Ecuador: ¨Exportaciones de valor agregado¨
Gabriela Calderón de Burgos
Es editora de ElCato.org, investigadora del Cato Institute y columnista de El Universo (Ecuador). Se graduó en el 2004 con un título de Ciencias Políticas con concentración en Relaciones Internacionales de la York College of Pennsylvania. Desde enero del 2006 ha escrito para El Universo (Ecuador) y sus artículos han sido reproducidos en otros periódicos de Latinoamérica y España como El Tiempo (Colombia), La Prensa Gráfica (El Salvador), Libertad Digital (España), El Deber (Bolivia), El Universal (Venezuela), La Nación (Argentina), El Diario de Hoy (El Salvador), entre otros. En el 2007 obtuvo su maestría en Comercio y Política Internacional de la George Mason University.


La semana pasada expliqué que los empresarios son quienes descubren los productos y servicios en los cuales tenemos ventaja comparativa a nivel mundial y que los planes nacionales de desarrollo como el que viene intentando implementar el gobierno son contraproducentes. Mencioné como ejemplos de esto al banano, los camarones y las flores.1 Algunos consideran que es absurdo comparar al banano con “exportaciones de valor agregado” como los autos, apreciación que implica una confusión acerca de lo que es el valor agregado. 

¿Qué es el valor agregado? El economista peruano Iván Alonso lo define como “ la diferencia entre el valor de mercado de un producto (final o intermedio) y la suma de los valores de mercado del capital, el trabajo y los demás insumos utilizados en su elaboración”.2

Si entendemos esto, debería ser evidente que las exportaciones de materias primas, así como las de productos agrícolas y acuícolas, también agregan valor y parecería que lo agregan más que exportaciones más glamurosas —como las energías renovables, los automotores, etc.— de las cuáles están enamorados algunos expertos cercanos al poder.

Por ejemplo, para el consumidor final de banano en San Diego, California, este no tiene valor alguno si permanece en una mata. Se le agrega valor cuando se lo cultiva, procesa, empaca y transporta de tal manera que llegue en calidad óptima al supermercado en La Joya. ¿Por qué no agregarle más valor produciendo alimentos procesados con el mismo banano? Varios expertos nos dicen que así se generará mucha más riqueza y empleos. Pero si no se lo ha hecho ya, tal vez es porque el costo de capital, los costos laborales y la carga tributaria —que son costos inevitables al momento de establecer una fábrica de procesamiento de alimentos o cualquier otro negocio importante aquí— son mayores que los que se pagan en otros lugares y el retorno sobre la inversión termina siendo menor que si se invirtiera en lo que somos más eficientes.

Pero dicen algunos expertos que “Ecuador debe” tener una industria bioquímica, petroquímica, entre otras. Desafortunadamente, parecen sufrir de lo que el economista británico David Henderson denominó como “la intuición tecno-estética”. Esto es creer que ciertas actividades como las manufacturas en lugar de la extracción de recursos, por ejemplo, son más propias de una economía avanzada.  El economista canadiense Andrew Coyne explica que “Es la productividad lo que determina al final del día los salarios y la calidad de vida —no donde te encuentras en la cadena de valor agregado”.3 Es por eso que hay casos como aquel del intercambio entre Canadá y China: A Canadá, siendo una economía desarrollada, le conviene exportar materias primas y lácteos a China e importar de ella computadoras, ropa y muebles.4

Los expertos del gobierno no pueden conocer cuáles son las mejores oportunidades de negocios. Pretendiendo que si pueden, están promoviendo —mediante restricciones a las importaciones y diversos subsidios— la producción de bienes en los cuales tenemos menor ventaja comparativa. Se destinan los recursos escasos de nuestra economía a producir cosas como textiles y calzado, que los consumidores ecuatorianos podrían conseguir a precios mucho más bajos de otras latitudes como China y en cuya producción los ecuatorianos no tenemos ventaja comparativa. Esto equivale a destruir la riqueza que se genera a través del comercio.

Referencias:

1. Calderón de Burgos, Gabriela. “El cambio de la matriz productiva”. El Universo (Ecuador). 5 de diciembre de 2014.

2. Alonso, Iván. “Exportar valor agregado”. ElCato.org. 5 de enero de 2011.

3. Coyne, Andrew. “Practically Speaking”. Financial Post (Canadá). 13 de marzo de 2012.

4. “Are You Being Served?” The Economist. 4 de diciembre de 2014.
 

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