Angustia de no saber
Jorge Asís
Periodista de personalidad provocativa y observador político, ha cultivado varios géneros literarios como escritor. Su novela Flores robadas en los jardines de Quilmes, publicada en 1980, se convirtió en best seller con 350.000 copias vendidas.


Introducción
Poderes

El Ejecutivo está seriamente lacerado.
El cristinismo se sostiene con la prepotencia mayoritaria del Poder Legislativo.
La gran batalla política hoy se libra en el ámbito del Poder Judicial.

Pero La Doctora dista de temerle a la justicia local.
Preocupan los jueces de afuera.
La angustia de no saber qué más hay.
Existe el Efecto Pinochet.
Una suerte que el juez Garzón hoy sea “propia tropa”.

Osiris Alonso D’Amomio
Director Consultora Oximoron

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Con La Doctora físicamente vulnerable, debe constatarse que el Poder Ejecutivo está averiado.
Con el vicepresidente Amado Boudou, El Descuidista, que yace suspendido en el espacio. Pintado, de manera rupestre, en su despacho. Estampado políticamente junto con sus ambiciones, contra la pared.
El Clavel Inerte (cliquear) llegó al alucinante extremo de ser sustituido, en los actos oficiales, por Milton Capitanich, El Premier, hoy apenas El Locutor.
Fue en el triste festejo por el Día de la Soberanía Nacional. Con el fondo emocional del río y ya sin las escenografías majestuosas de Grossman.

Con sólo dos ministros fuertes. Kicillof, El Gótico, que adquiere la experiencia cara gracias a la gestión. Como si el ministerio fuera una pasantía. Un stage.
Y con Randazzo, El Loco de la Florería, que trafica una autonomía ilusoria mientras trata de obstaculizarlo a Scioli. El resto aplaude. Cobra, espera. Pero aplaude.
Angustia de no saberEn realidad, el país es manejado por el criterio de Máximo, En El Nombre del Hijo, que tiene el imperativo familiar de ponerse sensato. Por el sentido común de De Pedro, El Wado, más astuto de lo que aparenta. Y por el verso altivo de Kicillof.
Por su parte Zannini, El Cenador, simula influencias y cena. Víctima, también, del pozo generacional. Mientras lo tratan de maestro, lo pasan por encima. Le estimulan el berretín de creerse un estratega.
Para lo que hay que hacer, por la modestia del contexto, les alcanza. Es lo peor.

Sin embargo el cristinismo está sostenido, hoy, por El Poder Legislativo. Con la persuasión mayoritaria, sobre todo en Diputados.
En defensa propia, el bloque se encuentra en condiciones de sacar adelante cualquier verdura. Sin preocuparse en absoluto del juicio de la historia. Sólo a Pacho O’Donnell, que está afuera, le interesa maniobrar un poco con la historia. Para entenderla habrá que indagar en el periodismo, no sólo el artesanal.
El Legislativo entonces emerge como el pilar. Al amparo de la imagen favorable que conserva, aún, La Doctora, y que se consolida con el relato de su enfermedad.
Ante las dificultades estructurales de una oposición destartalada, que actúa como complemento y le permite, al cristinismo, estimular la empecinada utopía de quedarse.
Detrás del indeseable mascarón de proa de Daniel Scioli, el líder de la Línea Aire y Sol. Con la ideología del vitalismo, especialmente útil también para menoscabar la magnitud de las catástrofes con las que conviven.

Angustia de no saberPara Oximoron, la gran batalla política se libra en la justicia. En el Poder Judicial, mientras se aguarda la peste de transparencia, es donde el cristinismo se juega verdaderamente la vida. Sobre todo la libertad.
A través de los incendiarios exponentes de Justicia Legítima, congregación que orienta la señora Alejandra Gils Carbó, La Encubridora. Allí se inspiran en el lema “no pasarán”.

Los escépticos que abundan confirman que aquí no hay epidemia de transparencia que valga.
Que esto no es Brasil, y mucho menos es España.
Aquí, aquel que intente meterse con la pasión recaudatoria de nuestros ídolos, es apenas un vulgar conspirador. Instrumento de la “prensa concentrada”.

Gils Carbó actúa en perfecta sintonía con los lineamientos que suele bajar Julián Álvarez, El Soberbio de Lanús. Junto al multifacético, El Wado.
El Consejo de la Magistratura hoy lo preside Gabriela Vázquez, una jurista intachable que defiende al cristinismo con la misma convicción que defendía al menemismo. Puede certificarlo el doctor César Arias.
Hoy es un organismo -el Consejo de la Magistratura- que se transforma en el fuerte principal de resistencia judicial del Frente para la Victoria. Y que obtiene, en pleno descalabro, hasta el manejo total de la Caja. Desde donde podrán domesticar a la Suprema Corte, y sobre todo acotar las proyecciones de Lorenzetti.
De todos modos, no pueden evitar que la propia dinámica de la justicia funcione sola. Y que le brinde severos disgustos al cristinismo, aunque aún ni se imagina en retirada. Al contrario, alucina con la idea de permanecer.

Ciudad Kohinoor

Es perjudicial, para el stress de La Doctora, que la justicia se entrometa en los desastres seriales que heredó de Néstor, El Furia extinto, que se creía, según nuestras fuentes, inmortal.
Por ejemplo que la justicia se introduzca entre las catastróficas ingenuidades contables de los hoteles de El Calafate.
Angustia de no saberEs la Ciudad Kohinoor, tan serena como bella y espumosa. Donde los lugareños, siempre cargados de información, suelen invitar, a los visitantes calificados, al fastuoso recorrido del Corrup Tour.
Es el paseo del lavado ilustrativo, que se muestra al forastero como si se tratara de otra maravilla natural. Como el Lago Argentino, o Los Glaciares de más allá.
Serenella Cottani, que fuera una destacada columnista del Portal, supo participar del Corrup Tour acelerado. Le tomó 45 minutos (hay Corrup Tours de tres horas). Lo registró en Palos Blancos (cliquear).

“Desfilan los hoteles desérticos de cinco estrellas. Casi no tienen un turista pero figuran contablemente colmados”.

Stress. Cuestión de Estado

La Doctora debe evitar las recaídas. Como la que padeció en esta misma semana, según nuestras fuentes, el martes pasado, por la noche. Por suerte no trascendió.
Antes los funcionarios, para persistir, se colgaban del Vestidito Negro (cliquear). Ahora se encuentran dependientes de la magnitud del stress. Una cuestión de Estado.
La permanente sensación de angustia, en su caso, representa un obstáculo. Sobre todo cuando la angustia está tan fundamentada. Con bases sólidas. No existe medicamento eficaz que la regule.

Angustia de no saberEs la angustia de no saber. O por no saber.
La Doctora se atormenta por no saber qué más hay. Qué falta aparecer aún.
Significa no conocer con exactitud el grado de riesgo de los papeles que El Furia le hizo firmar. Cuando se dejaba conducir, y simpático le decía: “Firmá acá”.
De ningún modo La Doctora le teme a la justicia local. Mal que mal, con los jueces locales todo siempre puede arreglarse. El problema lo tiene afuera.
¿Quién puede llegar a un juez de Zurich o de Lyon? A la multiplicación de los Griesa.

Efecto Pinochet y Plan Garzón

La Doctora consultó, acerca de sus temores, con un prestigioso abogado que resultó sustancial, en el principio, para la épica del proyecto. Fue protagonista indirecto de un episodio tristemente involuntario. Lo escracharon mal, pero prefirió apartarse. Y recurrir a la sabiduría prudente del silencio.
A la pobre le saltan sociedades que no recuerda. Sociedades de las que no tiene la menor idea. Pero no se encuentra en condiciones de negar rotundamente que sean verdaderas.
Puede aparecer como socia de Lázaro, El Resucitado, en varias empresas de las que está -literalmente- en babia.
Por lo que trasciende, La Doctora se angustia por el Efecto Pinochet. Aunque esté en las antípodas de su ideología.
Angustia de no saberA Pinochet nadie iba a salpicarlo ni con una gota de vino tinto chileno, pero mientras estuviera en Chile. Bastó que el anciano viajara a Londres para que el juez Baltazar Garzón lo hiciera encerrar.
En el éxtasis del desconocimiento, y por la proliferación de empresas truchas que saltan con virulencia desde el norte, nadie puede asegurarle a La Doctora que, en cuanto deje de ser presidenta, y se digne a salir del país, algún juez no la detenga. Sin avisarle. En “inaudita parte”, digamos, en uso de la concepción técnica.

La idea de contratar al juez Garzón, maltratado en España, emerge como un arrebato de genialidad. Un sublime acto de estadista visionaria.
“Si le pasa algo afuera, ella quiere ser defendida por Garzón”, confirma la Garganta.
Contratarlo entonces al ex juez Garzón es como pagar un Plan Médico Preventivo. Como los que propone Médicus, Osde, por qué no Swiss Medical.
 

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