De la razón por la que no me considero un demócrata
Hugo Vera Ojeda
Presidente de la Fundación Issos, Asunción, Paraguay.


Porque estoy convencido de que la democracia es una simple formalidad y más me interesa la cuestión de fondo, en cuanto a un sistema que nos permita vivir bajo el principio de no agresión a los tres principios fundamentales como lo son la vida, la libertad y la propiedad privada.
 
Un sistema democrático en absoluto es una garantía para que esto ocurra, pues simplemente es un mecanismo de legitimación del poder por la decisión de una mayoría y en él no está implícita las reglas de freno al poder.
 
Si lo vemos como un principio general, daría lo mismo legitimar un gobierno o asesinar a alguien por simple mayoría. En la antigüedad, los monarcas eran legitimados por la divinidad y sostenían que el poder venia de Dios y solo a Dios le debían rendir cuentas. En las democracias, esa función sencillamente ha mutado al pueblo.
 
Si bien, en el sistema Republicano dicho concepto de legitimación se ha invertido y es el pueblo, entiéndase por esto a la mayoría, quien sostiene al poder, esto aun no es lo máximo a lo que se puede aspirar en materia política. Hasta podríamos revisar lo dicho por Churchill, quien sostuvo que la democracia es el menos malo de los sistemas políticos y podríamos agregar que es el menos malo para acceder a un sistema político.
 
Recordemos que las democracias pusieron en el poder al nazismo, al comunismo y se viene repitiendo en América Latina con los gobiernos populistas. Entonces qué es lo que garantiza una mejor convivencia y mayor prosperidad? Pues las reglas.
 
Si las reglas establecen límites al poder, lo más seguro es que mejorarían las cosas y lo que es aun más paradójico aun, daría igual si quien ostenta el poder, se perpetuara en él y detrás de él toda su dinastía, pues ese no es el punto.
 
Por supuesto que dentro de mi utopía personal, sería ideal que no existiera ni ese ni ningún tipo de gobierno para el ser humano, más que su recta razón. Esto lo aclaro porque creo que las utopías también son liberales.
 
Mi punto en ese sentido, es que la democracia es solo un mecanismo de acceso al poder y el poder sin límites desemboca inexorablemente a todos los males que creemos son consecuencias de cualquier cosa menos de sus verdaderas causas. Cito como ejemplos, la pobreza, la corrupción, la inseguridad, la escasez y otras que no son más que características del llamado subdesarrollo.
 
Si vamos al caso, existen monarquías constitucionales, que significa poder con limites, como el caso de Liechtenstein, que tiene una prosperidad increíble. Cuenta con un ingreso per cápita de 140 mil dólares frente a 5 mil de Paraguay, y es que de cierta forma, por mas Monarca que exista, este tiene límites y los individuos de su reino pueden producir con mayor libertad que muchísimas democracias que tienen el yugo de su gobierno sobre sus nucas.
 
Entonces, como podemos ver, nuestros viejos paradigmas políticos deben ser revisados constantemente. No podemos conformarnos con un sistema que solo permita el acceso al poder y desentendernos de lo que hacen con el poder quienes llegan a él. No podemos ser tan ilusos y centrarnos solo en el mecanismo de accesos, sino en los limites que debe primar en una gran responsabilidad como un gobierno o ser parte del mismo.
 
Las ciencias políticas deben evolucionar hacia lo que realmente ha importado desde que nos hemos decidido a ceder algunas de nuestras libertades a cambio de una organización y es el estar un poco mejor que antes. La pobreza ha demostrado ser más factible en los países cuyos gobiernos se han centrado en establecer todo tipo de burocracias que aseguren a sus gobernantes tomar decisiones por la mayoría, dejando poco margen para ello al individuo.
 
Da igual que sea democrático o antidemocrático, es decir, si lo ha puesto el pueblo o Dios al gobernante en el poder, la cuestión pasa por lo que hace o que le permitimos hacer con ese poder. Por supuesto, podemos estar en total desacuerdo, aunque en el fondo usted puede llamarle a ese desacuerdo democracia cuando en realidad es otra cosa.

 

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