La importancia de los derechos de propiedad para el futuro de China
James Dorn
Es Vice-presidente para Estudios Monetarios y Académico Distinguido del Cato Institute. Dorn también es editor del Cato Journal.


Por primera vez desde la crisis financiera de Asia en 1997 China puede que no cumpla con su objetivo de crecimiento real de su PIB para determinado año, que en 2014 fue fijado en 7,5 por ciento. Si la cifra de crecimiento resulta ser 7,3 por ciento, como se espera que lo sea, es probable que Pekín reduzca el objetivo para 2015 a 7 por ciento. Eso está muy lejos del crecimiento de dos dígitos experimentado durante más de tres décadas desde que en 1989 la economía se abriera al resto del mundo en 1978.
El presidente Xi Jinping y el Premier Li Keqiang han hecho un llamado por décadas para ir hacia un nuevo equilibrio de la economía e implementar reformas estructurales, reconociendo que un crecimiento de más lento, aunque más sostenible y de alta calidad es consistente con el “Sueño Chino” de un desarrollo integral. Pero ese sueño se podría convertir en una pesadilla si los factores políticos previenen reformas fundamentales, especialmente un Estado de Derecho justo que proteja y expanda los derechos de propiedad privada, incluyendo lalibertad de expresión.
La vida económica se determina por intercambios voluntarios, que a su vez dependen de derechos de propiedad bien definidos. La confianza está basada en una reputación y las promesas cumplidas, lo que significa que el poder del Estado y de la ley deben ser utilizados para salvaguardar a las personas y su propiedad. Un gobierno con poderes limitados promueve la libertad personal y económica, y provee a los individuos con un rango más amplio de opciones que aquellas que tendrían bajo un control vertical desde arriba hacia abajo.
China ha logrado un progreso significativo en liberalizar sus mercados y hacer crecer al sector privado, pero todavía se requiere hacer mucho más para trasladar la responsabilidad desde el Estado hacia el mercado —particularmente en el sector financiero. Los bancos estatales grandes obedecen a los funcionarios del Estado y no pueden quebrar. La asignación del crédito todavía es altamente politizada, y las empresas estatales siempre están adelante de la cola. Las tasas de interés son fijadas por el Banco Popular de China, que se encuentra bajo el control estatal y por lo tanto está sujeto al gobierno de personas, más no al Estado de Derecho.
Las recientes acciones por parte del banco central han empujado a la bolsa de valores hacia nuevas alturas y deberían ayudar al deprimido mercado de propiedades, pero no han hecho nada para reestructurar al sistema financiero o para privatizar a las empresas estatales. Le disminución en la tasa de préstamos de referencia ayudará a incentivar el mercado hipotecario, pero la gran capacidad en exceso persistirá. De igual forma, la inyección de cerca de $65.000 millones al sistema bancario en la forma de préstamos a corto plazo y otros $242.000 millones mediante la reducción efectiva del requisito del encaje bancario —ampliando la base de depósitos y permitiendo que los depósitos adicionales, de los fondos de administración de activos y de empresas de títulos, sean prestados— ayudarán a estimular la bolsa de valores y fortalecerá a los bancos estatales, pero no hará nada para corregir la mala asignación del crédito ni para promover el crecimiento de “alta calidad”.
Los líderes más importantes de China están conscientes del hecho de que la creación de dinero no es la fuente del crecimiento económico real, y están buscando mejorar laproductividad total de los factores aumentando la eficiencia e implementando reformas estructurales. Esto último, sin embargo, requerirá de un entendimiento más profundo y una apreciación de la importancia de los derechos de propiedad cuando se trata de expandir el rango de opciones disponibles a los individuos, que es la mejor medida de desarrollo económico —como Peter Bauer lo señaló en su obra clásica Economic Analysis and Policy in Underdeveloped Countries (1957).
Muchos economistas han examinado la relación entre los derechos de propiedad y el desarrollo económico. Uno de los pioneros en la literatura fue Bernhard Heitger, quien fue un investigador del Kiel Institute for World Economics. En un artículo innovador publicado en elCato Journal (invierno de 2004), Heitger distinguió entre los factores determinantes próximos y finales del crecimiento económico. Utilizando datos de una selección internacional de países entre los años 1975-95, él descubrió que una “duplicación del puntaje en el índice de derechos de propiedad más que duplica el ingreso per cápita” y “que unos derechos de propiedad más seguros aumentan de manera significativa la acumulación de capital físico y humano”.
En el yin y yang del desarrollo económico, China podría ganar terreno expandiendo los derechos de propiedad privada y abriendo sus mercados de capitales. Si esto resulta efectivo, esas reformas podrían reversar los flujos salientes de capitales y ayudar a estabilizar los mercados financieros. Permitir más libertad y hacer que los individuos sean totalmente responsables por sus decisiones sería el camino más seguro hacia la armonía y la prosperidad.
El problema es superar los obstáculos políticos para que el Estado pierda poder y surja un verdadero sistema de mercado. Los intereses creados que ganan de la intervención estatal están profundamente enraizados en la cultura socialista de China. Desplazarlos requerirá de un liderazgo fuerte e ilustrado.
Los líderes actuales podrían aprender importantes lecciones del gran historiador Han, Sima Qian, quien en su obra Records of the Historian escribió: “No hay necesidad de esperar ordenes del Estado...Cuando todos trabajan de manera voluntaria en su ocupación, así como el agua fluye de manera incesante y baja desde el valle durante el día y la noche, las cosas aparecerán sin ser buscadas y la gente las producirá sin que se le pida hacerlo. Porque claramente esto está de acuerdo con el Camino y está en consonancia con la naturaleza”.
China logró evadir la crisis financiera de 2008 diseñando una fiesta de gasto público masivo y una expansión veloz del crédito. La bonanza en el mercado de propiedades se acabó y la realidad de un sobreendeudamiento genera dudas acerca del crecimiento futuro. El nuevo “mini-estímulo” está diseñado para mitigar la inestabilidad financiera pero podría exacerbarla fácilmente. El peligro es que si la crisis llega a aparecer, las reformas fundamentales podrían postergarse —y el poder del Estado podría incrementarse.
El reto es empezar a construir la infraestructura institucional que respalde a un mercado y a unas personas más libres, con la seguridad de los derechos de propiedad privada en el centro de la arquitectura.
Este artículo fue publicado originalmente en Caixin Online (China) el 9 de enero de 2015.
 

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