La politica y la ley
Diana Ferraro
Escritora


Cuando uno se pregunta por qué el procesado vicepresidente Boudou sigue en su cargo, por qué la presidenta Fernández decide por sí misma no pagar la deuda pública sin la aprobación del Congreso, y por qué las diferentes causas por corrupción que invariablemente terminan en el ex presidente Kirchner y, por ende, en su esposa Fernández, no llegan nunca a su última instancia, se debe apuntar a la vez a la oposición y al remanente de diputados y senadores peronistas que no termina de decidirse acerca de si servir al amo corrupto que le da HOY de comer o al más confiable amo—el pueblo—que, mediante su lealtad, le va a dar SIEMPRE de comer.

Que la oposición no acelere los tiempos y apueste al desgaste y liquidación definitiva de ese peronismo siempre vital y mutante, encarnado hoy en la por cierto deshonrosa y muy poco peronista variante del kirchnerismo, es comprensible pero poco justificable. Un adversario político detestado no vale la suerte del total del pueblo argentino. Tampoco vale la pacífica admonición del Papa Francisco, “Hay que cuidar a Cristina”, cuando lo que hay que cuidar es a la Argentina de los reiterados desmanes y abusos del unicato actual.

Lo que no resulta de ningún modo aceptable es que peronistas de muy arraigada tradición y desempeño dentro del peronismo, hoy vistiendo los incómodos ropajes del kirchnerismo, continúen avalando esos desmanes y abusos, ni siquiera desde un punto de vista del interés personal más egoísta y oportunista. En ellos, diputados y senadores peronistas devenidos kirchneristas, está la solución a estos tiempos complejos y llenos de trampas. ¿Vamos a seguir un año y medio más en estas condiciones de parálisis del país o van hacer ellos algo al respecto? Encolumnarse ya detrás de un nuevo líder con más perspectivas puede resultarles una variante egoísta útil, tanto como para no terminar en el mismo exilio dorado que su actual jefa parece desear tras tanto arrebato irracional. Exilio donde, como ya se sabe, sólo hay lugar para uno, un par de ayudantes y la masa invisible e incierta que decida continuar soñando con la novela imposible.

Con nuevo líder o sin él, una posición constructiva para que este importante lote de diputados o senadores pueda ir enderezando el rumbo de la Nación, es que los más lúcidos y leales al pueblo y a su origen peronista ayuden a la creación de una nueva mayoría en el Congreso que permita solucionar los problemas más graves y avanzar en las cuestiones de fondo. Una solución institucional que permitirá ir transitando el año y medio que falta con el máximo de plasticidad, negociación y respeto a las leyes y que contará con el apoyo del Poder Judicial, que ya se ha levantado en contra de la obediencia debida al gobierno de turno y hecho bandera de su independencia Constitucional.

Es posible adelantar los tiempos de la recuperación. Falta la renovación de una parte del Congreso, no por vía de las hoy lejanas elecciones, sino por vía de las conciencias que despierten a su deber con el pueblo que los eligió y que hoy padece las consecuencias de un unicato irracional y destructivo de toda vida nacional productiva.
 

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