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Hispanic American Center for Economic Research


 


MARÍA MONTESSORI: A LA MEDIDA DE LOS CHICOS

Natalia Rodriguez

Probablemente los cambios que protagonizó y que propuso María Montessori en el campo de la educación fueron un reflejo de la era de increíbles transformaciones en la que ella vivió, pero también el de una mujer distinguida por una fuerte valoración de la libertad.
Entusiasta defensora de la educación libre, vivió entre 1870 y 1952 protagonizando cambios sustanciales en el paso hacia el novedoso siglo XX. El hecho de ser mujer la puso en una situación de necesaria transgresión al querer aportar algo más de lo poco que la sociedad de esa época preveía para ella. Destinada a ser maestra, eligió ser médica. Siendo la primera médica italiana en 1906, prefirió dedicar el resto de su vida a la educación.
Sin embargo, pese a tantos desafíos, María Montessori también padeció en carne propia el filo del prejuicio. Concibió junto a un médico con el cual trabajaba y fue madre soltera de un hijo que se crió lejos de ella y de la vergüenza de una familia burguesa típica de la época. Alejada de su hijo, dedicó su vocación a la educación de los hijos de todos.

El método Montessori. Las reformas ideadas y llevadas a la práctica por María Montessori apuntaron principalmente al modelo prusiano que se impuso en Europa, Estados Unidos y también en nuestro país desde el siglo XIX. Ese que aplica la idea de orden militar a la enseñanza y establece como marco del aprendizaje horarios estrictos, divisiones por edades, un orden a la moda espartana y una nociva confusión de "lo bueno" con "lo pasivo" y de "lo malo" con "lo activo". Para Montessori era esencial que los chicos tuviesen suficiente libertad para que de ellos surgiera espontáneamente el interés por aprender. El aprendizaje es así el resultado de sus propias iniciativas. Todo lo contrario a algo que se impone desde afuera y que requiere de pasividad.
Sus comienzos estuvieron vinculados al trabajo con chicos que padecían cierto tipo de retraso en el aprendizaje. Después de obtener su diploma de médica, se dedicó al estudio en pediatría y psicología y en sus prácticas en la facultad de medicina de la Universidad de Roma, donde se contactó con chicos de las clases más bajas y aprendió de ellos. Sus primeras experiencias la convencieron del enorme potencial humano que existe en cada niño de manera natural, dispuesto cada uno a realizarse de forma espontánea a través de los estímulos apropiados.
Su militancia en diferentes movimientos de reforma social dieron difusión y mayor alcance a sus ideas sobre la educación, novedosas y llenas de nuevas propuestas en su momento.
Desde 1901, como directora de una escuela vinculada a la Universidad de Roma y que había servido como institución para chicos deficientes, inició un proceso de reforma basado en sus observaciones y en su método mejorado mediante la fórmula de constante prueba y error. Lo fundamental para la Dra. Montessori era resaltar la necesidad de respeto, autoestima, estimulación y de una actividad concreta de los chicos.
Los crecientes y llamativos logros de chicos con problemas de aprendizaje le hicieron reflexionar acerca de las posibilidades inexploradas en los colegios normales. De acuerdo a los alcances que había tenido con sus nuevos métodos, los resultados de la enseñanza entre chicos normales debían ser superados ampliamente.
Pero pese a todo, el ministerio de educación de Italia no le dio el acceso que hubiera deseado a los colegios públicos. Fue entonces que puso toda su dedicación en centros de cuidados de niños de la clase obrera que se encontraban fuera de la edad escolar, conocidas como Casas de los Niños y ubicadas en los barrios más marginales de Roma, donde los chicos llegaban mostrando signos de fuerte agresividad. La Dra. Montessori comenzó utilizando los instrumentos y juegos didácticos que solía usar con los chicos deficientes y a enseñar a los más grandes a realizar las actividades y tareas necesarias cotidianamente.
Con bastante rapidez, los chicos comenzaban a mostrarse interesados y entusiasmados por los rompecabezas y demás juegos, y a aprender a realizar los quehaceres de la vida diaria, logrando cada vez mayor independencia y buen comportamiento. Chicos de 4 ó 5 años empezaron a realizar sumas y restas con números de cuatro dígitos. También se mostraban demandantes de conocimiento en otras áreas y de nuevo material especialmente diseñado para introducirlos en geometría, historia, geografía y ciencias naturales.
"La nuestra era una ‘Casa de los Niños’ más que una típica escuela. Hemos preparado un lugar para los chicos donde una cultura difusa pudiese ser asimilada sin necesidad de una instrucción directa. Chicos de 4 o 5 años han aprendido a leer y escribir sin recibir lecciones de nadie. Resultaba milagroso que esos chicos pudieran leer y escribir y que hubieran aprendido sin la sensación de haber sido enseñados", señalaba María Montessori.
Estos adelantos estaban fundamentados en una premisa básica: los chicos deben ser tratados y respetados como individuos y debe prestarse suficiente atención a sus necesidades. En esto consiste la función del maestro y en guiarlos en su natural propensión al conocimiento. "Contribuir a la vida, dejándola libre, dejándola desplegarse por sí misma, esa es la tarea fundamental del educador", señalaba la educadora. A través de sus experiencias concluyó que "...la actividad individual es lo que estimula y produce el desarrollo, y esto no es más verdadero para los más pequeños que para los chicos de los niveles superiores."
"La educación no es algo que el maestro realiza, sino un proceso natural que se desarrolla espontáneamente en el ser humano. No se adquiere por el hecho de escuchar palabras, sino gracias a experiencias en las que los chicos actúan sobre su entorno. La tarea del maestro no es hablar; es preparar las motivaciones para una actividad cultural en un medio especialmente preparado para los chicos".
Es imprescindible que el maestro conozca individualmente a sus alumnos y que de esa manera pueda aprender a enseñarles. Simplemente no hay "culpa" en el niño que no logra los niveles de aprendizaje deseados.
Una de las cosas que la Dra. Montessori pudo observar en la evolución de los chicos es que estos preferían con frecuencia trabajar y aprender antes que pasar todo el tiempo jugando.
Además, el buen comportamiento - espontáneamente ordenado y civilizado, con demostraciones de mutuo respeto y buena convivencia- era otro de los buenos resultados de la aplicación de sus métodos.

El mejor entorno. Otro de los resultados de las sistemáticas observaciones de la Dra. Montessori fue comprender el grado de importancia del entorno en el cual se realizaba el proceso de aprendizaje. Según ella, para los chicos un ambiente hostil resultaba un impedimento para cultivar sus habilidades y desarrollar sus capacidades. El mundo a la medida de los adultos era una barrera que circundaba sus posibilidades reales, por lo que adaptarlo y reformularlo fue una iniciativa eficaz y difundida con bastante eco hasta hoy.
Los muebles fueron transformados en forma, tamaño y peso a quienes harían uso de ellos. Los espacios rediseñados para un aprovechamiento más racional, funcional y libre. Ventanales hasta el piso, estantes a la altura conveniente, herramientas en miniatura, y pequeños toilettes pasaron a ser parte del ámbito cotidiano. Todo esto era impensable hasta ese momento, en un mundo donde los niños eran bastante poco considerados.
Los chicos además lograban - en esta atmósfera de orden y calma- concentrarse en su trabajo y respetarse entre sí y cuidar por sí solos los materiales didácticos.
María Montessori murió en Holanda en 1948 a los 78 años. Hasta hoy su influencia se deja sentir en miles de instituciones alrededor del mundo que llevan el sello de sus investigaciones y sus innovaciones para mejorar la educación en todo el mundo.

Natalia Rodriguez

 

 

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