Mi antiperonismo del siglo XXI
Marcelo Jaroslavsky


Después de décadas de haber vivido entrampado en la idea perversamente impuesta que me acompañó desde mi infancia, he decidido que pasen al desván de la historia  tanto mi antiperonismo ancestral como el que es título de esta nota.
Hace un tiempo escribí que ya estaba cansado de ser antiperonista pero que para los peronistas la única manera de dejar de ser antiperonista es volverse peronista. Esa es justamente la trampa de la que he decidido liberarme y fortalecer mi intento de sumar más defensores de la libertad a esta segunda Guerra por la Independencia.
Es esta una guerra cívica basada en la clara defensa de las ideas que hace 160 años inspiraron a nuestros Constituyentes al proponer como forma de organización  para la todavía inorgánica Confederaciòn Argentina la de república representiva federal.
En el preámbulo, cuya lectura me emociona cada vez que lo hago, los representantes de las Provincias plantearon como objetivo esencial de esa organización asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”.
La libertad a la que se referían ya no significaba liberar a la naciente república del yugo colonial sino garantizarla ante el siempre avasallante deseo de poder de los gobernantes.
Es por eso que explícitamente detallaron los derechos reconocidos a todos los habitantes del suelo argentino en una generosa extensión de los mismos a todos aquellos inmigrantes que respondieran a esa invitación y, como un reaseguro ante el espíritu usurpador de los poderosas incluyeron el “ Art. 28.- Los principios, garantías y derechos reconocidos en los anteriores artículos, no podrán ser alterados por las leyes que reglamenten su ejercicio”.
Ese espíritu fue el que posibilitó que mis dos abuelos y mi abuela paterna huyeran de los progroms de la rusia zarista y vinieran a este confín del mundo y encontaran en él, como otros millones, el hogar que sus lugares de orígen nos les brindaban.
Recapacitar sobre ello, e imaginando lo que ellos habrán sentido al llegar a estas tierras de esperanza, me ayudó a darme cuenta de la trampa en que he vivido atrapado, creo que como millones de conciudadanos, durante décadas.
Haber aceptado ser antiperonista es haber aceptado, siendo un convencido y agradecido defensor de nuestra Constitución Fundacional manejarme con las mismas categorías de quienes se definen más por el enemigo que eligen para alinear a sus seguidores que por los valores y principios que defienden.
De Caseros surgió el lema “Ni Vencedores Ni Vencidos” y , como obra magistral y pionera en la historia de la humanidad, la Constitución que por décadas nos hemos dedicado a ignorar y desvirtuar mediante el avance del fascismo corporativo que se ha apropiado de la que quiso ser una república nacida para la libertad y la verdadera integración de sus habitantes y ciudadanos basada en el respeto recíproco de los derechos de cada cual.
Ese abandono de lo que nos propusieron hace 160 años percudió tanto gobiernos civiles como militares y llegó a transformar una nación de emprendedores esperanzados en la que hoy se debate en un vacío filosófico que nos vuelve a someter a una interna entre aquellos que siempre han sabido, sin demasiados escrúpulos respecto de los medios empleados, encontrar una cuota de poder y los beneficios consecuentes.
Decidido entonces a enfocar positivamente mi visión y acción en el rescate de la Nación que soñaron sus fundadores he decidido no aceptar más ni sentirme ni dejar que me catologuen como anti nada.
Desde hoy en adelante ha muerto mi “Antiperonismo del Siglo XXI” y el del "Siglo XX" también.
Para defender la libertad es necesario convocar a los que desde sus entrañas sienten que no pueden vivir sino siendo libres.
Un hombre, y también una mujer, libre no siente miedo sino una profunda confianza en sí mismo y la convicción de que su condición de tal depende de que sus derechos, que no son concesiones políticas, y los de todos y cada uno de sus conciudadanos serán respetados en la búsqueda de una felicidad que cada cual encontrará en lo que se la brinde.
Las antinomias y el miedo no son para los amantes de la libertad.
Son herramientas de los temerosos de ella que proyectan sus miedos en los demás para ocultar sus ambiciones de poder y privilegios obtenidos al amparo de su capacidad de sometimiento de los que, como yo hasta hoy, aceptamos su juego mañoso.
 

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