Mas de lo mismo
Carlos Mira
Periodista. Abogado. Galardonado con el Premio a la Libertad, otorgado por Fundación Atlas para una Sociedad Libre.


La presidente ha perdido el sentido de las proporciones. La magnitud de las derrotas que ha sufrido en cada uno de los empedernidos objetivos que se ha propuesto últimamente, desde el 7D hasta la pomposa "democratización de la Justicia", la han hecho caer en un terreno nuboso, lleno de imprecisiones e ignorancias.
Presa de una ceguera solo atribuible a los que pierden la calma y la capacidad de dosificar la realidad que enfrentan, la presidente ha multiplicado los gritos desaforados, los empellones contra los que define como sus enemigos y el apego a lo  que ella llama convicciones pero que, a esta altura, son algo que se parece más  a obcecaciones de sus conveniencias.
La presidente insiste en vender un paquete trucho. Se parece a esos viejos vendedores ambulantes que intentan endulzar los oídos de sus eventuales clientes, hablando alabanzas inigualables del producto que aspiran a imponer.
En Rosario, la Sra. de Kirchner volvió a exponer el argumento de que lo que ella llama "justicia democrática" va en salvaguarda de los derechos, del patrimonio, de la vida y de la libertad de los ciudadanos.
Insiste en trasmitir la idea de que la Justicia, tal como está organizada hoy, defiende los privilegios de las corporaciones en contra de los intereses populares y de los derechos de las personas. Que sólo una Justicia cuya legitimidad derive del voto popular es una justicia segura para los intereses de las personas. De nuevo: la magnitud de la derrota le impide ver lo que debería saber por su formación de abogada.
Los jueces no pueden tener una vinculación con la política. Ni los jueces ni quienes los eligen y los echan. Para que los consejeros puedan ser votados popularmente deberían integrarse a las listas de los partidos. En este punto la propia etimología debería recurrir en ayuda de la presidente. Los consejeros no pueden ser "partidarios" porque elegirían jueces también "partidarios" y los jueces, por definición, no pueden tomar partido; deben ser imparciales.
Jueces surgidos de los intereses de los partidos destruirían la imparcialidad y la equidistancia que debe mantener la Justicia y alinearían los fallos con las necesidades de la política. Esa sería la muerte -no la defensa- de los derechos, del patrimonio, de la vida y de la libertad del pueblo.
Dije "pueblo" con toda intención para usar la misma terminología demagógica  de la Sra. de Kirchner. El pueblo es una entidad sin vida si no fuera por los individuos que lo componen. No hay "pueblo" sin ciudadanos. Y los que tienen derechos, patrimonio, vida y libertad son las personas concretas, no el pueblo.
Para los intereses de esas personas concretas la mezcla de la política con la Justicia es un anatema.
Pero para el poder vender el paquete de una "justicia para el pueblo" es un discurso con gancho. ¿En qué consiste la treta? Muy sencillo: como el pueblo es una entelequia corpóreamente inexistente, el poder dirá que ese pueblo se materializa en el Estado, y como el Estado es otro ente simulado, sin cuerpo y sin alma, no habrá más remedio que encarnar al "pueblo" en los gobernantes que ganaron la elección y se sientan en los sillones de Estado.
Este es el verdadero desvelo presidencial: tener una justicia que falle en coincidencia con los intereses y deseos de los que gobiernan. Al diablo con los derechos, el patrimonio, la vida y la libertad de las personas.
La Constitución le da a las mayorías el derecho de gobernar. Le entrega la totalidad del poder ejecutivo y una parte sustancial del legislativo. El poder judicial es el poder de las minorías; el contrapoder que viene a equilibrar al aluvión de las muchedumbres, es el refugio del hombre solo, que es en definitiva lo que somos todos, una vez que terminan de contarse los votos.
El poder judicial es el único poder verdaderamente nuestro; el único que no recibe lo que tiene de la masa sino directamente de la Constitución; es el parapeto que defiende al individuo cuando la muchedumbre quiere llevárselo puesto.
La presidente incita a las muchedumbres queriendo hacerles creer que serán siempre eso: muchedumbres. Pero los problemas concretos, las arbitrariedades, las confiscaciones, las expropiaciones, la vigilancia, la persecución, no la sufren las muchedumbres; la sufren individuos.
Es probable que el Estado se base en el poder de las muchedumbres para expropiar, para confiscar, para vigilar, pero esos daños no lo sufren ellas sino ciudadanos individuales.
Por eso cuando la presidente vocifera sus párrafos colectivistas, todos deberíamos hacer un esfuerzo de abstracción y pensar qué nos ocurriría si uno, personalmente, no fuera una parte indisimulada -a la manera de un engranaje- de una masa informe, sino una persona individual a la que el poder pretende someter, confiscar, expropiar, vigilar. ¿Qué sería de nosotros si el poder judicial fuera también parte, en ese momento, del "poder popular de la masa" que seguramente el gobierno reivindica para sí mismo como representante de la "voluntad popular"? ¿Quién estará del lado del hombre en la lucha de éste contra la "voluntad popular"?
Resulta muy lindo figurarse que uno será siempre una parte anónima  del borombombom de la masa informe, acreedora de todo y deudora de nada. Pero un día puede ser que estemos en la otra vereda, en la vereda del hombre solo, con todo el poder del Estado y de la muchedumbre en contra. ¿Quién estará de nuestro lado en ese momento si la Justicia fuera también una "Justicia Popular"?
Lo ideal sería que nuestros estadistas suscribieran este esquema de limitación del poder en resguardo de los derechos de las minorías y de los hombres solos, aun cuando eso claramente implique un cerco a su propio poder.
Pero si hemos tenido la mala suerte de producir gobernantes que solo aspiran al poder total, es hora de que nosotros, cuando ellos hablan, tengamos la capacidad de desenroscar la serpiente que nos quieren envolver. Cuando hablan del "pueblo", hablan de ellos; cuando hablan de la "causa popular" hablan de sus intereses y cuando nos quieren llevar a que creamos que una Justicia "democratizada" es para nuestro bien, lo único que les importa es controlar el único poder que puede ponernos a salvo de sus insaciables apetencias.
 

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