Muerte del fiscal Nisman: un nuevo relato salvaje que involucra a los argentinos
Daniel Naszewski


¿Oscar a un país donde dirigentes y dirigidos 
viven fuera de la ley?


En 2014 se estrenó en la Argentina una película que batió récords mostrando seis historias bien nuestras, de argentinos y argentinos que viven fuera de la ley, que se creen los dueños de la verdad, que engañan y se engañan, que se imponen por la fuerza, que ponen bombas porque consideran que la grúa les llevó su auto por error (y encima se convierten en héroes), que asesinan, que corrompen a sus propios hijos malcriados y asesinos y los convierten en psicópatas con derecho a transgredir las leyes.
Casualmente, o no tanto, esta película ha sido seleccionada para competir por un Oscar, mientras en la Argentina se ha agregado un séptimo relato salvaje en donde hay una muerte que nos devuelve a tiempos pasados (el "suicidio" del fiscal Nisman) que confirma que los argentinos vivimos en el Far West. 



Hola gente, amigos y no tan amigos. Durante varios años, entre 2004 y 2012, las cartas desde el ciberespacio les llegaban puntualmente todos los jueves. Luego no quise seguir. Fue cuando CFK ganó las elecciones con un 54% de los votos de todos los argentinos. En aquellos días me dije "basta, si la gente prefiere un populismo disfrazado de democracia y elige repetir la historia una y otra vez, no está en mi cambiar el curso natural de las cosas, tengo que respetar esa decisión"...  
No soy de esos fanáticos que tienen la omnipotencia de querer cambiar el mundo, aprendí con el tiempo que esa tarea no es de elegidos, ni de mesiánicos, sino de todos, de cada uno, haciendo el esfuerzo cotidiano de crecer, de aprender de nuestros errores, de escuchar a los demás, de dejar de creer que somos los dueños de la verdad y que el mundo está equivocado. Eso es crecer, que no tiene nada que ver con el llamado éxito. 

En aquel momento, con tristeza, dejé de escribir estas cartas y decidí que sólo lo haría cuando un evento muy especial me llevara otra vez al blog del Hombre Electrónico para tratar de comunicar alguna idea, alguno sentimiento, alguna alerta importante, alguna noticia que sacudiera al mundo o al país lo suficiente como para intentar una reflexión que pudiera contribuir en esta difícil tarea de promover aquella sana costumbre que en la Argentina no parece funcionar bien: pensar por nosotros mismos, pensar diferente (como lo diría Steve Jobs), aprender de quienes no piensan como nosotros, respetar a quienes son distintos y crecer justamente gracias a la diversidad de ideas que es la que en 9 de cada 10 países del mundo traza una raya entre el crecimiento genuino y la chatura. 

El país en estos años fue sumando más ideología que ideas, más fundamentalismo que libre pensamiento; nos hicimos frívolos, fanáticos, muchos -no todos- se hicieron dogmáticos o grouchomarxistas y se dedicaron a vivir sin principios ni valores, sin normas, sin reglas, sólo haciendo lo que fuera conveniente, priorizando sus fines personales independientemente de los medios necesarios para lograr su objetivo. La palabra es bien argentina: salvarse, antes era encontrar un curro, en el futuro no lo sé. 

Así, la sociedad argentina se fue desvalorizando, los premios y los castigos ya no se aplican, gana la ley del menor esfuerzo, se nivela para abajo, ganan los perdedores. Este populismo disfrazado de progresismo convenció a millones de argentinos que se merecen un paraíso cotidiano aunque no se esfuercen para construirlo estudiando, trabajando, sacrificándose. ¿Para qué?, si nos han enseñado que nos merecemos lo mejor aunque no hagamos demasiado para lograrlo... (por suerte muchos no aprendieron la lección).

Eso, esto que estamos viviendo ahora, es la decadencia que algunos poetas del relato llamaron la "década ganada", y en ese estado vivimos hace unos años, divididos, peleados, anestesiados, insensibles, agresivos, siempre creyendo que tenemos razón y que los demás están equivocados. Y así nos convertimos, poco a poco, en la peor versión de nosotros mismos. ¿La culpa? Se la echamos a los políticos, al gobierno, a la oposición, a alguna conspiración internacional de los países del Norte. Nosotros no, nunca, nosotros somos inimputables, decimos "yo no la voté", "mi límite llega está aquí" y nos lavamos las manos, y los que pueden se van a Miami, o se toman un crucero, o van a la cancha a ver fútbol para todos comportándose como barra bravas, o se compran en cuotas la pantalla más grande, una tablet, un smartphone más inteligente que ellos, o 40 metros cuadrados para que la inflación no les devore sus ahorros. Se defienden de la inflación comprando en cuotas lo que puedan y se callan, nos callamos, miramos para otro lado, aplaudimos o admiramos secretamente a ladrones y corruptos (desde boqueteros hasta testaferros o vicepresidentes motoqueros) y nos llenamos la boca hablando de que "éste país no tiene remedio", mientras los amigos ya no son más amigos porque unos cuantos se creen los dueños de la verdad, y así las familias se pelean y pasan las fiestas separadas, peleadas, mientras en las calles nos matamos por llegar primeros en todo, y más, muchos más ejemplos de relatos salvajes. Demasiados ejemplos. Cada uno conoce los suyos. 



https://www.youtube.com/watch?v=wKLRjuZiUis

Mientras esto ocurría en los años pasados, en 2014 se estrenó en la Argentina una película que batió récords mostrando seis historias bien nuestras, de argentinos y argentinos que viven fuera de la ley, que creen que tiene razón pero se matan, que engañan y se engañan, que se imponen por la fuerza, que ponen bombas porque consideran que la grúa les llevó su auto por error (y encima se convierten en héroes), que corrompen a sus propios hijos malcriados y asesinos y los convierten  en psicópatas con derecho a transgredir las leyes. Y mientras, la violencia siguió avanzando, la inseguridad se amplificó, la psicopateada se instaló en muchos como comportamiento, la incertidumbre económica creció mientras muchos acepten un poco de inflación y magia antes que enfrentar un problema que, tarde o temprano, explotará como tantas veces lo hizo en el pasado y nos llevó puestos.

Y ahora vamos por todo, como nos lo enseñó nuestra Presidenta. Intentaremos ganar el Oscar de la Academia de Hollywood a una película bien argentina que nos muestra, otra vez, como somos: transgresores, prepotentes, vivillos, ganadores, pseudoganadores, arrogantes, 'progres' con el dinero ajeno, siempre dueños de la verdad, gente con más fines que principios. 


Seis historias sobre argentinos que viven fuera de la ley, 
como si eso fuera normal

Aunque quizá ya sea tarde, o quizá estemos en el límite y empecemos a aprender de todos nuestros errores. Los argentinos (con el notable mal ejemplo del gobierno de turno, y de los anteriores) hemos llegado a creer que podemos transgredir las leyes, que podemos pasar a los otros autos por la derecha en las rutas, o correr a más de 200 km por hora en una Ferrari, que podemos imponer leyes sin debatirlas, abusando de tener la mayoría y que eso da derecho a imponerse a las minorías, que se puede echar la culpa de nuestros problemas al "mundo" que se nos cae encima y pasar por encima de los demás, que no es grave engañar a nuestras parejas, que podemos educar a nuestros hijos como si fuéramos sus amigos, sin enseñarles conductas y límites con tal de evitarles el sufrimiento, aunque después atropellen y maten a un peatón con el coche de papá. 

La receta de muchos argentinos es sencilla y patética: podemos engañar, podemos matar, podemos robar, sabemos más que el otro y damos lecciones de moral, podemos destruir, podemos correr como locos por una ruta sin respetar las normas, etcétera, etcétera. Estos son nuestros principios, pero sino les gustan tenemos otros. 


Todo como en Relatos Salvajes, una película sin duda "Made in Argentina" que competirá en unas semanas por el Oscar, mostrando el increíble laboratorio en que se ha convertido nuestro país, en donde detrás de los 6 relatos salvajes que nos atrapan con su violencia creciente, brutal y casi hilarante se esconden personas de carne y hueso que han llegado a creer que se puede, y no está mal, vivir fuera de la ley, no cumplir las reglas para vivir en sociedad, corromper, enfermar, castigar, matar... 

Pero cuidado, en estos días la Argentina cruzó otra peligrosa raya entre la vida y la muerte, como en otros tiempos del pasado que empezaron así y terminaron en los terribles años '70, por ejemplo. Esta vez apareció un séptimo relato salvaje que no se aparece en la película y que superó, por lejos, a los anteriores relatos salvajes. Se sospecha que un fiscal de la nación acaba de ser "suicidado" no se sabe por quién, porque el pobre hombre sólo quiso hacer cumplir la ley y propuso juzgar a las más altas autoridades de la nación por el nebuloso, incomprensible y confuso "acuerdo" con Irán. Nadie sabe si el fiscal se suicidó o lo suicidaron, aunque todo indica que la mayoría de los argentinos, hoy mismo, no creen en la versión oficial e intuyen que el hombre, que ayer mismo tenía que exponer las pruebas de sus acusaciones ante una comisión de legisladores del Congreso Nacional, faltó a la cita porque apareció muerto en su departamento de Puerto Madero, provocando este hecho por ahora poco claro y poco explicado por las autoridades y la justicia, un shock y un temor y una incertidumbre como la que viviéramos los argentinos en el pasado. Por supuesto, la justicia parece llegar tarde también para clarificar lo ocurrido esta vez, paradójicamente con el hombre que quiso aplicar la justicia y las leyes ante la masacre de la AMIA (que algunos siguen llamandoatentado) y ante quienes en estos años quisieron pactar con los presuntos culpables de aquella tragedia nacional no resuelta. 


Fiscal Alberto Nisman, un suicidio en el que pocos creen


Amigos y no tan amigos, es posible que Relatos Salvajes gane el Oscar en unas semanas. Si ello ocurre, ¿será un premio?, ¿será una muestra más de la curiosidad llamativa que causa en el mundo la Argentina transgresora y siempre fuera de las normas civilizadas que se imponen en los países que aspiran a vivir dentro del orden y la libertad de expresión? ¿Será que en el mundo no entienden a un país que se dice democrático pero en que los tres poderes del Estado viven confrontando, con un Poder Ejecutivo que intenta imponerse por las buenas o por las malas al resto de los poderes de la República, mientras el resto de los argentinos siguen subestimando el indudable vamos por todo que dobla la apuesta una y otra vez? ¿Será que nos ven como si vieran a un país rico, lleno de posibilidades, pero que se ha encaprichado en creerse superior, el ombligo del mundo, mientras vive como si estuviera en el salvaje Far West? 

No lo sabemos. Pero hemos cruzado una nueva y peligrosa línea. Las fieras están sueltas. Vivimos en un país en donde el futuro se parece demasiado al pasado. 

Eso es todo, los dejo, me espera Patricia Paltrow para que la abrace porque de casualidad en estos días está de visita en Buenos Aires y está perturbada por lo que estamos viviendo en estos días. Lógico, ella viene de su cálido apartamento cercano al Central Park, aprovechando sus vacaciones de invierno en Wall Street, y al llegar aquí se dio cuenta que el avión la había traído hacia un peligroso e inquietante lugar que se parece demasiado a aquella serie tan exitosa de años atrás, Lost, en donde uno no sabe si está en el futuro o en el pasado, en el paraíso o el infierno, vivo o muerto. 
"Flaquito gordito -me acaba de decir Paltrow esperándome en la cama, mientras mira el canal Bloomberg porque no soporta los programas de noticias de la Argentina-. ¿Qué te parece sino escapamos a Ilhabela esta misma noche. Sino, nos vemos en otra vida porque esto no lo soporto, Bombón, me dijo, jugando a que era la Penelope de Lost." 
Y hablaba en serio, claro, si esto se ha vuelto insalubre, tóxico, para una persona que viene del mundo normal. Nosotros lo toleramos porque ya estamos acostumbrados a que todos los días nos sacudan con una película de terror...  


¿Y si a partir de mañana cumplimos 
todos con la Constitución?


Eso es todo, amigos y no tan amigos, un abrazo, saludos de Patricia Paltrow. Y hasta la Victoria Secret. 

 

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