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LA LIBERTAD PROTEGE, EL GOBIERNO DESTRUYE
Por Jarret B. Wollstein
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La solución para la sanación de nuestro ambiente no
descansa ni en el caos de la propiedad común ni en la tiranía
de la administración gubernamental. El rol que el gobierno
debe cumplir en materia ambiental es el de reconocer y proteger
la propiedad individual y evitar que ésta provoque efectos
nocivos sobre el medio ambiente.
Todos anhelamos un más seguro y menos polucionado medio ambiente.
Paulatinamente, gente de todas partes del mundo han comenzado a
tomar conciencia de cómo estamos dañando al planeta
de diversas maneras, infringiéndonos un daño a nosotros
mismos y amenazando el bienestar de las futuras generaciones.
En Sudamérica y en Asia se destruyen bosques a razón
de más de 30 acres por minuto. En 50 años, los mismos
habrán desaparecido por completo. En Europa del Este, pueblos
enteros se encuentran cubiertos por un negro y tóxico hollín
que tiene su origen en la polución industrial. A su vez,
en Europa Occidental, más del 70% de los árboles de
la llamada Selva Negra están enfermos o muriéndose.
Aún en los Estados Unidos, país que posee uno de los
más elevados estándares en cuanto a la preservación
del medio ambiente, existen miles de basurales con desperdicios
tóxicos que son potencialmente mortales, al mismo tiempo
que numerosos ríos se hallan amenazados por la destrucción
biológica provocada por la erosión originada en la
explotación agrícola.
Contaminar la propiedad del prójimo es algo incorrecto, punto.
Un individuo no tiene más derechos a contaminar el agua o
el aire de otra persona que el que tiene de envenenar su café
o colocarle arcénico en su comida. Aquellos que con su contaminación
afecten la salud de otros y dañen su propiedad, deberán
compensar a sus víctimas y ser compelidos a no causar perjuicios
futuros, ya sea el transgresor un simple particular, una gran empresa
o el propio gobierno.
EL CONTROL GUBERNAMENTAL DESTRUYE.
Mientras que la mayoría suele estar de acuerdo acerca de
que la polución debe ser controlada, existe un amplio debate
con respecto a cómo debe llevarse a cabo dicho control. Un
método que definitivamente no funciona es la actitud colectivista
de proclamar que la tierra es el "patrimonio común de
la humanidad".
Aquella propiedad que pertenece a "todos" se convierte
en responsabilidad de nadie. Al hacer de los mares, ríos,
praderas y bosques propiedad común, se está generando
un enorme incentivo para que cada uno intente explotarlos lo más
rápido que le sea posible. No hay ninguna razón par
que una compañía maderera, por ejemplo, tale tan sólo
unos pocos árboles si su abstención lo único
que hace es permitirle a sus competidores talar un número
cada vez mayor de ejemplares. La propiedad colectiva conduce inevitablemente
al derroche y a la destrucción, como lo atestiguan la sobre-pesca
que tiene lugar en los océanos y la desaparición de
numerosas especies de mamíferos en África. En 1968,
Garret Hardin dio al desastre producido por la propiedad colectiva
el nombre de "la tragedia de los comunes".
Un segundo método que ha fracasado para proteger la propiedad
es aquel que coloca su posesión y administración en
manos del gobierno. La gente suele pensar que los empleados públicos
protegerán el "interés público",
pues los mismos se encuentran motivados por el "bien común"
en lugar de por su afán de lucro. Sin embargo, en una sociedad
no existe ningún interés que sea público, sino
innumerables públicos diferentes con diversos y, en muchas
ocasiones, conflictivos intereses. Distintos grupos podrían
intentar, por ejemplo, utilizar la misma tierra para edificar casas,
una base militar o una reserva ecológica. ¿Cuál
interés público deberían apoyar los burócratas?
Cuando el gobierno controla la propiedad, los deseos de sus funcionarios
y de los poderosos grupos sociales (tales como grandes corporaciones
y adinerados contribuyentes a las campañas políticas)
prevalecerán usualmente por sobre los intereses de los ciudadanos
corrientes. El medio ambiente y el público suelen resultar
perdedores. Lo que sigue son algunos ejemplos.
DESTRUCCION DE LOS BOSQUES. En los
años ´60, Brasíl se embarcó en un masivo
desarrollo de su selva amazónica. El gobierno construyó
miles de kilómetros de caminos subsidiados mediante impuestos,
otorgó préstamos baratos a los granjeros y ganaderos,
e inclusive los proveyó de transporte gratuito.
Para cultivar en el Amazonas, los granjeros tuvieron ante todo que
proceder a quemar los árboles y la maleza, destruyendo miles
de raras especies vegetales y animales autóctonos. Sin embargo,
el suelo de la selva es muy pobre, pues muchos de sus nutrientes
se encontraban en las plantas. Luego de unos pocos años de
cultivarla, la tierra se torna improductiva. Los agricultores deben
-entonces- mudarse periódicamente, arrasando con más
bosques en cada cambio, y dejando una tierra inservible detrás.
La agricultura del Amazonas es rentable únicamente en virtud
de los diversos subsidios otorgados por el gobierno, incluyendo
rutas y préstamos. Más allá de estos incentivos,
un trabajo de Robert Repetto, publicado en 1988 bajo el nombre "El
bosque para los árboles", señala que las ventas
de ganado cubren solamente un 55% de los costos.
Con un rendimiento de las cosechas que va declinando y una caída
en la venta de carnes, la agricultura del Amazonas se ha convertido
en un verdadero desastre ecológico y económico. Sin
subsidios masivos provenientes del gobierno brasileño y del
Banco Mundial, gran parte de esta destrucción nunca hubiese
ocurrido. Los viejos bosques de los Estados Unidos han sido también
devastados. La culpa principal recae, nuevamente, en los subsidios
gubernamentales. El Servicio Forestal Estadounidense ha construído
aproximadamente 343 mil millas de caminos subsidiados con impuestos,
equivalentes a ocho veces la totalidad del sistema interestatal
de carreteras. Sin estos 800 millones concedidos a los madereros,
el cultivo de los bosques norteamericanos hubiera sido físicamente
imposible y económicamente no rentable.
ECOSUICIDIO EN LA U.R.S.S. El Mar
Aral en Kasakhstan era el sexto lago por su tamaño en el
mundo. Como resultado de un desarrollo forzado por el estado soviético,
está desapareciendo. Un 90% de los ríos que lo alimentaban
fueron desviados hacia plantaciones de algodón. El 44% del
lago ya no existe y en su lugar hay un desierto. Sin embargo, el
suelo de los cultivos de algodón es nutricionalmente pobre
y, por ende, las cosechas han comenzado a declinar, haciendo que
la mayoría de las granjas estén perdiendo dinero.
Para pero, el Aral y los terrenos circundantes han sido contaminados
con pesticidas. Como lo han sostenido Feshbach y Friendly en su
libro "Ecosuicide in the URSS", el nivel de residuos químicos
es tan elevado que los peces se mueren, y 2 de cada 3 individuos
examinados en centros de salud pública se encuentran enfermos.
Antiguos y prósperos pueblos pesqueros descansan ahora sobre
desiertos envenenados gracias a la administración gubernamental.
BASURALES TOXICOS EN USA. De acuerdo
con lo expresado por Kevin Doxel, vocero del Pentágono, en
1991 existían 17.400 basurales tóxicos distribuidos
en unas 1.850 instalaciones del gobierno americano. Residuos provenientes
de ellos han comenzado a llegar hasta las napas de agua, contaminando
de este modo las tierras linderas e incrementando los casos de cáncer
en la población. Cuando los ciudadanos afectados han intentado
obtener un resarcimiento por parte de las autoridades, se han encontrado
con que el gobierno posee "inmunidad soberana" que impide
que pueda ser demandado por los daños que provocara.
Los organismos de control del gobierno, terminan comúnmente
siendo dominados por las facciones más poderosas del sector
industrial al que supuestamente deberían vigilar. Esos grupos
poseen cuantiosos recursos para gastar en lobby, a la vez que se
encuentran incentivados por la posibilidad de obtener enormes ganancias.
Como lo señala James Bovard en "The Farm Fiasco",
el Comité Federal de Administración de la Naranja
(que controla la producción de ese cítrico en California
y Arizona) posee una línea directa con la Compañía
Sunkist Growers; ¡el cartel de productores de cítricos
más poderoso de los Estados Unidos! No es sorprendente entonces,
que las regulaciones de dicha Administración beneficien mayormente
a los miembros de Sunkist a expensas de otros productores.
Ni la propiedad comunal de los recursos, ni su administración
por parte del estado, protegen al medio ambiente. Afortunadamente,
existe una tercera alternativa.
MEDIO AMBIENTE EN UN MERCADO LIBRE.
En la Unión Soviética, antes del colapso del comunismo,
solamente el 7% de las granjas eran privadas. ¡Pese a ello,
producían cerca de la mitad de los alimentos del país!
Cuando los recursos son poseídos privadamente, tres importantes
cosas ocurren: primero, los propietarios individuales conservan
y administran su propiedad con el objeto de que ésta perdure,
en lugar de que desaparezca con su explotación. ¡Si
uno posee un bosque o una manada de elefantes, la última
cosa que desea hacer es destruirla!; segundo, los propietarios tiene
tanto un incentivo moral como económico para defender sus
recursos de quienes eventualmente podrían dañarlos;
y tercero, cuando los individuos poseen recursos, tienen la responsabilidad
moral y legal de evitar que el uso de su propiedad cause perjuicios
a terceros.
Ahora describiremos algunos ejemplos de cómo la propiedad
privada y la responsabilidad individual protegen tanto los derechos
individuales como el bienestar social.
PRIVATIZACION DE RIOS, ARROYOS Y OCEANOS.
En Inglaterra y Escocia, los particulares pueden adquirir derechos
de propiedad privada de pescar en diversos ríos y arroyos.
Aquellos que violen estos derechos están sujetos a elevadas
multas. De conformidad con un trabajo que data del año 1991
realizado por el Centro Nacional para el Análisis Político,
titulado "Medioambientalismo Progresivo", desde los años
´50, la Asociación Cooperativa Angler´s en Inglaterra,
ha manejado más de mil quinientos casos de polución
y recobrado miles de libras en daños para permitir a los
propietarios restaurar sus pesquerías, y ello ha también
desalentado varios intentos gubernamentales por modificar la jurisprudencia
con relación a la polución.
En contraste, el estudio señala que en los Estados Unidos
"a raíz de no encontrarse bien definidos los derechos
de propiedad, las más importantes especies de la fauna marina
que poseen valor comercial, son virtualmente sobre-capturadas y
sus stocks están mermando paulatinamente."
Para proteger a las especies marinas, se requiere que los derechos
de propiedad privada se extiendan a ellas. Ello hará posible
la conservación de aquellos peces sometidos a una pesca intensiva
y de diversos mamíferos. Los pescadores deberían de
poder reclamar derechos de pesca sobre áreas determinadas
y defender esos derechos de eventuales violadores. Creándose
"derechos de propiedad de pesca oceánica" se terminaría
con nuestra oceánica tragedia de los comunes. Los mismos
importarían un incentivo para que los pescadores restrinjan
la pesca y conserven los océanos a perpetuidad.
PROTECCION DE ESPECIES EN PELIGRO.
La propiedad privada también protege a aquellas especies
a punto de extinguirse. En Kenya, donde la venta de marfil es ilegal,
la población de elefantes ha declinado en más de un
70% durante los pasados diez años (de 65.000 a 19.000). Sin
embargo, en Zimbabwe, que reconoce la propiedad privada de elefantes,
su población se ha incrementado de 30.000 a 43.000 en la
pasada década.
REAFIRMANDO LA CREATIVIDAD DE LOS HOMBRES
Y MUJERES LIBRES. Paulatinamente, se está descubriendo
el poder de la propiedad privada y del mercado libre. La Nature
Conservancy protege el medio ambiente adquiriendo tierras mediante
fondos donados por particulares. Desde 1951, han preservado más
de 2,4 millones de acres de tierra ambientalmente amenazada. Una
de las más imaginativas innovaciones de la Conservancy es
el sistema por el cual algunos bancos perdonan parcialmente deudas
a países pobres, a cambio de que ellos brinden protección
ecológica a determinadas áreas.
Muchos otros grupos privados a través del mundo están
involucrados con la conservación, incluyendo a la National
Wildlite Foundation, la Audobon Society, y la Trout Unlimited. En
los Estados Unidos existen 11.000 clubes privados dedicados a los
patos, habiendo protegido entre 5 y 7 millones acres de pantanos.
La creatividad y la compasión de los ciudadanos comunes,
combinada con el poder financiero de un mercado libre, son nuestra
mejor esperanza para proteger el medio ambiente.
HACIENDO LAS PASES CON NUESTRO MEDIO AMBIENTE.
La solución para la sanación de nuestro medio ambiente
no descansa ni en el caos de la propiedad común ni en la
tiranía de la administración gubernamental. La posesión
comunitaria daña al medio ambiente porque fracasa en definir
derechos de propiedad, haciendo que todos tengan incentivos para
sobre-explotar los recursos. La administración en manos del
gobierno lo perjudica pues coloca a los derechos de propiedad bajo
los caprichos de los burócratas, garantizando únicamente
que el interés del estado y de los más poderosos grupos
sociales prevalecerá.
El rol que el gobierno debe cumplir en material ambiental es el
de reconocer y proteger la propiedad intelectual y evitar que esta
provoque efectos nocivos sobre el medio ambiente. Cuando los derechos
de propiedad se respetan, los hombres y mujeres conservan los recursos
y detienen la polución. Para hacer las paces con nuestro
planeta necesitamos utilizar los beneficiosos poderes de la propiedad
privada, de la responsabilidad individual y del mercado libre.
Jarret B. Wollstein es Director de la
International Society for Individual Liberty. El presente trabajo
apareció originalmente en la publicación "Freedom
Daily", que edita The Future of Freedom Foundation.
Traducción de Gabriel Gasave.
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