Lecciones argentinas para la Unión Europea
Adrián Ravier
Economista. Profesor de la Universidad Francisco Marroquín, Guatemala. Ha publicado en el libro "Soluciones de Políticas Públicas para un País en Crisis", Fundación Atlas para una Sociedad Libre, 2003.


Existen semejanzas entre la salida de Argentina de la convertibilidad, respecto de la posible salida de algunos países de la Unión Europea del Euro. Existen semejanzas entre el rol que supo jugar Domingo Cavallo en los últimos años de la convertibilidad, respecto del rol que hoy mismo está jugando Angela Merkel al frente de la Unión Europea.

Argentina consiguió con la convertibilidad la estabilidad monetaria que se la había negado durante muchas décadas, pero hacia el final del milenio las dificultades emergieron con fuerza, tanto por causas exógenas al modelo, como la crisis asiática de 1997, el default ruso de 1998 y la devaluación brasileña de 1999, como también por causas endógenas, como el continuo desequilibrio fiscal y la acumulación de deudas para financiarlo.

El gobierno de Fernando De La Rúa asumió en 1999 con el objetivo de sostener la convertibilidad, pero no supo o no quiso avanzar en los necesarios ajustes fiscales que le habrían permitido sostenerla. Domingo Cavallo, su Ministro de Economía en la etapa más compleja de su corto gobierno, jamás creyó en las bondades de la convertibilidad que él mismo había ayudado a crear, y en lugar de apuntar a equilibrar las cuentas públicas, apuntó a un gradual abandono del modelo, lo que profundizó la crisis con una fuga de capitales creciente que dejó a la convertibilidad sin las reservas necesarias para sostenerla.

Con un desempleo real (incluyendo sub-empleo) que rondaba el 30% de la población económicamente activa, y tras tres años de estancamiento (había comenzado en el tercer trimestre de 1998), Argentina eligió el peor camino para salir del modelo, con una fuerte devaluación de la moneda que obligó a romper contratos en masa, a pesificar depósitos y a agravar todos los indicadores de la economía real.

Los países miembros de la Unión Europea también supieron beneficiarse de la unión comercial y el Euro para solucionar dificultades macroeconómicas previas, como los sucesivos períodos inflacionarios en distintos países, pero hoy el bloque presenta similares dificultades a las entonces argentinas en el plano de la generación de empleo y también en las carencias para encontrar una fase de crecimiento económico sostenido, lo que ya lleva varios años. Es cierto que el Estado de Bienestar permite paliar la situación quizás por algún tiempo más que el modelo argentino, pero si los problemas en la generación de empleo persisten, las dificultades por mantenerse dentro de la Unión Europea serán crecientes.

Grecia acaba de elegir a su nuevo Presidente, quien promueve mantenerse dentro de la Unión Europea a cambio de una fuerte quita de capital en su deuda pública. La Unión Europea rechazó la medida, y los mercados tiemblan por las consecuencias que puede sufrir la región ante una salida de Grecia de la Unión Europea.

Lo cierto es que la Unión Europea también ha evadido los necesarios ajustes fiscales que le permiten a la región mantenerse dentro de la Unión Europea y del Euro. Ni Grecia, ni España, ni el resto de los PIIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia, España) avanzaron lo suficiente en el ajuste fiscal. Al igual que el FMI con la Argentina, Angela Merkel exige ajustes a estos países a cambio de seguir ofreciendo deuda para evitar el peor desenlace. El acceso a la nueva deuda que toman los PIIGS es precisamente la causa que evita alcanzar el equilibrio presupuestario. Los problemas persisten y la economía acumula cada vez más desequilibrios.

Bajo este contexto, los sucesivos desequilibrios necesariamente desenvocarán en la salida de Grecia y los PIIGS de la Unión Europea, quizás hacia una integración comercial más restringida, aunque nadie puede negar el efecto contagio que estos mercados “débiles” pueden ocasionar sobre los mercados más “fuertes”. Después de todo, la deuda impaga que surgiría de la salida de los PIIGS de la Unión Europea, es deuda que debilitaría a las economías más fuertes del bloque, incluyendo a Alemania.

Angela Merkel es a la Unión Europea lo que Domingo Cavallo y el FMI fueron a la Argentina. Si no fortalece su posición de ajuste fiscal y rechaza seguir financiando los desequilibrios fiscales de los países más débiles del bloque, sólo generará un daño mayor sobre la Unión Europea, pudiendo quizás postegar el peor desenlace, pero alcanzando inevitablemente el fin de la Unión.

La medida desesperada de la Unión Europea de avanzar en los Quantitative Easing impulsados por el Banco Central Europeo son un paso más en el mismo sentido. Nunca se promueve corregir los desequilibrios, sino tan solo postergar el desenlace creando otros nuevos.

Es tragicómico que los liberales de Argentina hayan quedado pegados a las políticas impulsadas por Domingo Cavallo. Y es igual de tragicómico que los liberales europeos sean representados por las políticas de Angela Merkel. Si no levantamos la voz más fuerte, inevitablemente Europa completa apoyará a grupos socialistas, tal como en la Argentina se ha denostado la figura de un neoliberalismo que representa todo lo opuesto a lo que los defensores de los mercados libres defendemos.
 

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