Se empiezan a conocer definiciones concretas
Carlos Mira
Periodista. Abogado. Galardonado con el Premio a la Libertad, otorgado por Fundación Atlas para una Sociedad Libre.


El reloj de la cuenta regresiva se ha puesto en marcha de manera inexorable. Ya no es un simple recurso publicitario de campaña, sino que han comenzado a correr plazos legales para com el calendario que indican las leyes.
¡Las leyes! Aunque a veces parezca mentira estamos gobernados por ellas y, por encima de la voluntad de algunos que aspiran a colocarse fuera de su alcance, son las leyes las que dominan el calendario y las formalidades.
En la Capital en poco más de un mes se votará en las PASO para decidir los candidatos finales a la elección del 5 de julio. Y es en la capital en donde también han comenzado a tener principio de ejecución algunas conductas que, hasta ahora, eran simples especulaciones.
El “no tragarse a Scioli” pasó de elucubraciones -por más evidentes que éstas fueran- a la acción, a los hechos. La presidente obligó a Gustavo Marangoni -que se definía sí mismo como “Scioli en la Ciudad”- a bajarse de la precandidatura a jefe de gobierno. El gobernador de la provincia de Buenos Aires quedó así sin candidato propio en uno de los tres distritos más importantes del país. Fue así de sencillo: “Marangoni no va”. Como es el apoderado de los partidos el que eleva a los candidatos a las PASO, Landau le cortó el camino a Marangoni por orden de Cristina.
En su lugar el FPV va con cinco candidatos que representan su izquierdismo a la violeta: Mariano Recalde, Carlos Heller,  Aníbal Ibarra, Gabriela Cerrutti y Gustavo López.  Un camporista, un comunista y varios neomarxistas.
A esa decisión del dedo presidencial le siguió otra: Juan Carlos Mazzón, el histórico operador del peronismo que trabajó para Menem, para Duhalde y para los Kirchner fue “renunciado” por Carlos Zanini, también siguiendo órdenes de la Sra de Kirchner. Obviamente Mazzón endosaba la candidatura de Daniel Scioli.
Muchos se preguntan, incluso, si la presidente no podría tener una iniciativa similar a la que tuvo con Marangoni para las PASO de la Capital, con el mismísimo Scioli para las PASO presidenciales. Si eso ocurriera Scioli estaría obligado a desistir o a competir con un partido “propio”. Otra opción sería la que manejan algunos: que el propio Eduardo Duhalde estaría operando una escisión formal entre el FPV u el PJ.
Todo el mundo parece coincidir en que la presidente está quemando las naves; no le importa perder sino repletar las listas con gente de La Cámpora que le sea absolutamente fiel, pensando en su regreso al poder.
Algunos creen que Mazzón -viejo lobo de mar de distintas componendas que llevaron al peronismo a mantener el poder durante 24 de los 32 años de democracia- intentará una última jugada maestra: presentar un frente absolutamente “PJ” que integren Scioli, Massa y De la Sota, por supuesto, ya en guerra abierta con el kirchnerismo camporista. Cualquier parecido con la “patria peronista” vs “La patria socialista” es mera coincidencia.
La táctica de la presidente la acerca a la lógica de las sectas. Busca una pureza y una sumisión total; una obediencia absoluta: es ella y un ejército de soldados ciegos que la respaldan como los cerca de mil creyentes que se mataron ante los alaridos de Jim Jones en la Guyana, en Noviembre de 1978.
En este sentido ese conjunto de “sectarios” (en el sentido de integrantes efectivos de una secta pura y convencida) ve la probable derrota de octubre bajo una visión estratégica: quedar como los intransigentes que volverán cuando todo se caiga (caída para la que se proponen trabajar cada minuto que empiece a correr después del 10 de diciembre)
No estaría mal la estrategia -quizás- si esto fuera una guerra. Pero aquí estamos en medio de un proceso civil de selección de candidatos y quizás por primera vez en la historia una enorme mayoría social está entendiendo esa idea como lo que verdaderamente es.
Hasta ahora la visión “bélica” de la política -tan cara a un sector particular del peronismo que hoy, sin dudas, se identifica con los K y La Cámpora- fue compartida quizás inconscientemente por una amplia mayoría social que se subía a ese bondi en muchos casos sin saberlo, como carne útil de cañón.
Pero hoy en día ésa demografía social parece estar cambiando velozmente.  Por supuesto que hay un núcleo duro que sigue a la presidente que, a sabiendas o no, mantiene esta visión confrontativa de la existencia. Pero hoy parece haber una mayoría social decisiva que quiere vivir en paz y que está cansada de que todos los días se desayune con una aspereza nueva.
La presidente ha decidido un camino: ni un paso atrás. Aunque eso signifique la confirmación de la derrota. Apostará a colectar la mayor cantidad de diputados (posiblemente postulándose ella misma como cabeza de lista, lo que le daría tracción electoral y fueros personales) para hacerle la vida imposible al próximo gobierno desde el Congreso. La Sra. de Kirchner apuesta a un caos administrativo y social que la traiga en andas de vuelta al sillón del poder en 2109 o aún antes, en una reedición del escenario de la Alianza.
En su elucubración la presidente quizás olvide que mucha gente pueda empezar a darse cuenta que a ella solo le importa ella, con independencia de lo que le ocurra al país y de qué sea lo mejor para los argentinos.
 

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