El club de la pelea: Cristina siempre tiene un enemigo a mano con quien confrontar
Hugo Grimaldi


BUENOS AIRES, ago 09 (DyN) - El mundo diplomático está consternado. Califica de “papelón” la última boutade argentina, la de acudir a La Haya en soledad, intentando mojarle la oreja nada menos que al gobierno de Barack Obama. En tanto, los juristas más reconocidos se tiran de los pelos. Haber perdido el juicio con los holdouts en dos instancias, sufrido el rechazo de la Corte de los Estados Unidos y quedar ahora al borde del “desacato” los exaspera. Pero, haber reaccionado tan tarde, como le pasó al Gobierno, los espanta. 

  Salvo los muchachos de La Cámpora que hoy están copando esos dos ambientes, alineados con lo que venga con tal de no fallarle a la causa, hay mucha desazón en los cuadros profesionales de la Cancillería y en el ámbito de los Tribunales por la actuación gubernamental en cuestiones que condicionan gravemente la inserción internacional del país y que significan una peor calidad de vida para los argentinos.

  Todo indica que Cristina Fernández decidió volcar en ambos carriles, debido a la miel que le acercaron las benditas encuestas. El conflicto que se inventó con los Estados Unidos como derivado de la pelea épica con los buitres, que había desembocado a su vez en sucesivos palazos al octogenario juez Thomas Griesa, extensivos de paso al mediador Daniel Pollack, todos ahora enemigos de las decisiones soberanas del país, parece opacar por el momento en los sondeos algunas broncas ciudadanas.

  Mientras que la inflación, la recesión, el temor al desempleo y la inseguridad siguen estando agazapadas con pronósticos más que reservados y la gente las sufre cada vez más, entre las circunstancias más notorias que le quitaron un poco de presión al Gobierno en estos últimos días, hasta que saltó el segundo procesamiento, se planteó la situación irregular de Amado Boudou, a quien la oposición quiere correr del Senado y vapuleó de lo lindo en la última sesión. 

  Imperturbable, desde el estrado de la presidencia, el irritativo vicepresidente parecía el miércoles pasado un boxeador que recibía castigo con la guardia baja y colgado de las cuerdas, pero allí lo había mandado a sentar Cristina por terceros y en su natural arrojo para todo servicio se prestó a la jugada política. Si lo hizo con el propósito de victimizarse no lo consiguió, ya que su figura resultó entre desafiante y patética, pese a que la televisión oficial hizo malabares para no mostrarlo. Lo que sucedió realmente ese día, fue que utilizando a Boudou como ariete, la Presidenta hizo una demostración de fuerza, esencialmente para disciplinar a su propio bloque de senadores. 


  Aparentemente, ella notaba que no existía suficiente enjundia para defender al kirchnerismo más duro entre muchos de los avergonzados legisladores propios que conduce el rionegrino Miguel Pichetto, tal como lo demostraron en sus rostros cuando los opositores hacían picadillo a Boudou. 

  Conocedora del cuerpo como pocos, Cristina sabe de las roscas que hay entre los políticos de las diferentes bancadas, que no se agotan en el toma y daca de favores legislativos, algunos viables y otros non sanctos. En este Senado en particular, hubo siempre intenciones de mutuo respeto para llevar adelante la tarea legislativa sin conflictos, más allá de lo encendido de cualquier discurso o de las trapisondas reglamentarias. “A los tibios los vomita Dios” (Apocalipsis 3:16), solía citar el ex presidente Carlos Menem y ésta es también religión para CFK.

   La señal correctiva para Pichetto tuvo en apariencia otro origen, ya que sólo bastó que la prensa publicara que el Jefe de Gabinete iba a asistir a dar su informe al Senado, aprovechando que allí no iba a estar Boudou, para que le ordenara a su vice que no viaje a Colombia tan temprano y que presida la sesión. “A mí los diarios no me van a fijar la agenda” solía decir el ex presidente Néstor Kirchner y Cristina es aún más obsesiva al respecto. 

   En medio de estas tribulaciones, otra cuota de distensión, impensada y hasta ahora no utilizada políticamente por el Gobierno, estuvo dada en la semana por la mágica aparición de Ignacio Hurban, nieto de Estela de Carlotto quien, además de darle mucho aire fresco a la conmocionante vida diaria del país, le aportó indirectamente un viento extra a la Presidenta.
   
  Peleadora compulsiva como es, ya que considera a la política como una batalla permanente por el poder, Cristina se nutre de imaginar enemigos, cuanto más poderosos mejor, para generar así más adhesión entre la tropa y a la vez, sentimientos de compasión entre los potenciales seguidores. De allí, los discursos autoreferenciales, con escasa miga, argumentos retorcidos e impactos de frivolidad propios de un ‘acting’, muchos disfrazados de anuncios que la mayor parte de las veces son cáscara y casi nunca sustancia.


  De este carácter fue la cadena nacional del jueves pasado, sobre todo en la parte donde se hicieron referencias de tono económico con el pomposo título de “El Gobierno sale a la cancha”, lo que lleva a preguntarse por qué había se había ido tan notoriamente del campo de juego, cuestión que esta columna planteó con preocupación la semana pasada. En ese contexto, llegaron los anuncios presidenciales para “profundizar las medidas contra-cíclicas”, grandilocuentes en la letra, pero apenas cebita para tirarle a un elefante.

 El primero, financiación barata para que los empresarios puedan renovar hasta 2.242 colectivos en dos años, que se construirán en 11 fábricas que emplean a 2.000 personas, resulta ser una aspirina en el mar. Luego, el plumereo de los planes REPRO para las empresas, creados en 2009 “en plena crisis” para que no despidan gente y ahora ampliados en monto y en plazo “para dar una respuesta para los desafíos del contexto laboral, que atravesamos”, en buen romance suspensiones y despidos, circunstancia más que delicada socialmente que, no obstante, se presentó como un logro.

  Por último, la exhumación del CEDIN, aquel instrumento que ideó Guillermo Moreno para “incentivar el mercado inmobiliario” con los dólares blanqueados que nunca llegaron y que para la Presidenta no funcionó porque los bancos “no recibían absolutamente ningún tipo de comisión”. Por lo tanto, allí salió el Estado que todo lo autoriza a permitir que las entidades financieras cobren algo, lo que no parece asegurar ni un solo dólar extra. 

  Según el vicepresidente de la Cámara Inmobiliaria Argentina, Armando Pepe la explicación presidencial fue “endeble”, ya que “ni siquiera los narcos confiaron en el CEDIN”. Pepe opinó que la culpa de todo la tuvo el diseño de la operatoria, que impedía que “los dólares estuvieran automáticamente sobre la mesa en el momento de la escritura”, algo que el Gobierno obvió porque su misión es envasar los anuncios para que parezcan creíbles, al tiempo que le pasa la responsabilidad a otros, en este caso los tan criticados bancos.

  En ese último discurso se notó que a la Presidenta la asesoran muy mal, sobre todo cuando presenta cifras nominales, como en el caso de la recaudación que, mes a mes, permite hablar de “récords”, aunque con porcentajes muy similares a la inflación. Además, tropezó cuando señaló que la suba de 36,1% de lo recaudado por el impuesto al cheque marca el nivel de actividad, en un país en el que el propio INDEC pone al borde de la recesión.


  Con mucho orgullo después señaló que el gasto primario del sector público no financiero se expandió durante el primer semestre 44,3%, mientras que el gasto total creció 48% y, sin importarle demasiado la brecha del déficit -cosa de “los liberales”, dijo- expresó lo que muchos quieren escuchar siempre en la Argentina, salvo cuando experiencias similares terminaron con emisiones descontroladas, les toca su propio bolsillo y derrumba a los gobernantes en las encuestas: “el Estado gasta, querido y si no la ponen los empresarios, ¿quién querés que la ponga, si no la pone el Estado? ¿Cómo sostenemos esto?”, inquirió como si el kirchnerismo hubiese aterrizado recién en un planeta inexplorado y tuviese que hacerse cargo de los errores ajenos.

  En este punto, la Presidenta debería preguntarse por qué no “la ponen los empresarios” y un elemento que no hay que dejar afuera es la cuestión del cambio de reglas de juego permanente a favor del creciente estatismo, factor al que el sector privado atribuye muchos de sus males. El concepto de “seguridad jurídica”, junto al de “clima de negocios”, fueron catalogados como “palabras horribles” por el ministro Axel Kicillof cuando presentó la estatización de las acciones de Repsol en el Congreso. Sin embargo, hace un par de días el mismo ministro le exigió otro tanto a los Estados Unidos.  

  Pese a tanta confusión de ideas, la Presidenta hizo un llamado voluntarista a los empresarios a invertir y a los argentinos a consumir y hasta marcó que el mismo Kicillof le recuerda siempre “que Adam Smith decía que el panadero no está para hacer beneficencia, el carnicero tampoco ni el carpintero tampoco. Están todos para ganar plata. Así que, por favor, terminen con esas locuras del socialismo y todas esas cosas”.

  Nunca quedó muy claro quién dijo lo de las “locuras del socialismo”, si Kicillof, si el padre del liberalismo o la misma Cristina, en todo caso un concepto que se da de patadas con otro con el que cerró la frase, como si fuera una concesión graciosa del gobernante: “tienen razón, todos quieren ganar plata, así que bueno… vamos a hacerlo ganar plata”. 

  Por último, una bajada de línea poco afortunada: “el que crea que va a salvar su trabajo comprando dólares o guardando la plata para no consumir, lo más probable es que en el mediano plazo, la termine perdiendo. Por favor, que se les grabe esto en la cabeza”, casi ordenó, sin pensar seguramente que la referencia cambiaria remitió a los memoriosos a Lorenzo Sigaut (“el que apuesta al dólar, pierde”, 1981). 


   La lógica de quienes aconsejan esta manera de comunicar, con un modo en el que entrecruzan exageraciones, medias verdades, disimulos, contradicciones y bloopers, es que no vale la pena hablarles a los extremos: los convencidos ya están adentro, mientras los no creen son “gorilas” irredimibles, suponen. 

  Por eso, el relato siempre se dirige a persuadir y a confundir a los que entienden menos, también a los más jóvenes, ya que carecen de memoria histórica y a quienes son más vulnerables desde lo emocional. La prensa, los banqueros, los empresarios y ahora Obama y los buitres son los “enemigos de la Patria” y por lo tanto, culpables. Del lado del gobernante, siempre la perfección y el sacrificio. Hay abundante literatura dedicada a cuestiones de manipulación política, mucha de ella asociada con los totalitarismos. 

  Conocido el sentimiento y la mentalidad de muchos argentinos de los tres grupos, está claro que redoblar la apuesta contra los holdouts y sumar a la contienda a los Estados Unidos, el país que genera más escozor político por estas tierras, aunque nunca se lo descarta a la hora de pensar en irse a vivir a otro lugar, es para muchos una causa siempre digna de ser apoyada.  
 

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