120 días que marcarán cómo será el fin de ciclo K
Humberto Bonanata


emana versátil para el régimen. Desde los anuncios de Economía que continuarán chicaneando al juez Thomas Griesa -elegido como enemigo del populismo decadente- hasta el paro policlasista del jueves, sin olvidar el anunciado allanamiento a la “Narko-Rosada” por parte de la jueza María Servini de Cubría.

 
Saben que enfrentar a “los buitres” les ha dado un efímero rédito político cercano al aumento del 7% de la imagen presidencial. Ya no les importa seguir transitando tierra arrasada ni tampoco cómo transitarán el año que les resta a las P.A.S.O. presidenciales. Menos aún les incluye pensar en la Argentina post-eleccionaria y pre-fuga del poder.

En larguísimos once años nunca proyectaron un mandato presidencial completo. Incursionaron desde 2003 en el “paso a paso” que a Néstor Kirchner pudo darle resultados superficialmente positivos, apoyados sustancialmente en las mejoras comparativas de los commodities y la constante exacción a la producción agropecuaria como la apropiación de gran parte del salario de los trabajadores a través del impuesto inflacionario y la constante y creciente apropiación de los “reajustes” salariales a través de la tasa del impuesto a las ganancias.

Toda esta gran mentira se degrada diariamente y los obliga a forcejear con leyes inconstitucionales como la de abastecimiento y la del cambio unilateral del domicilio de pago de la deuda por parte del deudor (nosotros) con los bonistas no reestructurados, que promete multiplicarse a través del “leading case” en que han convertido a la Argentina ya no sólo en Nueva York sino en cualquier estrado internacional que se caracterice por impartir justicia conforme a derecho, algo que parece olvidado en esta pampa salvaje.

Estamos en manos de pendejócratas de laboratorio; neomarxistas que practican su tesis universitaria sobre cuarenta millones de argentinos. 

Para Axel Kicillof esto no es más que desarrollar su inconexa teoría sobre el plano inclinado de la decadencia de una mentira iniciada por Rodríguez Sáa con el default, continuada por Duhalde con su pesificación asimétrica con rupturas contractuales inclusas, continuada por Kirchner merced a la “diosa soja” y a concluir no se sabe por quién ni cuándo y de qué manera… (parafraseando a Serrat en “Algo personal”).

C.F.K. maneja el día a día sintiéndose Julio A. Roca en la campaña del desierto. Cada despertar conlleva un enfrentamiento harto desgastante para su salud tanto física como especialmente mental. Se ató a Kicillof como su “hijo pródigo” sin recordar cómo concluye la parábola bíblica.

Suponer que una sociedad “pancista” como la argentina, pusilánime como pocas y que sólo estalla cuando vacía sus bolsillos, soportará la elusión monetaria a través del impuesto inflacionario, al que Alieto Guadagni se animó a proyectar al 8% mensual a fines de 2015 –algo muy optimista por cierto- resulta soberbio y negatorio de la realidad.

Con 135 mil millones de pesos a emitir en estos 120 días que restan de fin de año cualquier estudiante que haya aprobado el ciclo básico de la carrera de economía sabría responder cómo será diciembre aunque difícilmente sepa afirmar sobre el abandono del poder de esta “banda en fuga” en 2015.

Estamos en default, en reces-flación, con gasto público en aumento geométrico, con cepo cambiario, con caída del empleo formal e informal, con salarios que se diluyen en el carrito de un supermercado, con variables macroeconómicas trastocadas y, fundamentalmente, sin un plan antiinflacionario que permita “parar la pelota”, “barajar y dar de nuevo” para que en mayo de 2015 el kirchnerato logre cumplir sus doce años sin el pueblo en las calles.

El paro del jueves fue sólo un termómetro de la infección del cuerpo social argentino. Entregaron 1.215 millones de pesos para repartir entre las obras sociales amigas y evitaron el paro de transporte. 

Fiel reflejo de la medida de protesta lo marcaron los colectivos vacíos…

Y como si esto fuera poco, María Romilda Servini de Cubría utilizó el programa radial de Jorge Lanata para avisar públicamente que en caso de no recibir respuesta por parte del Secretario General de la Presidencia, Oscar Parrilli, sobre el entrecruzamiento de llamados telefónicos entre narcos de efedrina y funcionarios oficiales, procederá a allanar la Casa Rosada.

Sólo le faltó a la jueza tocar el timbre y mover la ligustrina para avisarlos de la eventual futura medida. Aún así, constan en su juzgado de doce números telefónicos oficiales a los que narcotraficantes usaron para comunicarse con funcionarios del gobierno.

Provoca pudor escribir estas líneas al pensar cuál será la reacción de un extranjero con voluntad de invertir en esta “barbarie” y que elija Bolivia o Perú como mercados más confiables ante la corrupta dejadez de un régimen sin retorno.
 

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