Casey Wonder y la Argentina que viene
Agustín Laje
Escritor. Galardonado con el Premio a la Libertad 2012, otorgado por Fundación Atlas para una Sociedad Libre.


Casey Wonder, el niño ultra kirchnerista que está en boca de todos, es apenas la punta de un iceberg que de a poco va asomando y que debe llamarnos la atención respecto del optimismo por el inevitable “fin de ciKlo” que, a menos de un año de los próximos comicios presidenciales, ya respiramos en el ambiente.

En efecto, es cierto que los Kirchner deben irse del poder pronto; es cierto, también, que su probable candidato para 2015 (Daniel Scioli) no forma parte del ala dura del “modelo nacional y popular”; empero, y sin perjuicio de aquello, no menos cierto es que el kirchnerismo ha plantado una semilla en la sociedad tras doce años de gobierno, que hoy crece con especial vigor en jóvenes permeables que han estado expuestos a la inmensa maquinaria de propaganda estatal populista.

No quisiera hacer de este breve artículo un factor de desmotivación o pesimismo. Los tiempos que vienen tras la salida de Cristina Kirchner del poder serán mejores que los actuales, y eso ya de por sí debe alegrarnos. Pero quisiera al menos desconfiar del exceso de optimismo que algunos profesan, según el cual, casi de forma mecánica e inmediata, la Argentina de fines de 2015 será tan distinta de la actual, que podrá hablarse de un “fin de ciclo”.

Pensar de esta forma es demasiado reduccionista, y es lo mismo que pensar que la salida de los Kirchner del poder equivale a su desaparición de la historia. Hay algo que debe tenerse en claro: un país no se constituye sólo por su “sociedad política”, sino también por su “sociedad civil”. Y lo que cambiará en 2015 será la sociedad política, no la civil.

¿Cuántos Casey Wonder hay en la Argentina? Presumo que muchos más de lo que pensamos. En efecto, Casey trascendió por puro azar: estaba parado en el lugar indicado en el momento justo, y fue capaz de articular algunas barbaridades que llamaron la atención de la opinión pública en general cuando un periodista de la TV Pública se acercó a él. ¿Cuántos argentinos han sido atravesados por el adoctrinamiento populista antirrepublicano y querrían un “kirchnerismo para siempre”, como dijo Casey, haciendo las veces de una tiranía moderna? Los políticos que los adoctrinaron puede que se vayan, pero toda una generación antirrepublicana, queda.

Es verdad que dejando el Poder Ejecutivo (mantendrán fuerte presencia en el Legislativo), el kirchnerismo perderá ese aliado que le ha permitido manejar gobernadores, alquilar legisladores y jueces, comprar medios de comunicación, estatizar el fútbol y usarlo como usina de propaganda política, rentar los Derechos Humanos y armar organizaciones como La Cámpora. Ese aliado, que viene junto con el poder, es la “caja”. Es decir, el erario público de la Nación. Pero fuera del poder, la caja ya no se podrá usar como antes y es cierto, también, que muchos –aquellos que los une al gobierno motivos más económicos que ideológicos– se irán desprendiendo de su identidad “nac&pop” ni bien se acabe lo que se daba.

Sería un error, no obstante, creer que todo joven que integra, por ejemplo, las filas de La Cámpora, Movimiento Etita o Unidos y Organizados lo hace por motivos exclusivamente materiales. Los Casey Wonder abundan, y existe en muchos de ellos (sobre todo en los que integran las bases) un fanatismo ideológico que, con o sin Cristina Kirchner en el poder, con o sin caja para repartir, quedará y hasta es posible que se exacerbe desde el nuevo rol que les tocará jugar: el de opositores. Y sabemos que los fanáticos a veces son más peligrosos cuanto menos poder tienen.

El “juramento” que la JP Evita Montonera hizo el pasado 27 de octubre, a cuatro años de la muerte de Néstor Kirchner, frente a su mausoleo, es apenas otro pedacito de la punta del iceberg con el que inició esta nota.

Colmados de banderas (ninguna de ellas argentina por cierto; todas rojas y negras) y llevando estandartes del Che Guevara, los jóvenes militantes dijeron frente al mausoleo de Kirchner: “Venimos acá… A prometerle a Néstor que esto no se termina… y que acá no se rinde nadie… ¿Juramos continuar el legado de Néstor para que de una vez y para siempre seamos un pueblo feliz en una Argentina liberada?”. Unánimes, los fanáticos respondieron: “¡Sí, juramos!”.

Cristina Kirchner se va a fines del 2015, pero los fanáticos quedarán y llevará tiempo desmantelar la mentalidad populista que el kirchnerismo implantó a lo largo de estos  últimos doce años.

Para un verdadero “fin de ciclo”, habrá que hacer mucho más que ganar en octubre de 2015. La “conciencia colectiva”, después de todo, no es algo que se modifique de un día para otro en las urnas.
 

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