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NUEVA INTRODUCCIÓN A LA ESCUELA
AUSTRÍACA DE ECONOMÍA
Por Gabriel J. Zanotti
Prólogo
Como dice el profesor Gabriel Zanotti en su "nota introductoria",
a principios del año 2000 -luego de algunas reuniones informales
y amistosas- nos preguntamos: ''qué puede hacerse para evitar
la irracional aceleración de la desintegración institucional
y de la sociedad, hoy, aquí y en el mundo?
Y coincidimos, una vez más, que en tan graves circunstancias,
nada mejor que dictar un curso sobre la Escuela Austríaca
de Economía, y, en mi opinión nadie mejor que Gabriel
Zanotti para dictarlo. Así surgió el curso de cuatro
clases titulado "Nueva introducción a la Escuela Austríaca
de Economía".
Antecedentes del curso.
Las cuatro clases se llevaron a cabo en el local de Av. Independencia
1419, cedido gentilmente por su propietario, Sr. Luis Pérez
Muñoz, incorporándose al ciclo lectivo del año
2000 de la escuela del "Sistema de la Libertad Integral".
Debido a las ocupaciones del Dr. Zanotti en la Universidad Austral
y en otras instituciones, se debió postergar la iniciación
del curso de cuatro clases hasta el 22/8/2000 a las 19 hs, como
indica el programa que sigue a este prólogo. En todo momento
se contó con la colaboración de Simón Chatz
de dicha Escuela, en la compleja tarea de confeccionar y distribuir
las clases impresas, una por cada semana (previa desgrabación).
También colaboraron Bartolomé Verón, Roberto
Union, y muy especialmente María Victoria Gammalson de Herms
y Mónica Yanzi por la ingrata tarea de desgrabar y tipear
el libro que hoy se presenta.
Esta "Nueva Introducción a la Escuela Austríaca
de Economía" es una nueva escritura en computadora,
personalmente por su autor, manteniendo -como él dice- toda
la espontaneidad del estilo oral, aunque limpiándolo de sus
casi inevitables desprolijidades expositivas.
Este pequeño libro tiene hoy, en el mundo, una importancia
insospechada. Porque la ESCUELA AUSTRÍACA es el gran descubrimiento
de Occidente; no fue inventado sino DESCUBIERTO. Y el descubrimiento
es que, no sólo se trata de economía sino de un sistema
de libertad integral: jurídico, económico, moral y
político de la Libertad como medio, en los diversos campos
de la actividad humana, como lo enseña el autor muy didácticamente.
Y ha sido el gran descubrimiento de Occidente, según los
más grandes economistas del siglo XX, como Hayek, Mises,
Roepke, Erhardt, Henry Hazlitt, Murray Rothbard, porque ellos han
sentido la necesidad no sólo de agotar las investigaciones
en el campo económico sino también de indagar y relacionarlo
con las otras disciplinas sociales: el derecho, la moral y la política,
y su síntesis: la indispensable limitación del poder.
Deseo agregar, porque lo considero muy importante, que donde enseñaban
Mises y Hayek (Foundation for Economic Education), el director era
Leonard Read, que además de conocer muy bien lo que allí
se enseñaba, estaba celosamente empeñado en enseñar
la historia de las Instituciones de los EEUU. Y allí fue
a estudiar Ronald Reagan, con aquellos grandes maestros, todo lo
cual le permitió volver a la senda de la limitación
del poder ordenado en la Constitución de 1787.
Y no podemos olvidar a Alberdi, que en 1880, en nuestra Facultad
de Derecho, se leyó (él estaba enfermo y emocionado)
su llamado testamento político "La Omnipotencia del
Estado es la negación de la libertad individual". Por
su parte Mises en 1940 escribió "La Omnipotencia Gubernamental".
Debemos destacar que estos dos grandes hombres -que no se conocían-
coincidían en estas grandes líneas de pensamiento.
Porque Alberdi y la Constitución alberdiana de 1853, al poner
las vallas en las declaraciones de derechos y garantías,
como límites a los excesos y horrores del poder, nos incorporaron
a la Escuela Austríaca, aún antes que Carl Menger
y Eugen von Bohn Bawerk fundaran dicha escuela, como también
lo había hecho la Constitución de 1787 de los EEUU.
Por ello ambas Constituciones son las únicas en el mundo
que tuvieron como propósito la limitación del poder
y la valla a la arbitrariedad que detiene el autoritarismo ilimitado
con la consiguiente discriminación, los privilegios, el amiguismo,
la inseguridad jurídica, la desconfianza económica
que conducen inevitablemente a la corrupción y a la arbitrariedad,
cuando no a la impunidad en la que estamos inmersos.
Excelente trabajo y muy oportuno, con los fundamentos centenarios
del "sistema de la libertad integral", el único
que permitió un progreso y una civilización sin precedentes,
al posibilitar la unión de esfuerzos correspondientes a voluntades
y fines diferentes.
Carlos A. Sánchez Sañudo,
Buenos Aires, Enero de 2001.
Nota introductoria.
A principios del corriente año nos reunimos el Almte. Sánchez
Sañudo y yo para preguntarnos una vez más la permanente
pregunta: qué se puede hacer. Y nos dijimos mutuamente una
no menos permanente respuesta: un curso.
¿Utopía de la razón? Algunos de mis colegas
filósofos gustarían de ese título. Sin introducirme
de ningún modo ahora en el tratamiento del tema, digamos
que al menos es una utopía mejor que otras, que es innecesario
nombrar, que han recurrido a la utopía de la fuerza.
Lo que el lector tiene entre manos es, por consiguiente, el resultado,
tal vez ingenuo, de un curso básico de Escuela Austríaca
de economía, separado en cuatro módulos. A pesar de
haber sido reescrito, se ha seguido se cerca la trasncripción
de las desgrabaciones y se ha tratado de mantener toda la espontaneidad
del estilo oral, aunque limpiándolo de sus casi inevitables
desprolijidades expositivas. El orden de las clases trató
de seguir el programa del curso donde el lector encontrará
también una bibliografía básica e introductoria.
Los esfuerzos para difundir estas ideas, por humildes que sean,
nunca serán muchos. El mundo se encuentra hoy casi sin rumbo
después de la caída del imperio soviético.
Opino que es falso que se haya instaurado un capitalismo global.
Lo que hay es un intervencionismo global, con todas sus secuelas:
pobreza, desempleo, subdesarrollo, etc, con diversos grados, desde
luego. Pero lo peor es que todo eso se atribuye a un supuesto liberalismo
económico, a una fantasmagórica globalización,
que muy lejos está del libre comercio internacional descripto
por Ludwig von Mises en 1927 en su casi desconocida y profética
obra, Liberalismo.
Por supuesto que estamos mejor que en 1940, cuando nos amenazaba
la globalización del nazismo. Pero la miseria, la desnutrición
infantil, el hambre, las condiciones indignas de vida, guerras de
todo tipo, trabas migratorias y descomunales poderes de intereses
de presión siguen mostrando sus desastrozos efectos, con
uno más, volvemos a reiterar: que se lo llame capitalismo
global.
Nuestro país no podría ser un mejor ejemplo. Los argentinos
creen que unos pocos y tímidos avances que se hicieron en
los 90 son el colmo del capitalismo y ahora quieren en general retroceder
frente a lo que consideran una profundización del modelo
impuesto por el Fondo Monetario. La pura verdad es que el Fondo
Monetario es en sí mismo un monumento al estatismo internacional
y que nuestro país lejos está de haber alcanzado las
bases sólidas de una economía de mercado. Mientras
tanto la pobreza y la desocupación siguen aumentando y las
voces que piden más estado avanzan como fruto, no sólo
de los grupos de presión, sino de una incorrecta interpretación
de la realidad, compartida tanto por gobernantes como por gobernados.
Soy conciente de que los paradigmas alternativos tardan mucho en
llegar a convertirse en la interpretación habitual, y soy
conciente de que poco se podrá hacer mientras no se estudie
más este tema en ámbitos universitarios. Pero no se
puede estar encerrado en la propia biblioteca mientras cada vez
hay más niños que se alimentan de basura y rozan su
piel con jeringas infectadas.
El motivo del optimismo, como dijo Popper, no consiste en el imposible
conocimiento de que mañana vamos a estar necesariamente mejor.
El optimismo se basa en lo que podamos hacer hoy.
Buenos Aires, Noviembre de 2000.
Programa del curso (se mantienen las fechas en las que fueron dadas
las clases).
Martes 22/8/2000, 19 hs.
I) Mercado y precios.
1. Escasez
2. Teorías del valor y ley de utilidad marginal
Bibliografía básica: Benegas Lynch, A. (h): Fundamentos
de análisis económico; Abeledo Perrot, Buenos Aires,
1990, 1ra. Parte, cap. 2, puntos 3 y 4.
- Rothbard, M.N.: Lo esencial de Mises; Unión Editorial,
Madrid.
3. El proceso de mercado. El mercado como orden espontáneo
y proceso de descubrimiento.
Bibliografía básica: Hayek, F.A.: Derecho, Legislación
y Libertad; Unión Editorial, Madrid, 1979, Tomo II, cap.
X.
Hayek, F.A.: "La competencia como proceso de descubrimiento";
en Nuevos estudios en filosofía, política e historia
de las ideas; Eudeba, Buenos Aires, 1981.
- Sarjanovic, I.: "El mercado como proceso: dos versiones alternativas"
en Libertas, 11.
4. Bienes públicos y externalidades.
Bibliografía básica: Benegas Lynch, A.: "Bienes
públicos, externalidades y los free riders", en Libertas,
28.
5. Precios máximos y mínimos.
Bibliografía básica: Benegas Lynch, A (h): Fundamentos
de análisis económico; op. cit., cap. V.
Martes 29/8/2000, 19 hs.
II) Moneda y crédito.
1. La moneda como mercancía. Los sustitutos monetarios.
Bibliografía básica: Rothbard, M.N.:Moneda libre y
controlada; Centro de Estudios sobre la Libertad, Buenos Aires,
1979.
2. Intervención del gobierno en la moneda: curso forzoso
y expansión crediticia. La inflación.
Bibliografía básica: Cachanosky, J.C.: Reflexiones
sobre la inflación; Fundación Bolsa de Comercio, Buenos
Aires, 1980.
3. Ahorro e inversión en el mercado libre. El aumento de
la tasa de capital y sus variables culturales y políticas.
Bibliografía básica: Benegas Lynch, A (h): Fundamentos
de análisis económico, op. cit., cap. VII, 2da. parte.
- Hazlitt, H.: La economía en una lección; Unión
Editorial, Madrid, 1973, cap. 5.
- Los errores de la nueva ciencia económica; Aguilar, Madrid,
1961.
Martes 5/9/2000, 19 hs.
III) Trabajo y salarios.
1. La productividad marginal del trabajo y el salario real.
2. Límite mínimo y máximo en la fijación
de los salarios.
Bibliografía básica: Mises, L. von: La Acción
Humana; Sopec, Madrid, 1968; 4ta parte, cap. XXI.
3. Los salarios mínimos.
4. Salarios mínimos, corporativismo sindical, inflación.
5. La desocupación.
Bibliografía básica: Petro, S.: Los sindicatos y la
libertad; Centro de Estudios sobre la Libertad; Buenos Aires.
- Mises, L, von: "Salarios, desempleo e inflación";
en Ideas sobre la Libertad; Nro. 32.
- Hazlitt, H.: La economía en una lección, op. cit,
cap. 17.
Martes 12/9/2000, 19 hs.
IV) Las restricciones a la producción.
1. El intervencionismo fiscal. El impuesto progresivo a la renta.
Bibliografía básica: Benegas Lynch, A (h): Op. cit.,
IX, punto 47.
2. La protección arancelaria.
Bibliografía básica: Curtiss, W. M.: La protección
arancelaria; Centro de Estudios sobre la Libertad; Buenos Aires,
1963.
- Hazzlit, H.: op. cit., cap. 10..
3. El libre comercio internacional y la libre inmigración
y emigración.
Bibliografía básica
Mises, L. von: Liberalismo. Unión Editorial, Madrid, 1962,
cap. IV..
Desarrollo del curso:
Ante todo, algunas indicaciones prácticas.
Dado el poco tiempo del que disponemos, voy a hacer primero una
exposición de cada punto y después una sesión
de preguntas y respuestas. En el medio voy a responder sólo
preguntas aclaratorias . Esto puede ser poco espontáneo,
pero es sólo para ganar tiempo. Por eso mismo quiero aclarar
que, por favor, hagan todas las preguntas que quieran. Una clase
supuestamente expositiva debe ser la primera parte de un diálogo.
Por eso mismo todo el mundo tiene derecho a estar en desacuerdo
con cualquier cosa que yo diga. Siempre el que escucha una idea
debe mantener una distancia crítica tal que después
pueda pensar y meditar sobre lo expuesto.
Por lo demás, las indicaciones bibliográficas están
expuestas en el programa del curso.
Bien, comencemos.
El primer punto es el tema del mercado. Para ello debemos comenzar
con algo sin lo cual el mercado no existiría, y estaríamos,
tal vez, más felices. Es el problema de la escasez. Esta
cuestión es difícil de internalizar. Habitualmente
no reparamos en su importancia y no lo consideramos hasta sus últimas
consecuencias.
Los libros de texto habituales de economía dicen que un determinado
bien es escaso cuando su demanda es mayor que su existencia. Supongamos
que fuéramos 200 personas y las sillas fueran muchas menos.
¡Qué problema!, ¿no? Otra noción, no
tan habitual, viene de la escuela austríaca. No tiene que
ver con una noción tan cuantitativa. Es una cuestión
concomitante con lo humano. Nuestras necesidades son ilimitadas.
No porque nosotros seamos ilimitados. Sino porque la lista de cosas
que podríamos necesitar es casi infinita, y sin embargo los
medios de los que disponemos, en relación a esa lista potencialmente
infinita, son muy limitados. Hoy, por ejemplo, podríamos
haber hecho muchas cosas, pero hemos seleccionado, ustedes y yo,
este curso, de esa lista potencialmente infinita de cosas que podríamos
haber hecho.
Ustedes, reitero, en este momento, están aquí, pero
podrían haber estado en otro lado. Y para estar aquí
están utilizando tiempo, y otro tipo de recursos que son
escasos, y los podrían haber asignado a otras necesidades.
Voy a insistir en este tema, que no sólo es el problema de
la escasez, sino el drama de la escasez. Es un punto básico
de cualquier curso de economía y relativamente independiente
de tal o cual escuela de pensamiento.
Insisto en esto porque muchas veces padecemos el drama de la escasez
suponiendo que se origina en la maldad del ser humano, y suponemos
que si todos fuéramos buenos, habría de todo para
todos.
Este error, muy grave, por cierto, lo pueden escuchar en personas
muy ilustradas, que pueden ostentar cuatro o cinco doctorados pero
que, sin embargo, desconocen este fundamental problema.
Para ilustrar este punto, voy a dar mi ejemplo favorito. Vamos a
suponer que hay diez santos caminando en un desierto y se quedan
sin agua. Dios decide no hacer ningún milagro y se quedan
sin agua. Ahora bien, como son todos muy buenos y muy santos, lo
poco que les queda de agua se lo dan los unos a los otros. Y así
se van muriendo de sed santamente, dándose los unos a los
otros hasta la última gota de agua que les quedaba. Son héroes,
son santos, pero se murieron. Su santidad no soluciona la escasez.
Ahora tratemos de imaginarnos a nosotros, que no somos santos, en
una situación similar: al drama de la escasez se sumarían
otros dramas.....
Por supuesto, la santidad personal permite enfrentar mejor el problema
de la escasez. Pero no lo soluciona. La solución del problema
-no, desde luego, la eliminación de la escasez- se encuentra
en la ciencia económica. Ciencia que estudia precisamente
cómo asignar, del mejor modo posible, recursos que son escasos
a necesidades que sean prioritarias.
Hay problema económico, pues, porque los recursos son escasos.
Hay precios porque los productos son escasos; debe haber ahorro
para formar capital porque los recursos son escasos. Si no lo fueran,
si los encontráramos en abundancia tal cual manzanas en los
árboles (suponiendo, claro, que no seamos 10.000 personas
con sólo dos manzanas......), no tendríamos problema
económico. Tendríamos otros tipo de problemas, pero
no el económico.
El problema más paradójico que tenemos con respecto
a la escasez consiste, por ende, en ignorar el problema. En suponer
que todo consiste en un gobernante bueno que distribuya santamente
recursos que nacen como por encanto de las arcas del estado. Esa
increíble ingenuidad se encuentra diseminada en los más
ilustrados sectores dirigentes de todo el mundo. Esa ingenuidad
tiene un precio muy alto. Ese precio es la más terrible miseria
y pobreza de nuestros semejantes.
Pasemos entonces al punto 2 del tema de hoy.
A partir de aquí, podemos enfocar con más facilidad
uno de los puntos más importantes de la teoría económica:
la teoría del valor. Cuando digo valor, no me estoy refiriendo
a los valores éticos ni estéticos. Me estoy refiriendo
a la teoría del valor que explica el valor de los bienes
en el mercado.
Todos sabemos intuitivamente que no es lo mismo una cosa que otra.
La honestidad es un valor moral irrenunciable pero a veces no es
rentable. Y puede ser que el primer cuadro que pintó Picasso
no valiera nada en el mercado.
¿Cómo vamos a encarar, pues, la teoría del
valor en el mercado? Vamos a hacer una primera y típica subdivisión:
valor objetivo y valor subjetivo. Hablar de un valor objetivo no
es un error, porque los valores éticos son objetivos. Pero
la teoría del valor objetivo en economía es otra cosa.
Esa teoría trata de encontrar un elemento que esté
en las cosas de manera independiente de las valoraciones de las
personas en el momento de comprar y vender. Ese elemento puede ser
la escasez, el costo, el trabajo, la utilidad, etc.
O sea que las teorías objetivas del valor afirman que el
valor está en las cosas y no en las personas que valoran.
Estas teorías se encuentran con algunos problemas. Por ejemplo,
vamos a suponer que, basándonos en lo que ya vimos, afirmamos
que la escasez es el origen del valor. Parece razonable. Sin embargo,
cuando decimos que algo es escaso, ¿lo es en relación
a qué? Por ejemplo, los sombreros como los que usa el Almirante
(perdón!!) son muy escasos hoy en día en la ciudad
de Buenos Aires, pero a la vez son muy poco demandados. O sea que
si algo es escaso (en relación a lo que fuere) pero su demanda
es cero, no vale nada. Con el tema del costo pasa lo mismo. Es muy
comprensible que si a uno le ha "costado" mucho hacer
o fabricar tal o cual cosa (en tiempo, en capital, en trabajo, en
recursos naturales, etc.) entonces uno mismo lo valora mucho. Pero,
de vuelta, si el producto no es demandado en el mercado, no vale
nada. Todo el que haya sido empresario y haya trabajado sin protecciones
sabe que por más altos que sean sus costos, puede ser que
su precio de venta esté por debajo del costo o que no valga
nada.
Lo mismo sucede con respecto al trabajo. Si yo quisiera fabricar
un avión, el trabajo que eso me puede tomar puede demandar
toda una vida, pero el resultado va a ser un completo desastre.
No va a ser valorado en el mercado de ningún modo.
Con respecto al tema de la utilidad, pasa lo mismo que con la escasez.
Es razonable que se piense que si un bien es útil va a tener
valor, pero en ese caso se confunde su utilidad técnica con
la demanda.
Por ejemplo, se puede decir que este grabador es objetivamente útil
para grabar la conferencia. Pero si hacemos un túnel del
tiempo y vamos a la antigua Grecia a vender grabadores, nadie lo
va a comprar. Por más que sea objetivamente útil para
grabar las charlas de los grandes filósofos. Algo puede ser
objetivamente útil pero eso no quiere decir que sea demandado
en el mercado.
Lo que la escuela austríaca siempre ha destacado es la utilidad
subjetiva. Subjetivo quiere decir la utilidad que determinado bien
tiene para determinado sujeto, para determinada persona.
Aclaremos esto. La persona valora cuando realiza una opción.
Una opción significa optar entre a y no a (por ejemplo, todos
ustedes han tenido hoy la opción de venir o no venir al curso).
En ese sentido la opción es subjetiva, porque depende de
lo que la persona decida. Es la persona la que decide optar por
tal bien considerando que tiene tal o cual utilidad. Eso no significa,
por supuesto, que la persona no pueda errar, desde muchos puntos
de vista. Esas opciones subjetivas pueden ser completamente falibles
a la luz de otros criterios que sí son objetivos, esto es,
que no dependen de lo que la persona decida. Yo puedo decidir que
lo más útil para salir de mi edificio es dar un salto
hasta la calle pero corro el riesgo de estrellarme contra el suelo,
y ese riesgo ya no está en mis manos.
Por ende, puede haber incontables errores, pero eso no quita que
la valoración sea subjetiva en cuanto opción. Esas
opciones van determinando la vida económica de todos los
días, porque, finalmente, lo que va determinando el valor
en el mercado de todos los bienes de consumo y de producción
son esos incontables actos cotidianos de un incontable número
de personas que eligen entre una cosa y otra.
Al haber aclarado este punto, entonces los dos elementos que nombrábamos
antes, la utilidad y la escasez, tienen un sentido especial. Porque
una vez que alguien opta por un bien, entonces esos dos factores
tienen importancia. En primer lugar, porque ya no se trata de la
utilidad técnica, objetiva, del bien, sino que lo que ocurre
es que cuando una persona opta, considera, faliblemente, que tal
bien es necesario con respecto al logro de tal o cual fin. Por ejemplo,
todos ustedes han considerado que este curso es conveniente para
aprender economía (¡espero que no se hayan equivocado!!).
O sea que se trata de una utilidad subjetiva por cuanto la persona,
el sujeto, considera que tal cosa es útil con respecto a
tal otra. Y, por supuesto, allí se enfrentan también
con el significado que para ustedes tiene la escasez de los bienes
por los cuales están optando. Para mí, por ejemplo,
la escasez de buenos libros de filosofía incrementa notablemente
su valor. Pero puede ser que para otros no. La escasez considerada
subjetivamente tiene que ver con la utilidad subjetiva. Por supuesto,
yo considero que un ejemplar de la Metafísica de Aristóteles,
o los Diálogos platónicos, son objetivamente valiosos,
pero no es eso lo que va a determinar su valor en el mercado. También
considero que Dios es objetivamente indispensable para la perfección
del hombre. Pero Dios no se compra sencillamente con nada.....
Ahora estamos en condiciones de explicar la ley de la utilidad marginal,
que a veces parece difícil pero sin embargo es más
sencilla de lo que parece.
Voy a utilizar mi ejemplo favorito.
Vamos a suponer que disponemos de cinco hojas de papel. Todas homogéneas,
esto es, capaces de proporcionar el mismo servicio. Supongamos también
que, dado que disponemos de cinco hojas, elegimos, de nuestra potencialmente
infinita escala de fines, cinco. Los ordenamos según sean
nuestras prioridades. La ordenación es subjetiva porque la
hace el sujeto (la persona); y es, por ende, falible.
En mi caso, mi primer fin sería escribir algo de filosofía.
Utilizaría la primera hoja para eso. La segunda, para escribir
un poema. La tercera, para practicar caligrafía (¡me
vendría muy bien, ¿no?!). La cuarta para hacer dibujitos
y la quinta para hacer un avioncito de papel y tirárselo
al Almirante (es broma, claro).
Ahora razonemos un poco. Si yo dispusiera sólo de una hoja
de papel, ¿para qué la utilizaría, suponiendo
a su vez que mi escala valorativa no ha cambiado? (Hago esta aclaración
porque esta disposición de medios y fines es obviamente libre).
Pues para escribir algo de filosofía, dado que ese es mi
fin más importante, lo que yo valoro más, y por ende,
si dispongo de sólo una hoja, las demás cosas son
prescindibles.
Por supuesto, volvemos a reiterar que puede haber error en lo que
uno considera prioritario o no. A veces parece que no porque los
ejemplos son muy claros. En el famoso ejemplo de Robinson Crusoe
que se queda solo en una isla (que utilizaremos después),
habitualmente estamos todos de acuerdo en que sus prioridades son
conseguir refugio y alimento y no fabricar un piano. Empero, si
Robinson decidiera esto último, y utilizara la madera de
que dispone para eso, ello sería coherente según su
escala valorativa. Veremos que en la interacción social las
cosas son más difíciles....
Pero no nos desviemos de tema. Siguiendo el mismo ejemplo, vamos
a suponer que en vez de cinco unidades (cinco hojas de papel) cuento
con cuatro, porque he perdido una de ellas. Puede ser cualquiera.
El asunto es que me he quedado con cuatro. Entonces, ¿qué
fin dejaría de satisfacer? Pues el último, desde luego.
Si mis fines siguen siendo los mismos y de cinco hojas me quedo
con cuatro, ya no voy a poder hacer el avioncito.
Ese fin era lo último en mi escala valorativa, el que queda
"en el margen". Y, por ende, a la unidad (una de las hojas)
que teníamos asignada para ese fin la llamamos unidad marginal.
Ahora bien, dado que al perder cualquier unidad dejo de satisfacer
el último fin, entonces decimos que el valor de cualquier
unidad es igual al valor de la unidad marginal. Ahora fijémonos
en otra cosa. ¿Qué pasa a medida que va aumentando
el número de unidades? Pues que el valor de la unidad marginal
vale cada vez menos, al asignarse a un fin que valoro también
cada vez menos. (Supongamos que disponemos de 100 hojas: aquello
para lo cual utilizamos la hoja 100 es menos valioso que aquello
para lo cual utilizamos la unidad 5). Y por lo tanto deducimos:
a medida que aumenta la cantidad de unidades valorizadas de determinado
bien, el valor de la unidad marginal es menor. Y como el valor de
cada unidad es igual, recordemos, al valor de la unidad marginal,
deducimos que a mayor número de unidades, el valor de cada
unidad es menor. Eso es lo que se llama ley de utilidad marginal
decreciente.
Pero no significa esto que cuantas más unidades tengo, su
valor baja automáticamente. No. Todo depende, como dijimos
antes, de que sean unidades de un bien que haya sido valorizado
por el sujeto. El número de sombreros puede aumentar pero
su valor para mí no sube ni baja porque sencillamente yo
no uso sombreros.
¡Cuántas cosas son explicadas por esto! Ahora vemos
intuitivamente, al menos, por qué si aumenta la oferta de
un bien su precio baja, y si aumenta su demanda su precio sube....Por
qué si hay mayor demanda de trabajo los salarios suben y
por qué son más bajos cuantas menos inversiones haya....
Por qué la moneda vale cada vez menos si hay emisión
monetaria..... Bien, todos estos temas los vamos a ver bien después,
pero observemos que ahora podemos ir entendiéndolos un poco
más. La ley de la utilidad marginal decreciente explica la
mayor parte de los fenómenos de mercado.
Antes de seguir adelante, alguna pregunta aclaratoria?
P - Creo haber leído algo parecido a lo de la utilidad marginal
sobre los rendimientos decrecientes en una empresa....
R - Está indirectamente relacionado, pero no es lo mismo.
No pensaba desarrollar el tema ahora, así que lo voy a resumir
mucho. La ley de rendimientos decrecientes afirma que cuando la
combinación de factores de producción alcanza un óptimo,
los rendimientos son decrecientes. Eso se aplica naturalmente a
la empresa, pero tiene otro tipo de fundamentación, que no
es la misma....
P - Si el trabajo es un recurso escaso, ¿por qué hay
desempleo?
R - Eso lo vamos a tratar en la clase 3. Tiene que ver con un tema
que trataremos hoy, que es el de los precios mínimos, trasladado
al salario. Pero, reitero, nos ocuparemos bien del tema en la clase
3.
P - El tema de los rendimientos decrecientes, ¿tiene que
ver con lo que hacen los japoneses, que producen demasiado y a la
empresa no le conviene?
R - Bueno, aunque aún no lo hemos visto, si el mercado es
libre cada unidad de producción incurre en pérdidas
si está pasando la línea de los rendimientos decrecientes.
Sólo una protección del estado la puede salvar de
las pérdidas en un caso así.
Bien, estamos en condiciones de comenzar el punto 3. Vista la teoría
del valor, podemos analizar qué es el mercado, cómo
funciona.
Todos sabemos en nuestra vida cotidiana qué es un mercado.
Uno dice que va al mercado, o habla del mercado ganadero o el mercado
de valores.... Todos podemos darnos cuenta entonces de que el mercado
es un intercambio, de bienes y servicios, entre los que ofrecen
dichos bienes y los que los demandan. Hay un mercado de bienes de
consumo, esto es, los bienes que son demandados para consumo final,
y un mercado de factores de producción, o sea, bienes que
producen los bienes que son demandados en los mercados de consumo
final. Pero lo que quiero destacar ahora es que la escuela Austríaca
no se limita a decir que el mercado es el encuentro entre oferta
y demanda y que ese encuentro tiene que ser libre. Eso lo dicen
muchos. La escuela Austríaca agrega algunas cosas.
Ante todo, el mercado no es un lugar físico, sino un proceso,
y muy dinámico. ¿Qué quiere decir eso? Que
el encuentro entre oferta y demanda está en permanente movimiento,
es dinámico, pues las valoraciones entre oferta y demanda
dialogan y cambian permanentemente. Ello supone, en segundo lugar,
que la racionalidad de los que intervienen en el mercado es limitada.
Esto es básico. Las decisiones humanas son racionales en
cuanto asignan libremente medios a fines, pero nada más que
por eso. Como ya dijimos, las decisiones pueden ser completamente
fallidas, porque el ser humano es falible. Hay posibilidad de error
-por ejemplo, compré un kilo de tomates muy caro porque no
sabía que acá cerca estaban más baratos y mejores-,
de incertidumbre -no sabemos con certeza cuáles son las valoraciones
del otro- y consiguiente riesgo (cualquiera puede tener pérdidas
en cualquier momento). Es básico entender lo importante que
es esto como punto original y difícil de la escuela Austríaca.
Alguien me puede decir: si, ¿y qué? Que lo que estamos
diciendo, nada más ni nada menos, es que a partir de esta
situación, donde oferentes y demandantes se encuentran en
tal estado de ignorancia e incertidumbre, surge un orden. Ah!!,
¡esto es otra cosa!, ¿no? Acá es donde parecemos
locos (bueno, tal vez yo sea loco, pero los economistas austríacos
no). Porque, naturalmente, ante tal situación de ignorancia
de los que participan en el mercado, ¿no tendría que
venir alguien y ordenar el proceso? La contestación austríaca
es: más que alguien, algo. Pero, ¿de qué estoy
hablando? Ya llego. Pero antes déjenme profundizar esta ignorancia
en el mercado de la cual habla la escuela austríaca.
Esto ha sido muy bien explicado por Kirzner, uno de los más
brillantes discípulos de Mises. La ignorancia del que actúa
en el mercado no es la ignorancia conocida, que se asume como un
costo. Por ejemplo, yo "sé que no sé nada"
sobre cómo operar en la bolsa de valores. Tengo una idea
aproximada de lo que pierdo por no saberlo, y por mi decisión
de no saber eso y saber en cambio otras cosas. Ahora bien, el tema
es que hay cosas cuya ignorancia ignoro. Por ejemplo, tal vez haya
un empresario que pueda comercializar y vender maravillosamente
alguno de mis más invendibles -hasta ahora- libros, pero
el caso es que yo no lo sé. Lo ignoro absolutamente, esto
como una potencialmente infinita cantidad de cosas que ignoro y
que serían oportunidades de ganancia.
Pero entonces, esto vuelve a enfatizar lo anterior. Si eso es así,
¿quién puede ordenar al mercado? Justamente, nadie.
Ninguno está exento de esa ignorancia y falibilidad. El mercado
libre tiende a cierto equilibrio, siempre en estado de tendencia
(nunca llega al equilibrio) gracias a ciertas condiciones más
institucionales que otra cosa. Acá hay dos presupuestos que
explican esta tendencia.
El primero, muy importante, es jurídico. Un mercado tiende
al equilibrio cuando las personas actúan en situación
de propiedad privada y libertad de entrada y libertad de entrada
al mercado. Esto es, cuando hay una competencia potencial de entrada
al mercado, admitida jurídicamente. Todos los subsidios estatales
e intereses creados de grupos de presión, protegidos por
el estado, atentan contra eso, aunque haya propiedad nominalmente
privada. Este presupuesto (libertad de entrada al mercado, ausencia
de privilegios legales) es importantísimo porque, entonces,
yo puedo actuar en el mercado y errar totalmente, pero, en ese caso,
no tengo cómo permanecer en el mercado. Como diría
Benegas Lynch (h), yo puedo empeñarme, si estuviera loco,
en producir bananas en la Patagonia, pero en tanto no tenga subsidios....
¡Me fundo a los dos días! De ese modo, se van yendo
del mercado aquellas personas que no corrijan sus errores . Y de
ese modo se van quedado los que más aciertan y acercan de
ese modo la oferta de bienes y servicios a las necesidades de la
demanda.
Con lo cual nos hemos introducido al segundo presupuesto. Esa incertidumbre
de la que hablamos y esos errores tienen una contrapartida, que
es la capacidad de aprendizaje a partir de nuestros errores. Esto
fue llamado por Hayek el factor aprendizaje y por Kirzner "alertness",
esto es, la capacidad de estar alerta a las oportunidades de ganancia.
Esta capacidad es intuitiva, no es fruto de un entrenamiento técnico-intelectual
(por eso no todo aquel que hace un master es un buen empresario....)
y puede crecer con el tiempo. El asunto es que este factor es la
contrapartida de nuestra ignorancia, es tan humano como ella, y
no nos da un conocimiento perfecto pero sí la oportunidad
de acertar sobre el mejor modo de satisfacer las necesidades de
la demanda. Estos dos factores, capacidad de entrada jurídica
al mercado y la capacidad de aprender, son los que explican que
haya una tendencia al equilibrio en medio de nuestra ignorancia,
y sin nadie en particular que gobierne el proceso, excepto la misma
ley que garantiza la libertad de entrada al mercado. Porque aquellos
que van a "subsistir", a quedarse en el mercado, son solamente
aquellos que tengan esta capacidad. Pues si no la tienen se equivocan;
si se equivocan dilapidan sus recursos y sus pérdidas los
colocan fuera del mercado. Solamente se quedan en un mercado libre
aquellos que tengan esta intuitiva capacidad de combinar los recursos
productivos (escasos) del mejor modo posible en relación
a la demanda de los consumidores, demanda con la cual también
hay que acertar.
Me van a decir: pero eso no existe, porque los mercados están
protegidos.... Precisamente, si ustedes se fijan en el orden de
los capítulos de La Acción Humana de Mises, van a
ver que luego de describir el mercado, los precios, el mercado de
los factores de producción, etc., llega a una sección
que se llama "El mercado intervenido", donde se trata
qué sucede precisamente cuando los presupuestos jurídicos
de los que hemos hablado no se cumplen. Ocurre entonces que quedan
en el mercado no aquellos que hayan aprendido de sus errores, sino
los que están protegidos por el estado, con lo cual esa tendencia
a la economización es herida mortalmente. En cada clase vamos
a ir viendo casos particulares de economía intervenida.
Esta distinción clara entre economía libre e intervenida
es también muy particular de la escuela Austríaca,
cuyos historiadores dicen no sin razón que tomó conciencia
de sí misma más o menos después de los 50.
Si alguien está estudiando economía, puede darse cuenta
que todo esto es contrario a los modelos neoclásicos de competencia
perfecta, donde se supone que oferentes y demandantes tienen perfecto
conocimiento, que no influyen en el precio, etc. Pero como el mercado
real no tiene nada que ver con eso, habitualmente se concluye: la
distancia entre el modelo y la economía real es cubierta
por la intervención del gobierno, que tratará de acercar
la realidad al ideal del modelo. Ese planteo nada tiene que ver
con el de la esc. Austríaca. El mercado es un proceso imperfecto,
radicalmente imperfecto, y lo que compensa esa imperfección
es la creatividad humana y su capacidad de aprendizaje, como dice
el título de un clásico ensayo de Hayek: la competencia
como proceso de descubrimiento. Es una competencia imperfecta pero
"suficiente": tal sería la palabra justa. Suficiente
para garantizar que quienes queden en el mercado sean los "menos"
imperfectos en cuanto a capacidad de aprender de sus errores. Este
es el punto, lo básico de la escuela Austríaca y que
explica por qué parece a veces que sus pensadores razonan
al revés. Allí donde ven imperfección humana,
no proponen la vigilancia del estado como solución, sino
condiciones jurídicas claras, de tal modo que las imperfecciones
sean menores. Lo cual, entonces, no soluciona todos los problemas,
pero sí es una solución mejor con un enfoque distinto
al de las demás escuelas.
Antes de pasar a los temas 4 y 5 de hoy, ¿hay alguna pregunta
aclaratoria?
P - ¿Por qué el último bien es necesariamente
el bien marginal?
R - En la deducción de esa ley hay una combinación
de convenciones terminológicas y cuestiones reales. Cuando
usted hace su escala de prioridades, hay ciertas actividades que
son prioritarias y otras prescindibles. Por ejemplo, hoy, a esta
hora, yo podría haber estado haciendo muchas cosas, pero
es evidente que dar este curso es prioritario. Hay otras cosas que
están "en el margen" de mis posibilidades. Por
ejemplo, si alguien me llama para verme a las 10 de la noche, bueno,
tendré que evaluar bien la situación, eso está
en el margen de mis posibilidades de hoy. Pero si alguien me hubiera
llamado para tomar un café a las 19, esto es, a esta hora,
bueno, eso hubiera estado totalmente fuera del margen de posibilidades
dado lo que es prioritario para mí. Cuando digo "mis"
prioridades, simplemente, vuelvo a decir, destaco que las prioridades
son establecidas por cada uno, independientemente de criterios objetivos
según los cuales uno puede equivocarse o no en qué
es lo prioritario.
P - ¿Cómo era eso de los supuestos jurídicos?
R - Depende del alcance que se le quiera dar a las palabras. Nos
referimos en realidad a condiciones institucionales para la actividad
del mercado. Hay muchas, pero la escuela austríaca, donde
no hay escisión entre economía y derecho, supone un
marco de derechos individuales de propiedad y de libre entrada protegidos
a su vez por algún tipo de garantías judiciales. Este
es un tema muy largo, pero no imaginan cuán importante: de
esto depende no sólo el funcionamiento del mercado sino también
la estabilidad política necesaria para la acumulación
de capital, acumulación que es básica para el aumento
del salario real, contrariamente al pensamiento marxista aún
imperante en gran parte de nuestros partidos políticos. Vuelvo
a decir que para los modelos neoclásicos estos serían
temas "anexos", pero para los austríacos no. Por
eso hoy en día la escuela austríaca es neoinstitucionalista,
pero, en fin, con eso nos vamos mucho de tema.
Pasemos entonces al punto 4. No es fácil, pero si no lo
tocamos vamos a dar la impresión de que estamos hablando
de una mercadotopia, esto es, una utopía de mercado, y nada
más lejos de nuestra intención y de nuestras ideas.
Los economistas, todos, no sólo los austríacos, hablan
de dos cuestiones muy especiales: por un lado los bienes públicos,
por el otro, las externalidades. Vamos a tratar de definir ambas
cosas.
Un bien público, en principio, es aquel en el cual no rige
el principio de exclusión. Si compramos una lata de gaseosa,
otro consumidor potencial se quedó sin esa lata de gaseosa.
Pero supongamos que salimos a la calle. Camino yo, camina otro,
caminan 3, caminan 4, y parece que no rige, entonces, el principio
de exclusión. Ahora bien, la mayor parte de los economistas,
excepto los austríacos, agregan: para esos bienes públicos
no funciona el mercado. ¿Por qué un privado va a impedir
el acceso a un bien público? ¿Qué bien social
se obtendría con ello? El estado debería hacerse cargo
de ellos: calles, puentes, plazas, etc.
Ante todo quiero que se queden tranquilos porque yo no estoy diciendo
que sea un deber moral privatizar esas cosas. Hay cosas más
importantes de las cuales ocuparse: que disminuya la pobreza, la
desocupación..... Después veremos cómo financiamos
las calles y las plazas.
Simplemente quiero recordar que los bienes públicos no son
necesariamente superabundantes. No son siempre bienes libres, son,
la mayor parte de las veces, bienes escasos. Y la mayor parte de
bienes públicos que conocemos -pongamos el ejemplo de un
puente- son "muy" escasos, en el sentido que son muy costosos:
su producción implica una gran cantidad de recursos naturales,
de capital y de trabajo. Entonces la pregunta es: ¿cuál
es el mejor modo de financiar un bien público así?
Hay dos respuestas básicas: por el estado a través
de impuestos, o por una empresa privada, a través de sistemas
como peajes o cosas por el estilo.
Se afirma habitualmente que este último sistema produce un
menor nivel de vida para todos e injustas situaciones, pues entonces
los que no tengan el dinero no podrán acceder a ese bien
público.
Pero se olvida que si el sistema es a través de los impuestos,
se produce una gran ilusión óptica. El bien público
"parece" gratis a nuestros bolsillos, pero no lo es, de
ningún modo. A través de los impuestos, todos están
pagando por un puente o lo que fuere que alguna vez van a usar o
tal vez nunca. Y lo injusto es que los sectores de menores recursos
están pagando aquello que no usan nunca (como los sectores
más pobres del país que pagan con sus impuestos una
universidad a la cual nunca van a tener acceso). Si a esto se dice
que los impuestos deben ser sólo "a los más ricos",
bueno, después veremos los efectos desastrosos que ese impuesto
tiene para los más pobres.
Quedan dos preguntas pendientes. ¿Qué pasa cuando
un bien público es muy costoso pero no es rentable? Supongamos
un puente que sea estratégicamente conveniente para unir
tal región con otra. Pero los consumidores no lo demandarían
y por ende no es rentable. Entonces tenemos que tener conciencia
de que, sencillamente, es un gasto. No es una inversión que
va aumentar el capital disponible ni el trabajo: es una gasto que
va a "consumir" capital disponible y sacará trabajo
y recursos naturales de otros ámbitos (demandados por consumidores)
para ser destinados a ese puente. Por ese puente habrá menos
de otros bienes que habitualmente consumimos. Pero, ¿quiere
decir eso que no se "debe" gastar en ello? No: es un bien
público que, en un sistema democrático genuino, tiene
que ser discutido y votado. Hayek recomienda que ese tipo de bienes
públicos sean financiados por gobiernos municipales, cuyos
gastos están más cercanos a nuestra vista, y no los
gastos de un lejano gobierno federal que parece estar financiado
por los marcianos. (Bueno, lo de los marcianos lo digo yo, no Hayek).
Quede entonces claro que ese tipo de bienes públicos pueden
ser políticamente necesarios, militarmente necesarios, pero
esa "necesidad" es una decisión política
que debe estar muy cercana al control de los ciudadanos y no debemos
engañarnos pensando que son inversiones que aumentan el capital
existente. Por lo tanto cuando las empresas privadas no encaran
proyectos no rentables no es por el capitalismo malévolo,
sino al contrario, por no dilapidar recursos escasos que los consumidores
han demandado para otras cosas.
Segunda pregunta pendiente: ¿qué pasa cuando un bien
público es lo que Mises llamaba monopolio de espacio natural?
Esto es, que, aunque haya libertad jurídica de entrada, sólo
un servicio puede "pasar" o "estar" en determinado
lugar, como, por ejemplo, ciertos caños por determinado lugar,
etc. En esos casos (muy frecuentes en ciertos servicios públicos)
es importante que no se impida de ningún modo la libertad
jurídica de entrada, dejando lugar a la competencia potencial
de innovaciones tecnológicas que el mercado, como constante
proceso de descubrimiento, produce. Entretanto, puede recurrirse
a sistemas de concesión que produzcan sistemas de competencia
artificial para determinar qué empresa lo va a hacer (porque
es rentable). Pero en ese sistema no debe haber ningún tipo
de monopolio legal (como se hizo y hace en Argentina).
Pasemos ahora al tema de las externalidades. Habitualmente se dice
que hay intercambios en el mercado que tienen efectos no previstos
o no pactados sobre un tercero. Esos efectos pueden ser positivos
o negativos. Un ejemplo típico sería el del fumador:
el humo que expele afecta a alguien que no fuma. Eso sería
una externalidad negativa. Un ejemplo de una externalidad positiva
sería que yo tuviera una heladería y al lado se instala
un cine: hay una externalidad positiva sobre mi negocio dada la
instalación del cine. Habitualmente se dice que el mercado
no puede ocuparse de estos casos. El estado debería intervenir
para evitar o compensar los efectos de una externalidad negativa
o para corregir la injusticia de la mayor ganancia en el caso de
la positiva.
El tema no es sencillo. Para los austríacos, las externalidades
negativas son efecto de la no definición adecuada de derechos
de propiedad. Si yo en este momento deposito una gota de ácido
sulfúrico sobre el café de alguno de ustedes, la situación
es jurídicamente clara: el café es propiedad de ustedes
y yo la estoy vulnerando con una acción claramente delictiva
de mi parte. Claro que el estado tiene que intervenir, sencillamente
porque hay un delito. No puede haber externalidades negativas sin
penalización en la medida que los derechos de propiedad estén
bien definidos.
Claro, para esto los costos jurídicos de transacción
deben ser muy bajos. Esto es, el sistema judicial debe ser rápido
y adecuado a sus funciones. Si sucede como en la Argentina, donde
el reclamo por parte de cualquiera de ustedes por lo que hice en
el café puede tardar 10 años en resolverse o más,
bueno, los costos jurídicos de transacción son altísimos
y en ese sentido las gente tiende a pedir reglamentos más
que a confiar en el normal desenvolvimiento del sistema jurídico.
Pero lo que queda claro es que no es verdad que el mercado no pueda,
in abstracto, ocuparse de las externalidades negativas (que tienen
mucho que ver con la contaminación): el mercado, que implica
un sistema jurídico de derechos de propiedad, resuelve las
externalidades negativas sencillamente porque éstas son delitos
contra la propiedad. El problema radica en que los derechos de propiedad
no siempre están correctamente definidos, ya sea por una
mala concepción del sistema jurídico, ya sea porque
entran en juego elementos cuya propiedad (aire, agua, etc) no es
fácil de definir. El tema como vemos es difícil, pero
debemos estar advertidos que los libros de texto lo simplifican
cuando hablan de las fallas de mercado en este tema (igual que en
el caso de los bienes públicos). Pero sería también
una simplificación del otro lado decir que la definición
de derechos de propiedad en ciertos casos es fácil. No damos
ahora una solución; simplemente queremos decir que estemos
prevenidos de las simplificaciones en este tema. De igual modo con
las externalidades positivas: ¿de dónde emerge la
injusticia? ¿Por qué? ¿Por qué penar
impositivamente esos casos? Los debates sobre lo justo o lo injusto
allí son también muy complejos. Nosotros veremos algo
de esto cuando veamos los efectos negativos que los impuestos a
las ganancias tienen sobre la capitalización y, por ende,
sobre las personas de más bajos ingresos.
Pregunta: Disiento en lo que tú dices, porque la economía,
como dicen la mayor parte de los economistas del mundo, no es un
problema económico exclusivamente, es también un problema
jurídico. Lo que pasa es que acá hay una crisis tremenda
con respecto a los derechos, y los derechos de propiedad prácticamente
no existen, porque no hay limitaciones jurídicas. Entonces
se desintegra todo....
R.: La escuela austríaca siempre se distinguió de
las demás por varias cosas, entre ellas, que el derecho y
la economía forman parte de un mismo análisis. No
existe una escuela austríaca que no tenga en cuenta los presupuestos
jurídicos. Los primeros austríacos (Menger, etc.)
se graduaban en derecho y en ciencias sociales. Afortunadamente
no había carreras de economía como las concebimos
hoy, separadas del derecho, la política y la filosofía.
La concepción de entonces era más amplia, más
humanística. La economía era una especialidad que
se elegía luego de una formación humanística
general, y no como hoy que ha pasado a ser una mera técnica
y, por ende, una mala técnica. Es un detalle importantísimo
decir "economía política". Si decimos sólo
"economía", estamos traduciendo lo que en inglés
es "economics", que es como si fuera "física",
y la estamos desligando de los asuntos humanos. Los economistas
austríacos no hablan de cálculo y matemáticas
justamente porque están hablando de economía política.
Bien, el tiempo se nos va y debemos hablar del punto 5, esto es,
de los precios máximos y mínimos.
Si se coloca un precio máximo, legalmente obligatorio por
debajo de lo que el mercado lo hubiera fijado, el resultado será
el contrario al esperado. Al precio legalmente menor (que no es
en realidad un precio) la cantidad de demandantes aumenta y disminuye
la cantidad de oferentes. En ese caso aparece en el mercado no la
escasez, sino un "faltante". Por supuesto, viene aquí
una típica pregunta. ¿Qué pasa si el producto
en cuestión es caro pero a la vez muy necesario para la mayor
parte de la población? Pues hay que aumentar la oferta de
ese producto; de otro modo su precio no va a bajar. Pero aumentar
la oferta no es algo mágico. La escasez nos rodea por todos
lados. Para aumentar la oferta de bienes y servicios en necesaria
mayor inversión, mayor competencia, mayor capital, y para
eso el mercado debe ser lo más abierto posible, incluso desde
el punto de vista exterior, tema que vamos a tocar la última
clase.
Es un punto importante destacar que la oferta debe aumentar, porque
habitualmente la demanda no baja, sino que se incrementa. Aunque
demanda y población no sean lo mismo, sin embargo hay que
tener en cuenta que habitualmente la población aumenta (es
más, es deseable que sea así: un país lleno
de ancianos y sin población joven es socialmente enfermo).
Últimamente las Naciones Unidas (unidas para el estatismo,
como dice Benegas Lynch (h)) dan todo tipo de recomendaciones para
impedir el aumento de la población, lo cual es síntoma
de muchas cosas; entre ellas, que de economía no saben nada.
El punto es cómo aumentar la oferta, y hay muchas cosas inconducentes
para ello: fijar precios máximos está entre esas medidas
inconducentes. Produce faltantes, mercado negro, mayor corrupción,
etc. Los precios máximos revelan que no se entiende el problema
de la escasez. Si un precio es alto quiere decir que el bien en
cuestión es muy escaso en relación a su demanda, y
eso no se va a arreglar porque alguien obligue a comerciar con un
precio legalmente más bajo. Los precios máximos no
han pasado de moda: el que más se utiliza actualmente es
el de la divisa extranjera, pero ese tema lo veremos después.
El precio mínimo es lo contrario: un precio fijado legalmente
por encima de lo que el mercado lo hubiera establecido. Aumenta
la cantidad de oferentes y disminuye la demanda. Esto habitualmente
se hace para sectores de la producción protegidos por el
estado, como la agricultura. Muy comprensible, pero el efecto es
que hay más oferta que demanda: entonces se tiran cosechas
enteras, y se oye hablar después del capitalismo que dilapida
recursos en medio de un mundo hambriento, cuando esto con el capitalismo
no tiene nada que ver. Los precios sostén son uno de los
mejores ejemplos de los daños del intervensionismo gubernamental.
Obviamente es comprensible la posición de un productor agropecuario
ahorcado por sus costos, pero eso no se soluciona con un precio
sostén, sino con una drástica rebaja de impuestos
y una progresiva reapertura de la economía. Ese tema lo dejamos
para después.
Bien, ahora dejamos para las preguntas todo aquello que yo me haya
olvidado de decir o que no hubo tiempo para tratarlo. Antes de eso,
sólo les recuerdo que lo más importante de hoy es
la noción del mercado como proceso, y no como mecanismo automático.
El mercado es un proceso donde intervienen personas con conocimientos
dispersos, que se encuentran, no en un lugar específico,
sino en un proceso humano de valoraciones, con posibilidad de error
y un sistema jurídico que garantice la libertad de entrada
al sistema. Eso es lo fundamental.
Sánchez Sañudo: Hayek dice que el mercado es un orden
sin un ordenador de carne y hueso. Por eso a menudo no advertimos
su existencia, hasta que....
R.: Sí, y por eso una de las mejores explicaciones del proceso
de mercado la tiene Hayek escrita en el tomo II de Derecho, Legislación
y Libertad, en el cap. 9 (como está en el programa, que aquí
tengo) como Mises la tiene el cap. 15 de La Acción Humana
cuando comienza a describir el mercado como proceso.
P.: ¿Quién fija el precio en el mercado? Cuando pregunto
cuánto vale algo, y lo pago....
R.: Bueno, en esto hay una diferencia entre nuestro lenguaje cotidiano
y otro lenguaje más científico. En nuestro lenguaje
cotidiano, vamos a cualquier negocio y preguntamos "¿cuánto
vale?". Y alguien nos dice 10, 100, lo que fuere. Desde un
punto de vista más científico, lo que allí
sucede es que el oferente nos está diciendo (comunicado,
dialogando) su valuación, lo que él considera lo que
vale, que él considera "el precio". Pero hay una
diferencia entre valor y precio. El precio es el encuentro dialogado
entre oferta y demanda. El vendedor "dice" su valuación
y yo "digo" la mía, ya regateando, ya decidiendo
si lo voy a comprar o no. De este diálogo multiplicado ad
infinitum surge el precio, esto es, el resultado del encuentro dialogado
entre oferta y demanda. Sólo cuando yo digo "lo compro",
o "está bien", o lo que fuere, surge el precio.
El vendedor, en ese sentido, no "fija" el precio, sino
que dice su valuación. Por ejemplo, supongamos que quiero
vender mi reloj a alguien. Entonces me preguntan: "¿cuánto
vale?", y yo digo10.000.000 de dólares. ¿Es ese
el "precio", por más que yo ponga un cartelito
con esa cifra?. No, sencillamente es lo que yo considero que vale.
Posiblemente alguien me lo quiera comprar a esa cifra, pero podemos
en este caso suponer que nadie lo va a querer comprar a esa cifra.
No surge aún el precio. Y con este ejemplo retomamos todo
lo del principio.
P.: ¿Pero de qué tipo de precio....?
R.: El precio puede darse en forma de trueque o, como estamos suponiendo,
con intercambio monetario. En ambos casos hay un encuentro entre
oferta y demanda.
P.: ¿Y los precios de las industria automotriz?
R.: Bueno, obviamente no estamos hablando de la Argentina, donde
sus precios están intervenidos en forma indirecta. Me explico:
la industria automotriz está sostenida por protecciones por
parte del estado, lo cual implica que sus costos son mayores y,
dado que no existe la posibilidad de que un auto importado entre
al país con libre competencia, entonces el precio es mayor,
pero no por un encuentro oferta-demanda, sino porque usted está
pagando un precio que voluntariamente usted no pagaría si
tuviera otra opción. Es un buen ejemplo del monopolio legal,
como decíamos al principio.
P.: ¿Monopolio legal en el mercado?
R.: Bueno, un monopolio legal no sería un monopolio de mercado.
¿Puede haber en el mercado, como opinaba Mises, algún
recurso que en determinado momento sea un monopolio natural? Bueno,
la mayor parte de los economistas austríacos, especialmente
del 60 para adelante, sostienen que en un mercado libre un caso
así, sin protecciones legales, se enfrentaría con
muchos factores de competencia potencial, por ejemplo, el mercado
libre internacional. En ese caso es muy difícil que, sin
ningún sistema de protección jurídica, un monopolio
natural se mantenga en el mercado sin que aparezca algún
caso de competencia natural. El tema es mucho más largo.
Y otro tema que ahora no podemos abordar, pero que llamo el "drama
del intervensionismo", es que es relativamente fácil
explicar las bondades del mercado libre internacional cuando se
ve las ventajas de ellos para el caso de los monopolios, pero lo
difícil es tomar conciencia de que en ese caso hay que eliminar,
aunque sea progresivamente, décadas y décadas de industrias
protegidas, con todo lo que ello significa no sólo en cuando
a intereses creados sino en cuanto a las familias que han basado
su estructura y su pasado, presente y futuro en torno a una industria
protegida. Es sencillamente dramático. En las políticas
de transición hay que extirpar situaciones cancerosas desde
un punto de vista económico y hay que tener en cuenta que
hay seres humanos detrás de todo ello.
Segunda clase (Martes 29-8-2000).
De igual modo que en la clase anterior, voy a hacer el esfuerzo
de resumir en sólo tres puntos temas que habitualmente se
dan en capítulos diferentes, a saber, moneda, por un lado,
y ahorro e inversión, por el otro. Obviamente, están
íntimamente relacionados; se los trata por separado por motivos
didácticos. Al tratarlos sólo en tres puntos habrá
incontables cuestiones que no podremos abordar, pero, como saben,
el tiempo es uno de los recursos más escasos.
El primer punto dice "La moneda como mercancía".
Si bien por las películas nos hemos acostumbrado a que la
palabra "mercancía" suene mal, sin embargo para
la Escuela Austríaca significa otra cosa.... Significa que
la moneda es una mercancía más, un bien más
que, a pesar de tener una característica especial, es un
bien que en el mercado tiene un valor y precio que se determinan
igual que los otros bienes, esto es, de acuerdo a su utilidad marginal.
Esto fue asombroso en el momento en que el joven economista Mises,
de treinta y pico de años, lo dijo allá por primera
vez en 1912. Eso implicó una especie de "teoría
unificada" de los bienes en el mercado, donde todos, los de
consumo, producción y moneda, fueron tratados conforme a
la misma ley del valor subjetivo.
¿Cuál es la diferencia entre trueque e intercambio
indirecto, tema que ya suponíamos "tácito"
la vez pasada? Bueno, esto se contesta con ejemplos muy sencillos.
El trueque implica intercambiar una mercancía por otra. Pero
esto se hace muy difícil a medida que la división
del trabajo se extiende. Piensen ustedes si yo quisiera pagarles
cualquier servicio que ustedes ofrezcan con, digamos, 300 clases
de filosofía.... En fin, no creo que eso fuera globalmente
aceptado como medio de cambio. Es por este motivo que, por un proceso
espontáneo, como aclaró por primera vez Menger en
1870, las personas van descubriendo una, dos o tres mercancías
que en el mercado tienen una especial capacidad para servir como
intercambio indirecto. ¿Cómo podemos caracterizar
al intercambio indirecto? Según aclara Mises, es un bien
que no se demanda para consumir o producir otros bienes, sino para
ser intercambiado por otros bienes que sí se van a destinar
a consumo final o producción. Por eso es un medio de cambio
"general" e "indirecto". Como vemos la palabra
"moneda" en la Escuela Austríaca, no se refiere
a lo que hoy llamamos papel moneda, ni tampoco a determinado metal
en especial, sino a una mercancía espontáneamente
demandada como medio de intercambio general. Claro, habitualmente
se demandan para ello mercancías que sean metales con cierta
durabilidad y otras características, pero no es necesario
que entonces siempre sean oro, plata, etc. Los que saben historia
de la economía saben que la palabra "salario" tiene
que ver con bolsitas de sal que eran a veces utilizadas como moneda.
Lo importante es que la demanda sea no forzada y, por ende, espontánea.
Esto es, por su propia naturaleza, no hay para la moneda nadie que
coactivamente ordene que tiene que ser tal o cual bien. Claro, me
dirán ustedes, ¡pero si habitualmente es así!
Sí, claro, y así de mal están las cosas, y
esto es clave y distintivo en la Escuela Austríaca.
Lo que queremos decir es que no es que la Escuela Austríaca
"diga" que la moneda debe ser libre, sino que "es"
así, y cuando se intenta coaccionar el sistema, se originan
todos los fenómenos que trataremos después: inflación,
ciclos económicos, etc. Pero el mejor ejemplo, para visualizarlo,
es el mercado internacional de monedas, donde aún, afortunadamente,
no hay ningún estado que ordene qué moneda vale más.
Entonces naturalmente surgen las divisas que más valor tienen,
y si alguna deja de ser demandada, deja de tener valor y ninguno
de ustedes está obligado comerciar con esa moneda. Este es
el mejor ejemplo que en la realidad actual tenemos para ver qué
significa la moneda como "libremente demandada por las personas".
Ahora bien, como dije antes, hay ejemplos históricos de bienes
que han sido clásicamente demandados como moneda: el oro,
la plata, etc. Esto nos lleva al tema de los sustitutos monetarios.
Por un proceso de descubrimiento, como es el mercado, las personas
en que trasladar consigo esos metales era complicado y peligroso.
Consiguientemente se comenzaron a ofrecer, como servicios, casas
que guardan el oro o lo que fuere y daban a cambio un recibo de
depósito. Esos fueron los primeros billetes. Esto abre la
exposición a un tema muy largo que no vamos a tratar dada
la síntesis que estoy haciendo, que es el tema de la evolución
de todo el sistema monetario a partir de este comienzo. Para la
Escuela Austríaca no hubo un punto de evolución, sino
de involución, que es el que estamos ahora: la confiscación
estatal de todo patrón metálico y la imposición
del papel moneda como "curso forzoso". Esto es, todo lo
que vivimos hoy: un banco central estatal que regula la oferta monetaria
y un estado que obliga coactivamente a comerciar con tal o cual
papel moneda. Todos ustedes me dirán: ¿y qué
tiene eso de raro? De raro, nada; de dañino, mucho. Esto
es lo que la escuela Austríaca llama "intervencionismo
monetario", cuyos efectos estudiaremos después.
Ahora bien: ¿cómo se determina el valor de la moneda
en el mercado? Pues dado que la moneda es una mercancía,
de acuerdo a la ley de utilidad marginal. Y eso implica una demanda
y una oferta de dinero. Este tema es muy largo, pero lo importante
es visualizar aquí que el valor de cada unidad monetaria,
su utilidad marginal, será menor en términos relativos
cuanto mayor sea su oferta. Cuando el sistema monetario es libre,
la oferta de dinero no puede aumentar por sobre el límite
de utilización que la demanda de dinero establece. Porque,
en ese caso, el mercado, esto es, las personas, espontáneamente
sustituyen esa moneda por otra, sencillamente porque esa moneda
ha dejado de ser tal, esto es, ya no sirve como medio de intercambio
general. Supongamos que en EEUU del siglo XVIII hubiera aumentado
tanto la oferta de oro que su valor en el mercado hubiera sido muy
poco en comparación con la plata. Bien, en ese caso, al valer
tan poco cada onza de oro, éste habría sido sustituido
por la plata. Es lo mismo que si yo dijera a alguien en este momento:
"te pago con esta hojita de papel". En un sistema monetario
libre eso no sería dinero falso. Sería sencillamente
mi propuesta. Nada inmoral ni ilegal. Sencillamente habría
que ver qué aceptación tiene mi propuesta....
Entonces, ¿qué es lo que garantiza que en un mercado
libre la moneda no pueda bajar por debajo de su demanda? Que, dado
que el sistema es libre, se sustituye a la moneda que baja de valor.
La inflación es posible precisamente cuando se obliga a comerciar
con tal o cual moneda. Pero eso lo veremos en el punto 2.
Alguna pregunta aclaratoria hasta ahora?
P. ¿Y la hiperinflación?....
R.: Bueno, ya lo veremos, pero en esas situaciones la Escuela Austríaca
habla de "huída hacia valores reales", lo que significa
que, a pesar del curso forzoso, las personas defienden lo poco de
propiedad que les queda desprendiéndose totalmente de la
moneda "oficial". Tierras, cigarrillos, aparatos eléctricos,
de todo, como sucedió en Alemania en 1923. Los no austriacos
ven eso como una involución. Quieren volver a "ordenar",
"oficializar" al sistema monetario. Y los austríacos
dicen: no, ese supuesto orden es un desorden. Si lo quiere ordenar,
déjelo en libertad. Deje que las personas decidan el patrón
monetario para que no pueda haber más inflación ni
hiperinflación.
Con lo cual ya hemos entrado en el punto dos.
La intervención del estado en la moneda es el sistema que
mundialmente hoy se practica. El gobierno, de muchas maneras, puede
confiscar la circulación de oro y plata y estatizar el sistema
bancario, dejando sólo bancos privados que deben actuar bajo
las órdenes de un banco central estatal. Esto es coherente
con el estatismo en general, porque, si el estado interfiere globalmente
en la economía, debe controlar la moneda. Es tan coherente
como nefasto.
Porque, aunque lo que voy a decir sea asombroso, controlar la oferta
monetaria "es" inflación. Para la escuela austriaca
la inflación no es simplemente aumento en el nivel de precios.
Es una baja en el valor de cada unidad monetaria por razones exógenas
al mercado. Hay que subrayar esta última parte: por razones
exógenas. En un mercado libre, cualquier moneda puede perder
valor, pero, como dijimos, es sustituída. Pero con la moneda
obligatoria, de curso legal, el gobierno puede seguir aumentando
la oferta monetaria dado que está legalmente prohibido cambiar
de moneda. Y por eso el valor de la moneda baja, y baja, y baja.....
Y usted no tiene nada que hacer. Eso es la inflación. Usted
se ve obligado a comerciar con papel moneda que vale cada vez menos
y por eso cada vez son más la cantidad de billetes que tiene
que dar por cada producto.
Para entender esto hay que entender la relación bienes/dinero.
Vamos a suponer que la economía marcha bien y las inversiones
aumentan y consiguientemente la oferta de bienes y servicios en
el mercado también. Al aumentar la oferta de bienes y servicios,
la oferta de dinero, la "cantidad" de dinero, en relación
al aumento de bienes, es menor, y al ser menor la oferta de dinero,
el valor del dinero aumenta y por ende los precios de los bienes
y servicios tienden a bajar. Pero vamos a suponer que el banco central
norteamericano aumenta la oferta de dinero en forma proporcional
al aumento de bienes y servicios. En ese caso, de acuerdo a lo que
acabamos de decir, el nivel de precios, en general, tenderá
e permanecer estable. Nadie se daría cuenta de lo que está
pasando. Porque si no hubiera sido por ese aumento "estatal"
de oferta monetaria, los precios, naturalmente, hubieran bajado.
Entonces lo que hubo es inflación. Esto es, el nivel de precios
se mantuvo estable, pero sin la intervención del estado hubiera
bajado. Y eso es la inflación: el valor del dinero bajó
por razones exógenas al mercado. Nadie se dio cuenta porque
el aumento estatal de oferta monetaria fue más o menos proporcional
al aumento de bienes y servicios.
Vuelvo a reiterar que en un mercado libre, si aumentara la oferta
monetaria de los dos o tres patrones metálicos que libremente
se estén utilizando, la competencia entre ellos haría
imposible la inflación. Si estamos en Italia comerciando
con liras, y éstas bajan su valor en el mercado internacional
de divisas, podemos comerciar con francos suizos, marcos alemanes,
libras inglesas o dólares.
Pero eso es "otro planeta". Lamentablemente el caso habitual,
y sobre todo en Latinoamérica, donde la oferta de bienes
y servicios es tan limitada, es que el gobierno quiera solucionar
ese problema con la inflación. Eso es olvidar el tema básico
de la escasez. En Latinoamérica hay una indignante pobreza
generalizada y se la quiere solucionar muchas veces mágicamente
emitiendo billetes, como si éstos fueran maná del
cielo. Muchos razonan así: si aumentamos la oferta de dinero,
la gente va a consumir más y la economía se va a reactivar.
Pero, aunque aún no lo hemos visto, para reactivar la economía
hace falta ahorro. Si no hay ahorro previo, por más dinero
que se "inyecte" en el mercado, el efecto no va a ser
que aumente la cantidad de bienes y servicios, sino que los precios
de éstos van a comenzar a subir, porque la oferta de dinero
ha aumentado y la demanda de bienes y servicios va aumentando progresivamente
de unos sectores a otros. Sí, la gente tiene más capacidad
de compra, pero eso lo único que produce son mayores precios,
no mayores inversiones. La escasez sigue sin entenderse. ¿Cuántas
mesas hay acá? Una, dos tres..... Como mucho. Vamos a suponer
que todos ustedes (que son más) quieren mesas. Para eso,
hay que ahorrar, invertir, y fabricar mesas. No es fácil.
Pero lo fácil es que yo diga un discurso y prometa: cuando
yo llegue al gobierno voy a aumentar todos sus sueldos un 100%.
Y llego, y lo hago con emisión monetaria. Entonces todos
ustedes "se lanzan" contentos a comprar las dos o tres
mesas que hay acá. ¿Qué va a suceder? Muchas
cosas. Lo primero es que el precio de las mesas va a subir en forma
terrible. Puede suceder que el dueño de las mesas sea un
santo y quiera regalar las mesas, pero sólo podrá
regalar las tres que hay. O puede ser que el gobierno quiera confiscar
las mesas y repartirlas entre los pobres. ¡Magnífico!,
premio Nobel de la paz para ese gobierno. Simplemente va a poder
repartir cientos de pedacitos de mesas. Entonces va a protestar
contra el capitalismo salvaje y va a pedir prestado a los países
capitalistas. Y el fondo monetario le prestará para que siga
gastando plata. La deuda externa crece y las inversiones no aumentan.
¿Les hace acordar a algo?.....
O al revés y más sofisticado: no les va a aumentar
los sueldos pero sí los impuestos, con los cuales supuestamente
se van a hacer más mesas.... Pero claro, cuanto más
altos son los impuestos, menos inversiones hay, menos se recauda
y de vuelta hay que pedirle prestado al Fondo Monetario y endeudarse
de vuelta.... ¿Les hace acordar a algo?
Todas estas cuestiones nos muestran lo dramático que es no
entender el drama de la escasez. Lo que "no" hay no se
puede cubrir emitiendo dinero. No entender esto es una de las más
importantes y dramáticas causas de la miseria de los pueblos
subdesarrollados.
Sigamos con los efectos de la inflación. Un efecto es que
distorsiona la estructura de precios relativos. Esto lo explica
muy bien Mises y en nuestro medio Cachanosky lo ha sintetizado perfectamente.
Alterar la estructura de precios relativos significa que los precios
ya no son los mismos que hubieran sido sin inflación (por
eso "relativos": en relación a los precios no distorsionados
por la inflación). ¿Y cuál es el problema?
Dos problemas, y muy graves. En primer lugar, debemos tener en cuenta
que los precios de mercado, no distorsionados por ningún
factor exógeno, son los que permiten "apostar"
la mejor combinación de factores de producción para
obtener rentabilidad y por consiguiente un buen servicio al consumidor.
Y, distorsionados los precios por la inflación, ello es ya
más imperfecto de lo que aún es (con esto vemos un
buen ejemplo de lo que vimos el martes pasado: las intervenciones
del estado para mejorar al mercado sencillamente lo empeoran).
En segundo lugar, la demanda de bienes y servicios, estimulada artificialmente
por la emisión de moneda, se va extendiendo gradualmente
de los primeros que reciben la emisión hasta los últimos.
Precios y salarios no suben por ende proporcionalmente: las personas
de menores recursos y reciben un salario real menor con el cual
van al mercado con precios ya inflados, y los pequeños ahorristas
ven sus ahorros reducidos en su valor.
Bien, esos son los dos aspectos del primer efecto de la inflación:
distorsión en los precios relativos. No es poco. Pero está
aún el segundo y el que yo considero el más devastador.
Dado que en una economía monetaria los ahorros se expresan
(aunque no "son") en dinero, con la inflación las
personas tienden a retirar sus ahorros del circuito bancario. (Ya
en la Argentina en estos momentos se está ahorrando más
en dólares que en pesos, lo que muestra que la paridad uno
a uno es un engaño). Pero al disminuir el ahorro en el mercado
de capitales, disminuye, como veremos después, la cantidad
de inversiones. Lo cual significa una menor oferta de bienes y servicios,
una menor demanda de trabajo, y una consiguiente baja en el salario
real. Todo lo cual, a largo plazo, implica una sola y terrible palabra:
subdesarrollo.
Por eso en los países latinoamericanos, ya subdesarrollados,
la inflación ha tenido efectos devastadores, pues ha agravado
aún más la situación. Y en países como
la Argentina prácticamente ha sido una de las causas principales
de su subdesarrollo a partir de la década del 40.
Vemos por ende que la pobreza y la miseria, de la cual siempre se
acusa al "capitalismo", es producida -entre muchas cosas-
por la invasión del gobierno en el mercado monetario, produciendo
inflación y, con ello, una baja en la tasa de ahorro y consiguientemente
en las inversiones que produce toda la pobreza consecuente. Hay
menos demanda de trabajo, el salario real, y las oportunidades de
progreso, de salud, de educación y seguridad social son menores
para todos. Y, nuevamente, toda esta abyecta pobreza, fruto de décadas
y décadas de desordenes monetarios (a lo cual hay que agregar
la estatización general de los servicios, los impuestos a
la renta, las regulaciones al mercado, la inseguridad jurídica
y la inestabilidad política) es consecuencia, a su vez, de
ignorar o querer evitar "mágicamente" el problema
de la escasez. No se puede mitigar el problema de la escasez emitiendo
moneda. Sólo se produce más escasez. Lo único
que puede aliviar el siempre presente problema de la escasez es
el ahorro, tema importantísimo que no vimos aún.
Sin embargo, estamos haciendo quedar muy mal a los que piensan distinto,
y no es así. No es que ellos piensan que la riqueza sale
mágicamente de los billetes, sino que la mayoría de
ellos están influenciados por una de las obras de economía
más importantes de este siglo, la Teoría General del
Dinero, la Moneda y el Crédito que escribe Lord Keynes en
1936. Allí sostiene este gran economista británico
que el capitalismo tiene una insuficiencia crónica de ahorro
que tiene que ser sustituida por una política de expansión
crediticia y obras públicas por parte del estado, y, en la
medida que la emisión haya frenado la recesión y la
desocupación, en esa misma medida debe frenarse la expansión
crediticia y si hubo un alza en los precios no es inflación.
Obviamente los economistas que están convencidos de esto
van a recomendar a los gobernantes medidas de expansión crediticia.
Hayek era amigo de Keynes y trató de convencerlo, en vano,
de que sus teorías no tenían en cuanta a la teoría
austríaca del ciclo económico, que ya veremos. Muchos
austríacos le criticaron a Hayek no haber sido más
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