Historia y
Antecedentes
Misión y
Programas
Seminarios y
Eventos
Publicaciones
Periódicas
Suscripciones
Argentina
Suscripciones
Extranjero
Reporte
Ejecutivo
Autoridades
y Staff
Representantes
Filiales
Consejo
Internacional
Promotores
de la Libertad
Organizacion
Afines
Bibliografía
Sugerida
Centro de
Documentación
Prensa
Gráfica
Suscripción
Gratuita
English
Version
Actualidad
Introductoria
Economía
Política
Derecho
Periodismo
Latinoamérica
Cultura
Educación
Historia
Negocios
Ecología
Tecnología
Pensadores
Entrevistas
Home



























Hispanic American Center for Economic Research


 


LA GENERACION MAS AFORTUNADA

Por W. Michael Cox y Richard Alm
versión PDF

Cuando se trata de los hechos materiales de la vida, los jóvenes que están creciendo en este comienzo del milenio están mejor que cualquier otra generación anterior. Y quizás aún más importante, hay razones sólidas como las piedras para estar seguros de que esta generación continuará mejorando en los años y décadas próximas.
Las predicciones de un futuro color de rosa para los jóvenes de hoy va en contra de la postura pesimista de quienes aún sostienen que las calamidades están muy cerca, a pesar de casi dos décadas de crecimiento económico. Cuando se trata del futuro de Estados Unidos, estos pesimistas hacen una pintura penosa de perspectivas magras de trabajo, aumento de la desigualdad de ingresos, y mayores cargas impositivas. El fracaso económico de la nación, dicen, condenará a los jóvenes de hoy al triste destino de ser la primera generación en la historia que no vivirá tan bien como sus padres.
Si se llegara a dar este escenario, sería un revés histórico para las fortunas de la nación. El sistema empresario libre de Estados Unidos tuvo sus altibajos -incluyendo, por supuesto, los dolorosos años de la Gran Depresión. Pero el tema detonante de los últimos 225 años no ha sido el fracaso; fue el éxito, con cada generación de estadounidenses mejor que la precedente. Sin embargo, incluso en el mejor de los tiempos, nunca ha habido escasez de apocalípticos que desperdigan su último libro o teoría acerca de la depresión que se viene.
Los buenos tiempos de Estados Unidos no están en sus fines, no por un largo tiempo. Los jóvenes estadounidenses de hoy están comenzando sus años de adultez con una amplia ventaja en los estándares de vida. Un estudiante universitario típico llega a la universidad con posesiones que sus padres comúnmente no pudieron comprar hasta que tuvieron 40 o 50 años.
Lo mejor, sin embargo, está por venir. A través del resto de sus vidas, miembros de esta generación aprovecharán los beneficios de una economía capitalista dinámica que crea millones de buenos puestos de trabajo anualmente, ofrece oportunidades ilimitadas y como rutina brinda nuevos, mejores y más baratos productos para el consumidor.

UN TRABAJO DE VERANO, LA FIESTA DE COMPRAS. Los trabajos y las innovaciones que están por venir son especulativas por su propia naturaleza. La prosperidad de hoy, sin embargo, está justo frente a nuestros ojos. En realidad, los derechos de nacimiento de la generación más afortunada es un paraíso de consumo muy por encima del alcance de sus padres y abuelos.
El trabajo de verano, el rito de pasar algo así como diez semanas trabajando entre el fin de la escuela un año y el comienzo del curso lectivo siguiente, provee un comienzo para observar las perspectivas de la vida de hoy de los jóvenes. Tomando un trabajo con el salario mínimo, un trabajador puede sencillamente obtener 2.000 dólares durante el verano, con sólo un pequeño descuento de impuestos.
Las ganancias de un puesto de verano da bastante poder adquisitivo. El dinero sería suficiente para llenar un dormitorio o un pequeño departamento con cualquier tipo de cosas y cositas -con una sobra de 10 dólares para la pizza.
La lista de compras hipotética, basada en precios ofrecidos en Internet o en un diario, podría empezar con una computadora personal, la gran invención de nuestros días. Una poderosa Compaq con monitor, módem, impresora color, teclado y mouse por 509 dólares.
Después de eso, el presupuesto podría extenderse incluyendo un reproductor de DVD por 299 dólares, un organizador PalmIIIx por 230 dólares, un televisor de 20 pulgadas por 119 dólares y un reproductor de CD por 70 dólares. Aspectos de confort tampoco deberían ser dejados de lado, por lo tanto ¿qué tal si compramos una cafetera DeLonghi para hacer capuchino por 100 dólares y un pequeño refrigerador por 89 dólares?
El resto de la fiesta de compras hipotética varía desde una mesita de luz, una batidora, una tabla de planchar al extremo opuesto de un sillón con cinco motores de masajes, y una cámara digital. Y aún queda dinero para necesidades adicionales como un teléfono por 49 dólares, una aspiradora de mano por 20 dólares, una tostadora por 36 dólares, un cepillo de dientes eléctrico por 30 dólares y un reloj despertador por 17 dólares. El resultado total: 1.990 dólares.
¿Suena improbable? El ejemplo subestima lo que pueden comprar los jóvenes estadounidenses hoy en día. Recientemente un informe del Departamento de Trabajo de los Estados Unidos demostró que el 71 por ciento de los estadounidenses con trabajo, de entre 15 y 17 años ganaba más que el salario mínimo de 5,15 dólares por hora en 1998. Con tasa de desocupación para los adolescentes en su punto más bajo desde 1969 y con carteles de "se busca ayuda" en casi todas las vidrieras, la gran mayoría de los trabajadores de verano están ganando probablemente bastante por encima del salario mínimo.

EL PODER ADQUISITIVO DEL PASADO. Las generaciones anteriores no eran tan afortunadas. Sólo comparemos la cornucopia de los bienes de consumo que están al alcance de los jóvenes de hoy con lo que podían comprar sus padres y abuelos con el dinero de un trabajo de verano.
Trabajando con un sueldo mínimo en 1970, un estudiante podría ganar $ 618. El dinero podía gastarse comprando un grabador y reproductor de cassettes por $ 290, un televisor blanco y negro por $ 150, una calculadora por $ 99, una máquina de escribir usada por $ 59 y un radioreloj despertador por $ 20.
Los estudiantes de hoy están mejor en muchos sentidos. En principio, pueden comprar más productos y servicios, comprando una heladera, una batidora, una plancha, una aspiradora, una lámpara y otros productos más que la persona de 1970. Además, pueden comprar productos que no existían una generación atrás -como computadoras, faxes, y videograbadoras. En tercer lugar, muchos de los productos que tienen las mismas funciones ahora son mucho mejores, como el caso de la televisión blanco y negro.
Si vamos aún una generación más atrás que la de 1970, la recompensa material por un trabajo de verano era aún menor. Con los $ 282 de un trabajo de verano en 1950, un joven podía comprarse un televisor blanco y negro por $ 180, un tocadiscos por $ 37, un radio reloj por la misma suma y una asadera para brownies. Eso es todo.
Las ganancias por un trabajo de verano de hoy en día son tan mejores debido a un premio escondido del sistema capitalista. A través del tiempo, los salarios tienden a subir más rápidamente que los precios, entonces el costo de lo que compramos en términos de horas de trabajo se vuelve más barato.
Cien kw de electricidad, por ejemplo, requería dos horas de trabajo con un sueldo promedio de un obrero en 1950. Hacia fines de la década del 90, el precio en término de horas de trabajo había bajado a 38 minutos. Un trayecto en avión de 160 kilómetros bajó de 2 horas 43 minutos en 1960 a 1 hora y 2 minutos en la economía de hoy en día.
En las últimas generaciones, este progreso en el poder adquisitivo de nuestro tiempo de trabajo sucedió sobre un gran número de productos, desde el galón de leche a un Big Mac. La tendencia es particularmente fuerte en los bienes de manufactura, donde la productividad aumenta rápidamente. Los precios actuales de las computadoras, VCRs, teléfonos celulares, faxes, y otros productos electrónicos están cayendo. El factor del aumento en los salarios y la demanda modifica por altibajos.
A principios de la década del 70, tomaba un mes de trabajo comprarse un televisor color. Ahora, sólo toma tres días. En un cuarto de siglo, el precio en términos de tiempo de trabajo de un teléfono celular cayó 97 por ciento. Una calculadora de mano ahora cuesta 45 minutos de trabajo, pero en 1972 costaba 31 horas.

MEJORES TRABAJOS CON CHEQUES MÁS GRANDES. Las compras con el sueldo de un trabajo de verano de los tres estudiantes hipotéticos resume la experiencia de la mayoría de los estadounidenses durante las últimas tres generaciones. El país fue testigo de un aumento tremendo en los estándares de vida.
Los estudiantes universitarios comienzan su vida adulta mucho más tarde que las generaciones anteriores. ¿Cómo podrían terminar peor el resto de sus vidas? Suena a una suposición absurda.
Una habitación o departamento lleno de bienes de consumo, por supuesto, no necesariamente se traduce como toda una vida de mejoras en los estándares de vida. La promesa de la prosperidad futura de los jóvenes de hoy se basa en la probada habilidad de la economía estadounidense para brindar bienes y servicios.
Es la máquina económica más poderosa de la historia - una economía libre, abierta que incentiva la iniciativa individual. Incluso en tiempos de aparente tranquilidad, este sistema de libre empresa sigue funcionando en un ritmo implacable hacia lo nuevo, mejor y más barato.
La "Destrucción Creativa" -la famosa frase de Joseph Schumpeter- genera un progreso continuo, con cada generación viviendo mejor que la anterior. Con el tiempo, nuevos productos aparecen, llegan nuevas tecnologías, nuevas industrias eclipsan a las existentes, nuevos trabajos reemplazan a los anteriores, con los salarios cada vez más gordos y las condiciones de trabajo cada vez mejores.
En la década anterior o algo así, la economía estadounidense se unió con la destrucción creativa, dando empleo a un adicional de 18 millones de trabajadores. La fuerza que estaba detrás de este gran número de puestos de trabajo creados fue la nueva economía que surgió con la difusión del microprocesador, una invención de los 70 que alcanzó su masa crítica en los 90. Pequeños, pero cada vez más poderosos, los cerebros electrónicos dieron inicio a una ola de rápido progreso -en computadoras, productos electrónicos, telecomunicaciones, software, Internet, e incluso en medicina.
El crecimiento económico del siglo XXI vendrá del mismo catalizador que forjó gran parte de la historia de los Estados Unidos: invención e innovación. El país se sienta ahora sobre una superficie madre de tecnología, una fuente potencial de progreso que reduce todo lo que hayamos visto en el pasado.
¿Qué son estas nuevas tecnologías? Son muchas y variadas, pero algunos ejemplos servirán como muestra de la gran cadena de ciencia e invención. Las computadoras cada vez más poderosas están multiplicando las aplicaciones potenciales de la inteligencia artificial y realidad virtual. Al mismo tiempo, los inventos en la tecnología de reconocimiento están llevando a máquinas que detectan formas, sonidos e incluso huelen.
Los avances en robótica están produciendo máquinas capaces de combatir incendios u obedecer las órdenes de un doctor en un quirófano. La tecnología de reducción de sonido está usando las propiedades físicas de las ondas de sonido para hacer del medio ambiente un lugar más tranquilo y las transmisiones celulares más claras.
La nanotecnología, la manipulación de materia en un nivel molecular, hace posible a superconductores más poderosos y con menos fricción. Las micromáquinas, algunas del ancho del cabello humano, están comenzando a funcionar dentro del cuerpo humano.
El cifrado del ADN humano promete grandes avances en medicina y biología. El espacio exterior ofrece posibilidades comerciales nunca antes dichas, algunas de las cuales ya están apareciendo gracias al Sistema de Posicionamiento Global actual.
En sí misma, la tecnología no produce crecimiento económico. Es la tarea del sistema económico traducir los avances de laboratorios y grupos de investigadores en productos comerciales que darán comienzo a nuevos negocios, industrias y trabajos.
La fortaleza de la economía estadounidense es su incomparable habilidad para poner en funcionamiento a la tecnología en forma rápida y eficiente. La empresa libre incentiva la innovación, premia la toma de riesgos y da a los individuos la libertad para perseguir sus propios destinos. Esto es lo que da progreso y mejora los estándares de vida.
En este sistema, es una buena apuesta el hecho de que las oportunidades laborales serán mejores en el futuro en comparación con hoy en día. Los jóvenes de hoy poseen habilidades en computación, Internet y otras tecnologías- haciéndolos recursos escasos en la economía cada vez más globalizada.
Es una vieja historia en Estados Unidos: la educación y la habilidad se traducen en mejores salarios, más beneficios y mejores condiciones laborales. Funcionó para generaciones anteriores. Funcionará para la generación que ahora entra en escena.

UNA GENERACIÓN AÚN MÁS AFORTUNADA. Aquellos que venden el pesimismo a los jóvenes de hoy se equivocan de manera espectacular. Esta no será la primera generación que terminará peor que la anterior. Todo lo contrario. La proyección del futuro de Estados Unidos es bastante clara y poco oscura. Nuestro sistema capitalista dará una abundancia de ciencia y tecnología al trabajo. Difundirá la innovación, dará lugar a nuevas industrias, creará puestos de trabajo bien pagos, incrementará la productividad y disminuirá los precios al consumidor.
Hay más buenas noticias para los jóvenes de hoy, no todas puramente económicas. Las jubilaciones vienen cada vez más temprano y duran cada vez más. El trabajo se está haciendo más flexible y provee la oportunidad para el descanso y la recreación.
Sumemos todo. Cuando se trata del futuro económico, los jóvenes de Estados Unidos de hoy son la generación más afortunada de la historia -al menos hasta que sus hijos crezcan y forjen una generación aún más afortunada.

W. Michael Cox es vicepresidente senior y economista jefe del Federal Reserve Bank of Dallas y Richard Alm es escritor sobre negocios. Ambos son coautores de Mitos sobre riqueza y pobreza: por qué estamos mejor de lo que pensamos.
Este artículo fue originalmente publicado en la revista Ideas on Liberty. Permiso para traducir y publicar otorgado por The Foundation for Economic Education (www.fee.org) a la Fundación Atlas para una Sociedad Libre.
Traducción de Hernán Alberro.

 

  © Fundacion Atlas para una Sociedad Libre | Av. Roque Sáenz Peña 628 Piso 8º Oficina T 1
1035 - Buenos Aires - República Argentina
Tel/Fax: (54-11) 4343-3886 E-Mail: atlas@atlas.org.ar