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Hispanic American Center for Economic Research


 


ENTREVISTA A CARLOS RODRIGUEZ BRAUN

Por Pablo Guido y Gabriel Salvia

Carlos Rodríguez Braun (Buenos Aires, 1948) es catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado artículos académicos en España, Estados Unidos, Inglaterra, Italia y otros países. Es autor de La cuestión colonial y la economía clásica (Alianza, 1989), Grandes economistas (Pirámide, 1997), y A pesar del gobierno (Unión Editorial, 1999), y co-editor de Argentina 1946-1982 The economic ministers speak (Macmillan, 1990), Encuentro con Karl Popper (Alianza, 1992), y La economía en sus textos (Taurus, 1998). Ha traducido a relevantes figuras de la ciencia económica, como Adam Smith, John Stuart Mill, Fridrich von Hayek y John Maynard Keynes.

Rodríguez Braun también viene ejerciendo una intensa actividad periodística y de divulgación de la economía. Fue director de España Económica y subdirector de Cambio 16 y del programa "El valor del dinero" en RTVE, y ha publicado unos tres mil artículos en la prensa de España, Europa y América. En la actualidad es columnista de Expansión, Diario 16 y Cambio 16, y colabora con el programa Hoy por Hoy de Iñaqui Gabilondo en la cadena SER.

ML: ¿Cuál es el balance de la gestión económica del gobierno de Aznar, en materia de reforma del Estado, impuestos y gasto público?

CRB: José María Aznar ganó las elecciones en 1996 con un mensaje que podríamos calificar de equívocamente liberal, puesto que por un lado proclamó con claridad la necesidad de bajar los impuestos y profundizar la apertura de los mercados, y por otro lado se comprometió a no tocar el Estado del Bienestar en sus fundamentos. Dada esta contradicción, por otra parte bastante generalizada, su Gobierno no ha podido sino ser tímido en la reducción de impuestos: así, el tipo marginal del impuesto sobre la renta bajó del 56 % al 48 %. El gasto público sigue muy elevado, aunque ha tendido a bajar en términos de porcentaje del PBI desde 1993, cuando alcanzó el 50 %. Hay que observar que a Aznar le ha tocado una fase alcista del ciclo económico, con todos sus efectos virtuosos sobre el equilibrio de las finanzas públicas, a los que hay que sumar la caída de los tipos de interés. Habrá que ver cómo se maneja, aprisionado por la mencionada contradicción, cuando la coyuntura se invierta. Cabe recordar que las privatizaciones, iniciadas por los socialistas, se han limitado a lo más fácil, con lo que han permanecido al margen algunas empresas públicas de abultadas pérdidas, como las del carbón y el sector naval, y otras por razones políticas, como las televisiones estatal y autonómicas. Ha habido avances en la desregulación de algunos mercados, pero no se ha hecho nada en problemas de fondo del Welfare State, como sanidad y pensiones.

ML: ¿Ha habido cambios apreciables en el mercado de trabajo en España?

CRB: España heredó de la dictadura franquista un mercado de trabajo extraordinariamente intervenido y controlado, al que se le sumó un espectacular crecimiento del gasto y los impuestos, que no llegaban a un cuarto del PBI cuando murió Franco. El resultado fue el inmenso desempleo español, que llegó al 25 % de la población activa. Se inició un lento proceso de reforma y liberalización bajo los gobiernos de Felipe González, que ha continuado con Aznar, con bastante timidez. Las reformas han logrado que el paro caiga hasta el 15,5 %, y puede que España "disfrute" dentro de poco de una tasa de desempleo a la europea, es decir, del 10 %. El paro elevado y una gran economía sumergida son resultado de unos altos costes laborales, tanto salariales como no salariales, en términos de impuestos y cotizaciones a la Seguridad Social.

ML: ¿Qué tendencias revela el presupuesto de la Unión Europea?

CRB: Lo malo de las instituciones de la UE no es tanto su coste presupuestario (aún) sino la ineficiencia que provocan en diversos sectores, singularmente el agrícola. El creciente peso de las instituciones europeas con la llegada del euro está llevando a que se reproduzca en Estrasburgo el mismo fenómeno que ha sucedido en los estados nacionales, es decir, que el Parlamento Europeo exija cada vez más ingresos (es llamativa la historia de las asambleas parlamentarias, en cuyo origen mismo latía la necesidad de limitar el poder ejecutivo, precisamente dificultándole la recaudación). Tal exigencia, por supuesto, viene respaldada por argumentos de "solidaridad", merced a los cuales países como Alemania y Francia nutren proporcionalmente más las cuentas de la UE, mientras que países como España, Portugal, Irlanda y Grecia reciben más de lo que pagan. Las cifras son en todo caso modestas y es posible, sólo posible, que la ampliación de la UE represente una frontera a la expansión del gasto, y no un combustible para la misma.

ML: ¿Qué porcentaje del presupuesto de la Unión se asigna a sostener al sector agrícola mediante la política agropecuaria común (PAC) y qué futuro le ve a las negociaciones próximas en la ronda del milenio?

CRB: La PAC es un oneroso desastre, un paradigma de la teoría del Estado, la burocracia y los grupos de presión, que cierra la puerta a los países pobres y obliga a los europeos a pagar más impuestos y precios más elevados por sus alimentos. Llegó a representar la mitad del presupuesto comunitario y tiene una larga historia de despilfarro y corrupción. En años recientes se han planteado reformas que han contenido un poco el peso de este gasto, pero precisamente el fracaso del comienzo de la Ronda del Milenio en Seattle indica que el poder del lobby agrícola europeo es considerable. Tiene interés apuntar aquí que los medios de comunicación en España y Europa saludaron a los manifestantes de Seattle como si fueran los pobres de la tierra, cuando precisamente se trataba de los ricos protegidos: los pobres pidieron más libertad.

ML: ¿Es posible pensar que a mediano plazo se eliminen los subsidios de Europa al sector agropecuario?

CRB: Por desgracia, no creo que sea posible. Más bien preveo una laboriosa y exasperantemente lenta reducción de los subsidios, en un proceso en el que, otra vez, la ampliación de Europa puede resultar útil.

ML: ¿Cuál es su opinión sobre la Unión Monetaria Europea y las perspectivas futuras del Euro?

CRB: La UME tiene evidentes connotaciones positivas en términos económicos, porque inyecta fuerzas contenedoras de la inflación y los tipos de interés, que a países "díscolos" como España le han venido de perlas. Lo malo, naturalmente, es que las bases de los sistemas bancarios permanecen intactas, y el euro es otra moneda fiduciaria, un invento de los políticos y aunque han tomado todas las cautelas posibles para transmitir la imagen de que no van a interferir con esta criatura suya, lo cierto es que lo hacen todo el tiempo, desde la fundación misma del Banco Central Europeo hasta los últimos reproches recíprocos entre su presidente Wim Duisenberg y el canciller Schröeder.

ML: ¿Considera que Inglaterra hizo bien en no ingresar a dicha Unión Monetaria?

CRB: Sí, fue una medida prudente, aunque los británicos corrían el riesgo de perder la primacía de la plaza londinense.

ML: ¿Es la Unión Europea una instancia intermedia de integración comercial con el resto del mundo o su objetivo es sólo liberalizar el comercio entre los países miembros?

CRB: Creo que ninguna de las dos cosas. La UE es una creación política, con objetivos políticos desde su origen, algunos legítimos, como garantizar la paz de un continente probadamente predispuesto a la masacre, y otros no, como el crecimiento de un nuevo poder sito en Bruselas y listo para reproducir los conocidos fallos de los viejos Estados nacionales. Para esos objetivos políticos se inventó el euro, se lanzó la consigna de la Europa unida frente a Estados Unidos, se proclamó la cultura de la estabilidad de precios y se abrieron las fronteras, pero sólo para los países miembros y no siempre con gran entusiasmo: véase el actual conflicto franco-británico a propósito de las "vacas locas".

ML: ¿Qué país europeo produjo últimamente avances en materia de reformas económicas estructurales?

CRB: Sin duda alguna Polonia, un país pobre y con amplios conocimientos empíricos de lo que significa el intervencionismo económico. A comienzos de 1999 Polonia reformó las pensiones, y pasó a un sistema de reparto. Es el primer país europeo que toma este paso. No hay que perder (del todo) las esperanzas.

 

 

 
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