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SOCIALISMO DE MERCADO
Entrevista a su autor: Alberto Benegas
Lynch (h.)
Es la primera vez que noto que utiliza el término posmodernismo
en su obra, no sin cierta molestia por la ambigüedad que
connota dicho concepto. A un liberal ¿le plantea algún
desafío vivir en una época posmoderna?
Yo creo que ninguno porque el concepto de posmodernismo no le
asigna un sentido a nada, lo cual incluye al mismo posmodernismo.
De manera que es un término vago, impreciso, ambiguo, escurridizo
y que se utiliza de modo muy multívoco. Lo relaciono con
el socialismo de mercado en lo semántico, en la importancia
de cuidar el término, cómo en el fondo el socialismo
de mercado se propone como un sistema del mercado del no-mercado.
Este uso desaprensivo de los términos es lo que genera
confusión, por eso lo hilo con el posmodernismo.
Hay cuestiones también epistemológicas porque, quiero
agregar, que esto está muy vinculado al tema del relativismo
y el escepticismo. Quisiera precisar esto: lo que tomamos nosotros
como verdades son provisorias, no es que la verdad sea provisoria.
Las cosas son independientemente de lo que nosotros opinemos que
sean, la gran cuestión es como nosotros, ignorantes, de
mentes debilitadas, podemos aprehender, captar esas partículas
de verdades. La forma más fértil ante este problema
es abrir el debate, contraponer teorías rivales y contrastar,
refutar y corroborar provisoriamente en el sentido de que no es
la primera vez que el ser humano piensa que hay un principio,
una ley inexorable y permanente en el tiempo y que después
se descubre que es una falsedad. Como no tenemos revelaciones
para saber qué es cada punto de verdad este esfuerzo es
muy trabajoso.
Argumentar, contrastar, debatir es el eje central del liberalismo
y la sociedad abierta. No se contrapone objetividad con el necesario
pluralismo. Pluralismo en los distintos proyectos de vida que
deben ser respetados pero también como diferentes concepciones
teóricas científicas que deben ser contrastadas.
Subrayo en mi libro que no hay metas finales a las cuales hay
que llegar sino metas móviles, cambiantes.
Usted critica a varios economistas prestigiosos y con varios
best sellers escritos por desconocer que los procesos de producción
y distribución no se dan separados e indiferentes uno del
otro sino que son las dos caras de la misma moneda, no puede existir
el uno sin el otro. Quisiera que profundizara este tema que me
parece central en su libro.
Efectivamente, diría partir de la premisa de que todos
estos autores quieren lo mismo que nosotros: mayor bienestar y
justicia para todos. Ahora, en este debate, si no se comprende
que producción y distribución entendiendo
a ésta última como el destino de la producción
son procesos simultáneos e indivisibles y que la
redistribución daña muy especialmente a los que
se desea proteger puesto que se afecta la reasignación
de recursos y esto quiere decir afectar la productividad y así
a la capitalización y, finalmente, afectar los salarios
en términos reales, lo que no se está comprendiendo
es que se termina perjudicando a los que ganan salarios más
reducidos. Esta es la gran paradoja de nuestro tiempo: en nombre
de los más necesitados se los perjudica con la menor mal
intención y la mayor buena voluntad.
Me impactó mucho en relación a esto una cita de
Sowell: "¿Qué libertad tiene un hombre que
se está muriendo de hambre?" Cuando la esperanza de
vivir en una sociedad realmente libre es inexistente al corto
plazo, ¿no es siquiera pensable una ayuda estatal para
paliar el sufrimiento de los más necesitados?
Diría que hay dos partes en su interesante pregunta. Una
es esa cita de Sowell y el concepto de libertad. Creo que es hacer
común extrapolaciones y usar la palabra libertad en un
sentido metafórico en el campo de la biología y
la física y utilizo muchos ejemplos sobre esto. Por eso
me ha parecido muy útil esta cita de Sowell para separar
la naturaleza de los problemas. Cuando hablamos de libertad en
ciencias sociales hablamos de la ausencia de otros para imponer
la fuerza lo cual no quiere decir que no haya otras cosas
como dice Sowell que sean muy desgraciadas: pie plano,
ser ciego, etc. que no tienen nada que ver con la libertad.
Ahora la segunda parte de su pregunta es que precisamente esa
llamada ayuda del Estado es decir, sacar recursos a otros
ya que los gobernantes no lo ponen de su bolsillo quiere
decir debilitar una estructura eficiente para alimentar otra área.
Al hacerlo se está comprometiendo la capitalización
y por tanto el bienestar de la gente más pobre. A veces
se ve que al debilitar las fuerzas productivas se está
perjudicando al dueño, al empresario y eso es lo secundario,
lo más importante que quiero señalar es la externalidad
negativa, el efecto que produce sobre terceros. Lo mismo que a
la inversa, cuando se acumula capital gracias a la efectividad
de los factores productivos como una consecuencia no querida,
no buscada, se está beneficiando a otros. Esta externalidad
positiva, esa relación entre la acumulación del
capital de otros y nuestros propios ingresos es muy importante
verla. En la medida en que el Estado no chupe recursos para hacer
elefantes blancos en ese mismo momento se están liberando
factores productivos para llevarlos a áreas que no se podían
debido a esa succión. Lo que sí creo es que el aparato
gubernamental, el monopolio de la fuerza debería concentrarse
en áreas completamente ignoradas como son la seguridad
y la justicia.
¿Por qué cree que la idea de un Estado inteligente,
con estrategias industriales de políticas planificadas,
a lo Japón o a lo Suecia, seduce tanto a los intelectuales?
Creo que seduce en forma rápida e inmediata a dos áreas:
la burocracia, porque le da más poder para elegir qué
actividad sí y que actividad no y paralelamente al poder
y a la corrupción que eso permite. Luego, a pseudoempresarios
que van a tener mercados cautivos y privilegios. Ahora, desde
el punto de vista intelectual debe estimularse el debate sobre
donde están los errores de esta posición. En realidad
esta es la historia del ser humano plagada de aciertos y errores.
Imagino que alguna vez se escribirá que gran parte de la
historia de la humanidad ha sido la historia de la arrogancia
y de la presunción del conocimiento. Por eso creo que la
actitud del que participa a favor de una sociedad abierta es una
actitud necesariamente humilde, modesta, una actitud que comprende
que la respuesta a la mayor parte de nuestros interrogantes es
no sé.
Sin embargo, la soberbia, la arrogancia, proviene de este comité
de sabios que pretende dirigir las actividades industriales y
decir cuáles deben ser fomentadas y cuáles no. Lo
importante es el plebiscito diario, que la gente vote qué
es lo que prefiere. Tenemos información dispersa través
del sistema de precios contra ignorancia concentrada. Agregaría
por último que permitir la propiedad y pretender dirigirla
es una característica propiamente fascista.
Dice al final de su libro: "
a la Buchanan creemos
que este esfuerzo resulta más provechoso puesto que apunta
a un campo más fértil, cual es el de aquellos que
profesan una especial consideración a la libertad aunque
propongan medios inadecuados". La pregunta es: ¿Usted
considera más probable un cambio de mentalidad que provenga
de los mismos socialistas que de los liberales?
Hay liberales que se ponen la etiqueta de liberales y no tienen
nada de liberales. Conozco y trabajo con gente que ha sido socialista
y sí tengo más confianza en ellos ya que demuestran
un mayor conocimiento de lo que significa la libertad.
"Nadie hoy en día se considera neoliberal",
escribe usted. A esto agregaría que hay que reconocer que
la izquierda hizo un buen trabajo inventando este concepto para
ridiculizar los principios básicos del liberalismo.
Fíjese que yo creo que este es un problema que no lo planteó
la izquierda sino muchos pseudoliberales. A principios de los
80 se notaba una influencia de las ideas liberales, pero
luego aparecieron los tilingos de siempre que apenas vieron atisbos
de todo eso lo bautizaron como modelo neoliberal y muchos de izquierda
dijeron "Bueno, les tomamos la palabra" y resulta que
los analizan como si fueran una cloaca
y muchos tienen razón.
¿Por qué los liberales en Latinoamérica
han hecho tanto por deformar el espíritu liberal no sólo
errados en lo económico sino también el lo político
colaborando y defendiendo gobiernos totalitarios como las dictaduras?
Vengo de un seminario en España donde J.F.Revel ante una
pregunta similar dijo que en estos temas no hay pureza sino mucha
mezcla de cosas. No es pertinente decir "porque en lo político
tal cosa y en lo económico tal otra". Es un conjunto
frente a la libertad del ser humano. Por otro lado, hay mezclas
más felices que otras. Esa pregunta creo que se debe en
principio a esos pseudoliberales y cazadores de privilegios que
tienen un exitismo muy grande por el poder cualquiera sea su signo.
Y luego yo diría también intelectuales de baja estofa
que tienen una reverencia muy grande por su majestad el gobernante,
no tienen intereses independientes y que no comprenden que son
empleados nuestros, y en la mayor parte, pésimos empleados
con lo que se encandilan frente a su poder y le rinden pleitesía.
Un marxista a quien yo admiro mucho, Eric Fromm, tiene reflexiones
muy interesantes sobre el poder y muestra paradójicamente
que el poderoso es una persona débil, débil mental,
débil moral que necesita para completar su yo dominar a
otros, igual que los sadomasoquistas.
Sí, El Miedo a la Libertad es un libro que deberíamos
leer todos.
Exactamente. El otro libro en inglés el título
es Man for himself y en castellano se lo tradujo por su subtítulo
Ética para el psicoanálisis. Ese es un libro extraordinario
de Eric Fromm.
¿Cómo imagina usted que el gobierno debería
actuar para frenar al empresario que pretende dádivas del
poder?
Creo que no debe cargarse las tintas al empresario que quien
debe enfrentar una pendiente mucho más grande imaginando
mejores servicios al consumidor. Quien ofrece privilegios siempre
va a tener alguien que los compre. El desafío es un marco
institucional que no permita esta alianza y que fortalezca la
seguridad jurídica, la división horizontal de poderes,
funcionarios probos y limitados, de vuelta, a la Popper, no esperar
al estadista rey sino limitarlo para que haga el menor daño
posible.
Leyendo su crítica a Thurow no podía dejar de pensar
en los empresarios que pagan hasta $500 para ir a escuchar a un
economista que sostiene que "el capitalismo es perfectamente
compatible con la esclavitud". ¿Serán masoquistas?
Es una buenísima reflexión. No sólo eso
sino la cantidad de honorarios y viajes que en primera clase le
pagan para que venga. Esa inocencia de pensar que a través
de cierto intelectual puede sacar ventaja a partir de anticipar
las medidas de un gobernante. Son más bien pseudoempresarios
especialistas en lobby y en contactos.
En su opinión, ¿tiene algún valor rescatable
la obra de Marx? Me refiero obviamente a la crítica que
le hace a Frank Roosvelt.
Hay una cosa muy importante y es que después de la revolución
marginalista Marx no escribió nada más. La columna
vertebral de la teoría de la explotación es la teoría
del valor - trabajo. Cuando esto fue sustituído por la
teoría de la utilidad marginal Marx no volvió a
publicar y su último trabajo data de 1867 que fue el primer
tomo del Capital. Pero Engels dice - y esto está bien documentado
- que Marx ya tenía publicado los dos últimos antes
que el primero y que no quiso que se publicaran en vida y es por
eso que aparecen póstumamente. Respecto de Roosvelt y su
lectura sobre la obra de Marx - que no es la mía pero puedo
estar equivocado - y es que Marx al hablar de la abolición
de la propiedad está suponiendo una abundancia proveniente
del sistema anterior capitalista. Si se supone esa abundancia,
es decir, que hay mayor cantidad de bienes que deseo por ellos,
no hay necesidad de propiedad ya que esta es la que asigna recursos
escasos a fines múltiples; si vivimos en jauga y todo crece
de los árboles para qué asignar.
El liberalismo en el futuro ¿no puede pagar muy caro la
pésima implementación de medidas de ajuste, desde
Thatcher hasta Menem, hechas en nombre de una libertad de mercado
ficticia?
Yo coincido con lo que está implícito en la pregunta,
lo único que no haría es esa comparación
dado la distancia sideral y sobretodo en los aspectos éticos.
Röpke dice que la diferencia entre una sociedad abierta y
una totalitaria no es que en la primera haya más heladeras
y hamburguesas sino que hay sistemas institucionales y éticos
opuestos. Y, continúa Röpke, si se pierde la brújula
en esta área, además nos vamos a quedar sin heladeras
y hamburguesas. Este punto marca una diferencia muy grande entre
las dos cosas. De todas maneras tener un discurso liberal y proceder
en direcciones opuestas trae aparejado este tipo de problemas.
En el caso de Thatcher que usted dice hubo una discusión
a brazo partido para bajar del 43 al 42 % la participación
del Estado en la renta nacional. La clave, y esto lo han dicho
desde Alberdi hasta Buchanan, es la deuda pública que está
comprometiendo a generaciones futuras que ni siquiera participaron
del proceso electoral para quien contrajo la deuda.
¿Puede haber sociedad abierta sin democracia?
No, la democracia es esencial como reaserguro a los efectos de
los cambios de opinión con todas sus imperfecciones como
decía Churchill, pero con la posibilidad de elecciones
abiertas.
Luis Balcarce
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