Papando Moscas
Enrique G. Avogadro
Abogado.


Un viejo chiste cuenta que un experto cazador enfrenta un desafío complicado: abatir a un oso salvaje que causa destrozos enormes en una región muy boscosa. Se equipa adecuadamente, parte hacia la selva, localiza su blanco y dispara; el animal cae. Cuando el sujeto se acerca a su víctima, éste se alza y, tomándolo con fuerza, lo viola y se interna rumbo a su madriguera. Indignado y vejado, el hombre regresa al año siguiente, mejor armado aún, y la escena se repite como calcada; nuevamente lo intenta año tras año, siempre con igual resultado. Hasta que un día, el oso le pregunta: ¿me vienes realmente a cazar o te gusta que te viole?
 
El papel que, de cara a la sociedad, están desempeñando los legisladores de la oposición parece imitar al del cazador del chiste. Una y otra vez, cae en las celadas que, ya desembozadamente, el oficialismo organiza para obtener, con sus mayorías automáticas, leyes trascendentales. Es cierto que la forma en que los argentinos votamos en las últimas elecciones hace que el arco opositor en el Congreso se encuentre atomizado al máximo, pero no lo es menos que no se ha mostrado capaz de reaccionar ante el avasallamiento de todas las normas republicanas.
 
Hace poco tiempo, por ejemplo, sugerí que no solamente se negara a dar quorum, sino que se trasladara masivamente a la Plaza de los Dos Congresos y sesionara, en disidencia, allí. Si bien la adopción de esta conducta, o de otra similar, no tendría consecuencias institucionales, sí demostraría una firme voluntad de resistir y la capacidad de formular propuestas alternativas a cada una de las iniciativas del kirchnerismo, amén de poner de manifiesto la soledad de éste a la hora de avanzar en su proyecto tiránico.
 
Además, quedaría claro quiénes son los que, a cambio de favores de todo tipo o, inclusive, de mera estupidez, permiten con sus acciones que este terrible derrotero continúe, como sucedió en estos días con los legisladores que responden a los Rodríguez Saa que, pese a que luego votaron en contra de la Ley de Hidrocarburos, habilitaron a la Cámara de Diputados para proceder a su tratamiento y resolver la cuestión por mayoría simple de los presentes.
 
Los "pibes para la liberación" y los rentados adherentes de La Cámpora están dispuestos a aplaudir, con igual ahínco, tanto las iniciativas presidenciales que prohibían a las telefónicas brindar servicios de comunicación audiovisual porque resultarían monopólicas, hace cinco años, como las actuales que, en nombre del "derecho humano" de la comunicación, ahora pretende habilitarlas. Nada ha cambiado desde entonces, ya que Telecom es dueña de Telefónica, o sea, es monopólica en telefonía, pero la actual necesidad imperiosa de dólares ha hecho modificar la postura oficial sin que nadie brinde una explicación o, al menos, se ponga colorado. Obviamente, ocurre algo similar con la tan declamada "soberanía energética", a la que se sodomizará nuevamente otorgando condiciones especialísimas a las empresas que quieran participar del festín por los próximos 80 años, beneficiando en el camino a Lázaro Báez y Cristóbal López en sus concesiones petroleras de Santa Cruz.
 
Pero más llamativo aún es el silencio de los líderes políticos que, con algunas raras excepciones, ni siquiera se expresan para manifestar su rechazo a estas iniciativas del oficialismo. Parece que proyectos tan trascendentales como los del Código Procesal Penal, una verdadera autoamnistía del kirchnerismo que una enorme cantidad de fiscales adictos le garantizará bajo las órdenes de la Procuradora ¡Giles! Carbó, o el Presupuesto nacional, o la recién sancionada Ley de Hidrocarburos, o esta voltereta de la Ley de Medios, que permitirá confiscar las redes de comunicaciones instaladas, o la masiva incorporación de empleados públicos no calificados, tampoco ameritan que los "presidenciables" se reúnan y emitan una declaración común de rechazo.
 
Los gurúes "marketineros" les aconsejan no hablar, para no perder votos por izquierda o por derecha, y ellos se dejan fabricar y vender como si se trataran de un pan de manteca o una botella de detergente. Hoy, a menos de un año de las elecciones, ninguna de las agrupaciones políticas que intentan suceder a doña Cristina ha expuesto un plan de gobierno o una plataforma a la consideración ciudadana; se han limitado a mostrar las fotos de sus candidatos e intentar así conseguir la adhesión popular a su figura, no a sus ideas.
 
En estas lamentables condiciones, un amigo muy querido me preguntó esta semana si, así como están las cosas en la política argentina, sumada a la ratificación del populismo en Brasil y Uruguay, resulta impensable que Scioli se alce con el 40% de los votos en la primera vuelta, y ninguno de sus competidores alcance el 30%; porque entonces, de acuerdo con la ley vigente, se llevaría el premio mayor en primera vuelta y evitaría repetir, en la segunda, lo que sucedió con Menem en 2003. Algunas voces hablan de una fórmula presidencial con Máximo Kircher como vice, Randazzo como gobernador y Cristina como cabeza de la lista de diputados provinciales; la probabilidad de alcanzar con ese engrudo -sumado a un reajuste monumental de los planes sociales- el mágico porcentaje, ante la inacción de los demás, no parece ya disparatada.
 
Claro que, para que ese sueño de kirchnerismo eterno se cumpliera, la situación económica debiera invertir el rumbo de colisión que mantiene, inalterable, desde la reelección de la noble viuda, cosa que no parece probable. Creo que ni un rápido arreglo con los fondos buitre le permitiría al Gobierno acceder a los dólares que necesita como el aire para seguir respirando; porque, más allá de las intenciones del oficialismo, todos estas nuevas iniciativas legislativas tienden a confirmar la total falta de seguridad jurídica que padece la Argentina.
 
Desde otro ángulo, y sabiendo cómo funciona la lealtad al que manda que afecta desde siempre al PJ, tampoco aparece claro el futuro respeto del peronismo territorial a un liderazgo que, cuando sea que entregue el mando, Cristina habrá perdido irremediablemente.
 
Pero, si todos los opositores no se ponen las pilas y dejan de hacer la plancha y papar moscas, en tanto la Presidente siga siendo dueña de la máquina de imprimir dinero podrá inundar de billetes el país el año próximo y, con ello, hacer que su resignado y colonizado candidato mejore fuertemente su intención de voto en la recta final.
 
Por todo eso, la ciudadanía republicana también debe dejar de mirar para otro lado y concurrir, masivamente, a la marcha convocada para el 13 de noviembre (¡faltan sólo 11 días!), a las 20:00 hs., en las calles y plazas de todo el país. No para intentar que un gobierno sordo nos escuche, ya que sabemos que no lo hará, sino para evitar que la imbécil oposición siga haciéndole el juego a este régimen que, cada día, va perdiendo hasta la leve coloratura democrática que lo acompañaba.
 
Si cada uno de nosotros no asume este mínimo compromiso cívico, sin duda habremos entregado nuestro futuro, y el de nuestros hijos y nietos, a los bárbaros, que una vez más asolarán la Argentina como hicieron Atila y el comunismo con Europa en otros siglos.
 

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