¿Cuánto dinero nos costó el 'relato' kirchnerista?
Agustín Laje
Escritor. Galardonado con el Premio a la Libertad 2012, otorgado por Fundación Atlas para una Sociedad Libre.


Desde 2003 hasta mediados de 2008, el kirchnerismo soñó con que era capaz de controlar a Clarín, tal como en los ’90 había hecho con la información que se publicaba en La Opinión Austral, el histórico diario santacruceño. Si no era posible comprar al “gran diario argentino” a través de Rudy Ulloa Igor (quien ofertó mil millones de pesos en 2008), al menos debía mantenerse un nivel de influencia suficiente como para poner y quitar información del matutino liderado por Magnetto. Eran las épocas en que Alberto Fernández tomaba café semanalmente con Jorge Rendo, el director de Relaciones Externas del Grupo Clarín, y Néstor llamaba también todas las semanas a la redacción del diario, procurando editar al periodismo.

Pero durante el conflicto con el campo, las cosas cambiaron radicalmente: el kirchnerismo entendió por fin que Clarín no eraLa Opinión Austral, que la nación no era Santa Cruz, y que Magnetto no era el ladero Ulloa. Abandonar las pretensiones de ser titiriteros del Grupo Clarín importó entonces redefinir objetivos y estrategias. Fundamentalmente, por un lado se necesitaba concebir un “relato” atractivo de la realidad, vale decir, una fantasía que tuviera aquello que es necesario para generar adhesión masiva al gobierno; y por el otro, urgía montar una espectacular maquinaria de difusión de ese relato tan poderosa como para suplir lo que con Clarín se había perdido o, más precisamente, no se había logrado. De lo primero se encargará Carta Abierta, cuyo nacimiento no por nada data de mayo del 2008. De lo segundo se encargará “la caja”, es decir, el erario publico que financiamos todos los argentinos cuando pagamos impuestos.

Este proceso que sintéticamente hemos descrito, tiene su correspondencia en los números (al menos los que se han blanqueado), que hablan por sí solos. En 2003 –su primer año de gobierno– el kirchnerismo gastó 46 millones de pesos en pauta oficial; en 2004, el guarismo trepó a los 100 millones; en 2005, la cifra fue de 127 millones; en 2006, creció a 210 millones; en 2007, se elevó a 322 millones; y en 2008, el año de la ruptura con Clarín, el gobierno llegó a gastar nada menos que 400 millones de pesos en pauta oficial. Con el inicio de la guerra mediática, los números se dispararon todavía más: en 2009 se gastaron 829 millones de pesos que, si se le suma el gasto de la estatización del fútbol, asciende a 1429 millones de pesos. Estamos hablando de un crecimiento del gasto en propaganda por encima del 3000% respecto del año 2003, cuando el matrimonio presidencial llegó a la Casa Rosada. Los guarismos evidencian que, desde el comienzo, hubo en el kirchnerismo un marcado interés por controlar la comunicación social a través del financiamiento estatal de medios que, al iniciarse la disputa con el Grupo Clarín, se disparó exponencialmente.

En el año 2010, sin contar los millones invertidos en Fútbol para todos, el gobierno gastó 655 millones de pesos en pauta oficial. El número es algo menor al de 2009, por una simple razón: aquél fue año de elecciones legislativas. En 2011, año de elecciones presidenciales, el kirchnerismo pasó a gastar 771 millones en publicidad oficial. En 2012, después de haber sido reelecta Cristina Kirchner, el gasto descendió levemente a 754 millones de pesos en concepto de propaganda gubernamental, a pesar de que inicialmente se dijo que la partida sería de 493 millones. Para el año que corre (2013), se fijó 621 millones en pauta oficial, pero en virtud de la experiencia del año pasado, no se descarta que la cantidad crezca exponencialmente cuando estemos más cerca de las elecciones legislativas.

¿Cuál es el número final del gasto en propaganda política del gobierno, desde el 2003 hasta nuestros días? En total, el kirchnerismo gastó 4.835 millones de pesos en difundir su relato beneficiando a medios adictos y adiestrando a los que necesitan de la pauta oficial para sobrevivir. La arbitrariedad en la distribución de la propaganda es bien conocida, y el hecho de que más que información de interés general se transmitan mensajes de naturaleza proselitista, también. Los obedientes legisladores oficialistas, no por nada, se han encargado de cajonear todos los proyectos tendientes a regular la propaganda estatal, al tiempo que se llenan la boca hablando de “democratizar el espacio mediático”, incurriendo en un contrasentido manifiesto.

Ahora bien, al número al que hemos arribado debemos sumarle lo invertido por el kirchnerismo en la construcción de esa monumental maquinaria de adoctrinamiento político llamada Fútbol para todos, cuya potencialidad reside en el hecho de llegar a millones de argentinos, sin distinciones de carácter social, geográfico o etáreo. ¿Qué cantidad de recursos económicos significó este circo populista? Hasta finales de 2012, el gasto total fue de 4.773 millones de pesos, guarismo que se obtiene al sumar gastos de derechos de televisación, gastos de producción y pérdida por publicidad no cobrada (toda la publicidad es estatal desde 2010, por orden de Néstor Kirchner). A eso debemos adicionar la partida de 1.201 millones que figura en el Presupuesto del año 2013, lo que nos da un total de 5.974 millones de pesos financiados con el dinero de todos los argentinos entre el año 2009 y el 2013.

Finalmente, si sumamos el gasto de Fútbol para todos al gasto de pauta oficial entre 2003 y 2013, podemos concluir que el kirchnerismo ha dilapidado por lo menos 10.809 millones de pesos en la difusión del relato. Va de suyo que esta conclusión es parcial; es la hipótesis de mínima, puesto que sólo contempla aquellos números que han sido blanqueados por el gobierno. ¿A cuánto ascendería el despilfarro si tuviéramos en cuenta las partidas de dinero no blanqueadas?

La gran paradoja de esta historia es que el relato “nacional y popular”, al final de cuentas, fue financiado con el dinero de todos los argentinos que –por ahora pacífica y casi indiferentemente a diferencia de Brasil– observan cómo un gobierno incurre en gastos obscenos para adoctrinar al pueblo, mientras los trenes sin frenos chocan, los jóvenes dejan el colegio, los hospitales se caen a pedazos, el desempleo crece, la inflación se dispara y, en general, la economía se viene abajo.

 

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