente nosotros estamos más convencidos de nuestro propio valor para una empresa que los que nos emplean, así que requiere de paciencia dejar de lado el resentimiento y la falta de coraje cuando no recibimos el reconocimiento que creemos merecer. Aquellos que no tienen éxito en esta tarea están " llenos de quejas, agravios y lamentos que surgen de su estado de tristeza."
2. Longanimidad: Esta es una virtud de autocontrol o paciencia, " un espíritu de empeño duradero en la búsqueda de un bien distante," escribe Wyszynski. Todo empleador conoce al tipo de trabajador que "mira el reloj" desde el principio hasta el final de su turno, que vive para los fines de semana y las vacaciones, y que no logran terminar un proyecto importante. Realizan un trabajo apurado y desprolijo porque les falta longanimidad, pierden la creatividad y la esperanza, no mejoran como trabajadores, y eventualmente no cumplen con las obligaciones morales que tienen hacia aquellos que los emplean.
3. Perseverancia: Esto significa "una persistencia prudente, constante y continua en una decisión tomada racionalmente para alcanzar un bien deseado." Por sobre todas las cosas, esto significa evitar ataques emocionales y bruscos cambios en el estado de ánimo que podrían llevarnos a odiar a nuestros compañeros de trabajo o a nuestros empleadores, y llevarnos a realizar acciones que pueden perjudicarlos. Por ejemplo, si una persona que está llevando adelante un juicio por discriminación contra su empleador piensa claramente, se daría cuenta de que hay mucho más para ganar perfeccionando sus propias habilidades, siendo racional y ascendiendo por medio de su propio trabajo. La perseverancia hace que los demás confíen en nosotros.
4. Constancia: Esta virtud nos permite perseguir nuestras metas sin importar los obstáculos que puedan surgir por causas externas. Puede suceder que un trabajador tenga un empleador que trate a la gente injustamente. Puede ocurrir que una persona sea injustamente promovida. Puede ser despedido sin causa aparente. La constancia nos permite dejar pasar estos inconvenientes, concentrarnos en metas personales más amplias y hacer lo que sea necesario para alcanzarlas. "Armados con constancia", escribe Wyszynski, "esperamos con calma las sorpresas más desagradables."
5. Apacibilidad: Esta virtud es necesaria para conservar la concentración en un ambiente desordenado. "El silencio y la quietud son condiciones esenciales para que cualquier tipo de trabajo sea fructífero", dice Wyszynski, "tanto si nos estamos enfrentando a acciones sobrenaturales, al mundo de la ciencia, o simplemente al trabajo diario." Todo empleador conoce trabajadores que pasan más tiempo hablando que produciendo, y generan más ruido de lo que pensaban. Pero hacer realmente un buen trabajo, por el bien de empleadores y por nuestro propio bien, requiere que filtremos las "sensaciones superfluas" y ejerzamos control sobre nuestras facultades mentales.
6. Rectitud: Este es el espíritu de cooperación que hace posible que exista la división del trabajo, y transforma el lugar de trabajo en un lugar de ayuda mutua. Nos ayuda a entender que en cualquier organización la gente debe aceptar instrucciones de otros. Existen estructuras de autoridad que deben ser obedecidas. Los trabajadores deben someterse a la dirección. Wyszynski recuerda a los trabajadores que esto no es una relación basada en el poder, sino que es una relación educacional, que apunta a perfeccionar el trabajo. Ser recto también implica ser humilde, una actitud que elimina "disputas, discordias, peleas y divisiones."
Que cambio tan bienvenido sería esto en la fuerza laboral moderna, donde cada uno parece estrangular al otro, cada uno demanda sus derechos o acusa a alguien de violarlos.
Si estas seis virtudes son cultivadas, escribe Wyszynski, entonces podemos disfrutar de la bendición del ocio y de la prosperidad que viene de seis días de trabajo y disfrutar de la presencia de Dios después de una vida de trabajo duro y luchas, cuando nuestro pesar se transforma verdaderamente en alegría.
Si estas virtudes formaron parte de nuestra cultura en algún momento, hoy en día parece que hubieran desaparecido hace mucho tiempo. Solo podemos reconocerlas cuando leemos los diarios de nuestros bisabuelos, o cuando leemos trabajos anteriores al New Deal, pero no vemos estas virtudes en la mayoría de nuestros compañeros de trabajo ni en los conflictos laborales que nos bombardean a diario en las noticias. Estas virtudes fueron sostenidas por una economía de mercado vibrante, libre de controles gubernamentales y de los conflictos que estos inevitablemente engendran. Fue un sistema que requirió responsabilidad personal, virtud recompensada, y reprimió el deseo básico de robar el producto ajeno.
A pesar de todo, el fin de este sistema no es una excusa para no retener y obedecer las obligaciones morales inherentes a cualquier aspecto del trabajo. El trabajo virtuoso es la fundación moral y cultural de la libertad, y debemos reclamar la ética del trabajo si queremos recobrar nuestra libertad. Siempre será cierto, como dice Wyszynski, que "el trabajo no puede ser llevado a cabo sin un puño cerrado y un corazón encogido." Pues el "resultado de todo trabajo humano no debe ser meramente perfeccionar aquellos que produce, sino también perfeccionar al trabajador, no meramente el orden externo en el trabajo, sino también el orden interno en el hombre."

 

  © Fundacion Atlas para una Sociedad Libre | Av. Roque Sáenz Peña 628 Piso 8º Oficina T 1
1035 - Buenos Aires - República Argentina
Tel/Fax: (54-11) 4343-3886 E-Mail: atlas@atlas.org.ar