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LAS CAUSAS Y CONSECUENCIAS DE LA SEGUNDA
GUERRA MUNDIAL
Por Richard M. Ebeling
Cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial en 1945, la mayor
parte de Europa se encontraba en ruinas. Ciudades alemanas como
Dresden y Hamburgo habían sido prácticamente cremadas
por constantes bombardeos aliados. Varsovia prácticamente
había sido convertida en un descampado por los alemanes.
La política de quema de tierras de los nazis tanto como la
de los soviéticos dejó a gran parte de la Rusia europea,
los estados ucranianos y bálticos casi absolutamente destruidos.
Los campos de concentración nazis habían consumido
no sólo las vidas de seis millones de judíos, también
un número equivalente de polacos, gitanos y otros "indeseables".
Dos ciudades japonesas -Hiroshima y Nagasaki- quedaron incineradas
por explosiones atómicas. Los ocho años de guerra
y la ocupación japonesa de China provocó la hégira
de millones de chinos que buscaron refugio en las regiones salvajes
y hostiles de China occidental; y decenas de miles murieron intentando
escapar.
Cincuenta millones de vidas se perdieron en la guerra.
Las palabras del historiador inglés Robert Mckenzie, al describir
a Europa al comienzo del siglo XIX durante las Guerras Napoleónicas,
son aún más aptas para expresar lo sucedido en la
Segunda Guerra Mundial: "Los intereses de la paz se marchitaron
en la tormenta; las energías de todas la naciones, los frutos
de todas las industrias se pusieron al servicio de la destrucción.
Desde el Norte más lejano hasta las costas del Mediterráneo,
desde los confines de Asia hasta el Atlántico, los hombres
luchaban por quemar la ciudad del otro, ultrajar las tierras del
otro, destruir las vidas de los otros. En algunas tierras se escucho
el grito de la victoria, en otras el lamento de la derrota. En todas
las tierras derroche de la guerra había producido una amarga
pobreza; en cada casa había pena y miedo."
¿Por qué? ¿Por qué causa, con qué
propósito, los hombres liberaron sus fuerzas de destrucción
en esta hoguera de locuras? Las respuestas son simples: colectivismo
y nacionalismo; visiones utópicas y fanatismo ideológico;
y la búsqueda de poder.
El mundo liberal clásico de los derechos individuales, propiedad
privada y libertad civil había muerto en la Primera Guerra
Mundial. Cada una de las queridas y sufridamente ganadas libertades
del siglo XIX fueron sacrificadas en el altar de obtener la victoria
en esa guerra. Y cuando terminó la guerra, la libertad, tal
como resultó ser, fue la víctima final. Detrás
de los slogans de guerra de "hacer que el mundo sea más
seguro para la democracia", "el derecho a la autodeterminación
nacional," y "una liga de naciones para asegurar la paz
mundial", los estados nacionales habían aumentado su
poder. Los controles de guerra habían reemplazado a la libre
empresa; los controles de intercambio y las regulaciones de importación-exportación
habían reemplazado al libre comercio; los impuestos confiscatorios
y la inflación había minado la santidad de la propiedad
y se había comido la riqueza acumulada de millones. El individuo
y su libertad se habían hundido...y el estado y su poder
ahora eran gigantescos.
Y los demonios fueron liberados en el mundo. Antes de que la guerra
llegara a su fin, Rusia fue abatida por la revolución. Cansados
y hambrientos, los rusos querían la paz. El Zar abdicó
en febrero de 1917. Pero el gobierno provisional de fuerzas políticas
de centro-izquierda que reemplazó a la monarquía insistió
en continuar la guerra junto a los Aliados contra Alemania. Esto
dio a los bolcheviques bajo Lenin la oportunidad de llegar a las
masas con el slogan "paz, pan y tierra."
En noviembre de 1917, mediante un golpe, los bolcheviques tomaron
el poder. Cuando el resultado de las elecciones libres le permitió
a los bolcheviques quedarse con sólo un pequeño número
de asientos en el nuevo Parlamento, Lenin lo cerró luego
de sesionar por sólo un día. Lenin y los bolcheviques
tenían la intención de llevar a la gente al socialismo,
a pesar de los deseos de la gente. Luego, el camino marxista hacia
el paraíso futuro fue profundizado bajo Stalin con la colectivización
forzosa de las tierras, planificación central, purgas masivas
contra todos "los enemigos de la gente", y el Gulag.
En Italia, los disturbios sociales, la agitación comunista
y la desilusión con la guerra crearon las condiciones para
la aparición de Mussolini y su movimiento fascista. La "marcha
sobre Roma" en 1922 puso a los fascistas en el poder. En pocos
años, implementaban su versión de la utopía
colectivista del futuro: corporativismo. Toda la industria y el
comercio estaban subordinados a los intereses de la nación.
El estado era supremo - y el individuo era el medio para sus fines.
Para expresar este concepto, Mussolini acuñó el término
"totalitarismo".
En la década de 1920, un gobierno democrático débil
en Alemania sirvió de contexto para la aparición de
movimientos políticos radicales. Hitler y los nazis insistían
en que Alemania había sido víctima de los poderes
aliados, que habían etiquetado a Alemania como el único
agresor en la Primera Guerra Mundial. Y Alemania era ahora cargada
por pagos opresivos de reparaciones causados por la "traición"
a los alemanes por los social-demócratas. Con el desempleo
en aumento y la crisis económica que seguía el comienzo
de la Gran Depresión en 1929, los nazis se hicieron del poder
en 1933. Prometieron traer la recuperación económica,
purgar a Alemania del "elemento judío", y el reestablecimiento
de Alemania en su verdadero lugar en el mundo. Hacia 1936, los nazis
habían implementado su propia versión de una economía
corporativista planificada. Además, a través de la
educación estatal y de un gran aparato de propaganda, instituyeron
su ideología racista y de ampliación territorial.
Pero la marea de la ideología colectivista no se limitó
a la Unión Soviética, Italia, y Alemania. Excepto
Checoslovaquia, todos los países de Europa Central y Oriental
estaban controlados por regímenes autoritarios - caracterizados
por economías reguladas y la negación de las libertades
civiles.
Y en Europa Occidental, el transcurso político de los hechos
no era muy diferente. Tanto el partido conservador como el laborista
en Gran Bretaña se dedicaban a un estado intervencionista
benefactor. Después de 1931, Gran Bretaña quedó
fuera del patrón oro, el libre mercado fue reemplazado por
el proteccionismo, y se utilizaron los proyectos de obras públicas
para combatir contra el desempleo. Y en Francia, los gobiernos de
centro-izquierda siguieron políticas similares.
En Asia, China era gobernada por el partido nacionalista (Kuomintang)
bajo Chiang Kai-Shek, quien intentaba introducir una "modernización"
a través de una economía de estado intervencionista
y un fascismo planificado. Al mismo tiempo, grandes regiones del
país eran controladas por altos rangos del ejército
locales o por las fuerzas comunistas de Mao Tse-tung. Y Japón,
con su propio estilo de fascismo en el orden económico, intentaba
establecer su propio imperio en Manchuria y el resto de China.
En los Estados Unidos, el colectivismo también resultaba
triunfante. En la década de 1920, los administradores republicanos,
a pesar de la retórica de la libre empresa, establecieron
varios negocios mixtos con el gobierno en nombre de la "racionalización"
económica. La política de banco central de la Reserva
Federal pasó a administrar la economía mediante la
manipulación monetaria. Y cuando se dieron los frutos de
la planificación monetaria mediante un banco central en el
"gran crack" de octubre de 1929, la administración
de Hoover respondió con aún mayor intervención
estatal y gasto gubernamental. El resultado fue la Gran Depresión.
Con la llegada del New Deal en 1933, luego de la elección
de Franklin D. Roosevelt, Estados Unidos fue víctima de su
propio estilo de fascismo económico, con el gobierno imponiendo
controles extensivos y regulaciones sobre casi todos aspecto de
la vida económica. La experiencia del New Deal incluso llevó
a Mussolini a decir que admiraba mucho a Franklin Roosevelt porque,
con estas políticas, Roosevelt había mostrado que
él también era una "social-fascista".
Hacia mediados de la década de 1930, el colectivismo triunfaba.
Casi ni una pequeña fracción del mundo estaba libre
de los controles gubernamentales orientados a una economía
planificada - orientados a una expansión del poder del estado.
Y las condiciones ahora estaban dadas para el conflicto y la guerra.
La politización de la vida económica y social significaba
que toda disputa - todo desacuerdo en el campo mundial - ahora eran
cuestiones de interés nacional y de victoria o derrota ideológica.
Todos los estados nacionales se convirtieron en fortalezas económicas,
rodeadas por barreras comerciales y armas económicas de esa
índole. Y junto con las armas económicas de la rivalidad
nacionalista estaba el crecimiento de una vasta carrera de armamentos.
Los medios políticos utilizados por todos estos estados nacionales
eran similares. Lo que los diferenciaba eran los fines para los
cuales estos medios eran utilizados. Para los soviéticos,
el objetivo era la revolución marxista y el comunismo. Para
los fascistas, era el poder nacional y el imperialismo. Para los
nazis, era la supremacía racial y "espacio vivible"
para los alemanes. Para los ingleses y los franceses, era el mantenimiento
de sus imperios coloniales y la dominación económica
del comercio mundial. Para Japón, era un imperio económico
en China y la dominación política de Asia Oriental.
Para los Estados Unidos, era la consolidación de los "logros"
del New Deal a nivel local y, hacia fines de la década de
1930, la diseminación de la ideología del New Deal
en el resto del mundo.
Los eventos de la década del 30 - eventos que llevaron al
mundo a una guerra total - fueron los resultados naturales de la
aparición de un estado totalmente colectivista. Con la muerte
del liberalismo clásico - y su filosofía de gobierno
limitado y libertad individual - los demonios de la idolatría
estatal abarcaron a todo el globo. Los colectivismos en competencia
estaban inevitablemente signados a chocarse en la lucha por la supremacía
ideológica. Y los choques de estos estatismos competidores
formaron el contexto para el comienzo de la Segunda Guerra Mundial.
La Segunda Guerra Mundial no fue una guerra entre la libertad y
la tiranía. En realidad fue un conflicto entre sistemas alternativos
de colectivismo. Hacia la década del 30, no había
ni un país grande que fuera devoto y practicante de los principios
del liberalismo clásico - la filosofía política
de la libertad individual, capitalismo de libre mercado y libertad
de comercio. Más allá de las variantes particulares
de la cuestión colectivista, prácticamente todos los
gobiernos del mundo tenían o estaban implementando algún
tipo de planeamiento económico y restringiendo las libertades
personales y comerciales de su ciudadanía.
En la Unión Soviética, el estado era dueño
y controlaba todos los recursos y medios de producción de
la sociedad. La producción y la distribución estaban
directamente controladas por las agencias de planeamiento central
en Moscú. En la Italia fascista y la Alemania nazi, la propiedad
y los recursos continuaban en forma nominal en manos privadas, pero
el uso y la disposición de esa propiedad y esos recursos
estaban controlados y dirigidos según las indicaciones del
estado. En Gran Bretaña, el libre comercio y el patrón
oro habían sido abandonados a principios de la década
del 1930, durante la Gran Depresión. El proteccionismo, el
intervencionismo, el estado benefactor y la manipulación
monetaria eran las herramientas políticas activas del gobierno
británico.
A lo largo de Europa y el resto del mundo, los diferentes estados
nacionales habían erigido barreras tarifarias, regulaban
la industria y la agricultura, limitaban la libre circulación
de su gente y restringían las libertades civiles.
Los Estados Unidos siguieron el mismo curso. El New Deal de Franklin
Roosevelt era un intento conciente y activo de imponer un tipo fascista
de orden económico en Estados Unidos. E incluso mucho después
de que el New Deal había sido declarado inconstitucional
en 1935, la administración de Roosevelt continuó en
el camino colectivista con la regulación de la economía,
gastos deficitarios, obras públicas, estado benefactor, y
planificación monetaria centralizada a través del
sistema de Reserva Federal.
En realidad, más allá de la Unión Soviética,
los colectivismos que competían eran meramente formas diferentes
de fascismo económico y político. Los denominadores
comunes de todos ellos eran el nacionalismo económico, el
control gubernamental de la economía, y el absolutismo político.
Y esto también aplicado a los Estados Unidos. Tal como lo
expresó John T. Flynn en forma concisa en su libro As We
Go Marching en 1944, la única diferencia es si uno piensa
que estas políticas son "del fascismo malo" o "del
fascismo bueno" con la diferencia estando determinada por si
era otro gobierno el que las llevaba adelante o el de uno.
Los regímenes totalitarios en Alemania y en Italia meramente
habían llevado la premisa colectivista hasta su conclusión
lógica. Fue por esta razón que Friedrich A. Hayek
en 1944 tituló su libro Camino de servidumbre, un libro en
el que demostraba que el camino que estaban siguiendo Inglaterra
y los Estados Unidos era el mismo que seguía Alemania. La
única diferencia, observó Hayek, era que la Alemania
nazi estaba mucho más adelantada en el camino.
El nacionalismo económico requiere que cada estado nacional
tenga un territorio lo suficientemente grande para asegurarse la
autosuficiencia económica. Las direcciones de Hitler por
"un lugar vivible" para los alemanes personificaba esta
doctrina. En lugar del concepto marxista de sociedad dividida en
"clases sociales", Hitler dividía al mundo en "grupos
raciales", en los cuales los alemanes eran clasificados por
él como una grupo de raza superior. El nacionalismo también
significa que el individuo no posee ni significancia ni valor más
allá de su rol asignado al servicio del estado, con el estado
como el agente político del poder y el destino colectivos.
¿Y cuáles eran los motivos de los británicos
para resistir la intención de conquista nazi? Refiriéndose
al ataque sobre Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, Winston
Churchill se regocijó: "Ningún estadounidense
pensará mal de mí si proclamo que tener a Estados
unidos de nuestro lado es el mayor de los placeres...Inglaterra
vivirá; Gran Bretaña vivirá; el Reino Unido
de Naciones y el Imperio vivirán." No se hace ninguna
referencia aquí a la libertad o a la propiedad, a la santidad
del individuo y a la limitación del gobierno. La preservación
de "la nación" y "del imperio" era lo
que le importaba. En realidad, la filosofía política
de Churchill se reflejaba a comienzos de la década de 1930,
cuando declaró que si Gran Bretaña alguna vez se encontraba
en la posición en que se encontraban Italia y Alemania luego
de la Primera Guerra Mundial, él sólo esperaba que
Gran Bretaña encontrara a su Mussolini o Hitler para que
la guíe.
Y el desprecio de Churchill por los derechos de otras personas y
otras naciones quedó demostrado por su defensa de la invasión
británica a una Noruega neutral a comienzos de la primavera
de 1940. Por supuesto, Hitler se le adelantó a Inglaterra
por una semana. Pero sólo entonces la invasión de
un país neutral se hizo un acto moralmente despreciable a
los ojos de Churchill. Su desprecio hacia la libertad de las otras
personas también se reflejó durante una conferencia
de guerra con Stalin en Moscú, en la cual ofrecía
dividir el área de los balcanes de la Europa de sudeste entre
Inglaterra y la Unión Soviética. Incluso llegó
a armar una tabla de porcentajes de grados de influencia que tendrían
Gran Bretaña y la URSS sobre cada uno de los países
para ocupar tierras.
Y la Segunda Guerra Mundial fue un regalo divino para Franklin Roosevelt.
Habiéndose establecido para darle a Estados Unidos el "New
Deal", el desempleo seguía alrededor del 15 por ciento
entre 1937 y 1938. Y comenzaba a aparecer la desilusión entre
los estadounidenses a medida que los niveles de gasto gubernamental
y los déficit presupuestarios continuaban creciendo más
y más.
Pero Roosevelt ahora tenía otra oportunidad: le daría
al mundo un "New Deal". Puso la manta de liderazgo de
Woodrow Wilson para hacer que el mundo sea más seguro para
las democracias. Y se rodeó de consejeros que veían
que la salvación del mundo estaba en el estado benefactor
y el planeamiento gubernamental. El problema, sin embargo, era que
la mayoría de los estadounidenses no querían ser ni
los policías del mundo ni su ingeniero social global.
Pero Roosevelt estaba convencido de lo que era bueno para Estados
Unidos y sus ciudadanos. Entonces, se dispuso a meter a Estados
Unidos en la guerra. La evidencia de esto es tan fuerte que tanto
los historiadores en pro y en contra de Roosevelt admiten el hecho
de que violó los límites constitucionales y rompió
las leyes de neutralidad aprobadas por el Congreso para crear las
condiciones que inevitablemente llevarían a Estados Unidos
a ingresar en la Segunda Guerra Mundial. La única disputa
ahora es de interpretación: ¿era o no algo bueno?
Y todo el tiempo, Stalin estuvo sentado sobre las alas. Al firmar
un pacto de no agresión con Hitler - un pacto que dividía
a Europa Oriental entre Alemania y la Unión Soviética
- hizo posible el ataque de Hitler a Polonia en 1939. Incluso después
de la invasión alemana en la Unión Soviética
- cuando la Unión Soviética era entonces aliada de
Gran Bretaña y Estados Unidos - Stalin sondeaba para lograr
una paz separada con Hitler.
Y en conferencias de guerra en Teherán y Yalta con Roosevelt
y Churchill, Stalin dejó en claro que en el mundo brillante
y mejor del final de la guerra, la Unión Soviética
tendría la dominación asegurada del continente europeo.
En realidad, en la Conferencia de Teherán en 1943, Roosevelt
incluso sugirió que luego de la guerra, los gobiernos de
Europa Oriental deberían ser "amistosos" con la
Unión Soviética. Incluso se pidió a Stalin
que no se haga esto público - 1944 era una año de
elecciones y Roosevelt no quería perder el voto polaco. El
carnicero marxista que había matado a decenas de millones
de personas en la Unión Soviética ahora se le daba
una mano libre en mitad de Europa. ¿Qué quería
Roosevelt a cambio? Que Stalin accediera a que la Unión Soviética
se una a las Naciones Unidas y ¡que trabaje con los Estados
Unidos por la paz mundial!
En esta maraña de "aliados" y "enemigos",
el defensor de la libertad no podía encontrar a ningún
campeón. Los "malos fascistas" estaban ocupados
trabajando en sus campos de la muerte en Polonia y Alemania. Los
"buenos fascistas" estaban ocupados bombardeando objetivos
civiles en toda Alemania y lanzando destrucción masiva sobre
los japoneses. Y los "bien intencionados" comunistas en
la Unión Soviética estaban ocupados trazando su estrategia
para subyugar a Europa Oriental y grandes regiones de Asia, como
los próximos pasos hacia la victoria marxista mundial.
Por segunda vez en el siglo XX, el mundo fue inmerso en un conflicto
global. Y por segunda vez, rodeados por la destrucción masiva
y por millones de cuerpos, los sobrevivientes creyeron que ahora
sí iba a emerger un mundo mejor como un fénix de las
cenizas. Sus esperanzas iban a quedar destruidas casi inmediatamente.
La Guerra Fría estaba por empezar. Y la libertad iba a ser
nuevamente sacrificada en el altar del estado.
En 1945, el totalitarismo nazi fue destruido por la capacidad militar
de los aliados de guerra. Pero unos pocos meses después de
la victoria, nuestro camarada de armas, "el tío Joe"
Stalin (Tal como lo llamaba afectuosamente el presidente Franklin
Roosevelt), dejaba en claro que el período de post guerra
no sería una era de paz mundial y armonía internacional.
A meses de la rendición alemana, Stalin estaba ajustando
su alcance sobre los países de Europa Oriental que habían
sido "liberados" por el Ejército Rojo. No habría
elecciones libres, ni pluralismo democrático, ni economías
de mercado en las naciones que ahora estaban en la órbita
de Moscú. Hacia 1948, con el golpe comunista en Checoslovaquia,
todos y cada uno de los países de Europa Oriental se habían
transformado en una "República Popular" socialista.
Ahora sabemos que esta fue la intención de Stalin desde el
comienzo, a pesar de las promesas que dio al presidente Roosevelt
en la Conferencia de Yalta en febrero de 1945. A principios de abril
de 1945, menos de dos meses después de la firma de los acuerdos
de Yalta, una delegación comunista yugoslava liderada por
Tito se encontraba en Moscú. En un banquete nocturno en su
honor, Stalin especuló sobre la era de post guerra. En su
libro, Conversaciones con Stalin, Milovan Djilas cuenta que Stalin
en un momento explicó, "esta guerra no es como antes,
quien ocupe un territorio también le impone su propio sistema
social."
En Asia, el gobierno nacionalista (Kuomintang) corrupto de China
pronto se encontró en una fatal guerra civil con el despiadado
ejército comunista de Mao Tse-tung. Los soviéticos,
luego de "liberar" a Manchuria de los japoneses en los
últimos días de la guerra, le dieron un paraíso
seguro a las fuerzas de Mao y las proveyeron con armamento militar
capturado a los japoneses. Y en los Estados Unidos, un vocal de
la comunidad intelectual intentó asegurarle al público
estadounidense que Mao y sus seguidores eran simples y honestos
reformistas agrarios. Cuando China cayó completamente en
manos comunistas hacia fines de 1949, los chinos pronto experimentaron
la realidad, cuando el terrorismo marxista y la planificación
económica los convirtió en una nación de esclavos.
La guerrilla comunista en la Indo-China francesa bajo Ho Chi Minh,
la insurgencia comunista en Grecia, el bloqueo de Berlín
en 1948, y la invasión norcoreana a Corea del Sur en junio
de 1950 sirvieron para convencer a un creciente número de
estadounidenses que su país estaba siendo enfrentado por
una amenaza internacional y que era necesario una respuesta determinada
y única de parte de la nación. Entonces, Estados Unidos
asumió el título de policía global y protector
del mundo.
La amenaza comunista bajo el liderazgo soviético en la era
de la post guerra, sin lugar a dudas, era única en la historia
moderna. Aquí había una ideología que buscaba
trascender todos los límites de las naciones e insistía
en que no podría haber una paz perdurable en el mundo hasta
que el socialismo fuese victorioso en todos los continentes del
globo. Y los impulsores de este mensaje marxista no tenían
escrúpulos morales con respecto a los medios y los métodos
que utilizaban. La vida humana no tenía ningún valor
para ellos, más allá que como herramientas para el
logro de su utopía colectivista.
Pero al elegir alianzas políticas e intervenciones militares
como los métodos para combatir a este mal ideológico,
los Estados Unidos se transformaron radicalmente de todo lo que
habían sido antes de la Segunda Guerra Mundial. El respetado
historiador liberal clásico, Arthur A. Ekirch en su libro
The Decline of American Liberalism, explicó la naturaleza
de esta transformación: "Como parte de la lucha contra
el comunismo, los estadounidenses fueron vencidos por la necesidad
de los preparativos militares sobre la base de una guerra virtual.
En Estados Unidos tanto como en Europa, el ciudadano individual
continuó consiguientemente viviendo una atmósfera
cercana a la de la guerra, en la que sus propias aspiraciones estaban
subordinadas a las demandas del estado. Gastos tremendos, fundamentalmente
para necesidades militares, ampliación de las deudas nacionales,
conscripción militar, una amplia burocracia de empleados
civiles, y un creciente pensamiento y una creciente cultura oficiales
eran algunas de las evidencias del aumento del estatismo y la declinación
del individualismo."
El resultado entonces fue que en nombre de oponerse a la amenaza
del socialismo agresivo, los Estados Unidos adoptó ampliamente
para su política doméstica y extranjera un socialismo
defensivo. El estado ganó ampliamente el control sobre las
vidas del los estadounidenses y su propiedad.
¿Y por qué los Estados Unidos decidieron que éste
era el método más apropiado para luchar contra el
socialismo extranjero? Porque la mayoría de la gente en los
círculos intelectuales y políticos de Estados Unidos
creían en el socialismo - más allá de que estuvieran
o no dispuestos a ponerle esa etiqueta a sus creencias. La Gran
Depresión los había convencido de que el capitalismo
no funcionaba y que en mayor o menor grado el gobierno tenía
la responsabilidad de supervisar y administrar las cuestiones económicas
de la ciudadanía. Su disputa con los marxistas, en última
instancia, no era con respecto a la cuestión del "gobierno
grande", sino sobre el aborrecimiento hacia los métodos
"no democráticos" empleados por los seguidores
marxistas.
Y en línea con sus premisas socialistas, los líderes
políticos de Estados Unidos intentaron utilizar los métodos
socialistas para combatir al socialismo en aquellos países
que estaban en la "línea de batalla" de la amenaza
comunista. A los gobiernos extranjeros se les dijo que la única
respuesta para evitar que su propia gente vaya hacia el comunismo,
era adoptar políticas socialistas: redistribución
de la riqueza, una economía intervenida, obras públicas,
y estado benefactor. El estatismo se convirtió en la manera
de combatir al estatismo.
Por 45 años, las autoridades políticas de Estados
Unidos insistieron sobre la implementación de este tipo de
políticas por parte de los gobiernos "amistosos"
como condición para recibir ayuda económica y militar
de Estados Unidos. Apenas si puede ser sospechada la cantidad de
países en el mundo que fueron víctimas de gobiernos
opresivos y manipuladores durante la pasada década como un
resultado directo de la política exterior estadounidense.
Como consecuencia, los Estados Unidos ha sido probablemente el exportador
más exitoso de ideas socialistas al mundo. Encubierto en
la retórica de la "democracia" y la "libre
empresa", el efecto acumulativo del ejemplo y el pinchazo estadounidense
es que no haya ahora, en realidad, ni un país que realmente
practique los principios de gobierno limitado y economía
de libre mercado.
Y peor aún, los estadounidenses mismos ya no tienen una visión
de cómo debería ser un Estados Unidos libre, ni siquiera
conciben de lo que significa una política de no intervención
en relaciones exteriores. La economía regulada en casa y
el estado intervenido afuera se convirtieron en su concepto de la
"libertad".
Lo trágico es que la política exterior de una sociedad
libre es lo más simple de entender y la más fácil
de llevar adelante. El gobierno en una sociedad libre tiene dos
funciones: la protección de la vida y la propiedad de su
ciudadanía de la agresión de otros y la adjudicación
de disputas legales que surjan entre ciudadanos de esa sociedad.
Más allá de esto, el gobierno no tiene otro rol que
le corresponda. En una sociedad libre, todos los "problemas
sociales" son cuestiones de resolución voluntaria y
consentimiento mutuo entre sí.
La única política exterior en una sociedad libre es
que el gobierno proteja a sus ciudadanos de la agresión extranjera
en formas de amenazas a la integridad territorial de la nación.
Todas las demás cuestiones son personales y privadas de la
gente. Si alguien en los Estados Unidos cree que la gente de otro
país merece ayuda contra la opresión, entonces ellos
como ciudadanos privados son libres de ser voluntarios en la lucha
por la libertad de esa otra nación. También son libres
de contribuir con sus ingresos y riquezas, por sí solos o
con otros que piensen de la misma manera, para proveer la asistencia
material necesaria para aquellos que en otros países no puedan
ganar su libertad por sus propios esfuerzos.
Pero lo inconsistente con la creencia en la libertad es una política
exterior que imponga y obligue a algunos estadounidenses como para
que otros estadounidenses puedan tener su política exterior
deseada subsidiada. Sin importar cómo se la etiquete esto
continúa siendo una redistribución forzada de la riqueza.
Si está mal en una política doméstica que Pedro
tenga que pagar impuestos o sea reclutado por Pablo para que Luciano
pueda ganar, entonces está igualmente mal que Pedro tenga
que pagar impuestos o sea reclutado para que Pablo beneficie a un
Luciano que vive en otro país.
Pero 45 años de Guerra Fría dejaron a los estadounidenses
incapaces de recapturar en sus mentes estos principios más
que fundamentales de la libertad. Y a pesar de la aparente victoria
de los Estados Unidos sobre el comunismo en la Guerra Fría,
si los estadounidenses no recobran este entendimiento, la Guerra
Fría habrá resultado victoriosa sobre la derrota de
la libertad en Estados Unidos.
Richard Ebeling es profesor Ludwig von
Mises en Hillsdale College, Hillsdale, Michigan, y es vicepresidente
de asuntos académicos de The Future of Freedom Foundation
www.fff.org
Traducción: Hernán Alberro
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